miniaturadeimagen|Dante y Virgilio frente al barquero celestial llevando las almas a la isla del Purgatorio (Canto II). Ilustración de Paul Gustave Doré. El segundo canto del Purgatorio de la Divina Comedia del poeta florentino Dante Alighieri constituye la introducción de la segunda y penúltima cántica de la obra. Se sitúa a la salida del Infierno en la isleta del Purgatorio en el que camino que lleva al Paraíso Terrestre. Transcurre la mañana del 10 de abril de 1300 (Domingo de Pascua), o según otros comentadores del 27 de marzo de 1300.
Temas y contenidos
En el levante matutino, llegada del ángel barquero (vv. 1 al 42) Las almas descubren que Dante está vivo (vv. 43 al 75) Casella (vv. 76 al 117) Llamada al orden de Catón (vv. 118 al 133)
Síntesis
En el levante matutino, llegada del ángel barquero (vv. 1 al 42) El canto comienza con una explicación astronómica sobre cómo el cielo se encontraba en un crepúsculo vespertino, en contraposición con Jerusalén en las antípodas del Purgatorio, donde colgaba la Constelación de Libra, mientras en este lado lo hacía la de Aries, utilizando como comparación horaria los puntos geográficos de la península indostánica con la región del Ganges.
Dante en lontananza mira como la Aurora pasa de tener colores blancos y rosados a tenerlos dorados mientras avanza por el cielo. Y mientras seguía junto al mar con Virgilio, avanzando con el alma y no su cuerpo, ve sobre el poniente, donde está Marte, una luz acercarse velozmente a lo lejos por el mar, tras hacerle una pregunta a Virgilio que no es respondida, y Dante observa como esa luz se va haciendo cada vez más luminosa. Al identificar unas alas, Virgilio le grita a Dante que se arrodille ante el primero de los ángeles de Dios que verá en el Purgatorio, quien, sin utilizar artilugios humanos, avanzaba solo con la propulsión de sus alas, cual pájaro divino, a lo que Dante obedece, deslumbrado ante el bajel.
Las almas descubren que Dante está vivo (vv. 43 al 75) Sobre la popa del barco se hallaba el barquero celestial, signo de beatitud en él inscrito, encargado de llevar las almas a la isleta del Purgatorio para su posterior redención y asunción al Paradiso. Tras de él cien almas cantaban "In exitu Israel de Aegipto", el comienzo del Salmo 113, que canta la liberación de los israelitas al escapar del yugo egipcio; tras hacerles la señal de la cruz mientras las almas corrían a la playa sin saber adónde ir, se va con la misma velocidad con la que vino.
El sol saeteaba en todas partes con su arco ardiente en todos lados menos por donde Capricornio, lo que advierte que el amanecer continuaba. Las nuevas almas suplicaron a Dante y Virgilio el camino al monte, a lo que Virgilio les indica que no sabe más que ellos, que todo andariego es peregrino ahí, pero que había llegado luego de andar por una vía tan áspera y violenta, es decir, el Infierno, que subir por la de ahora será como un juego.
Las almas, al advertir en Dante su respiración, se dan cuenta de que estaba vivo, y rodeándolo atropelladamente cual mensajero papal portador del olivo, hipnotizados por su semblante, se olvidan de ir a purificarse donde los juncos.
Casella (vv. 76 al 117) Entre todas esas almas, una corre a abrazar con gran afecto a Dante, lo que hace que este intente corresponderle tres veces sin éxito, por ser incorpóreas e ingrávidas las almas. Dante, enrojecido, lo detiene con gesto amigo cuando se alejaba, a lo que esta alma, que pertenece a la de su amigo y músico florentino Casella, le dice que así como lo amó en vida lo sigue amando así que pare, pero antes le pregunta por su viaje y el porqué está ahí, respondiendo Dante que para volver al sitio en que ahora anda, y le pregunta porqué tardó tanto en llegar, pues este ya había muerto tres meses antes de empezado el viaje. Casella responde que nadie le ha inferido ultraje para tardar tanto, y que fue cuestión de tiempo para dirigirse de la desembocadura del Tíber, contrario al Aqueronte, hasta la isla del Purgatorio.
Dante le pide a Casella le pide a Casella que si, sigue manteniendo la memoria, le cante una de esas canciones que solía cantar para calmar sus aflicciones en vida y consolarlo ahora del dolorido llanto de su alma, a lo que accede, cantando: "Amor que habla en la mente y me razona" tan dulcemente que hasta ahora resuenan en su alma.
Llamada al orden de Catón (vv 118 al 133) Ante esto, se contentan todas las almas allí conglomeradas hasta que interviene Catón, quien gritando les pregunta el porqué de su tardanza para purificarse en el monte, para mostrarse todos ante la presencia de Dios, y todas las almas se desbandan, como palomas que se asustan y huyen tras picar la semilla del suelo.
Referencias
Bibliografía
Alighieri, D. (2013). Divina comedia (A. Echeverría, Trad.). Alianza Editorial.
Enlaces externos
Texto original del Canto II del Purgatorio en Wikisource (en italiano).
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