Acxotécatl Cocomitzin (fallecido hacia 1527) fue un noble y dirigente militar tlaxcalteca, uno de los señores de Atlihuetzia y yerno de Maxixcatzin. La documentación colonial posterior lo situó entre los capitanes tlaxcaltecas que apoyaron a Hernán Cortés durante la conquista de México y le atribuyó haber recibido de este una imagen mariana conocida posteriormente como la Virgen Conquistadora.
Fue padre de Cristóbal, uno de los Niños Mártires de Tlaxcala. Las tradiciones coloniales responsabilizaron a Acxotécatl de la muerte del niño y de la madre de este tras un conflicto relacionado con la evangelización y la destrucción de objetos de culto en la residencia familiar, aunque difieren en las circunstancias de ambos homicidios. Hacia 1527 una autoridad española lo procesó y ordenó ahorcarlo junto con otros nobles tlaxcaltecas.
La hagiografía franciscana convirtió posteriormente a Acxotécatl en el principal antagonista del relato del martirio de Cristóbal. Los estudios contemporáneos han reconsiderado el episodio dentro de los conflictos producidos por la evangelización, la autoridad familiar y política nahua y la intervención colonial sobre los linajes indígenas.
Nombre El nombre aparece con distintas grafías en la documentación colonial y en los estudios modernos: Acxotécatl Cocomitzin, Acxotécatl Cocomitzi y Alxotecatlcocomitzi, entre otras. Una información testimonial levantada en 1582 lo llamó «gran capitán Gonzalo Alxotecatlcocomitzi», mientras que los anales de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza nombraron al padre de Cristóbal como «don Cristóbal Acxotecatl». El término náhuatl acxotécatl podía designar a un habitante de Acxotlan y también al principal de los mercaderes.
Fuentes y documentación La información sobre Acxotécatl procede principalmente de testimonios coloniales elaborados después de los acontecimientos. Su posición en Atlihuetzia, su participación en las campañas militares y la tradición sobre la Virgen Conquistadora aparecen en documentos pictográficos, declaraciones y testimonios relacionados con los linajes de la localidad, entre ellos una información jurídica levantada en 1582.
El enfrentamiento con Cristóbal se conoce mediante una tradición documental diferente. Motolinía realizó en 1539 la primera investigación franciscana conocida del caso, unos doce años después de los hechos. Versiones posteriores aparecen en la obra de Diego Muñoz Camargo, en un texto en náhuatl preparado bajo la dirección de Juan Bautista y publicado en 1601 y en los anales de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza. Estos relatos coinciden en algunos elementos generales, pero difieren en la secuencia, las motivaciones y las circunstancias de las muertes.
Señor de Atlihuetzia
Atlihuetzia era uno de los altépetl de la región tlaxcalteca a comienzos del . La Relación de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, elaborada varias décadas después de la conquista, representó a Piltecuhtli y a Acxotécatl como señores o caciques del lugar y los mostró recibiendo a Cortés y suministrando lo necesario a su comitiva. La documentación posterior al bautismo los nombró como don Diego Piltecuhtli y don Gonzalo Acxotécatl. Acxotécatl formaba parte de la nobleza gobernante y estaba emparentado por matrimonio con Maxixcatzin, señor de Ocotelulco. En 1519 figuraba entre los principales nobles de la provincia y conservaba las prerrogativas de la nobleza anterior a la conquista. Como tlahtoani de Atlihuetzia, pertenecía a los pipiltin que participaron en la alianza militar.
