thumb|370px|Dibujo (alegoría del Madrid de la segunda mitad del siglo XIX) con varios tipos castizos ante el Café Suizo (a la derecha de la imagen puede verse un cartel de la proclamación de la República Federal que sitúa la época en 1873).

La indumentaria tradicional de Madrid es el conjunto de vestimenta, trajes y complementos que se han llevado en la ciudad de Madrid desde su designación como capital de España, y su evolución a lo largo de los siglos.

Buena parte del conjunto de la obra de los pintores y grabadores vecinos del Madrid del Siglo de Oro, la Ilustración, el periodo romántico y el Madrid galdosiano, han dejado una rica documentación visual de la evolución del vestir y las modas en la capital de España. Entre los referentes de más excepcional factura hay que mencionar los tipos recogidos en la obra de Francisco de Goya, hasta el punto de identificarse así el modo de vestir de los llamados luego personajes goyescos de sus cartones para tapices y sus series de Caprichos o escenas taurinas.Gaspar Gómez de la Serna: Goya y su España. Alianza Editorial, Madrid, 1969. ISBN 978-84-206-1185-3

Historiografía Además de la iconografía producida durante cinco siglos y de los ejemplos conservados en instituciones como el Museo de Artes y Tradiciones Populares, instalado desde 2010 en una corrala de la calle de Carlos Arniches junto al Rastro de Madrid,Sitio del Centro Cultural Consultado en enero de 2015Video del museo y Centro Cultural La Corrala de la Universidad Autónoma de Madrid (1'43") Consultado en enero de 2015 una de las fuentes más completas e interesantes sobre la indumentaria tradicional típica de la capital de España y las poblaciones de su entorno geográfico, han sido las "colecciones españolas de trajes" que se pusieron de moda en la segunda mitad del .

La primera colección española de trajes, una colección de 86 estampas del grabador Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, data de 1777. Obra concebida como un magno catálogo, continuó publicándose hasta 1788 con el título de Colección de trajes de España, tanto antiguos como modernos, que comprehende todos los de sus dominios, pero quedaría inconclusa con la muerte del autor. Para los dibujos contó con la colaboración de su sobrino Manuel de la Cruz, Antonio Carnicero, Luis Paret y otros artistas menos conocidos, y reunía un conjunto muy amplio de trajes de los diferentes estratos sociales desde el pueblo más humilde a la más soberbia nobleza.

En 1794 se publicó en el mercado español otro interesante referente, obra de Cesare Vecellio, con 48 estampas dedicadas al traje español, dentro de la Colección de trages que usan todas las naciones conocidas hasta el siglo XVI, dibujadas por Ticiano y Cesar, su hermano, en varios tomos. Obras complementarias en ese periodo del cambio de siglo serían también: la Bestimenta que usan los contabandistas españoles, dibujada y grabada por Marcos Téllez, y toda una serie de estampas críticas o satíricas que ironizaban sobre la moda.En el Museo Municipal de Madrid se conservan algunas tan sugerentes como las subtituladas "Petimetra en el Prado de Madrid" o "El perfecto currutaco".

Antonio Rodríguez thumb|Estampa de Antonio Rodríguez, publicada en 1801, representando el modo de vestir de un mozo de tahona en el Madrid del umbral del . Otro conjunto interesante entre las ediciones de colecciones de trajes son las 38 estampas que realizó Antonio Rodríguez sobre tipos madrileños muy variados (desde elegantes damas y caballeros hasta humildes menestrales y mendigos de ambos sexos). Una obra que ha sido impresa en diferentes y numerosas ediciones, a la que cabría añadir otras catorce estampas sueltas, que probablemente formaron parte de una serie que quedó inacabada. El mismo autor publicaría en 1804 otra colección de estampas, ahora ya con el título específico de Modas de Madrid.

Evolución histórica thumb|Vestido de gala de una dama de la corte española hacia 1530. Ilustración de Christoph Weiditz, para el Trachtenbuch (Museo Nacional Germano).

