miniaturadeimagen|El sociólogo mexicano Pablo González Casanova en 2007. Formuló el concepto de colonialismo interno en 1963.|alt=Retrato de Pablo González Casanova, hombre mayor de perfil. El colonialismo interno en las Américas es el dominio y la explotación que un grupo ejerce sobre otro grupo culturalmente distinto, dentro de un mismo Estado del continente, sobre todo sobre los pueblos indígenas. A diferencia del colonialismo clásico, que un país ejerce sobre otro, este dominio ocurre en el interior de un mismo país.
El sociólogo mexicano Pablo González Casanova y el también sociólogo Rodolfo Stavenhagen desarrollaron el concepto en América Latina durante la década de 1960, en diálogo con el antropólogo brasileño Roberto Cardoso de Oliveira. Con él explicaron por qué, después de la independencia, la estructura colonial siguió en pie: la élite criolla ocupó el lugar de la élite española y mantuvo el dominio sobre los pueblos indígenas. Ese dominio tomó formas como el despojo de las tierras comunales, las campañas militares contra los pueblos originarios y la asimilación forzada a través de la ideología del mestizaje.
Los colonizadores internos en América Latina son, según la teoría del colonialismo interno, los grupos que, tras las guerras de independencia hispanoamericanas, continuaron ocupando la cima socioeconómica de los nuevos países, en contraste con la población de ascendencia indígena y africana. El colonialismo interno es un factor de sometimiento político, explotación económica, imposición de la cultura del grupo dominante, conflicto racial y de clases.
En Estados Unidos, y por un camino distinto, autores como Robert Blauner y Mario Barrera usaron el mismo concepto para analizar la situación de la población negra y de la población chicana. El concepto sigue vigente en el estudio de los pueblos indígenas de América Latina e influyó en la teoría de la colonialidad del poder y en el pensamiento decolonial, aunque el sociólogo Juan Pablo Gonnet ha cuestionado su precisión teórica.
Orígenes y formulación del concepto (1959-1965) La formulación de González Casanova y Stavenhagen
El sociólogo mexicano Pablo González Casanova sumó el concepto de «colonialismo interno» a las ciencias sociales de América Latina durante la década de 1960, sobre todo para estudiar la exclusión y el agravio que sufrían los pueblos indígenas.
González Casanova presentó la idea por primera vez en 1963, en el artículo «Sociedad plural, colonialismo interno y desarrollo», que publicó en la revista América Latina del Centro Latinoamericano de Investigaciones en Ciencias Sociales (CLAPCS, por su nombre en portugués, Centro Latino-Americano de Pesquisas em Ciências Sociais), con sede en Río de Janeiro.
El primero en usarla como concepto académico fue el sudafricano Leo Marquard, en 1957, en South Africa's Colonial Policy. La idea, sin embargo, es más antigua que las palabras: en la década de 1920, Antonio Gramsci ya describía el sur de Italia y las islas como colonias que explotaba la burguesía del norte. Para el estudio de las comunidades amerindias, en cambio, González Casanova pudo ser el primero en emplear el término.
El término había llegado a América Latina desde los debates de la Tercera Internacional y del Partido Comunista Sudafricano, donde el comunista afroamericano Harry Haywood cumplió un papel pionero. La palabra «interno» respondía a un problema concreto: Sudáfrica era un Estado formalmente independiente al que no gobernaba ninguna potencia extranjera y que conservaba los rasgos del dominio colonial. En el colonialismo clásico, quien coloniza vive en una metrópoli lejana; en Sudáfrica, colonizadores y colonizados ocupaban el mismo territorio. En esa lectura, la segregación primero y el apartheid después respondieron a las necesidades del capitalismo en distintas etapas: el sector capitalista se ahorraba parte del costo de mantener a sus trabajadores porque las reservas lo cubrían. Más tarde recogió ese texto en su libro Sociología de la explotación (1969) y trabajó la idea en La democracia en México (1965). Ese mismo año publicó una versión en inglés con el título «Internal colonialism and national development».
La pregunta que guiaba su trabajo era directa: ¿por qué, después de la independencia política, la estructura colonial seguía intacta en los países de América Latina? González Casanova respondió que la independencia había trasladado el dominio colonial al interior de cada nación: con la salida del dominio extranjero, unos nativos empezaron a dominar y explotar a otros.
En 1965, el sociólogo Rodolfo Stavenhagen criticó la idea de la «sociedad dual» en su ensayo «Siete tesis equivocadas sobre América Latina», que apareció los días 25 y 26 de junio de ese año en el periódico El Día. Stavenhagen sostuvo que las regiones «atrasadas» y las «modernas» formaban dos partes de un mismo proceso histórico y de una sola sociedad. Para él, el término correcto para explicar las regiones pobres de América Latina era «colonialismo interno». González Casanova aceptó esta crítica y dejó de usar la idea de la «sociedad dual».
El economista André Gunder Frank también discutió el concepto. Rechazó que su trabajo coincidiera con el de González Casanova y sostuvo que el colonialismo interno era ante todo un fenómeno económico, ligado al imperialismo, y no cultural. Torres Guillén advierte, sin embargo, que una crítica frecuente —que González Casanova habría reemplazado la «lucha de clases» por el «colonialismo interno»— es falsa: el autor mantuvo el análisis de clase y lo combinó con la dimensión étnica y cultural.
Ya en el , González Casanova volvió sobre el concepto y lo redefinió en el ensayo «El colonialismo interno: una redefinición» (2006).
