miniatura|Vera efigie de la imagen de la Virgen de la Candelaria, patrona de las Islas Canarias. Fue realizada por el pintor tinerfeño Cristóbal Hernández de Quintana en el , actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico). «Vera efigie» (en latín: vera effigies, que significa "verdadera imagen") es un término estrechamente relacionado con el arte cristiano y con el concepto de Vera icon. Se refiere comúnmente a aquellas representaciones pictóricas o escultóricas consideradas retratos auténticos o fieles de una determinada imagen religiosa de Cristo, la Virgen María o los santos, a menudo vinculados a tradiciones de imágenes milagrosas no hechas por mano humana o aparecidas milagrosamente.

Contexto En España e Hispanoamérica, muchas tallas y pinturas marianas o de pasión llevan este título para denotar una copia fiel de una imagen matriz muy venerada (por ejemplo, las «veras efigies» de la Virgen de la Soledad de Gaspar Becerra o del Cristo de La Laguna). Este género pictórico se desarrolló especialmente durante el barroco, siglos y . Su finalidad era principalmente el culto doméstico, aunque en ocasiones estas obras iban a parar a conventos e iglesias. Así, eran retratos pictóricos de esculturas devocionales, que al no poder tener el original, se tiene una copia de la verdadera imagen, expresándole el mismo cariño y fervor. Estas imágenes ofrecen una valiosa información sobre los modos y costumbres en las que estas esculturas eran veneradas, pues los pintores solían reproducir fielmente los atuendos o las joyas que portaban dichas tallas.

Se trata en general de lienzos pintados al óleo, aunque también hay ejemplos de pintura sobre tabla, grabados y muy raramente esculturas. Entre sus características destaca el sumo detalle de la figura representada y la intención de darle un tono realista para que quién las contemplara creyese estar en presencia de la misma efigie, cumpliendo una función similar a las fotografías actuales de imágenes religiosas convertidas en estampas o estampitas. La mentalidad barroca atribuía a estas representaciones propiedades taumatúrgicas, debido a que muchas de estas pinturas eran «tocadas» por el original que se veneraba en su templo y que generalmente permanecían ocultos por gruesos cortinajes en sus altares, camarines y tabernáculos, solo desvelados en momentos muy solemnes. Por lo tanto, las «veras efigies» se convertían en un sustituto eficaz y receptor de la devoción intensa de las gentes, especialmente cuando la talla original permanecía velada en su templo.

Generalmente estas pinturas representaban al venerado simulacro en su entorno habitual, colocado sobre su peana, en su camarín u hornacina, acompañado de cortinajes, velas, jarrones con flores, tal y como aparecía a la vista del pintor. Las efigies marianas suelen aparecer cubiertas con suntuosos mantos y joyas, acorde a la estética devocional barroca. Estos elementos configuraban la visión del creyente de la imagen religiosa representada, contribuyendo a la identificación de las advocaciones que fueron más populares en el ámbito local. Algunos pintores tuvieron el raro privilegio de acceder a las más afamadas efigies milagrosas, por ejemplo en Hispanoamérica, Miguel Cabrera en 1752 recreó la imagen de la Virgen de Guadalupe venerada en su santuario del Tepeyac, o el pintor novohispano José de Mora, quién hacia 1717 se hizo célebre por las copias que realizó en lienzo de la efigie del Señor de Chalma.

En las islas Canarias Las islas Canarias (España) fue uno de los lugares en donde más se desarrolló este tipo de arte, sobre todo de la mano de pintores locales tanto anónimos como de renombre, tales como Cristóbal Hernández de Quintana o José Rodríguez de la Oliva, entre otros. Algunas de estas obras incluso se exportaban a Hispanoamérica, —especialmente las relativas a la Virgen de la Candelaria, patrona de este archipiélago—, venerada en su santuario costero en la isla de Tenerife, y que siempre gozó de mucho predicamento en las tierras americanas. Otras imágenes frecuentemente representadas son las relativas a otras importantes devociones isleñas, tales como la Virgen del Pino en Gran Canaria, la Virgen de las Nieves en La Palma y la Virgen de la Peña de Fuerteventura. Otras imágenes marianas de ámbito más comarcal también fueron representadas tanto en pintura como en estampa, especialmente en Tenerife: La Virgen de los Remedios, la de la Concepción, o la de Gracia, todas ellas en San Cristóbal de La Laguna; la Virgen del Socorro en Tegueste, la del Buen Viaje de Santa Cruz de Tenerife, de Gracia en La Orotava, o la Soledad de la Portería en Las Palmas de Gran Canaria.

Entre las imágenes de Jesucristo destacan entre otras, el Cristo de La Laguna —con diferencia el más representado—, el Cristo de los Dolores de Tacoronte, el Cristo de Burgos y el de la Humildad y Paciencia de San Cristóbal de La Laguna, o el Cristo atado a la Columna de La Orotava, todos ellos en la isla de Tenerife.

Galería

Véase también Pintura del Barroco Arte sacro

Referencias

Bibliografía ÁLAMO, N. (1953). «Sobre la primera presencia de la santísima virgen de Candelaria en la Laguna 1554-1555». Revista de Historia, núm. 101-104, t. XIX. AA.VV. (1989). Muestra de Arte Americano en Castilla y León. Valladolid: Junta de Castilla y León. Universidad de Valladolid. AA.VV (2000). Arte Hispanoamericano en las Canarias Orientales. Siglos XVI-XIX. Las Palmas de Gran Canaria: Casa de Colón. CONCEPCIÓN RODRÍGUEZ, J. y HERNÁNDEZ SOCORRO, M. R. (2007). Arte, Devoción y Tradición. La virgen del Pino de Teror. Las Palmas de Gran Canaria: Ayuntamiento de Teror/Cabildo de Gran Canaria. RODRÍGUEZ MORALES, C. (2009). «Virgíneo Pudor: Sobre las veras efigies de la virgen de las Nieves». En María, y es la nieve de su nieve, favor, esmalte y matiz. Santa Cruz de La Palma: CajaCanarias.

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