miniaturadeimagen|170x170px|Los reyes en las logias vaticanas durante la visita, acompañados por su séquito y la corte papal. La visita de Víctor Manuel III de Italia a Pío XI ocurrida el 5 de diciembre de 1929 fue una importante visita de estado que sirvió para conmemorar la reconciliación final entre la Santa Sede y el Reino de Italia, tras la ratificación de los Pactos Lateranenses.

Historia

Antecedentes Tras la toma de Roma en 1870 por las tropas italianas y la pérdida del poder temporal de los pontífices, se originó la llamada "Cuestión Romana", un conflicto de soberanía que mantuvo a los pontífices como "prisioneros" voluntarios en el Vaticano.

Esta situación llegó a su fin el 11 de febrero de 1929 con la firma de los Pactos de Letrán, que reconocieron la independencia de la Ciudad del Vaticano y establecieron el catolicismo como la religión oficial de Italia. La visita real fue la culminación protocolaria de este acuerdo .

Desarrollo La visita se produjo en la mañana del 5 de diciembre de 1929. A las 10:30 de la mañana, salió del Palacio del Quirinal el cortejo de los reyes de Italia. En su recorrido hasta la Plaza de San Pedro, que incluía el paso por la Via Nazionale y por el Borgo, fueron aclamados por el pueblo.

Al llegar al límite este de la Plaza de San Pedro que, marcado por una línea blanca, servía como frontera entre el reino de Italia y la Ciudad del Vaticano, fueron recibidos por el gobernador de este último estado, además, las tropas pontificias (Guardia Suiza y Gendarmeria Pontificia) rindieron honores a los soberanos italianos.

Desde ese lugar, el cortejo cruzó el arco de las campanas (a la izquierda de la fachada principal) para dar la vuelta a la basílica y entrar al Palacio Apostólico por distintos patios hasta llegar al Patio de San Dámaso, donde fueron recibidos por los más altos dignatarios de la corte pontificia. La reina Elena y sus damas de compañía vestían trajes de corte blanco con mantillas del mismo color, usando el privilegio de blanco, que el pontífice había concedido no solo a Elena (como solía ser habitual para reinas católicas) sino también a las damas que la acompañaran en la visita. izquierda|miniaturadeimagen|170x170px|Los reyes de Italia con su séquito y altos miembros de la corte papal tras la visita en la logia de la basílica de San Pedro. A continuación, los reyes y su séquito, escoltados por los dignatarios pontificios, subieron a la Sala del Tronetto del Palacio Apostólico donde se produjo la audiencia privada con Pío XI.

El Papa obsequió a la Reina un mosaico de la Virgen y al Rey (que tenía afición a la numismática) una importante obra sobre las medallas custodiadas en los Museos Vaticanos. A continuación, siguiendo la tradición en las visitas de personas reales a los sumos pontífices, pasaron a realizar una visita a la basílica de San Pedro que incluyó una oración ante la tumba de este apóstol. Los soberanos salieron por la puerta principal de la basílica, volviendo al Palacio del Quirinal también entre aclamaciones del pueblo romano.

Esa tarde, en representación del pontífice, el cardenal Gasparri, secretario de Estado, devolvió la visita a los reyes de Italia en el Quirinal, y al ministro de Asuntos Exteriores de Italia en el Palacio Chigi.

Posteridad La visita fue objeto de una filmación del Instituto Luce, que fue distribuida en ese mismo mes.

Siete días después el pontífice recibiría la visita de los hijos de los soberanos: Humberto, príncipe del Piamonte y sus hermanas Yolanda y Margarita.

Valoración La visita consolidó el prestigio internacional de la Santa Sede, y de la Italia fascista. El presidente del consejo de ministros de esta última nación, Benito Mussolini, en un discurso ante la Cámara ese mismo día, calificó la paz religiosa como un "pilar fundamental del nuevo Estado".

Referencias

Bibliografía

Categoría:Historia de la ciudad de Roma Categoría:Pío XI Categoría:Víctor Manuel III de Italia Categoría:Italia en 1929 Categoría:Casa Pontificia