La Procesión del Silencio de San Luis Potosí es una procesión religiosa católica que se celebra cada Viernes Santo por la noche en el centro histórico de la ciudad mexicana de San Luis Potosí. El cortejo parte tradicionalmente del Templo de Nuestra Señora del Carmen, recorre aproximadamente 3,5 kilómetros por algunas de las principales calles y plazas del centro histórico y concluye nuevamente frente al mismo templo.

La manifestación conmemora la Pasión de Cristo, particularmente mediante representaciones de las estaciones del Viacrucis y de los Misterios Dolorosos del Rosario, y culmina tradicionalmente con el paso de Nuestra Señora de la Soledad, una de las principales imágenes devocionales del Templo del Carmen.

La procesión contemporánea comenzó en 1954 por iniciativa del fraile carmelita Nicolás García, O.C.D., quien invitó a miembros de la comunidad taurina potosina y a un grupo de mujeres vinculadas con la orden del Carmen a participar en el primer cortejo público. El primer recorrido documentado tuvo lugar el 16 de abril de aquel año y estuvo integrado principalmente por las cofradías Carmelitana, del Santo Entierro y de la Soledad.

Con el paso de las décadas la celebración adquirió rasgos propios, incorporando elementos de la religiosidad española y manifestaciones culturales mexicanas y potosinas. Entre ellos destacan el uso del rebozo de Santa María del Río en algunos contingentes femeninos, la presencia de charros, adelitas, grupos de tradición indígena, bandas de tambores y cornetas y decenas de cofradías identificadas por diferentes colores, emblemas e imágenes religiosas.

El 7 de noviembre de 2013 fue declarada oficialmente Patrimonio Cultural del Estado de San Luis Potosí. El decreto la define como patrimonio cultural intangible y establece medidas para su salvaguardia, conservación, protección y difusión.

En las ediciones contemporáneas participan habitualmente más de 30 cofradías y alrededor de dos mil cofrades y penitentes. La celebración constituye asimismo una de las principales manifestaciones culturales de la Semana Santa en México y uno de los acontecimientos turísticos y religiosos más concurridos de la capital potosina.

Historia

Antecedentes

miniatura|izquierda|El Templo de Nuestra Señora del Carmen constituye el punto de origen y conclusión tradicional de la procesión.

Las procesiones penitenciales de Semana Santa tienen una larga tradición en el mundo católico hispánico. Durante los siglos de dominio español se difundieron en la Nueva España distintas formas de religiosidad pública vinculadas con la Pasión de Cristo, incluidos viacrucis, representaciones de la muerte de Jesús y procesiones encabezadas por imágenes religiosas.

La configuración contemporánea de la Procesión del Silencio potosina recibió una importante influencia de las celebraciones españolas, particularmente de las procesiones de Semana Santa de Sevilla, aunque con el paso de los años desarrolló una identidad ritual propia.

De acuerdo con fuentes gubernamentales y estudios sobre la celebración, durante 1953 comenzaron a realizarse actividades preparatorias vinculadas con la devoción a la Virgen de la Soledad en el entorno del Templo del Carmen. La primera procesión pública del ciclo moderno se efectuó al año siguiente.

Fundación en 1954

El desarrollo de la procesión moderna se remonta al 16 de abril de 1954. Según la investigación de Rogelio Martínez Cárdenas, basada, entre otras fuentes, en testimonios de Guadalupe Romo y documentación de Tradiciones Potosinas, el fraile carmelita Nicolás García, O.C.D., promovió aquel primer recorrido.

García invitó a figuras relacionadas con el mundo taurino que residían en San Luis Potosí y profesaban la religión católica. Paralelamente convocó a mujeres vinculadas con la comunidad carmelita, quienes constituyeron la Cofradía del Santo Entierro.

Las primeras agrupaciones que participaron fueron:

la Cofradía Carmelitana; la Cofradía del Santo Entierro; la Cofradía de la Soledad, vinculada en sus primeros años con miembros del ambiente taurino.

El cortejo salió del Templo del Carmen y recorrió algunas de las calles situadas en sus inmediaciones.

miniatura|derecha|Nuestra Señora de la Soledad durante la procesión de 2014.

La relación inicial con el mundo taurino constituyó una de las características particulares de la celebración. Entre las figuras asociadas con los primeros años se encontraba el torero potosino Fermín Rivera, quien posteriormente desempeñaría un papel relevante en el patronato organizador.

Expansión durante las décadas de 1960 y 1970

La participación popular creció durante los años siguientes. Para 1961, el carmelita Fernando Garza, O.C.D., impulsó la formación del Patronato Hispano Taurino Potosino con la finalidad de fortalecer la organización del cortejo.

Dentro del patronato adquirieron particular importancia Fermín Rivera y María Guadalupe «Lupita» Romo López, quien se convertiría posteriormente en una de las principales figuras de la preservación de la tradición.

En ese mismo periodo apareció la cofradía de los Nazarenitos y Macarenas, integrada principalmente por niños y concebida como un medio para incorporar a nuevas generaciones a la celebración.

En 1965 se incorporó la Cofradía de la Santa Cruz. Para ese momento el cortejo se había expandido considerablemente en relación con la procesión inicial.

Fundación de Tradiciones Potosinas

El 16 de marzo de 1966 se constituyó formalmente la asociación civil Tradiciones Potosinas A.C., por iniciativa de Luis Falcón Piza, O.C.D.. La formación de la asociación significó que buena parte de la organización de la procesión pasara a manos de laicos, manteniéndose su carácter religioso y su vinculación con las comunidades parroquiales.

Guadalupe Romo fue elegida para encabezar la asociación. Durante esta etapa se modificó nuevamente el recorrido y se promovió la incorporación de nuevas cofradías.