Pueden diferenciarse varios segmentos históricos básicos en la evolución de la indumentaria tradicional en Madrid. Un primer periodo de fusión, simbiosis de las tres culturas -castellana, judía y árabe-, común al reinado de la Casa de Austria en lo político y al Siglo de Oro Español en lo cultural, que en lo que a trajes y modos de vestir atañe podría definirse como periodo de negro, sobrio, elegante y 'socialmente oscuro'. La casa de Borbón y la asimilación del comercio con las posesiones de Ultramar, sin llegar a suponer una ruptura en la indumentaria tradicional, aportaron cierta variedad y fantasía que a lo largo del pudo desembocar en el vestir madrileño en una estética mixta de lo castellano y lo foráneo, que representada en el traje de majo y maja, se conocería luego como estilo goyesco. La moda francesa, fruto de su Revolución, daría como resultado un segundo gran periodo de fusión representado en su fase de formación por la moda Ilustrada y la subsiguiente moda importada de la Europa romántica. Obsérvese que a partir del ya se puede hablar efectivamente de modas, a la vez que el fenómeno de la indumentaria tradicional de los habitantes de Madrid se 'socializaba'. El último periodo que puede todavía aceptar la denominación de tradicional -en lo que a usos y costumbres en el vestir corresponde- se extiende a lo largo del , aunque solo se puede hablar de modo tradicional de vestir de los madrileños en la primera mitad de ese siglo. El resto aún no es Historia.

De 'Magerit' a capital de un imperio La población mixta de castellanos viejos, judíos y moriscos que vio cómo su modesta villa recibía el título de capital de las Españas no ha dejado grandes ejemplos de su indumentaria, pero los estudiosos del tema coinciden en suponer una mezcolanza de prendas sobrias y oscuras (de los castellanos) con otras más ricas en color y diseños (de los judíos) y la tradicional vestimenta de los moriscos redimidos y cristianos nuevos. De los supervivientes de la aljama madrileña tras los ajustes de cuentas de los Reyes Católicos, queda alguna orientación en relación con su vestimenta en los Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1600) y en obras como las Contribuciones documentales a la historia de Madrid, de Agustín Millares Carlo. Un estudio de José Castellanos sobre el Madrid de los Reyes Católicos, recoge párrafos como aquel en el que se advierte a la comunidad sefardí que "non tengan nin vendan paños nin otras cosas en casas nin en tiendas, guardando la ley de Toledo, salvo los moros que van a labrar a las casas, que pueden comer donde labran, como es costumbre". De ellos se pueden sacar escasas conclusiones, pero sí confirmar la coexistencia en una política de estricto apartheid que parece conllevar la supervivencia de una indumentaria tradicional profundamente enraizada; es notable la paradoja de que a pesar de ello, elementos de la tradición árabe como los zaragüelles usados por los hombres y el velo usado por las mujeres para cubrirse la cabeza o el rostro, se hicieran extensivos -no solo en Madrid- al común de los habitantes de la península.

Para hacerse una idea del vestir de los castellanos viejos en el Madrid que iba a recibir el 'privilegio' capitalino de manos del nieto de los católicos Reyes, pueden valer estas directrices del Concejo municipal en la indumentaria con motivo de las honras fúnebres por el fallecimiento del príncipe don Juan: "los porteros del Ayuntamiento llevaban ropones de xerga con sus capillas; los regidores vestían una loba con cola e capirote e ropón (para cuya confección eran necesarias veinte varas de paño de a cient maravedís la vara y quarenta de xerga). Tras estas honras fúnebres era obligatorio el luto, es decir que ninguna persona non sea osado de traer bonete de color, nin ninguna mujer de quitar las tocas negros. Las escasas referencias pictóricas del pueblo de Madrid en tan lejanas fechas (siglos e inicio del ) dan la impresión, en lo que a la indumentaria corresponde, de que siempre había una honra fúnebre que respetar y un luto que mantener. Mucha más documentación se conserva de la indumentaria de la Corte española y del clero afincado en los conventos de Madrid y demás instituciones eclesiásticas o administradas por la Iglesia. Pero la influencia de la vestimenta de los ricos en la del pueblo llano aún tardaría en llegar.

