Durante la Guerras de independencia hispanoamericanas se llegaron a desarrollar proyectos monárquicos, tanto por los Ejércitos patriotas para lograr una transición moderada a la Modernización política, como también por los Ejércitos realistas en un intento por Reaccionar al triunfo de las Revoluciones burguesas. En el contexto de la Independencia del Perú se suscitarían los siguientes proyectos.
Proyectos durante las guerras napoleónicas (1808-1815)
Proyectos de Napoleón Bonaparte izquierda|miniaturadeimagen|381x381px|José I Bonaparte, quien pretendió ser Rey del Perú como Rey de España e Indias. Al no lograrlo, incito a los peruanos a sublevarse para que establezcan un Reino del Perú independiente de la Dinastía Borbón.
1° Proyecto Bonapartista: José Bonaparte como Rey del Perú El Emperador de los franceses, Napoleón I Bonaparte, incluso antes de 1808, llegó a considerar que la independencia de los territorios de la América española podría ser algo conveniente en el sistema imperial, dado que establecer el libre comercio con aquellas tierras hubiera sido de gran beneficio para el sistema económico continental que proyectaba para Europa. Y de hecho, durante los planes de la Invasión francesa de España, el gran corso consideró desmembrar al Imperio español y que los virreinatos americanos sean controlados por el o demás integrantes de la Casa de Bonaparte.Bergeon, Louis; Furet, Françcois; Koselleck, Reinhart (1976). Historia Universal 26. La época de las Revoluciones Europeas 1780-1848. Madrid: Siglo XXI de España. ISBN 978-84-323-0219-0. El mayor inconveniente era el dominio naval británico, pese al Bloqueo Continental, y el peligro de que tales territorios españoles en América pudieran caer bajo control británico. Frente a ello, para el 4 de junio de 1808, el emperador declaró estar a favor de mantener la integridad territorial de España y sus Indias, pues garantizaba «al rey de las Españas la independencia y la integridad de sus Estados, sea de Europa, sea de África, sea de América», lo cual fue proclamado también en la Constitución de Bayona.Moreno Alonso, Manuel (2008). José Bonaparte. Un rey republicano en España. Madrid: La Esfera de los Libros. ISBN 978-84-9734-703-7. El plan trazado asumía que los americanos iban a aceptar el Reinado de José I de España tras las Abdicaciones de Bayona (pues se esperaba la colaboración de todos los súbditos de la Monarquía Española en ambos hemisferios al proyecto Bonapartista, aprovechando el descontento contra los Borbones), siendo así que se embarco con destino a las Indias a varios agentes Afrancesados con todo tipo de proclamas e instrucciones. Se deseaba que los hispanoamericanos mandasen fuerzas navales más numerosas para hacer frente al enemigo inglés. Posteriormente, el 25 de mayo de 1808, Napoleón en su “proclama a los españoles”, anunció públicamente el nombramiento de un nuevo rey para España, el cual debía gobernar sometido al imperio legal de una Constitución, que se desarrollaría en la Asamblea de Bayona:Domínguez Nafría, Juan C.: La América española y Napoleón en el Estatuto de Bayona
miniaturadeimagen|298x298px|Escudo de España durante la España napoleónica del Reinado de José I Bonaparte. Es de notar que se incluyó simbología de las Indias “según la antigua costumbre” de 2 globos terráqueos sobre el océano, entre las Columnas de Hércules. Más adelante, la Junta de Gobierno de Madrid consideró conveniente que las Indias tengan representación durante la Asamblea, por lo que en la Gaceta de Madrid del 24 de mayo de 1808 se anunció a los siguientes americanos designados para acudir a Bayona: Para La Habana, el marqués de San Felipe y Santiago; para Nueva España, José Joaquín del Moral (canónigo de la catedral de México); para Perú, Tadeo Bravo y Rivera; para Buenos Aires, León Altolaguirre; para Guatemala, Francisco Antonio Zea; para Santa Fe de Bogotá, Ignacio Sánchez Tejada. Sin embargo, José Ramón Milá de la Roca y Nicolás Herrera reemplazarían al diputado de Buenos Aires, mientras