Las mamás belgas fueron un grupo de mujeres provenientes de Bélgica que se enrolaron como brigadistas internacionales en el Hospital Internacional Militar de la localidad valenciana de Onteniente durante la guerra civil española.
Todas ellas yidis, la mayoría de ellas judías progresistas o comunistas, volvieron a Bélgica una vez el bando sublevado llegó a Levante, tras lo que fueron perseguidas por las fuerzas de ocupación alemana en Bélgica, siendo muchas de ellas encerradas y asesinadas en campos de concentración nazi. Estuvieron dos años en el pueblo, entre mayo de 1937 y febrero de 1939.
Historia En mayo de 1937 llegaron a Barcelona este grupo de 21 mujeres provenientes de Bélgica, la mayoría de ellas judías, que se habían alistado en las brigadas internacionales para servir como milicianas. Este grupo de mujeres provenía de un entorno de familias judías ortodoxas originarias de Polonia, Hungría, Rumanía y Ucrania, que se fueron trasladando a países como Bélgica tras los distintos pogromos que se dieron durante las primeras décadas del . En concreto estas mujeres llegaron a Amberes durante su adolescencia, y se fueron politizando al entrar a formar parte de sindicatos comunistas, y otras organizaciones como el Socorro Rojo Internacional o asociaciones de judíos progresistas como la Yiddisher Kultur Farein. Una de estas asociaciones yidis tenía un local marxista en Amberes llamado Kultur Foreyn, donde se reunían muchas de las mamas belgas antes de su estancia en España.
Entre finales de 1936 y principio del 37, cuando todavía no había pasado un año del golpe de Estado de julio de 1936 y del inicio de la guerra civil, los distintos actores políticos del bando republicano firmaron una serie de acuerdos para retirar a las mujeres de la primera línea de frente. Francisco Largo Caballero, presidente del gobierno de la República y ministro de Guerra, aprobó una serie de decretos militares que ordenaban la retirada de la mujer del frente; y partidos declarados feministas como el PSUC o el Secretariado Femenino del POUM, que desde el principio habían defendido a formación militar femenina, pasaron a defender el papel de la mujer en la retaguardia, publicitadas realizando tareas como labores de auxilio, sanitarias, limpieza o de cocina.Este cambio de mentalidad frente a la mujer, y la progresiva integración de las milicias en el Ejército Popular, hizo que las mujeres no pudieran combatir durante el resto de la guerra.
Al tener vetado su ingreso en las milicias del frente de Aragón se apuntaron de voluntarias como enfermeras, sin tener formación previa ni experiencia profesional en enfermería. El Hospital Internacional Militar, financiado por el Partido Obrero Belga y la Internacional Socialista a través del Fondo de Solidaridad Internacional, necesitaba personal para poner en marcha el proyecto por lo que se puso en contacto con organizaciones comunistas de Amberes para tal fin. El hospital militar, con tres quirófanos y mil camas, se organizó en el convento de los padres franciscanos de Onteniente y fue conocido durante la contienda como El Belga.
Muchas de ellas habían pedido su ingreso en las milicias junto a sus maridos o parejas, y al contrario que ellos se les había denegado, por lo que aceptaron este trabajo. Las empezaron a llamar las mamás belgas porque durante la guerra civil a las enfermeras se las llamaba mamás y porque, aunque ninguna de ellas hubiera nacido en Bélgica y hablaran yidis entre ellas, todas ellas llegaron a España desde Amberes. Algunas de ellas eran Rosa Leibovic, Paja 'Frieda' Buchhalter, Rachel 'Ouka' Oulianetzky, Anna Korn, Feigla 'Vera' Luftig, Rachel Wacsman, Rachela Luftig, Leja 'Lya' Berger, Henia Hass, Golda Luftig y Genia Gross.
Tras el avance de las fuerzas franquistas en Valencia el grupo se disolvió y volvieron a Bélgica a través de Argelia, dónde se les conoció como Las españolas. Los nazis, tras la ocupación alemana de Bélgica el 28 de mayo de 1940, las persiguieron por haber ayudado al bando republicano durante la Guerra Civil, y unas cuantas se unieron a la Resistencia belga en la clandestinidad. Vera Luftig, una de las integrantes, pasó a formar parte de la Orquesta roja. Muchas de ellas fueron atrapadas y seis de ellas murieron en los campos de concentración como Ravensbrük o Auschwitz, y otras dos o tres fueron internadas pero lograron sobrevivir y volvieron a Bélgica o a sus países de origen.
En 1986 algunas de ellas viajaron a España en para participar en los actos de homenaje a las Brigadas Internacionales organizadas por el Gobierno de Felipe González.
En 2016 Sven Tuytens, corresponsal belga de la VRT, escribió un libro titulado Las mamás belgas y realizó un corto documental con el mismo nombre.
Referencias
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