miniaturadeimagen|287x287px|Federación de Clubes de Mujeres de Color de Arizona en 1909. El movimiento sufragista afroamericano en Estados Unidos se refiere a la lucha de las mujeres afroamericanas para conquistar sus derechos políticos. El inicio de las movilizaciones se remontan a la década de 1830 fundando organizaciones como la Boston Female Anti-Slavery Society (Sociedad Femenina Antiesclavista de Boston), la Philadelphia Female Anti-Slavery Society (Sociedad Femenina Antiesclavista de Filadelfia) y la New York Female Anti-Slavery Society (Sociedad Femenina Antiesclavista de Nueva York). Estos colectivos interraciales constituyeron expresiones radicales de las aspiraciones políticas de las mujeres y condujeron directamente al activismo por el derecho al voto antes y después de la guerra de Secesión.
A lo largo del siglo XIX, destacadas mujeres afroamericanas como Harriet Forten Purvis, Mary Ann Shadd Cary y Frances Ellen Watkins Harper trabajaron simultáneamente en dos frentes políticos recordando tanto a los hombres afroamericanos como a las mujeres blancas que las mujeres negras necesitaban derechos legales y, de forma prioritaria, el derecho al sufragio universal.
Tras el fin de la guerra civil, el movimiento por los derechos de las mujeres se dividió en torno al apoyo a la ratificación de la Decimoquinta Enmienda, la cual prohibía la denegación del derecho al voto por motivos de raza, pero no otorgaba explícitamente el sufragio a las mujeres. La consiguiente fractura institucional en el movimiento sufragista marginó a las activistas negras; no obstante, las mujeres afroamericanas continuaron con sus campañas de reivindicación. Hacia la década de 1890, el movimiento sufragista mayoritario adoptó posturas marcadamente racistas y exclusivistas, lo que motivó que las mujeres afroamericanas se organizaran de forma independiente a través de clubes locales y de la Asociación Nacional de Mujeres de Color. En la década de 1910, las mujeres conquistaron el derecho al voto en decenas de estados, consolidando a las mujeres afroamericanas como un poderoso bloque de votantes.
La lucha por el voto no concluyó con la ratificación de la Decimonovena Enmienda en 1920, la cual expandió sustancialmente el censo electoral pero no desmanteló el terrorismo racial ni las trabas administrativas que impedían votar a los afroamericanos en los estados del Sur, independientemente de su sexo. Activistas como Fannie Lou Hamer, Ella Baker y Diane Nash dieron continuidad a las campañas por el derecho al voto para todos los ciudadanos, esfuerzo que culminó con la histórica aprobación de la Ley de derecho de voto de 1965.
Orígenes del movimiento miniaturadeimagen|Sede para Mujeres Votantes de Color, Liga de Mujeres Votantes de Color, Georgia hacia 1920. Los orígenes del movimiento sufragista femenino se encuentran estrechamente ligados al movimiento abolicionista en los Estados Unidos. Las mujeres blancas de clase alta emplearon inicialmente la metáfora de la esclavitud para denunciar su propia opresión en el matrimonio y el ámbito doméstico, desarrollando una conciencia política activa al movilizarse en apoyo de las campañas abolicionistas.Davis, Angela. Mujeres, raza y clase. Random House, 1981. Lucretia Mott, Elizabeth Cady Stanton y Maria Weston Chapman figuraron entre las primeras abolicionistas. La causa de la abolición brindó a las mujeres, antes confinadas a sus roles domésticos de esposas y madres, la oportunidad de impugnar públicamente el sexismo y aprender estrategias de agitación política y activismo, si bien el movimiento sufragista de las mujeres afroamericanas siguió un curso propio, considerándose por diversos historiadores como un movimiento independiente. Las abolicionistas que lideraban la American Equal Rights Association (Asociación Estadounidense por la Igualdad de Derechos), como Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, priorizaron una agenda política enfocada en las necesidades de la población blanca. Tras la guerra civil, se evidenció que las mujeres blancas y negras tenían concepciones diferentes sobre el valor fundamental del derecho al voto. A diferencia de las sufragistas blancas, las mujeres negras buscaban el voto para sí mismas y para los hombres de su comunidad, concibiendo el sufragio como una herramienta de empoderamiento colectivo para proteger a las familias afroamericanas frente a la ola de terrorismo racial que estalló tras la emancipación a finales del siglo XIX.
División del movimiento El racismo estructural que caracterizó los inicios del siglo XX provocó que las mujeres negras sufrieran una opresión multifactorial: en primer lugar por su condición de mujeres y, de forma simultánea, por su origen étnico. Gran parte de las activistas afroamericanas centraron de forma prioritaria sus esfuerzos en la conquista de la igualdad racial, relegando el sufragio a un objetivo secundario. La Convención de Seneca Falls reconocida históricamente como la primera asamblea por los derechos de la mujer, a menudo se la considera la precursora del cisma racial dentro del movimiento sufragista femenino; la Declaración de Seneca Falls presentó un análisis político de la situación de las mujeres casadas de clase alta, pero no abordó las luchas de las mujeres blancas de clase trabajadora ni de las mujeres negras. A lo largo del siglo XX, se consolidó un patrón de activismo político segregado, organizándose las mujeres blancas y negras de forma independiente debido a tensiones de clase y raza en el movimiento, así como a divergencias fundamentales en las metas políticas y la conciencia de clase. miniaturadeimagen|Ida B. Wells en el desfile sufragista de 1913, fotografía publicada en el Chicago Daily Tribune en mayo de 1913.
