El racismo en Alemania abarca las ideologías, las políticas y las prácticas de discriminación, prejuicio y violencia por motivos raciales o étnicos que se han desarrollado en Alemania a lo largo de su historia. El país ocupó un lugar destacado en la formulación de la moderna pseudociencia racial y de la eugenesia; su racismo de Estado se manifestó primero en el genocidio de los pueblos herero y nama, cometido durante la etapa colonial, y alcanzó su forma más extrema con la Alemania nazi, cuyo racismo institucionalizado culminó en el Holocausto. Tras la reunificación, el fenómeno persiste en forma de discriminación estructural y de violencia contra las personas inmigrantes y las minorías étnicas y religiosas.
Durante la época nazi, disposiciones como las Leyes de Núremberg fijaron por escrito una jerarquía racial y llevaron a la persecución de judíos, romaníes y otros colectivos considerados «inferiores». Tras la Segunda Guerra Mundial y la reunificación del país, se han registrado episodios de violencia racista callejera y denuncias de discriminación sistémica contra personas inmigrantes y minorías étnicas; diversas organizaciones internacionales de derechos humanos han documentado casos de infrarrepresentación institucional, marginación y elaboración de perfiles raciales.
En la Alemania contemporánea, el racismo se manifiesta de forma estructural y cotidiana en ámbitos como el empleo, la vivienda, la educación, la actuación policial o el acceso a bienes y servicios, y afecta sobre todo a personas de origen turco, árabe, africano y de Europa oriental, así como a la población musulmana. A ello se suman la violencia de la extrema derecha y del movimiento neonazi —con episodios como los asesinatos de la Clandestinidad Nacionalsocialista o los atentados de Halle y Hanau— y un intenso debate sobre la integración, el llamado «fracaso del multiculturalismo» y la persistente consideración como «extranjeras» de las personas de segunda y tercera generación nacidas en el país.
Alemania también ha sido objeto de acusaciones de racismo antipalestino, que incluyen denuncias de censura, violencia policial y la equiparación del antisionismo con el antisemitismo. La calificación del movimiento BDS como antisemita por parte del Bundestag, junto con las denuncias de académicos y artistas de una «caza de brujas» contra activistas propalestinos, ha suscitado polémica.
Antecedentes históricos
El pensamiento académico alemán contribuyó tempranamente a la construcción de las categorías raciales modernas. Ya a finales del siglo , el naturalista Johann Friedrich Blumenbach, profesor en la Universidad de Gotinga, acuñó el término «caucásica» para designar a los europeos blancos y dividió a la humanidad en cinco «variedades» a partir, sobre todo, de la medición de cráneos; sostenía que todas compartían un mismo origen, pero situó a la «caucásica» como el tipo primigenio del que las demás habrían «degenerado». Aunque Blumenbach defendía la unidad de la especie humana y no compartía las jerarquías raciales que se desarrollarían más tarde, su clasificación y sus métodos craneológicos se convirtieron en una de las bases del racismo científico posterior.
En la misma tradición ilustrada, otros pensadores alemanes de primera magnitud contribuyeron a la teorización de la raza. El filósofo Immanuel Kant formuló una jerarquía de razas y, según diversos estudiosos, desempeñó un papel central en la construcción del concepto moderno de raza durante la Ilustración. El marcado eurocentrismo de Georg Wilhelm Friedrich Hegel —que excluía a África de la «historia universal»— ha sido interpretado por buena parte de la crítica como racista, si bien otros autores lo matizan, de modo que el alcance de su racismo sigue siendo objeto de debate académico. No obstante, se trataba de un rasgo de la Ilustración europea en su conjunto —presente también en autores no alemanes como Hume o Voltaire— y no de un fenómeno exclusivamente alemán.
miniaturadeimagen|Integrantes del pueblo herero encadenados en 1904.
Cuando Alemania trató de convertirse, ya de forma tardía, en una potencia colonial durante el siglo , se cometieron varias atrocidades. La más grave fue el genocidio de los pueblos herero y nama, en el territorio de la actual Namibia. Las autoridades alemanas recluyeron a los supervivientes del genocidio en campos de concentración.
Eugen Fischer, profesor alemán de medicina, antropología y eugenesia, llevó a cabo en esos campos «experimentos médicos sobre la raza», entre ellos esterilizaciones e inoculaciones de viruela, tifus y tuberculosis. Fischer defendió el exterminio de las supuestas «razas inferiores» y afirmó que «quien reflexione a fondo sobre la noción de raza no puede llegar a una conclusión distinta».
El genocidio de los herero ha atraído la atención de los historiadores que estudian las complejas relaciones de continuidad entre aquel episodio y el Holocausto. Según Clarence Lusane, profesor asociado de ciencia política en la American University School of International Service, los experimentos de Fischer pueden interpretarse como un ensayo previo de procedimientos médicos empleados después durante el Holocausto. Con todo, esa «tesis de la continuidad» dista de ser unánime: aunque el genocidio en sí cuenta con un amplio consenso académico, historiadores como Robert Gerwarth y Stephan Malinowski han cuestionado que pueda trazarse una línea directa entre la violencia colonial alemana y el Holocausto, y advierten del riesgo de equiparar contextos históricos diferentes.
