La privación social o desfavorecimiento social de un individuo es la reducción o prevención de la interacción culturalmente normal entre ese individuo y el resto de la sociedad. Esta privación social se inscribe en una amplia red de factores interrelacionados que contribuyen a la exclusión social. Entre estos factores pueden citarse el trastorno mental, la pobreza, la escasa educación y el bajo nivel socioeconómico, así como normas sociales (que pueden ser reprobables o erróneas) vigentes en ese lugar y momento.

El desfavorecimiento social (social disfavor en inglés) es un sinónimo poco común de privación social que utilizan algunos autores o campos científicos. name="Fitzgerald (1985)">

El aislamiento social es un concepto relacionado, pero no idéntico, que se refiere a la falta de contactos sociales y a tener pocas personas con las que interactuar regularmente.>

Descripción general El término "privación social" puede resultar impreciso porque se emplea junto a "exclusión social" y ªaislamiento social", a veces sin diferenciarlos claramente. En un documento de la Concejalía de Acción Social del Ayuntamiento de San Sebastián, la privación social (definida como «ruptura de los lazos sociales o familiares que son fuentes de capital social») se considera una dimensión de la exclusión social, siendo las otras la privación económica y la privación política.

Las personas socialmente desfavorecidas pueden experimentar «una privación de capacidades básicas debido a la falta de libertad, más que simplemente a bajos ingresos». Esta falta de libertad deriva de que, para acceder a determinadas posibilidades, se necesita interacción social. Quienes no tienen suficiente pueden ver mermadas sus oportunidades de progreso social o verse excluidas del diálogo político.Bassouk, E.L.; Donelan, B. (2003). "Social Deprivation". In Green, B.L. (ed.), Trauma Intervention in War and Peace. New York City: Kluwer Academic Publishers.

Parte de la confusión en la definición de privación social parece derivarse de su aparente similitud con la exclusión social, que se produce cuando un miembro de una sociedad es marginado por otros miembros. La privación social puede estar correlacionada con la exclusión social o contribuir a ella. Al excluido socialmente se le niega el acceso a los recursos que permiten una interacción social, económica y política saludable.

Pierson ha identificado 5 factores clave que ponen en marcha la exclusión social: la pobreza, la falta de acceso al empleo (no necesariamente igual al desempleo porque, para contar como desempleado, se debe buscar trabajo activamente, y hay personas excluidas que no buscan empleo, por ejemplo por carecer de vivienda), la negación de apoyo social, la no facilitación de servicios y la actitud negativa del vecindario. La exclusión social también se asocia con el maltrato infantil, el retraso en el desarrollo, el trastorno mental y el suicidio posterior.

Aunque una persona o grupo pueda sufrir privación social o exclusión social, no necesariamente desarrollará enfermedades mentales ni su descendencia será tratada de igual modo. Los grupos e individuos así rechazados pueden tener un desarrollo completamente normal y conservar un fuerte sentido de comunidad.

Desarrollo temprano La investigación sobre la privación social se basa principalmente en medidas observacionales y autoinformes. Esto ha permitido comprender cómo la privación social se relaciona con el desarrollo a lo largo de la vida y las enfermedades mentales.

Períodos críticos Un período crítico se refiere al lapso de tiempo durante el cual un ser humano necesita experimentar estímulos ambientales específicos para desarrollarse adecuadamente. En casos de privación social, especialmente en niños (por ejemplo los que reciben educación en el hogar), las experiencias sociales tienden a ser menos variadas y el desarrollo puede retrasarse o verse obstaculizado. También se considera un período en la vida de un organismo en el que una experiencia ambiental específica produce el mayor efecto.

Una investigación de Harvard indica que la privación social puede influir en el desarrollo cognitivo, «conduciendo a dificultades o retrasos en el desarrollo del lenguaje y las funciones ejecutivas, incluyendo la memoria de trabajo, el control de impulsos y la flexibilidad cognitiva».

También puede causar cambios en la estructura y función de las redes cerebrales (por ejemplo, la red frontoparietal) que sustentan esas funciones cerebrales, lo que parece poner a los niños en riesgo de desarrollar trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), así como problemas de externalización.>

Niños salvajes En casos graves de privación o exclusión social, los niños pueden no estar expuestos a experiencias sociales normales. Si un niño tiene una exposición limitada al lenguaje antes de cierta edad, luego el lenguaje es difícil o imposible de adquirir.Johnson, J.S.; Newport, E.L. (1991). "Critical Period Effects on Universal Properties of Language: The Status hjof Subjacency in the Acquisition of a Second Language. Cognition. 39. pp. 215–258. . Los comportamientos sociales y ciertos desarrollos físicos también tienen períodos críticos. Si no tienen lugar en esos períodos, a menudo se resisten a la rehabilitación o a la exposición posterior a estímulos adecuados.

Los niños salvajes son un ejemplo de los efectos de la privación social severa durante períodos críticos del desarrollo. Se han registrado varios casos en la historia de niños que emergieron de la naturaleza al final de la infancia o al principio de la adolescencia, presumiblemente tras haber sido abandonados en esa naturaleza a una edad temprana. Estos niños carecían de habilidades lingüísticas, tenían una comprensión social limitada y no pudieron ser rehabilitados.

