miniaturadeimagen|Aula de informática de una universidad, en 2009

Las computadoras en la escuela son los equipos informáticos que los centros escolares proporcionan, exigen o regulan para reforzar, complementar o sustituir la enseñanza tradicional. Su alcance no se limita al aula: cubre también el resto del centro y las tareas que el alumnado hace en casa. Van desde las computadoras centrales compartidas de las primeras décadas de la informática hasta las portátiles individuales y las plataformas en línea. Incluyen también los teléfonos personales que el centro admite o prohíbe.

Los campus universitarios estadounidenses usaron computadoras centrales con fines docentes desde los primeros años de esa tecnología. En 1970, sin embargo, solo el 12,9 % de los institutos públicos del país las aplicaba a la enseñanza. La microcomputadora llevó los equipos al aula durante la década de 1980. La inversión pública generalizó después el acceso a internet: en 2000 tenía conexión el 98 % de las escuelas públicas estadounidenses. La pandemia de COVID-19 llevó a muchos sistemas escolares a entregar una computadora a cada alumno, y ese reparto se mantuvo al reabrir las aulas.

Un estudio de la Comisión Europea publicado en 2019 encontró diferencias muy amplias dentro de la Unión Europea, con los países nórdicos a la cabeza. Uno de cada cinco alumnos de secundaria inferior no usaba nunca o casi nunca la computadora del centro. La informática se abre paso además como asignatura propia: más de dos tercios de los sistemas educativos europeos reformaban sus programas en 2022. Uruguay, Perú y España pusieron en marcha programas nacionales de una computadora por alumno. Los alumnos sin computadora ni conexión en casa quedan fuera cuando el centro da por supuesto que las tienen. Algunas familias los rechazan por decisión propia, entre ellas las de varios directivos del sector tecnológico. Varias administraciones han empezado a limitar por norma el uso individual de aparatos en las aulas. En marzo de 2026, el 58 % de los países prohibía ya el teléfono móvil en la escuela. El Comité de los Derechos del Niño pide que la tecnología no menoscabe la enseñanza presencial y que los recursos digitales lleguen en las lenguas que los niños comprenden. Los centros públicos apoyan buena parte de esa enseñanza en plataformas de empresas privadas, sobre todo Google Workspace y Microsoft 365. Las autoridades de protección de datos de Dinamarca, Alemania y Francia han cuestionado esa dependencia, y algunas administraciones europeas han empezado a sustituir esos programas por software libre.

Las evaluaciones de esos programas de reparto no han encontrado mejoras en matemática ni en lectura. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos concluyó en 2015 que un uso moderado de la computadora escolar se asocia a resultados algo mejores que un uso escaso. El uso muy frecuente, en cambio, se asocia a resultados bastante peores. La evaluación PISA de 2022 registró la mayor caída del programa en matemáticas y lectura. Halló también que el alumnado distraído por los equipos de sus compañeros puntuaba 15 puntos menos en matemáticas. Lo que más condiciona el uso en clase es la actitud del profesorado ante el valor de la tecnología. Los alumnos dedican buena parte de ese tiempo a actividades ajenas a la asignatura, y varios países han impuesto filtros de contenido. Los organismos sanitarios advierten además del sedentarismo y de la fatiga visual asociados al tiempo de pantalla.

Historia de la informática en la enseñanza

Primeras computadoras en las escuelas (1960-1980)

miniaturadeimagen|339x339px|Teletipo Modelo 33, el tipo de terminal con el que las escuelas accedían a una computadora central compartida en la década de 1970 Los campus universitarios emplearon computadoras centrales con fines educativos desde los primeros años de esta tecnología. El American Institutes for Research realizó el primer estudio a gran escala sobre el uso educativo de las computadoras, por encargo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos. El informe se publicó en octubre de 1970. El estudio concluyó que el 13 % de los institutos públicos estadounidenses usaba computadoras para la enseñanza. Sumando los usos administrativos, el 34,4 % de los centros disponía de computadora y el 65,6 % no tenía ninguna: casi dos sin computadora por cada uno que la usaba.

El mismo centro repitió la encuesta en 1975 sobre una muestra de 5580 institutos públicos. Para entonces el 58,2 % de los centros usaba computadora y el 26,7 % la aplicaba a la enseñanza, frente al 12,9 % de 1970. Las matemáticas siguieron siendo la asignatura que más recurría a la computadora, con el 43,2 % de los cursos informatizados. El lenguaje BASIC desplazó además al FORTRAN como lenguaje dominante en las aulas: pasó del 25,8 % al 62,4 % de las aplicaciones docentes. La enseñanza asistida por computadora —programas que presentan ejercicios y corrigen las respuestas del alumno— pasó en el mismo periodo del 8,4 % al 13,8 % de las aplicaciones docentes.

En 1983, la Universidad Drexel se convirtió en la primera universidad estadounidense que exigió a todos sus estudiantes de primer curso disponer de una microcomputadora personal. A lo largo de esa década aparecieron los primeros programas de ejercitación y práctica pensados para el uso exclusivo en el aula. Las escuelas se dividieron según el fabricante de computadoras al que estaban dispuestas a dar apoyo: unas usaban equipos Apple II y otras compatibles con el IBM PC. La escasez de equipos se convirtió en un problema grave y dejó a muchos docentes sin computadoras suficientes para su alumnado. Aun así, en 1989 el uso de computadoras pasó de ser poco habitual en las escuelas públicas estadounidenses a estar presente en la mayoría de los distritos escolares.

