El vestido blanco de Maritza Sayalero es el traje de gala que la exmodelo lució en los certámenes Miss Venezuela y Miss Universo 1979.
Historia Contexto Tras el triunfo de Peggy Kopp en Miss Venezuela 1968, la prensa empezó a prestar atención al certamen; este interés llegó a alcanzar cotas tan altas que dos de los medios de comunicación más importantes del país se erigieron como máximos competidores en el concurso: el Bloque Dearmas y la Cadena Capriles (actual Grupo Últimas Noticias). Para 1979 Osmel Sousa era miembro de esta última empresa además de gran amigo de Miguel Ángel Capriles, a quien Sousa tenía tanta confianza que cada año le informaba de cuál era su candidata favorita con el fin de que Capriles se pusiese en contacto con los directivos de la compañía para informarles de que toda la publicidad estaría dirigida a promocionar a dicha candidata. Pese a la profunda aversión hacia los periodistas que sentía Ignacio Font Coll, dueño junto con su cuñado Edwin Acosta Rubio de la Organización de Profesionales Publicitarios Asociados (OPPA), entonces propietaria del certamen, a causa de las sospechas de fraude surgidas el año anterior, cuando Marisol Alfonzo ganó Miss Venezuela 1978, una de las ediciones más polémicas del concurso, Font dispuso que en la edición de 1979 los votos fuesen contados por un grupo de periodistas para verificar la ausencia de cualquier amaño, detalle que contó con la aprobación de Osmel, quien ya tenía a su candidata favorita: la entonces desconocida Sabrina Gómez, quien casi una década después obtendría gran fama como cantante bajo el nombre de Kiara.
Alrededor de un año antes de la celebración del certamen, el periodista Abelardo Raidi se puso en contacto con Sousa para sugerirle que conociese a una joven llamada Maritza Sayalero, estudiante de arquitectura hija de un matrimonio amigo suyo, quien, dotada de una gran belleza, se había hecho hasta cierto punto popular en el Hotel Tamanaco debido a la atención que atraía sobre su persona cuando acudía a nadar a la piscina de las instalaciones. Aunque Osmel ya no deseaba ver a más postulantes debido a su interés en promover a Gómez, accedió a conocer a Maritza así como a Tatiana Capote, quien le fue presentada por el jefe de prensa de Miss Venezuela, Jorge Mejía Alemán, entonces empleado del Bloque Dearmas. Cuando Osmel conoció a Maritza, reparó en su buena figura aunque advirtió que tenía poca densidad capilar y una nariz demasiado grande, la cual sería sometida a una rinoplastia poco antes del concurso. El primer encuentro entre ambos resultó tan poco satisfactorio que Sayalero se negó a volver a entrevistarse con Sousa, si bien gracias a la insistencia de Raidi, y sobre todo tras el inesperado retiro de Gómez, Osmel empezaría a mostrar interés en la joven, de quien alabó su figura en traje de baño, aunque tanto Raidi como Osmel, con la ayuda del cazatalentos Carlos Julio Ohep, tuvieron que convencer al padre de Maritza, Francisco, de que permitiese participar a su hija en el concurso. Tras la incorporación de Sayalero al certamen, alrededor de diez meses antes de la celebración del mismo, Osmel dispuso que la joven recibiese instrucción por parte de Josefina Torres, dueña en ese entonces de la prestigiosa agencia de modelos Charmante, donde Maritza aprendió, entre otras, técnicas de maquillaje, peluquería, oratoria y modelaje, todo ello de cara a prepararla para Miss Venezuela. Tras el abandono de Sabrina, Sayalero, Capote y otra de las concursantes, María Fernanda Ramírez, se convertirían en las máximas aspirantes a la corona.
