En biología, el mimetismo sexual se da cuando un individuo de un sexo imita el comportamiento, apariencia o señalización química del sexo opuesto. Aunque se ha observado más comúnmente en especies de invertebrados, el mimetismo sexual también se ha estudiado en algunos vertebrados, como las hienas manchadas.

El mimetismo sexual se utiliza comúnmente como estrategia de apareamiento para conseguir reproducirse, como mecanismo de defensa para evitar a individuos más dominantes o como estrategia de supervivencia. También puede ser una característica física que define el papel de un individuo en la sociedad de la especie. Cada especie emplea el mimetismo sexual de forma diferente y forma parte de su estrategia de supervivencia y reproducción.

Entre los ejemplos de mimetismo sexual intraespecífico en animales están la hiena manchada, ciertos tipos de peces, aves passeriformes y algunas especies de insectos.

El mimetismo sexual interespecífico también puede darse en algunas especies vegetales, especialmente en las orquídeas. En las plantas que emplean este mimetismo, las flores imitan las señales de apareamiento de sus insectos polinizadores. Estos insectos se sienten atraídos y polinizan las flores mediante pseudocópulas u otros comportamientos sexuales realizados en la flor.

Sistemas sociales El mimetismo sexual puede desempeñar un papel en el desarrollo del sistema social de una especie. Uno de los ejemplos más extremos se observa en la hiena manchada, Crocuta crocuta. Las hembras de esta especie presentan genitales pseudomasculinizados desde una edad temprana, que incluyen un pseudopene formado a partir del clítoris y un falso escroto derivado de los labios.

Es probable que estas características surgieran inicialmente como un mecanismo para reducir la agresión intrasexual dirigida contra las crías y las hembras jóvenes por parte de las hembras adultas. Sin embargo, con el tiempo, el rasgo adquirió una función relevante en la comunicación social de la especie. Las hienas subordinadas saludan a los individuos dominantes erigiendo el pene o pseudopene y permitiendo que estos lo laman.

Este comportamiento pudo haber surgido inicialmente como un medio para determinar el sexo del individuo subordinado. El pseudopene resulta menos similar a un pene verdadero cuando está erecto, mientras que el contacto con la zona genital podría permitir detectar concentraciones hormonales asociadas al sexo. No obstante, el comportamiento también se mantiene entre hembras adultas que ya han parido y que, por sus características visuales y olfativas, ya no se asemejan de manera convincente a los machos.

Sistemas de apareamiento En las hienas manchadas, los machos solo pueden aparearse con las hembras si estas cooperan plenamente, debido a la presencia de un clítoris peniforme. Un mayor estatus social permite a los machos acceder con mayor frecuencia a las hembras dominantes del clan, mientras que las hembras de menor rango copulan con mayor frecuencia con machos subordinados. El parto también resulta especialmente costoso para las hembras debido a la anatomía de sus genitales. El cordón umbilical mide entre 12 y 18 cm de largo, mientras que la distancia entre el útero y el extremo del clítoris alcanza unos 40 cm. El cordón umbilical suele romperse antes del nacimiento, lo que puede provocar la muerte de la cría por anoxia. El parto también puede causar lesiones graves a la madre: en ocasiones, el tejido del clítoris se desgarra durante el primero y puede ocasionarle la muerte.

El mimetismo sexual también puede utilizarse como estrategia de protección de pareja, mediante la cual un individuo impide que otro miembro de la misma especie se aparee con su pareja. Este comportamiento se ha observado en Cotesia rubecula, una avispa parasitoide de la familia Braconidae cuyo sistema de apareamiento es poligínico. Los machos son atraídos por las hembras mediante feromonas y las inducen al apareamiento mediante vibraciones, ante las que estas adoptan una posición característica.

Cuando un macho que ya ha copulado con una hembra observa a otro macho intentando cortejarla, puede adoptar la posición receptiva propia de las hembras. Este mimetismo femenino postcopulatorio proporciona al primer macho una ventaja al actuar como mecanismo de protección de pareja. Si un segundo macho llega poco después de la cópula, puede inducir a la hembra a aparearse nuevamente y competir así con el primero. Sin embargo, al imitar a la hembra, el primer macho puede distraer al segundo durante el tiempo suficiente para que la hembra vuelva a estar receptiva.

Cópula furtiva La cópula furtiva es una estrategia reproductiva empleada por diversos organismos acuáticos que presentan mimetismo sexual. Varios estudios han documentado casos en los que los machos de pequeño tamaño imitan la apariencia y el comportamiento de las hembras de su especie para acceder a sus territorios y aparearse con ellas.derecha|miniaturadeimagen|Salaria pavo hembra derecha|miniaturadeimagen|Salaria pavo machoEn la familia Blenniidae, las hembras de Salaria pavo presentan un patrón específico de coloración y movimientos cuando se aproximan a un macho para aparearse. Los machos protegen un territorio en el que las hembras depositan sus huevos y posteriormente permanecen en él hasta su eclosión. Sin embargo, algunos machos, conocidos como machos furtivos, presentan un tamaño reducido y una coloración y unos patrones de movimiento similares a los de las hembras. Este mimetismo les permite introducirse en los nidos custodiados por los machos parentales.