Multimedia, internet y programas uno a uno (1990-2010)

izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|La pizarra interactiva es un ejemplo de computadora que sustituye a la tecnología tradicional del aula El 15 de febrero de 1996, el presidente estadounidense Bill Clinton propuso un Fondo para el Reto de la Alfabetización Tecnológica (Technology Literacy Challenge Fund), dotado con 2000 millones de dólares a cinco años. El Congreso aprobó 200 millones ese mismo año. El programa fijó cuatro objetivos:

Poner computadoras modernas al alcance de todo el alumnado y el profesorado. Conectar todas las aulas a internet antes del año 2000. Integrar programas y recursos en línea en el currículo. Formar al profesorado en el uso de la computadora.

El acceso escolar a internet se generalizó en Estados Unidos durante esos años. En 1994 tenían conexión el 35 % de las escuelas públicas y en 2000 ya la tenía el 98 %. La proporción de alumnos por computadora docente conectada a internet bajó de 12 a 1 en 1998, a 9 a 1 en 1999 y a 7 a 1 en 2000. Contando todas las computadoras de uso docente, la proporción llegó ese año a 5 alumnos por máquina, la cifra que muchos especialistas consideraban razonable. miniaturadeimagen|250x250px|Alumnos con computadoras portátiles individuales en una escuela primaria de Kigali (Ruanda), en 2009 Los entornos de aula basados en la colaboración se generalizaron y, con ellos, más escuelas invirtieron en redes potentes y conexiones a internet más rápidas. Hacia 2010, muchos distritos escolares aplicaban o fomentaban los «programas de aprendizaje uno a uno», que garantizaban una computadora portátil personal a cada alumno de la escuela primaria.

La pandemia de COVID-19 y la normalización del equipo individual (2020-2026)

miniaturadeimagen|250x250px|Alumna siguiendo una clase en línea desde casa en Kerala (India) durante el cierre de las escuelas Antes de la pandemia de COVID-19, el 23 % de los directores de escuela pública estadounidense declaraba entregar una computadora a cada alumno para llevarla a casa. En los centros privados la cifra era del 14 %. En 2020 esa proporción casi se dobló: llegó al 45 % en la escuela pública y al 20 % en la privada. Al empezar el curso 2021-2022, el 96 % de las escuelas públicas declaraba entregar equipos digitales a los alumnos que los necesitaban.

En abril de 2020, el 88 % de los adultos con hijos escolarizados declaraba que estos tenían computadora disponible casi siempre para fines educativos. A finales de marzo de 2021 la cifra era del 94 %. El Departamento de Educación británico repartió más de 1,3 millones de computadoras portátiles y tabletas a centros escolares, institutos y autoridades locales de Inglaterra durante el curso 2020-2021.

Polonia puso en marcha en 2023 un programa estatal para entregar una computadora portátil a cada alumno a partir de cuarto curso. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) publicó ese mismo año su informe anual sobre la educación en el mundo. La pandemia, señaló, había reforzado la costumbre de ver la tecnología como una solución universal. El informe pidió que la tecnología no sustituya nunca a la enseñanza presencial dirigida por un docente. También advirtió de que las pruebas sobre su efecto son dispares y de que los costes se subestiman.

El Gobierno de Suecia introdujo en 2023 una subvención para comprar libros de texto y guías docentes. Buscaba que cada alumno tuviera un libro impreso por asignatura. La ayuda ascendió a 685 millones de coronas suecas en 2023, 658 millones en 2024 y 755 millones en 2025. El Gobierno reservó otros 555 millones anuales a partir de 2026. La ministra de Escuelas, Lotta Edholm, declaró en 2023 que «los alumnos suecos necesitan más libros de texto». Anunció además que el Gobierno revertiría la obligatoriedad de los dispositivos digitales en la etapa preescolar. Entre los motivos citados figuró el descenso sueco en el estudio internacional PIRLS de comprensión lectora: la media de cuarto curso bajó de 555 puntos en 2016 a 544 en 2021. Neil Selwyn, profesor de educación de la Universidad Monash de Melbourne (Australia), señaló que criticar los efectos de la tecnología es una postura popular entre los políticos conservadores.

La informática como asignatura escolar

Más de dos tercios de los sistemas educativos europeos reformaban en 2022 sus programas de informática. Muchos creaban una asignatura separada en uno o varios niveles. Así lo constató un informe de la red Eurydice de la Comisión Europea, que comparó treinta y nueve sistemas educativos. La informática sigue siendo una disciplina escolar reciente, y tanto el nombre como el enfoque de las asignaturas varían de un país a otro. En la encuesta europea de 2019, entre el 76 % y el 79 % de los alumnos de secundaria no programaba nunca o casi nunca en clase. Solo el 3 % de secundaria inferior y el 6 % de secundaria superior lo hacía casi a diario.

Inglaterra sustituyó en 2014 la asignatura de tecnologías de la información y la comunicación por otra llamada computing. Un informe de la Royal Society de 2012 había pedido el cambio. El Departamento de Educación lo adoptó tras las gestiones de la industria, el mundo académico y las asociaciones de la materia.

El programa oficial fijó cuatro objetivos. El alumnado debe comprender y aplicar los principios de las ciencias de la computación, entre ellos la abstracción, la lógica, los algoritmos y la representación de datos. Debe analizar problemas en términos computacionales y escribir programas para resolverlos. Debe evaluar y aplicar la tecnología de la información ante herramientas nuevas o desconocidas. Y debe usarla de forma responsable, competente, segura y creativa. Entre los once y los catorce años, el programa exige además usar dos o más lenguajes de programación, y al menos uno debe ser textual.