El traje castellano Enraizado en la fusión de las tres culturas (cristiana, judía y árabe), puede hablarse del traje castellano, común en el medio rural de la provincia de Madrid, y que fue imponiendo algunas de sus características en el modo de vestir de la capital a medida que fue incrementándose el éxodo de campesinos a la villa y corte.

Mujeres En el caso de la mujer, el esquema de la vestimenta básica incluía: Para la ropa interior: camisas, chambras de dormir, justillos, corsés y sobrecorsés, en lo que corresponde al busto. Y pololos, enaguas, refajos y faldas de abajo (o sobreenaguas), como elementos del talle. Para la ropa externa: se cubría el busto con chambras y blusas, diversos tipos y modelos de mantones, mantoncillos, pañuelos de talle y, como elementos elegantes, con las toquillas y el mantón de Manila. La cabeza, además de cubrirse con los aludidos mantos y mantillas, podía tocarse con una amplia variedad de pañuelos y sobreros. En cuanto al talle: faldas, faltriqueras y delantales. Descripción genérica de una mujer con traje castellano típico: un manteo bordado con sobrefalda y enaguas bordadas, medias caladas, mantón bordado y alfombrado o, en su defecto, mantón de "milflores" típico de la Serranía madrileña. Lo complementa el zapato negro con lazo, y un sencillo peinado consistente en un moño partido, a veces con "rodetes" o "moño de picaporte" según sea la zona de la Serranía o de la Campiña.

Hombres La vestimenta básica de un hombre, en contra de lo que pudiera suponerse, era más sencilla en prendas interiores y más amplia en el vestido exterior. La ropa interior del varón se reducía a camisolas, camisetas, calzoncillo y fajas blancas. En el exterior, el busto del hombre podía cubrirse con camisas, chalecos, blusas, chaquetas, trajes, chaquetones y pellizas, capas, mantas de campo, jersys y, como complemento, pañuelos de cuello. El talle varonil disponía de pantalones, zajones, correíllas y fajas. Para la cabeza había boinas y viseras, sombreros de muy variados y distintos tipos, monteras, pasamontañas, tapabocas y bufandas. También pueden incluirse dentro de la vestimenta varonil, las alforjas y los zurrones. De modo genérico, un hombre ataviado con cierto esmero (no en traje de trabajo o faena), puede describirse así: calza las típicas alpargatas, albarcas de cuero o zapato negro para las grandes celebraciones y festividades. Se cubre con un terno compuesto de pantalón hasta la rodilla de paño marrón o negro, chaleco bordado con adornos de plata y camisa de punto bordada, ya sea de punto segoviano o del bordado de Lagartera. Encima de todo ello, viste chaqueta y pañuelo "de hierbas", la tradicional capa castellana (o española), o la manta arriera. Puede ir tocado de sombrero calañés y suele ser preceptiva la faja bordada, generalmente negra, roja o blanca.

Calzado Con elementos comunes a los dos sexos -con cierta preponderancia para el masculino-, el traje castellano dispone de medias y calcetines, peales, abarcas, alpargatas, chanclos o zocos, botines, botas y borceguíes, zapatos, o leguis y polainas.

Fusión goyesca

thumb|400px|Personajes con indumentaria goyesca en el baile-juego de La gallina ciega, pintados por Goya en 1789. Museo del Prado (Madrid). Puede considerarse así el traje usado en Madrid desde la segunda mitad del hasta mediados del y que fue adoptado por las clases altas copiándolo de los trajes populares, siguiendo en parte las consignas de sobriedad y populismo exportadas a toda Europa por la Revolución Francesa.