Además del genocidio herero y nama, el colonialismo alemán provocó otras atrocidades en el continente africano. En el África Oriental Alemana, la represión de la rebelión Maji Maji (1905-1907) —un levantamiento de más de veinte grupos étnicos contra el dominio colonial alemán, desencadenado por la imposición del cultivo forzoso de algodón y de los trabajos forzados— se saldó, según las distintas estimaciones, con entre 75.000 y 300.000 muertes africanas, en su mayoría causadas por la hambruna que las tácticas de tierra quemada del ejército alemán provocaron de forma deliberada.
Zoológicos humanos
Entre finales del siglo y las primeras décadas del , se celebraron en Alemania cientos de Völkerschauen («exhibiciones de pueblos»), espectáculos comerciales en los que se mostraba al público a personas traídas de las colonias y de otros territorios como si fueran objetos de curiosidad. El empresario Carl Hagenbeck fue una figura central de este negocio, que a partir de la década de 1870 se extendió por toda Europa; en 1874 exhibió a personas samoanas y sami. Se calcula que entre la fundación del Imperio alemán y la década de 1930 se organizaron alrededor de cuatrocientas de estas exhibiciones, que lejos de ser un mero entretenimiento difundían y reforzaban los estereotipos racistas del público y se apoyaban en la pseudociencia racial de la época. En la Exposición Colonial celebrada en Berlín en 1896 se exhibió a más de un centenar de personas traídas de las colonias africanas alemanas.
Reconocimiento del genocidio colonial El genocidio de los pueblos herero y nama permaneció durante décadas sin un reconocimiento oficial por parte de Alemania. Tras años de reclamaciones de los descendientes de las víctimas, el 28 de mayo de 2021 el Gobierno alemán lo reconoció formalmente como genocidio y anunció un programa de «reconciliación» dotado con 1.100 millones de euros a lo largo de treinta años, destinado a proyectos de desarrollo en Namibia. El acuerdo fue criticado por representantes de los pueblos herero y nama, que denunciaron haber quedado excluidos de las negociaciones y calificaron de «insultante» el importe, además de rechazar que se presentara como «ayuda al desarrollo» en lugar de como «reparaciones». Con anterioridad, en 2011 y 2018, Alemania había devuelto restos humanos de víctimas del genocidio conservados en instituciones alemanas, donde se habían empleado en investigaciones seudocientíficas sobre la raza.
En 2023, el presidente Frank-Walter Steinmeier pidió perdón, durante una visita a Tanzania, por las matanzas cometidas por las tropas coloniales alemanas al reprimir la rebelión Maji Maji, y afirmó sentirse «avergonzado» por lo ocurrido; no obstante, no mencionó ninguna compensación económica.
Contra la población polaca
Las políticas de germanización contra la población polaca en Alemania se concentraron sobre todo en los territorios arrebatados a Polonia durante los Repartos de Polonia, aunque también se aplicaron en Silesia, Pomerania y Masuria. Estuvieron motivadas por el racismo.
Higiene racial y eugenesia A comienzos del siglo , Alemania se convirtió en uno de los principales focos del movimiento eugenésico. En 1895, el médico Alfred Ploetz acuñó el término «higiene racial» (Rassenhygiene) y, en 1905, fundó en Berlín la Sociedad Alemana de Higiene Racial (Deutsche Gesellschaft für Rassenhygiene), la primera organización eugenésica del país. En 1927 se fundó el Instituto Káiser Guillermo de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia, dirigido por Eugen Fischer, que se convirtió en un centro de referencia de la ciencia racial; Fischer, junto con Erwin Baur y Fritz Lenz, había publicado en 1921 un influyente manual de eugenesia que Adolf Hitler leyó en prisión y cuyas ideas incorporó a Mi lucha. Otras figuras, como el antropólogo Hans F. K. Günther, que idealizó la «raza nórdica», o el psiquiatra Ernst Rüdin, uno de los redactores de la ley de esterilización de 1933, revistieron estas ideas de una apariencia científica que el régimen nazi llevaría después a la práctica. Junto a estas medidas «negativas», el régimen impulsó también una eugenesia «positiva» dirigida a aumentar la población «aria»: el programa Lebensborn, creado por las SS en 1935, fomentaba la natalidad de las personas consideradas «racialmente valiosas» y ofrecía a las madres «de sangre alemana» atención en casas de maternidad; durante la guerra participó además en el secuestro de miles de niños extranjeros con rasgos «arios» para germanizarlos.
El Tercer Reich
miniaturadeimagen|Cadáveres en el campo de concentración de Buchenwald.
Tras la llegada al poder de los nazis en 1933, el racismo pasó a formar parte de la ideología oficial del Estado.
Poco después de acceder al poder, los nazis aprobaron la Ley para la Restauración de la Función Pública, que expulsó a casi todos los funcionarios de origen «no ario», salvo unas pocas excepciones.
En 1935, los nazis promulgaron las Leyes de Núremberg. La primera de ellas, conocida como «Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes», prohibía las relaciones sexuales y los matrimonios entre personas de «sangre alemana» y judíos. Poco después, ampliaron esta norma para incluir a «los gitanos, los negros y sus descendientes».Burleigh y Wippermann, p. 50.
Aunque predicaban la supremacía racial, en varios libros y panfletos los nazis afirmaban que lo que difundían era una «conciencia racial» y no una doctrina de supremacía. Un ejemplo es el siguiente pasaje:
Los nazis sostenían que la raza lo determinaba todo y exhortaban a los alemanes a ser «conscientes de su raza».
Durante las décadas de 1930 y 1940, la conquista militar de Europa por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial fue acompañada de innumerables asesinatos y genocidios por motivos raciales.