que José Hipólito Odoardo y Grandpré se agregaría como representante de Caracas, a su vez que Agustín Leocadio de Landáburu reemplazaría al diputado de Perú. Pese a ello, los representantes de Perú y de La Habana no lograrían acudir, y algunos terminarían sumándose a las filas de las Cortes de Cádiz posteriormente. Por otra parte, ni uno de ellos fue democráticamente elegido ni se presentó algún procedimiento para su elección, solo que fueran americanos residentes en la Penínsulas (pues no hubo tiempo de espera para hacer algo más adecuado). Además, casi todos habían sido reformistas ilustrados durante la regencia de Carlos III (por lo que no eran creyentes de la monarquía absoluta por derecho divino, pero tampoco fanáticos de la Revolución francesa que era percibida como una barbarie anárquica y violenta). Por otra parte, el Consejo de Indias (bajo representación nominal de Francisco Amorós), propuso que se agregaran dos diputados más en Asamblea para que se represente a la Capitanía General de Yucatán y la Real Audiencia del Cuzco. Mientras que José del Moral sugirió que los diputados americanos sean personas naturales de la región y se realizara una representación Corporativa por Estamento a grandes metrópolis americanas como Ciudad de México y Lima (donde las corporaciones coloniales estaban muy empoderadas y no se veía conveniente representarles con Igualdad ante la ley), José Odoardo Grandpre sugería que se de la separación de poderes en los gobernadores y virreyes de sus funciones judiciales y municipales, Herrera y Milá de la Roca sugerían establecer Juntas subdelegadas del Senado (que aseguren la práctica de las libertades individuales, sobre todo la libertad de prensa) junto a nuevos tribunales que pudieran decidir cuestiones de competencia (para superar los problemas de distancia), en específico Ettenhard y Angulo proponían tribunales de reposición para la Ciudad de México y Lima. Ya redactada la Constitución, el diputado Milá de la Roca y Herrera sugirió que se agregara el artículo “Queda abolido el nombre de Colonias. Las posesiones de España en América y Asia se titularán provincias de España en América”, pero no se aceptó la necesidad de tal aclaratoria (probablemente porque España nunca consideró a sus Virreinatos Americanos como colonias al estilo de las factorías comerciales de otros imperios), sin embargo, se estableció que a los territorios americanos solo se les debía llamar con el nombre de “reinos y provincias”, en el título X dedicado exclusivamente a los territorios de ultramar. Entre algunas reformas logradas, fue la de que en el Consejo de Estado debían existir al menos 6 diputados a Cortes americanas en la sección de Indias (de las 6 secciones), los cuales debían poseer voz consultiva “en todos los negocios tocantes a los reinos y provincias españolas de América y Asia”. También se creó un Ministerio de Indias (de 9 ministerios), pero su funcionamiento nunca fue efectivo.VILLANUEVA, Napoleón y los diputados de América.MARTIRÉ, La Constitución de Bayona entre España y América
Hasta mediados de 1809, tras re-ocupar Madrid, aún Napoleón y José I tenían la ilusión de poder incluir a las Indias Españolas al proyecto de Estado unitario de la España Bonapartista (puesto que habían perdido influencia en América tras la Batalla de Bailén en julio de 1808) y de ese modo servir a los objetivos imperiales franceses. Sin embargo, debido a que la resistencia española se volvió generalizada (y recibía financiación por parte de la América Española con sus donativos), se hizo un cambio de planes a fines de 1809, con un carácter menos hispanista. Esto coincidía también con su desilusión por el sistema familiar (dado que las responsabilidades de Luis con Holanda, Jerónimo con Westfalia, Eugenio con Italia, Murat con Nápoles, o José con España, etc de protectorados franceses llegaban a contradecir los intereses de Francia y su geopolítica imperial) y su nuevo objetivo por lograr un dominio directo sin tantas concesiones a los locales.