Participación en la conquista de México Campañas militares Los testimonios coloniales situaron a Acxotécatl entre los capitanes que apoyaron a Cortés y lo representaron tanto en el recibimiento del ejército hispanoindígena como en el avance posterior hacia México-Tenochtitlan. A partir de esta documentación, Gibson reconstruyó una trayectoria en la que Acxotécatl acompañó a Cortés fuera de Tlaxcala y mandó contingentes en Cholula, Tepeji e Izúcar. No habría estado presente durante la Noche Triste; se reunió con los españoles en Hueyotlipan después de la retirada y participó posteriormente en las operaciones que culminaron en el sitio de Tenochtitlan. La documentación local posterior también lo recordó como un capitán destacado durante el cerco de la capital mexica. Estas representaciones y declaraciones se produjeron en un contexto en el que los linajes tlaxcaltecas defendían ante las autoridades coloniales la antigüedad de sus servicios, sus tierras y sus privilegios.
La Virgen Conquistadora Una información testimonial promovida en 1582 afirmó que Cortés entregó a Acxotécatl una imagen de la Virgen en Coyoacán como reconocimiento por sus servicios y los de Tlaxcala. Acxotécatl la llevó a Atlihuetzia y la conservó en su residencia, donde las declaraciones describieron un altar doméstico adornado con mantas pintadas y flores, así como la presentación pública de la imagen durante danzas o mitotes. En 1528, durante una sequía, la imagen fue sacada en procesión. Los franciscanos trasladaron posteriormente la imagen al monasterio porque juzgaron inadecuado el culto que recibía en la casa. Gibson no determinó cuándo ocurrió el traslado, mientras que Lidia Gómez García y Gustavo Mauleón Rodríguez consideraron probable que tuviera lugar después del proceso y la ejecución de Acxotécatl.
Evangelización y conflicto con Cristóbal Educación de Cristóbal La instrucción cristiana y los bautismos adquirieron un carácter sistemático en Tlaxcala hacia 1526. Los franciscanos reunieron a hijos de los nobles en sus escuelas para enseñarles la doctrina y emplearlos como intermediarios dentro de sus comunidades. Durante el periodo en que Martín de Valencia dirigió la misión tlaxcalteca, entre 1527 y 1530, los frailes impulsaron además la eliminación de imágenes y prácticas que clasificaban como idolátricas.
Las narraciones misioneras afirman que Acxotécatl intentó mantener a Cristóbal, su hijo mayor y heredero, fuera de la escuela franciscana. El niño terminó por incorporarse junto con varios medio hermanos, recibió el bautismo y llevó la predicación al hogar paterno. Los mismos textos presentan a Acxotécatl como bautizado con el nombre de Gonzalo y vuelto posteriormente a las prácticas religiosas y festivas combatidas por los frailes.
En estas narraciones, Cristóbal censuró el culto doméstico, el consumo ceremonial de bebidas y la conducta de los adultos de la casa. Cuando su predicación no produjo el cambio que esperaba, destruyó imágenes religiosas y recipientes utilizados para la bebida. Estas acciones coincidían con la enseñanza impartida a los alumnos indígenas y con una política misionera que empleaba a los jóvenes nobles para reconocer y eliminar objetos considerados idolátricos.
Muerte de Cristóbal y de su madre Motolinía relacionó el enfrentamiento con la destrucción de imágenes y recipientes de bebida y añadió una disputa sucesoria: Xochipapalotzin, otra esposa de Acxotécatl, lo habría incitado contra Cristóbal para favorecer a su propio hijo, Bernardino. Según su relato, Acxotécatl golpeó al niño y ordenó arrojarlo sobre un fuego; Cristóbal sobrevivió durante la noche y murió a la mañana siguiente. Después de enterrarlo en secreto, Acxotécatl hizo llevar a Tlapaxilotzin, madre del niño, a Quimichocán y ordenó matarla por temor a que revelara lo ocurrido. Motolinía afirmó que no pudo determinar de qué manera murió ella.
Muñoz Camargo invirtió parte de esta secuencia. En su versión, Acxotécatl ordenó primero la muerte de la madre después de que Cristóbal le pidiera que intentara persuadirlo para abandonar el culto a los ídolos. Cuando el niño lo amonestó y amenazó con destruirlos, Acxotécatl lo hizo llamar, le golpeó la cabeza con una porra de madera y ordenó arrojar su cuerpo al fuego. Muñoz Camargo añadió que el cadáver no se quemó y que ambos cuerpos fueron enterrados en secreto dentro de la residencia.