El diálogo con Roberto Cardoso de Oliveira y la fricción interétnica
Breno Bringel y Miguel Leone sostienen que el debate latinoamericano sobre el colonialismo interno nació de un proceso colectivo: los diálogos que González Casanova y Stavenhagen mantuvieron con el antropólogo brasileño Roberto Cardoso de Oliveira entre finales de la década de 1950 y mediados de la de 1960. Estos autores señalan que buena parte de esos intercambios ocurrió en el CLAPCS y en su revista América Latina. En ese diálogo, el «colonialismo interno» se acercó a la «fricción interétnica», el concepto con el que Cardoso de Oliveira estudiaba el contacto entre los pueblos indígenas y la sociedad nacional en Brasil.
Definición y rasgos definitorios
La diferencia con el colonialismo de ultramar está en la distancia: aquí quienes colonizan y quienes sufren la colonización viven en el mismo país, sin un océano de por medio. Lo demás se mantiene: sometimiento político, explotación económica, imposición de la cultura del grupo dominante y conflicto racial. Varias versiones del concepto hablan además de un centro y una periferia dentro del propio país: se espera que la gente del centro ocupe los puestos de más prestigio en las regiones periféricas, igual que los colonos europeos en sus colonias.
González Casanova definió el colonialismo interno como una estructura de relaciones de dominio y explotación entre grupos culturales distintos dentro de un mismo Estado. Lo que lo separa de otras relaciones de dominio, como las que existen entre la ciudad y el campo o entre clases sociales, es la heterogeneidad cultural que deja la conquista de unos pueblos por otros. Por eso González Casanova describió esas diferencias como diferencias «de civilización». En La democracia en México resumió la idea en una frase: «Las comunidades indígenas son nuestras colonias internas».
En su redefinición, González Casanova ubicó el colonialismo interno en cuatro planos a la vez: el económico, el político, el social y el cultural. En el plano económico describió un intercambio comercial desfavorable para los indígenas y una explotación que mezclaba varias formas de trabajo: feudalismo, capitalismo, esclavitud, trabajo asalariado y forzado, aparcería y peonaje (el trabajo para saldar deudas). A esto sumó el despojo de tierras, la discriminación social y la exclusión política.
Un rasgo central del colonialismo interno es que el grupo dominante niega ser un colonizador interno. La élite criolla o mestiza gobierna en nombre de una nación que proclama unida e igualitaria, y presenta su dominio como progreso o integración. Por eso González Casanova llamó al colonialismo interno una «categoría tabú»: los grupos en el poder no quieren admitir que el Estado que dirigen mantiene estructuras coloniales en su interior.
La crítica a la «sociedad dual»: las «Siete tesis equivocadas»
miniaturadeimagen|El sociólogo Rodolfo Stavenhagen en 2013. Su ensayo «Siete tesis equivocadas sobre América Latina» (1965) rechazó la idea de la «sociedad dual».|alt=Retrato de Rodolfo Stavenhagen. En 1965, Rodolfo Stavenhagen publicó «Siete tesis equivocadas sobre América Latina» en el periódico El Día. El ensayo refutaba siete ideas muy difundidas sobre el continente.
La primera tesis que Stavenhagen rechazó decía que «los países latinoamericanos son sociedades duales». Para él, las regiones «arcaicas» y las «modernas» formaban dos caras de un mismo proceso histórico y de una sola sociedad. Sostuvo que esas regiones pobres funcionaban como «colonias internas» dentro de cada país, y concluyó que convenía plantear la situación en términos de «colonialismo interno».
La segunda tesis afirmaba que el progreso llegaría a las zonas «atrasadas» al difundirse allí los productos de la industria desde las zonas «modernas». Stavenhagen también la rechazó.
Con estas críticas, Stavenhagen movió el eje de la explicación: el subdesarrollo era una relación de dominio entre regiones dentro de una misma sociedad. González Casanova aceptó la crítica sobre la «sociedad dual» y ajustó el uso del concepto, pero mantuvo la idea central: el colonialismo no había desaparecido con la independencia.
La independencia como cambio nominal: continuidad colonial en las repúblicas ()
La continuidad del dominio: de la élite peninsular a la criolla
Para González Casanova, la independencia política no puso fin al orden colonial. Torres Guillén resume así esta lectura: muchos historiadores sostienen que, después de la Conquista, el dominio español sobre los indígenas en México dio paso a un dominio interno, criollo y mestizo, con rasgos muy parecidos a los de la época anterior a la Independencia.
En Brasil, el sociólogo Yves Chaloult sostuvo que la independencia política no bastó para terminar con el colonialismo: cuando terminó el dominio directo de los extranjeros, surgió el dominio y la explotación de unos nativos sobre otros.
Para esta corriente, entonces, la independencia cambió quién mandaba —la élite criolla ocupó el lugar de la élite peninsular—, pero no cambió la estructura de dominio y explotación sobre los pueblos indígenas. González Casanova ubicó ese dominio en cuatro planos: el económico, el político, el social y el cultural.
El liberalismo republicano y el despojo de las tierras comunales
Durante las décadas de 1850 y 1870, los gobiernos liberales de México y de la Nueva Granada (Colombia desde 1863) impulsaron la desamortización (el reparto y la venta) de las tierras comunales de los pueblos indígenas, llamadas resguardos en el caso colombiano. Las constituciones liberales de esos años buscaban repartir las tierras corporativas —las de la Iglesia y las de las comunidades indígenas— y entregarlas a propietarios particulares.
El Estado presentó esta política como una forma de progreso: quería convertir a los indígenas en ciudadanos libres y propietarios individuales. Según Murgueitio Manrique, sin embargo, esas leyes dieron a los indígenas el estatuto de ciudadanos libres y, al mismo tiempo, los empujaron a la pobreza. El discurso de la igualdad ciudadana convivió así con el despojo de la tierra que sostenía a las comunidades.