El vestido rosa de Inés María Calero es el traje de gala que la actriz lució en los certámenes Miss Venezuela, Miss Sudamérica y Miss Universo 1987.
Historia Contexto Nacida en 1969, Inés María Calero siempre deseó participar en el certamen Miss Venezuela. Según Calero, en 1986 se encontraba preparándose para un casting en el que la ganadora aparecería en la portada del disco de Guillermo Dávila Llevo perfume a ti; una persona presente en las instalaciones donde se estaba realizando la selección llevó a Inés María a la Quinta Miss Venezuela, ubicada en El Rosal. Una vez allí, Osmel Sousa pidió a Calero que se pusiese un traje de baño, pues Sousa, antes de elegir a una joven como candidata, exigía siempre verla en traje de baño para así poder juzgar si su físico se adecuaba a los requisitos del concurso. Tras seguir las indicaciones de Osmel, el preparador empezó a señalar los defectos de Calero con el fin de que esta los corrigiese de cara al certamen, entre ellos su exceso de peso. Sin embargo, Sousa declaró haber conocido a Inés María en una discoteca a través de un joven propietario de una agencia de modelaje, tras lo cual, impresionado por la belleza de la muchacha, le habría sugerido inscribirse en el concurso. Inés María pidió a Osmel representar al Estado Lara puesto que su padre se encontraba en ese entonces trabajando en El Tocuyo, donde posteriormente se convertiría en dueño de una frutería, además de ser el destino vacacional de Calero desde su infancia; debido a que para ese momento la representación del Estado Lara ya estaba asignada a otra concursante, Mónica Figueredo, Sousa dispuso que Calero representase al Estado Nueva Esparta, circunstancia que la propia actriz agradecería décadas después ya que este vínculo la llevaría tanto a ella como a su familia a conocer Margarita y a profesar una gran devoción por la Virgen del Valle. Osmel consideró a Calero, quien ya había sido reina de la Academia Militar y reina de la Policía Metropolitana, una de las favoritas para ganar el certamen junto con Vicky García, Viviana Gibelli y Albani Lozada; de esta última Sousa resaltó que, pese a su baja estatura, tenía como punto fuerte su gran personalidad y don de gentes además de un buen timbre de voz, aptitudes que la llevarían a obtener una buena posición la noche del concurso.
Creación La familia de Inés María, residente en la avenida Andrés Bello de Caracas, era de origen humilde (su padre regentaba una frutería en el Mercado de Guaicaipuro) y, por tanto, no disponía de muchos recursos ni se encontraba en situación de poder afrontar los grandes gastos que implicaba la participación en Miss Venezuela, pues el vestuario de las concursantes, entre otros aspectos, corría por cuenta de la familia de las propias candidatas; esta delicada situación llevó a que Calero tuviese que utilizar ropa y accesorios prestados por las demás participantes, recibiendo a su vez apoyo económico por parte de la organización. En lo tocante a los trajes de gala que todas las concursantes debían lucir la noche del certamen, desde hacía aproximadamente una década Osmel diseñaba la gran mayoría de estos atuendos y encargaba su ejecución a renombrados diseñadores, como Elmar, Guy Meliet, Aquiles Frías, Pepe Motamayor, Olga Sifontes, Mayela Camacho, Rosalba de Echenagucia y África de Forgione; no obstante, para 1987 Sousa ya había optado por dejar a un lado la labor de diseño y delegar esta tarea en los propios diseñadores con el fin de darles mayor libertad creativa, confiando en los interesantes aportes que podían hacer los modistos más jóvenes. El diseño del traje de gala de Inés María fue creado por Piera Ferrari, insigne diseñadora de origen italiano que, asentada en Venezuela desde temprana edad, había logrado hacerse un nombre en el mundo de la moda hasta el punto de afianzarse como una de las diseñadoras más importantes de la alta sociedad