Los machos furtivos se aproximan a los nidos imitando la coloración y los movimientos característicos de las hembras. La mayoría de estos casos se producen cuando ya hay una hembra en el nido, aunque en ocasiones el macho furtivo entra junto a ella. En esta especie, el macho libera el esperma antes de que la hembra expulse los huevos al agua, por lo que el macho furtivo puede fertilizarlos incluso cuando la hembra ya no se encuentra en el nido.izquierda|miniaturadeimagen|Sepia apamaEn la familia Sepiina, la sepia gigante, Sepia apama, presenta una estrategia similar. Algunos machos alcanzan un gran tamaño y pueden proteger el nido de la hembra, mientras que otros son más pequeños y adoptan una apariencia similar a la de las hembras para aparearse de forma furtiva. Durante el cortejo, el macho transfiere su esperma a una bolsa situada debajo del pico de la hembra. En este proceso, la hembra presenta un patrón corporal caracterizado por manchas negras sobre un fondo blanco. Tras la puesta de los huevos, el macho permanece cerca del nido para protegerlo de posibles rivales.

En ocasiones, durante la interacción entre una pareja aparece una segunda sepia de apariencia femenina. Este individuo presenta las mismas manchas negras que una hembra. Si el macho abandona temporalmente a la pareja para enfrentarse a otro macho, el individuo mimético puede acercarse a la hembra y copular con ella, generalmente con éxito. En cambio, cuando no hay rivales presentes, estos machos que imitan a las hembras adoptan el fenotipo característico de los machos maduros.

Mimetismo sexual contra la agresión El mimetismo sexual también puede proporcionar protección frente a la agresión de individuos del mismo sexo. Un ejemplo se observa en el pez Girardinichthys multiradiatus. Los juveniles presentan una mancha oscura cerca del ano que los hace parecerse a las hembras grávidas de la especie. Algunos machos conservan esta apariencia durante buena parte de su vida adulta, aunque también pueden desarrollar posteriormente la morfología característica de los machos maduros.

La mancha oscura permite a los machos con apariencia de hembra reducir la agresión de los machos dominantes y, al mismo tiempo, disminuye la probabilidad de que las hembras cercanas huyan ante su presencia. Los machos maduros tienden a no atacar a los individuos subordinados, lo que permite a estos iniciar los enfrentamientos de manera inesperada cuando adoptan posteriormente la morfología masculina. La apariencia femenina también facilita su acceso a las hembras, lo que resulta especialmente ventajoso porque los huevos solo pueden ser fertilizados durante un período de cinco días. derecha|miniaturadeimagen|Ficedula hypoleuca macho derecha|miniaturadeimagen|Ficedula hypoleuca hembra/juvenil El mimetismo sexual como mecanismo para evitar la agresión también se observa en las aves. En algunas especies, los machos presentan durante su segundo año de vida un plumaje similar al de las hembras. Estos individuos, conocidos como machos SY, son sexualmente maduros y capaces de reproducirse, pero su aspecto difiere notablemente del de los machos de mayor edad, denominados ASY. Diversos estudios sobre este fenómeno, conocido como maduración tardía del plumaje (DPM, por sus siglas en inglés), han encontrado que el plumaje femenino de los machos SY reduce la agresividad de los machos ASY.

El fenómeno se describió por primera vez en el papamoscas cerrojillo europeo, Ficedula hypoleuca. Cuando un macho de plumaje apagado se encuentra en un territorio, los machos adultos muestran una menor agresividad y se comportan como si el intruso fuera una hembra. Este tipo de plumaje es más frecuente entre los machos jóvenes, probablemente porque nacieron más tarde durante la primavera anterior. Su parecido con las hembras puede resultar ventajoso cuando intentan establecerse en territorios ocupados por numerosos machos adultos, ya que les permite acceder a ellos y obtener información que de otro modo no estaría disponible.

Sin embargo, la apariencia femenina también presenta desventajas. Los machos de plumaje apagado tienen dificultades para defender territorios y atraer parejas, y las hembras pueden mostrar agresividad hacia ellos, lo que reduce sus posibilidades de apareamiento. A pesar de ello, estos individuos pueden acceder a territorios, parejas y recursos alimenticios que de otro modo estarían fuera de su alcance. Además, al evitar parte de la competencia con otros machos, pueden presentar una mayor supervivencia. Esta ventaja parece ser relevante sobre todo en especies con una elevada longevidad potencial, por lo que el retraso de la maduración del plumaje tendría menos beneficios en especies de vida corta.

Esta relación entre longevidad y retraso de la reproducción se recoge en la hipótesis del umbral de reproducción, según la cual los machos jóvenes solo deberían retrasar la reproducción cuando exista una diferencia considerable de mortalidad entre aquellos que intentan reproducirse y aquellos que no lo hacen. izquierda|miniaturadeimagen|Platysaurus broadleyi La interpretación del plumaje femenino de los machos SY como una forma de mimetismo sexual ha sido objeto de debate. Este modelo presupone que los machos ASY no pueden distinguir visualmente entre las hembras y los machos SY. Sin embargo, Muheter et al. (1997) observaron que los machos territoriales podían identificar a los individuos de plumaje apagado como machos, aunque mostraban una menor agresividad hacia ellos. Según esta interpretación, el plumaje apagado actuaría como una señal de baja capacidad competitiva. Los autores propusieron denominar este fenómeno «señalización honesta», en lugar de mimetismo sexual.

Otro ejemplo se encuentra en el lagarto plano de Broadley, Platysaurus broadleyi, en el que algunos machos presentan una morfología similar a la de las hembras. Los machos de esta especie son territoriales y suelen mostrarse agresivos con otros machos, por lo que adoptar una apariencia femenina puede permitir a algunos individuos evitar enfrentamientos y desplazarse por los territorios de otros machos en busca de pareja.