Genie, una víctima contemporánea de la privación social, tuvo un contacto humano muy limitado desde los 20 meses hasta los 13,7 años de edad. En el momento en que fue descubierta por trabajadores sociales, Genie no podía hablar, masticar alimentos sólidos (siempre la habían alimentado con comida de bebé), mantenerse de pie o caminar correctamente, ni controlar las funciones corporales ni los comportamientos impulsivos. Aunque Genie aprendió algunas palabras sueltas, nunca pudo hablar inglés con una gramática correcta.<ref> name="Laming" /> Estos niños carecieron de importantes condiciones sociales y ambientales durante su infancia y, por consiguiente, no pudieron desarrollarse como adultos normales y funcionales.

Desarrollo cerebral La privación social durante la primera infancia también puede causar déficits neurocognitivos en el cerebro. La tomografía por emisión de positrones (PET por sus siglas en inglés) revela reducciones drásticas en áreas como la corteza prefrontal, el lóbulo temporal, la amígdala, el hipocampo y la circunvolución orbitofrontal en niños socialmente desfavorecidos. Estas áreas están asociadas con el procesamiento cognitivo de orden superior, como la memoria, la emoción, el pensamiento y la racionalización. Se produce daño adicional en la sustancia blanca del fascículo uncinado. Esta estructura es responsable de proporcionar una vía principal de comunicación entre áreas para el funcionamiento cognitivo y emocional superior, como la amígdala y el lóbulo frontal. El daño a estas estructuras específicas y sus conexiones disminuye la actividad cortical, inhibiendo así la capacidad de interactuar y relacionarse adecuadamente con los demás.

Las investigaciones también sugieren que los niños socialmente desfavorecidos presentan desequilibrios hormonales asociados con la afiliación y el comportamiento social positivo, específicamente la oxitocina y la vasopresina. Los niños institucionalizados (por ejemplo en orfanatos) mostraron una marcada disminución en los niveles de vasopresina y oxitocina mientras interactuaban con sus cuidadores en comparación con los controles (niños normales no institucionalizados). La falta de interacción social adecuada a una edad temprana altera el desarrollo normal del sistema neuroendocrino que media el comportamiento social. La privación social conduce a una disminución de los receptores de dopamina D2. El sistema dopaminérgico desempeña un papel en los cambios en el comportamiento social que, en este caso, son causados por la privación social.>

Influencia en los trastornos mentales La relación entre el trastorno mental y la interacción social es bidireccional. Por un lado, si una persona adulta mentalmente sana (neurotípica) pasa de una interacción social normal a otra limitada, esto puede hacer que desarrolle una enfermedad mental. Por otro lado, si una persona que tenía una interacción social normal desarrolla una enfermedad mental, esto puede limitar dicha interacción.

La participación plena en la sociedad puede brindar a las personas una beneficiosa sensación de estabilidad, mientras que los socialmente desfavorecidos se enfrentan con los perjudiciales sentimientos de rechazo, exclusión y negación de oportunidades. Cuando se etiqueta a una persona como enferma mental, le resulta aún más integrarse, ya que, además de luchar contra su enfermedad, debe soportar el estigma social y recibe retroalimentación social negativa de la comunidad en general.

Por otra parte, si un niño física y mentalmente sano (que con una interacción social normal se habría convertido en un adulto neurotípico) no recibe las interacciones sociales suficientes y adecuadas en las etapas de su crecimiento, puede desarrollar diferentes enfermedades mentales.

La privación social es difícil de analizar porque ciertos problemas que pueden considerarse consecuencias de la exclusión social también pueden ser factores que contribuyen al estigma social. Las consecuencias de la privación social en la edad adulta pueden incluir la paternidad/maternidad precoz, el sinhogarismo, la falta de cualificaciones o la residencia en viviendas sociales. Además, estos factores pueden llevar a que la sociedad trate al individuo con desdén o intolerancia, lo que acentúa su exclusión. Estas influencias recíprocas pueden convertirse en un círculo vicioso para una persona que necesita asistencia social o financiera para sobrevivir, especialmente en una sociedad que excluye a quienes son considerados diferentes.

Este aparente ciclo de alienación puede causar sentimientos de impotencia y desesperación, donde la única salida que la persona consigue ver es el suicidio. Existe un vínculo identificado entre la enfermedad mental grave y el suicidio posterior.Foster, T.; Gillespie, K.; McClelland, R. (1997). "Mental Disorders and Suicide in Northern Ireland". British Journal of Psychiatry. 170(5). pp. 447-452. . Un predictor de suicidio es la falta de integración social. Ya a finales del siglo XIX, Durkheim demostró que las sociedades altamente integradas, con fuertes lazos sociales y un alto grado de cohesión social, tienen bajas tasas de suicidio. La integración social puede tener variadas facetas, como la pertenencia a grupos religiosos, sociales y políticos. Las relaciones dentro de la comunidad y con otras personas pueden crear una mejor calidad de vida que disminuye las probabilidades de padecer una enfermedad mental y de suicidarse.

Se han analizado más de 500 estudios y las conclusiones muestran una fuerte correlación entre el aislamiento social y un aumento de la ansiedad y la depresión. El aislamiento social de los jóvenes propicia mayores niveles de cortisol, una hormona inducida por el estrés, cuyo exceso durante un período prolongado se asocia con trastornos de ansiedad.>

Factores socioeconómicos