caraqueña. thumb|Traje de gala de Paola Ruggeri en Miss Venezuela y Miss Universo 1983. Debido a que las creaciones de Ferrari eran exclusivas y, por lo tanto, asequibles para un reducido nicho de mercado, los padres de Calero, dado su humilde origen, no disponían del dinero suficiente para hacerse cargo de los gastos del traje, valorado en 45 000 bolívares, un problema que quedó rápidamente solventado puesto que Piera, en un acto de generosidad, tomó la decisión de regalarle el vestido a Inés María (el precio del traje representaba más del triple del dinero que Calero ganaba como Miss Venezuela). Cabe reseñar que a causa de la peritonitis sufrida por la joven, Inés María experimentó una drástica pérdida de peso, acentuada a mayores por la estrechez de sus caderas, de modo que Ferrari, para disimular la ausencia de volumen en esta parte del cuerpo, optó por añadir al diseño, en principio de líneas rectas y ajustado al cuerpo, una sobrefalda con cola cuya única función era no solo cubrir esta zona sino crear la ilusión de que las caderas poseían mayores dimensiones. El hecho de que Osmel decidiese no intervenir en el proceso creativo de la prenda, confeccionada en el taller de la diseñadora, ubicado en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, llevaría a que este vestido fuese uno de los primeros de la historia de Miss Venezuela en ser obra enteramente de Ferrari, quien ya había elaborado numerosos trajes históricos del certamen, como el vestido blanco de Maritza Sayalero, Miss Venezuela 1979; el traje azul de Carmen María Montiel, Miss Venezuela 1984; y el atuendo blanco de Paola Ruggeri, Miss Venezuela 1983, el cual sobresale por ser el primer vestido cuyo diseño corrió exclusivamente por cuenta de Piera a petición del propio Sousa. Cabe destacar que Ferrari tuvo en el certamen de 1987 una apretada agenda de trabajo puesto que en su haber se incluía la labor de crear otros siete trajes para el concurso: los de María Elena Useche (Miss Anzoátegui), Claudia Fazzini (Miss Falcón), Ludmila Padrino (Miss Miranda), Vicky García (Miss Municipio Libertador), Adriana Faillace (Miss Sucre), Claudia Magno (Miss Zulia) y Cora Ruiz (Miss Distrito Federal), este último diseñado por Ferrari y elaborado por Beatriz Bello.Anabelli Espina, representante del Estado Trujillo en Miss Venezuela 1987, lució un vestido de corte similar al de Calero, facturado por Margarita Zingg en colaboración con la casa Dior.
Pese a que el diseño fue enteramente obra de Piera, existe la posibilidad de que el color fuese elegido por Osmel ya que el mismo es prácticamente idéntico al del traje de gala de Irene Sáez en Miss Venezuela 1981. Sousa podría haberse decantado por esta tonalidad debido al gran parecido entre Sáez y Calero, lo bastante notorio como para que la revista Ronda se hiciese eco de ello publicando en portada una foto de cada una para evidenciar las semejanzas, detalle que llevaría a revivir el color rosa entre las ganadoras del certamen, el cual había caído en el olvido desde la victoria de Irene con la única excepción de Silvia Martínez, quien ganó Miss Venezuela 1985 con un traje ligeramente rosado. El hecho de que el rosa dejase de ser el tono de los trajes de las ganadoras del concurso tiene su origen en unas famosas y a la vez polémicas joyas que acabarían por marcar un hito en la historia del certamen. Osmel tenía desde Miss Venezuela 1975 la costumbre de vestir a todas sus candidatas favoritas con atuendos de color rosado únicamente con el fin de que las telas combinasen con unos zarcillos de coral facturados por Kenneth Jay Lane, con los que Sousa siempre hacía desfilar a las concursantes la noche de la gala. Maritza Pineda (Miss Venezuela 1975), Elluz Peraza (Miss Venezuela 1976), Cristal Montañez (Miss Venezuela 1977) y Marisol Alfonzo (Miss Venezuela 1978) lucieron atuendos en color rosado a juego con los zarcillos, una