Uno de los elementos que progresivamente dio a la procesión una identidad distinta de las celebraciones españolas fue la introducción del rebozo en la indumentaria de algunos contingentes femeninos. Martínez Cárdenas interpreta esta transformación como parte de la construcción de un carácter mestizo de la celebración, al combinar elementos procesionales de influencia hispánica con rasgos mexicanos.

miniatura|izquierda|Participantes de una de las cofradías durante la Procesión del Silencio.

Durante las siguientes décadas se incorporaron numerosas agrupaciones. Entre las creadas o integradas en esos años se encuentran las cofradías de Cristo Roto, San Agustín, Preciosa Sangre, Encuentro, Humildad, Pasión, Ecce Homo, Guadalupana y Tlaxcala.

En las décadas de 1990 y 2000 continuó la expansión con nuevas cofradías y pasos procesionales.

Consolidación del cortejo

Para finales del siglo XX el número de participantes permitía representar dentro del cortejo las catorce estaciones del Viacrucis y los cinco Misterios Dolorosos del Rosario.

La procesión fue adquiriendo una estructura más compleja formada por cofradías, pasos, nazarenos, costaleros, músicos, agrupaciones de representación histórica y diferentes contingentes de apoyo.

La ruta también sufrió varias modificaciones. Se registran cambios importantes en 1961, 1966 y 2002, conforme aumentaron el número de agrupaciones y la extensión del cortejo.

Declaración como patrimonio cultural

En 2013 se inició formalmente el procedimiento para reconocer la manifestación como patrimonio cultural estatal. La Coordinación Técnica Estatal de Protección del Patrimonio Cultural emitió un dictamen positivo el 2 de mayo de ese año.

El decreto administrativo definitivo fue firmado el 24 de octubre de 2013 y publicado en el Periódico Oficial del Estado Libre y Soberano de San Luis Potosí el 7 de noviembre de 2013.

El documento declaró:

La Procesión del Silencio como patrimonio cultural inmaterial de los potosinos.

La declaratoria estableció como objetivos su salvaguardia, protección, conservación y difusión y dispuso su inscripción en el Registro Estatal de Patrimonio Cultural.

El propio decreto señala que la procesión es organizada y convocada desde la sociedad civil y la identifica como una de las manifestaciones cívico-religiosas de mayor relevancia de la capital potosina.

Suspensión durante la pandemia de COVID-19

La continuidad anual de la procesión se vio interrumpida en 2020 como consecuencia de la pandemia de COVID-19 en México. Tradiciones Potosinas anunció el 16 de marzo de aquel año la cancelación de la edición número 67 como medida preventiva ante la propagación del coronavirus.

Fue la primera cancelación en aproximadamente 66 años de realización continua.

La edición correspondiente a 2021 fue nuevamente cancelada debido a las condiciones sanitarias.

Durante la suspensión de 2020 se realizaron actividades digitales y contenidos históricos para mantener la difusión de la tradición. El Instituto Nacional de Antropología e Historia y otras instituciones culturales colaboraron en la divulgación de materiales históricos sobre la procesión.

Regreso en 2022

La procesión regresó a las calles del Centro Histórico el 15 de abril de 2022, después de dos años de suspensión. La edición número 69 se desarrolló todavía bajo diversas medidas sanitarias.

En esa edición participaron alrededor de dos mil personas y se incorporó, entre otras, la Cofradía del Señor del Saucito, cuya incorporación prevista había sido pospuesta por la pandemia.

Década de 2020

Durante los años posteriores a la pandemia se recuperó la celebración anual y continuó la incorporación y reorganización de cofradías.

En 2024 las autoridades estatales informaron la participación de más de dos mil integrantes distribuidos en unas treinta cofradías.

En 2025 se celebró la edición número 72, mientras que en 2026 se realizó la 73.ª edición.

Desarrollo de la procesión

Inicio

miniatura|derecha|El sonido de tambores y cornetas constituye una de las pocas interrupciones deliberadas del silencio durante el recorrido.

La procesión se celebra durante la noche del Viernes Santo. En las ediciones contemporáneas comienza alrededor de las 20:00 horas frente al Templo del Carmen.

Antes de la salida de las principales cofradías se realizan actos ceremoniales y aparecen diversos contingentes encargados de anunciar el comienzo del cortejo.

El sonido de cornetas y tambores marca diferentes momentos de la procesión. Fuera de estas intervenciones musicales, el silencio de los participantes y tradicionalmente también de buena parte del público constituye uno de los elementos distintivos del acto.

Cruz de guía y cortejo

Las agrupaciones procesionales suelen estar encabezadas por una cruz de guía, acompañada de ciriales, faroles y miembros de cada cofradía.

Los participantes avanzan lentamente por las calles, en consonancia con el carácter penitencial del acontecimiento. Entre los elementos del cortejo se encuentran:

nazarenos; macarenas; monaguillos; costaleros; portadores de cirios; tambores y cornetas; agrupaciones de representación; charros y adelitas; guardias vestidos a la manera romana; grupos femeninos con rebozo; contingentes vinculados con tradiciones indígenas.

Nazarenos

miniatura|izquierda|Nazarenos durante la celebración.

Una de las figuras visualmente más características es la del nazareno, vestido con túnica y, en numerosas cofradías, con capirote y antifaz.

El uso de las vestimentas busca expresar penitencia, humildad y anonimato. Los colores, escudos y accesorios permiten diferenciar a las distintas cofradías.

Algunos participantes marchan descalzos, portan cruces, cirios u otros símbolos vinculados con la Pasión de Cristo.

Los pasos

Los pasos procesionales son plataformas o andas sobre las que se colocan imágenes o conjuntos escultóricos que representan acontecimientos de la Pasión.