miniaturadeimagen|369x369px|Arte creado por Vulvani (plataforma digital rusa dedicada a la educación menstrual) La justicia menstrual es un enfoque social, político y de salud pública que busca garantizar que todas las personas menstruantes puedan vivir la menstruación de manera digna, segura, informada y libre de discriminación. Este concepto comprende el acceso equitativo a productos menstruales, educación, servicios de salud, agua, saneamiento, infraestructura adecuada e información científica, así como la eliminación del estigma y los tabúes relacionados con la menstruación. Incluye el reconocimiento de la menstruación como un proceso de salud y no sólo de higiene, así como el derecho a vivirla sin vergüenza, discriminación o barreras sociales. Objetivo
Propone entender la menstruación no sólo como un proceso biológico, sino también como una experiencia atravesada por condiciones sociales, económicas, culturales, sanitarias y políticas. Este concepto se vincula con los derechos humanos, la dignidad, la igualdad de género y la justicia social. De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la menstruación está relacionada con la dignidad humana, ya que cuando las personas no tienen acceso a baños seguros ni a medios adecuados para gestionar su menstruación, no pueden vivir este proceso con dignidad. Además, las burlas, la exclusión y la vergüenza asociadas con la menstruación también afectan la dignidad de las personas menstruantes.
Los principales obstáculos para la justicia menstrual son: Desigualdad económica Falta de derechos humanos Educación menstrual Falta de acceso a productos menstruales Agua, saneamiento e infraestructura Estigmas y tabúes menstruales Poca relevancia políctica
Relación con la pobreza menstrual Aunque ambos conceptos no son equivalentes, la justicia menstrual se relaciona directamente con la pobreza menstrual, La pobreza menstrual se refiere a la dificultad o imposibilidad de pagar o acceder a productos menstruales, así como a la falta de instalaciones de agua, saneamiento, higiene y educación para gestionar la salud menstrual.
Mientras que la pobreza menstrual nombra una carencia específica, la justicia menstrual plantea un marco más amplio para atender esas desigualdades desde una perspectiva de derechos humanos, salud pública, igualdad de género y justicia social. En este sentido, la justicia menstrual busca no solo resolver la falta de productos, sino también transformar las condiciones sociales, educativas, sanitarias y culturales que impiden vivir la menstruación con dignidad.
La pobreza menstrual puede afectar la asistencia escolar, la participación laboral y la salud de las personas menstruantes. Millones de mujeres y niñas en el mundo no cuentan con productos menstruales ni con instalaciones adecuadas de agua y saneamiento, lo que puede provocar consecuencias sanitarias y limitar su participación en la escuela o el trabajo.
Más de 2000 millones de mujeres menstrúan en el mundo, y pese a que la menstruación es un proceso natural, millones de mujeres y niñas carecen de acceso a productos menstruales y a instalaciones de agua y saneamiento. Esto ocasiona que sufran secuelas sanitarias e incluso dejen de ir al trabajo o a la escuela. La pobreza asociada a la menstruación se refiere a la incapacidad de poder pagar o acceder a productos menstruales. Al igual de no tener acceso a educación sobre este tema, o acceso a instalaciones de higiene y salud.
Además de la estigma social, las mujeres tienen una menor participación en el mercado laboral que los varones, ganan menos, enfrentan los mayores niveles de desempleo, tienen empleos más precarios y, como consecuencia de esto, están sobrerrepresentadas en los hogares pobres. De este modo, quienes tienen menores recursos enfrentan obstáculos para acceder a estos productos, con consecuencias sobre su vida cotidiana.
En muchas partes del mundo, los productos de higiene menstrual son demasiado costosos para una gran cantidad de personas, lo que dificulta su acceso. Esto se relaciona, en parte, con políticas fiscales poco sensibles al género, como el llamado “impuesto rosa”, que eleva el precio de artículos destinados a las mujeres al considerarlos bienes no esenciales. miniaturadeimagen|310x310px|La lucha por la justicia menstrual
Derechos humanos De acuerdo con la revista de la UNAM, Revista Tlatelolco: Democracia democratizante y cambio social, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, estableció esta circunstancia como “situación de vulnerabilidad”, pues es la menos estudiada de los factores biológicos, desde el impacto diferenciado, en sus primeras etapas. Cuando las personas menstruantes no cuentan con condiciones adecuadas para gestionar su menstruación, estos derechos pueden verse limitados.