tendencia que Osmel rescató con el vestido de Irene a pesar de que Ignacio Font Coll, presidente del concurso, había prohibido terminantemente que estas joyas volviesen a aparecer en el certamen tras los escándalos desatados en las ediciones de 1977 y 1978, pues desde 1976 circulaba el rumor de que la participante que los luciese era la favorita de Sousa y por lo tanto la que ganaría el concurso. Es preciso destacar que aunque María Antonieta Cámpoli fue la primera en lucir los zarcillos en Miss Venezuela 1972, su traje de gala, también en color rosado, fue confeccionado antes de que se añadiesen estas piezas como complemento, las cuales lució a sugerencia de la diseñadora Carolina Herrera, a quien pertenecían las joyas. Tras ganar el certamen, Cámpoli le entregó los zarcillos a Osmel y este a su vez a Herrera, quien le pidió a Sousa que se los regalase a Cámpoli ya que ella había dejado de usarlos, si bien Osmel optó por quedárselos. A raíz del escándalo de Miss Venezuela 1978, Font arrebató los zarcillos a Sousa y los guardó en la sede de la Organización de Profesionales Publicitarios Asociados (OPPA), en ese entonces propietaria de Miss Venezuela, con el fin de que nunca más volviesen a ser mostrados, realizando su última aparición antes de la muerte de Font, ocurrida en septiembre de 1981, en 1979 en la revista Venezuela Farándula.Tras el deceso de Ignacio, Osmel recuperó los zarcillos, los cuales serían lucidos por Ana Teresa Oropeza durante la coronación de Ruggeri como Miss Venezuela 1983, primera vez en que las joyas eran mostradas públicamente desde su aparición en Venezuela Farándula.
Miss Venezuela La participación de Inés María en Miss Venezuela fue un tanto accidentada debido a que durante los ensayos, mes y medio antes de la noche de la gala, Calero desarrolló peritonitis aguda, afección que puso en riesgo su continuidad en el concurso, del que diversos miembros le recomendaron retirarse. Tras someterse a una cirugía que supuso la colocación de aproximadamente setenta puntos de sutura, Inés María, quien en ningún momento contempló la opción de retirarse, se reincorporó a los ensayos apenas dos días después de la operación; debido a que todavía se encontraba convaleciente, los ensayos, particularmente los concernientes a la coreografía del número de apertura de la gala, provocaron que la cicatriz de la intervención se abriese y la ropa interior de la joven se manchase de sangre, detalle que preocupó en gran medida a Joaquín Riviera, productor del certamen, el cual pidió a Calero que desistiese de seguir adelante por temor a un empeoramiento de su salud, recibiendo una firme negativa por parte de la joven, quien no quería renunciar a su participación en el concurso, el cual se celebró el 6 de febrero en el Teatro Municipal de Caracas. Aunque Inés María deseaba ganar el certamen, el hecho de quedar entre las finalistas ya resultaba importante para ella puesto que las candidatas que alcanzaban dicha posición recibían como obsequio un automóvil; finalmente quedaron en los tres primeros puestos Vicky García, Albani Lozada y la propia Calero, quien, ganadora esa noche de la banda de Miss Fotogenia, otorgada por el Círculo de Reporteros Gráficos, consideraba a García como la más propensa a ganar el certamen, quedando sorprendida cuando García fue anunciada como Miss Venezuela Internacional 1987. Este inesperado acontecimiento incrementó las expectativas de Inés María de alzarse con la victoria debido a que reunía dos de las condiciones que hasta ese entonces habían ostentado varias de las ganadoras y de las cuales Lozada carecía: cabello rubio y, sobre todo, una gran altura, dato que el presentador Gilberto Correa sacó a relucir al momento de nombrar a la ganadora declarando que ambas candidatas eran «la más alta y la más pequeña del certamen». thumb|Traje típico de Inés María Calero en Miss Sudamérica y Miss Universo 1987.