La versión en náhuatl preparada bajo la dirección de Juan Bautista añadió otros detalles: Acxotécatl habría golpeado a Cristóbal con un palo de encina, le rompió una mano mientras el niño se protegía la cabeza, lo arrojó al fuego y finalmente lo apuñaló. Los anales de Zapata y Mendoza conservaron un relato mucho más breve: registraron que Cristóbal destruyó los ídolos de su padre, que Acxotécatl mató primero al niño y después a la madre, y que por esta razón fue ahorcado.
Proceso y ejecución Las reconstrucciones modernas ofrecen explicaciones diferentes sobre el inicio del proceso contra Acxotécatl. Gibson lo vinculó con una pesquisa iniciada después de que vasallos de Atlihuetzia robaran a un viajero español y que habría conducido al descubrimiento de los cuerpos. Olko y Brylak situaron el arresto en el contexto más amplio de las campañas coloniales contra las prácticas calificadas como idolátricas. Un alcalde español practicó la detención y Martín de Calahorra, conquistador que actuaba como pesquisidor, juzgó el caso. La intervención directa de Martín de Valencia en el juicio no aparece documentada con claridad. Las actuaciones probablemente ocurrieron antes de que el obispo Julián Garcés asumiera plenamente sus facultades judiciales en Tlaxcala, a finales de 1527 o comienzos de 1528.
Gibson situó en 1527 el ahorcamiento de Acxotécatl y otros tres principales. Olko y Brylak enumeraron cinco nobles tlaxcaltecas, mientras que las ilustraciones de Diego Muñoz Camargo representan un grupo mayor; algunos estudios anteriores propusieron una fecha cercana a 1525. Las narraciones hispanas atribuyeron la condena a los asesinatos y a la persistencia de prácticas religiosas indígenas. Los anales tlaxcaltecas pusieron en primer plano los homicidios: después de señalar que Acxotécatl mató a su hijo y a la madre de este, anotaron que «por esta razón lo ahorcaron». Al recordar el conjunto de las ejecuciones, lamentaron que habían matado a los gobernantes «sin razón» y registraron que «al morir los tlahtoque, empezó el terror».
Memoria e historiografía Tradición colonial y memoria posterior La investigación realizada por Motolinía en 1539 convirtió el enfrentamiento familiar en una victoria de la fe infantil frente a la idolatría y estableció el esquema seguido por autores franciscanos posteriores. Jerónimo de Mendieta y Juan de Torquemada repitieron y ampliaron el relato, mientras Muñoz Camargo conservó una versión distinta en varios detalles. Los relatos franciscanos atribuyeron además a Acxotécatl sesenta esposas; Haskett relacionó esta cifra con la caracterización moral del personaje dentro de la narración hagiográfica.
Bajo la dirección de Juan Bautista, sus colaboradores comenzaron a preparar la versión en náhuatl en 1595 y la publicaron en 1601. Aunque el franciscano la presentó como una traducción de materiales anteriores, sus colaboradores nahuas reorganizaron y ampliaron el texto para convertirlo en una serie de enseñanzas dirigidas a lectores indígenas. Haskett y Schmidt interpretaron esta reelaboración como una adaptación del conflicto a categorías de conducta, parentesco y responsabilidad comprensibles para su público, no como una reproducción pasiva del relato español.
Los anales tlaxcaltecas de los siglos y registraron las muertes y las ejecuciones sin presentar inicialmente a Cristóbal como centro de un culto local. La evidencia visual y devocional se hizo más abundante a finales del y durante el . La recuperación de un manuscrito y su traducción al español por Vicente de la Rosa y Saldívar en 1791 ampliaron posteriormente la circulación de la historia. La Iglesia católica beatificó a Cristóbal, Antonio y Juan en 1990 y los canonizó el 15 de octubre de 2017.
Historiografía contemporánea