A continuación, se presentará una lista derechos humanos violentados contra la justicia menstrual:
Derecho a la salud: Todas las personas tienen derecho a contar con las condiciones, recursos y servicios necesarios para tener una adecuada gestión de la salud menstrual, incluyendo instalaciones sanitarias limpias y privadas, acceso a agua potable, productos seguros para la menstruación y atención médica. Sin embargo, el estigma social asociado a la menstruación puede dificultar la búsqueda de soluciones a problemas de salud menstrual e incluso afectar la calidad de la atención recibida cuando se solicita apoyo, lo que puede generar problemas físicos y emocionales ante este problema. También puede dificultar la búsqueda de atención médica ante dolores intensos, sangrados abundantes u otros síntomas que requieren revisión profesional. Derecho a la educación: El acceso a una educación de calidad, inclusiva, gratuita y equitativa es un derecho fundamental que permite ejercer otros derechos humanos, como el acceso a la información, la no discriminación, la participación, la salud, el juego y una alimentación adecuada, entre otros. Sin embargo, este derecho puede verse afectado cuando las escuelas no cuentan con condiciones adecuadas para atender las necesidades de niñas y adolescentes que menstrúan. La falta de espacios seguros, de recursos para una adecuada gestión menstrual o de atención al dolor asociado a la menstruación puede contribuir a que falten a clases y que tengan un menor rendimiento académico. Es por esto que garantizar una educación inclusiva implica integrar la educación sobre salud menstrual en los programas escolares, asegurando que todas las estudiantes puedan aprender en condiciones dignas y adecuadas a sus necesidades. Derecho a la no discriminación y la igualdad de género: La igualdad entre hombres y mujeres es un derecho humano fundamental, al igual que el derecho a la salud.Conocer nuestro propio cuerpo es sumamente importante para poder tomar decisiones informadas y responsables que contribuyan a su cuidado y bienestar. Derecho a vivir una vida libre de violencia: Desde el nacimiento, todas las personas tienen derecho a vivir en condiciones de paz y seguridad, libres de cualquier forma de violencia. En el contexto de la menstruación, pueden presentarse diversas formas de violencia, como el acoso o las burlas, la restricción de actividades diarias y la falta de atención a las necesidades relacionadas con la salud. También pueden incluir situaciones en las que se obliga a realizar acciones que generan incomodidad o ponen en riesgo el bienestar físico y emocional. Derecho al agua y el saneamiento: Para garantizar una adecuada salud menstrual, es fundamental contar con el derecho a instalaciones de agua y saneamiento apropiadas, como baños privados, seguros y con acceso suficiente a agua potable. Derecho a la salud sexual: El derecho a expresar, cuidar y vivir la sexualidad de manera plena también incluye la salud menstrual, ya que esta permite conocer el propio cuerpo y tomar decisiones informadas y responsables para su cuidado y bienestar Derecho a expresar nuestra opinión libremente y a que esta se tenga en cuenta en todos los asuntos que nos afectan: Todas las personas tienen derecho a ser escuchadas, ya que su opinión y voz son sumamente importantes y deben ser tomadas en cuenta, especialmente en temas que les afectan directamente. En el caso de la menstruación, si existen inquietudes, dudas o necesidades relacionadas con este proceso, se debe garantizar el derecho a expresar esas ideas y a que sean atendidas adecuadamente. Derecho al trabajo y la autonomía económica: Las adolescentes y mujeres que trabajan tienen derecho a no ser discriminadas en sus trabajos por menstruar, a contar con acceso a sanitarios limpios, agua potable, pausas suficientes para ir al baño y licencias por problemas de salud menstrual.
Educación menstrual La salud menstrual no solo implica la ausencia de enfermedades, sino también el bienestar físico, mental y social relacionado con el ciclo menstrual. Esto incluye el acceso a información adecuada, productos menstruales, espacios seguros para la higiene y atención médica cuando sea necesaria. Además, supone vivir la menstruación sin estigmas, discriminación o limitaciones que afecten la participación plena de las personas en la escuela, el trabajo y la vida cotidiana.
La falta de educación menstrual puede provocar miedo, vergüenza y desinformación, especialmente durante la primera menstruación. También puede reforzar mitos y tabúes que presentan la menstruación como algo sucio, vergonzoso o incapacitante.
En el ámbito escolar, UNICEF ha impulsado programas de Agua, Saneamiento e Higiene en los que la salud menstrual forma parte esencial de las acciones educativas. Estos programas buscan que niñas y adolescentes puedan aprender, participar y desarrollarse sin enfrentar barreras, vergüenza o estrés relacionados con la menstruación.
La educación menstrual desempeña un papel fundamental en la promoción de una comprensión informada y respetuosa de la menstruación. Al involucrar no solo a quienes menstrúan, sino también a familias, docentes, hombres y comunidades, contribuye a eliminar estigmas y tabúes que históricamente han rodeado este proceso biológico.
Brindar información clara y adecuada a la edad favorece el bienestar, la confianza y el respeto, permitiendo que niñas, niños y adolescentes vivan la menstruación de manera más saludable y libre de discriminación.
Acceso a productos menstruales El acceso a productos menstruales seguros, suficientes y asequibles es algo fundamental de la justicia menstrual. Estos productos pueden incluir toallas sanitarias, tampones, copas menstruales, discos menstruales, calzones menstruales, toallas reutilizables, telas limpias u otros materiales utilizados para absorber o recolectar la sangre menstrual.
La falta de productos adecuados puede convertirse en una barrera importante para que niñas y adolescentes participen plenamente en la vida escolar. De igual forma cuando las escuelas carecen de espacios seguros para la higiene menstrual, esto también puede afectar en el desempeño académico y la permanencia en la escuela.
No poder acceder a estos productos también puede tener consecuencias para la salud física y emocional de la persona. En ausencia de recursos higiénicos, las mujeres y niñas pueden recurrir a prácticas antihigiénicas que aumentan el riesgo de infecciones y otros problemas de salud.
El acceso a productos menstruales está atravesado por desigualdades económicas. En algunos países, una parte importante de adolescentes y mujeres tiene dificultades para pagar estos productos. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha señalado que 1 de cada 4 adolescentes y 1 de cada 3 adultas tiene dificultades para asumir su costo, mientras que en Reino Unido 3 de cada 10 niñas han tenido dificultades para pagarlos o acceder a ellos.