2° Proyecto Bonapartista: Monarquía Peruana independiente y afrancesada En este nuevo plan, se encomendó a Murat de que enviase comisionados, barcos y armas a la América española para que no caigan en la esfera de influencia británica a través del Consejo de Regencia de Cádiz, así como que las corporaciones comerciales peninsulares hicieran propaganda a favor de la nueva Dinastía Napoleónica. Con ello fueron enviados 6 agentes a América: Luis Azcárraga, comisionado para el Virreinato del Perú; Cristóbal de Espinosa, comisionado para la provincia de Quito; Juan Vizcarolasa, comisionado para la Real Audiencia de Panamá; Remigio Aparicio, comisionado para la Capitanía general de Chile; Roque Frías, comisionado para el interior del Virreinato del Río de la Plata; Benigno Alfaro, comisionado para Buenos Aires y Montevideo. Todos ellos tenían la misión de “fomentar el odio entre europeos y americanos”, lo cual debía ser a través de ganarse la aprobación popular, o al menos de las autoridades (aconsejándose no atacar al Santo Oficio de la Inquisición, sino que más bien debían mostrarse favorable al Fuero eclesiástico), y de ser posible, que se propague una versión de los hechos de que el Rey de España no existía ya y que de hecho Napoleón estaba siendo el “restaurador de la libertad” y el “legislador universal". Entonces, ahora se había dado un giro de objetivos en cuanto a las operaciones secretas de los agentes españoles al servicio del Imperio Francés, puesto que si no se sometían los Virreinatos americanos a los Bonaparte, se debía incitar una revolución independentista que tenga la finalidad de que sus ingresos no caigan en los británicos a través de la alianza con la Junta de Cádiz (la cual debía ser castigada con el desmembramiento de España, que ya estaba empezando con la anexión del norte del país a Francia). Finalmente, se ordeno el decreto del 18 de agosto de 1809, el cual abolía el Consejo de Indias, junto a los restantes Consejos que aún sobrevivían del Antiguo Regimén, lo cual provocaría el final de la administración indiana josefista por causa de que los americanos nunca lograron reconocerle como su monarca ni a la Constitución de Bayona como norma jurídica fundamental.Vid. ARTOLA, Los afrancesados y AméricaGANDÍA, E., Napoleón y la independencia de América, Buenos Aires, 1955.MARTIRÉ, Eduardo. “América en los Planes Napoleónicos”, en t. XIII de la Historia General de España y América: Emancipación y nacionalidades americanas,Madrid, RIALP, 1992
En este espíritu más revolucionario y menos conciliador, el duque de Bassano encomendaría a Juan María Ledrezenech con la misión de fomentar la independencia de los territorios españoles limítrofes a los Estados Unidos (es decir, la Nueva España), y de ser posible también provocar la separación de territorios tan lejanos como Perú, Chile y Paraguay. También se incluía la provocación a los estadounidenses con incidentes fronterizos que incitaran a los Estados Unidos a que declare la guerra a la España de Cádiz y se ponga del lado de Napoleón a cambio de beneficios.
Para el Perú, se envió al agente Mr. Desmolard en Baltimore (quien decía tener el apoyo de los Estados Unidos, así como de nobles de Lima e incluso caciques indios) con el objetivo de proclamar una Monarquía Peruana independiente amiga de los Bonaparte. Pero tales esfuerzos Afrancesados serían reprimidos por el Virrey José Fernando de Abascal (aunque luego de titubear por 2 años).
Proyecto de Carlota Joaquina de Borbón miniaturadeimagen|Carlota Joaquina de Borbón, Infanta de España y pretendiente a Reina del Imperio español (incluyendo El Perú) vía Río de la Plata y el Virreinato del Brasil.