Las mujeres negras ejercieron un activismo de múltiples frentes, puesto que no disociaban la meta del sufragio de otras demandas sociales, urgidas por la violencia del racismo generalizado.Goodier, Susan, y Karen Pastorello. «A Fundamental Component: Suffrage for African American Women». Women Will Vote: Winning Suffrage in New York State, Ithaca/London: Cornell University Press, 2017, pp. 71–91. JSTOR. La mayoría de las mujeres negras que apoyaron la ampliación del censo electoral buscaban mejorar las condiciones de vida de sus comunidades, incluyendo a hombres y niños, lo que las distanciaba radicalmente de las sufragistas blancas. Mientras estas últimas concentraban sus esfuerzos exclusivamente en la obtención del voto individual, las mujeres negras perseguían el bienestar integral de sus colectivos. En su ensayo Mujeres, raza y clase, Angela Davis señala que «las mujeres negras eran iguales a sus hombres en la opresión que padecían... y resistieron la esclavitud con una pasión igual a la de ellos», elemento que explica la naturaleza holística de su activismo. Tras la guerra civil, las afroamericanas debieron luchar de forma constante para que sus intereses fueran reconocidos en la esfera política, puesto que los reformadores de la época tendían a asumir en sus discursos que «los negros eran hombres y las mujeres eran blancas».
Marginación de las activistas afroamericanas miniaturadeimagen|Unión de Clubes de Mujeres de Color de Rhode Island apoyando la Enmienda Federal de Sufragio Femenino, 1916. En 1890, dos organizaciones, la National Woman Suffrage Association y la American Woman Suffrage Association, se fusionaron para constituir la National American Woman Suffrage Association (NAWSA). A medida que la NAWSA expandía su base de apoyo, sus comités directivos concluyeron que excluir a las mujeres afroamericanas les permitiría ganar adeptos en los estados del Sur, lo que derivó en la adopción de una visión restrictiva del sufragio. La NAWSA concentró sus esfuerzos propagandísticos exclusivamente en lograr el voto para las mujeres blancas. A raíz de ello, las activistas negras debieron hacer frente a un movimiento sufragista de tintes antinegros. La dirección de la NAWSA consideró que la incorporación de la Federación del Noreste de Clubes de Mujeres de Color constituía un obstáculo político debido a los prejuicios de las mujeres blancas del Sur hacia el voto de la población negra. El sufragismo blanco del Sur temía que el voto de las afroamericanas alterara los equilibrios de poder y debilitara la supremacía blanca.
El movimiento sufragista de las mujeres afroamericanas, iniciado históricamente por figuras de la talla de Harriet Tubman y Sojourner Truth, continuó su desarrollo con el liderazgo de Ida B. Wells, Mary Church Terrell, Ella Baker, Rosa Parks y Angela Davis, entre muchas otras. Todas ellas desempeñaron papeles directivos clave para combatir la privación de los derechos políticos de las mujeres negras. A pesar de sufrir campañas de hostigamiento, violencia física y agresiones sexuales por parte de segregacionistas del Sur y del Norte, mantuvieron su constancia política, transmitiendo esa tradición de resistencia a las siguientes generaciones de familias afroamericanas. Como analiza la socióloga Jewel Prestage: «Las mujeres afroamericanas han sido activistas políticas a lo largo de toda su historia en el continente americano, pero al denegárseles durante largo tiempo el derecho al voto y a ocupar cargos públicos, debieron recurrir a estrategias políticas no tradicionales».
Tras su arresto en 1970, «[Angela] Davis se convirtió en una prisionera política. Se organizaron comités de protesta nacionales e internacionales por su liberación en todo el mundo. Durante los dos años que pasó en prisión, Davis se dedicó a la lectura, redactó ensayos sobre las injusticias del sistema penal y colaboró en el diseño legal de su propia defensa. Finalmente, fue liberada bajo fianza en 1972 y posteriormente absuelta de todos los cargos penales por el veredicto del jurado».Barnett, Bernice McNair. Race, Gender & Class. 2003, vol. 10, número 3, pp. 9–22.
Fundación de la Asociación Nacional de Mujeres de Color
miniaturadeimagen|200px|Estandarte con el lema de la Asociación Nacional de Clubes de Mujeres de Color. Colección del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana del Instituto Smithsoniano. El movimiento sufragista femenino estadounidense se originó en los estados del Norte como una plataforma de mujeres blancas de clase media, estando integrado mayoritariamente por asociadas con estudios superiores procedentes de Boston, Nueva York y Maine. La Asociación Nacional pro Sufragio de la Mujer (NWSA) realizó intentos iniciales por incorporar a trabajadoras de las industrias y a sufragistas negras. En 1866 se constituyó la American Equal Rights Association bajo la premisa de que el derecho al voto debía concederse a todos los ciudadanos sin distinción de sexo o raza. Sin embargo, en ese periodo se agudizaron las divisiones internas en el movimiento coincidiendo con los debates parlamentarios sobre la adopción de la Decimocuarta Enmienda, la cual otorgaba derechos civiles y de voto a los hombres negros de forma exclusiva. La NWSA organizó una convención para decidir su postura, dividiéndose las opiniones de las delegadas: algunas prefirieron no arriesgar la oportunidad de que los hombres negros obtuvieran el sufragio, asumiendo que el turno de las mujeres vendría después, y evaluaron la enmienda como una victoria parcial. Por el contrario, Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton rechazaron esta postura, argumentando que excluir a las mujeres de la reforma constitucional resultaba inaceptable.
miniaturadeimagen|Insignia de delegada lucida por Mamie Williams en la Convención de la Asociación Nacional de Mujeres de Color de 1914.