Creación thumb|Traje de gala de Marisol Alfonzo en Miss Venezuela 1978. Dado que Osmel deseaba que Maritza fuese la ganadora del certamen, se propuso crear para ella un traje de gala que resaltase al máximo sus atributos físicos. En la primera mitad de la década de 1970, Sousa tuvo nulo margen de maniobra al momento de seleccionar los materiales para los vestidos, pues las telas eran suministradas en virtud de un acuerdo comercial por la compañía uruguaya Sudamtex, patrocinadora del concurso la cual contaba con una filial en Maracay. Sin embargo, a finales de la década Osmel adquirió el poder de elegir las telas, lo que le permitió dar rienda suelta a su creatividad a la vez que desechar los tejidos de Sudamtex, pues los mismos no resultaban adecuados para la confección de vestuario ya que las telas de esta empresa estaban hechas específicamente para cortinaje, mantelería y tapicería. Los materiales escogidos por Sousa para el atuendo de Maritza, los cuales compró durante un viaje a Nueva York, consistieron en un tejido de color blanco enteramente cubierto de lentejuelas y en varias tiras de strass; es muy probable que Osmel acudiese a la tienda donde solía comprar las telas para los trajes de las participantes ya que dada su asiduidad a dicho establecimiento siempre le rebajaban el precio de la mercancía, la cual podía llevar a Venezuela en grandes cantidades gracias a sus estrechas relaciones con la compañía aérea Viasa, cuyos uniformes fueron diseñados por él. Una vez de regreso en Caracas, Sousa se presentó en la residencia de la diseñadora Piera Ferrari, una de las más insignes de Venezuela, ya entonces estrechamente ligada al certamen, y entre los dos procedieron a diseñar el atuendo.
Debido a que Maritza había desarrollado el busto de forma demasiado acelerada, la piel, a causa del rápido estiramiento sufrido, quedó marcada desde el inicio de cada seno hasta la altura de las clavículas con unas finas estrías, por lo que Osmel decidió agregar unos tirantes al diseño para de este modo cubrir dichas cicatrices en la medida de lo posible, si bien ya la exmodelo, por recomendación de Sousa, se había sometido a un tratamiento para reducirlas. A mayores, tanto Osmel como Piera consideraron que la falda del atuendo, confeccionado en el taller de la diseñadora, ubicado en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, debía incluir una gran abertura en el centro con el fin de dejar expuestas las piernas, según Osmel uno de los mayores atributos de Sayalero, lo que llevaría a la creación de un vestido cuya sensualidad y provocación habían sido pocas veces vistas en Miss Venezuela y Miss Universo, este último marcado en dicho aspecto por el revelador traje de gala de Georgina Rizk (Miss Líbano) en 1971, con la abertura de la falda inspirada posiblemente en el traje de gala de Margaret Gardiner (Miss Sudáfrica) en Miss Universo 1978, prenda aún así recatada al contar con una falda interior que ocultaba las piernas; tan importante era para Sousa que Maritza exhibiese esta parte de su anatomía, que el diseño del traje típico, un sencillo liquiliqui también de color blanco, fue confeccionado reduciendo el pantalón de pierna larga propio de este atuendo a un short. Osmel, quien ya tenía en mente antes de su viaje a Nueva York que Sayalero luciese como traje típico un liquiliqui al igual que hiciera Alfonzo en Miss Universo 1978, reparó durante su estancia en La Gran Manzana en un conjunto equipado con un short expuesto en un comercio, lo que dio a Sousa la idea de crear un innovador liquiliqui que dejase las piernas al descubierto, llamando directamente a su sastre en Caracas, Gennaro Petraglia, para indicarle cómo debía confeccionar la prenda, la cual fue elaborada por Petraglia y su hermana Rosetta D'Amato (a mayores, Osmel copió un tocado de flores de ese mismo conjunto con el fin de que Maritza lo luciese junto con el liquiliqui).
Cabe destacar que el traje de gala pudo haber acabado siendo de color rosa debido a la costumbre de Osmel de vestir a todas sus candidatas favoritas desde 1975 con atuendos de este color, únicamente con el fin de que las telas combinasen con unos zarcillos de coral rosado facturados por Kenneth Jay Lane con los que Sousa siempre hacía desfilar a las concursantes la noche de la gala. Tanto Alfonzo como Maritza Pineda (Miss Venezuela 1975), Elluz Peraza (Miss Venezuela 1976) y Cristal Montañez (Miss Venezuela 1977) lucieron atuendos en color rosado a juego con los zarcillos, una tendencia que Osmel podría haber seguido con el vestido de Maritza de no ser por la firme intención de Font de no permitir que estas joyas volviesen a aparecer en el certamen tras los escándalos desatados en las ediciones de 1977 y 1978. Pese a que Ignacio había prohibido que los zarcillos volviesen a ser mostrados en público para evitar la circulación del rumor que llevaba años afirmando que la concursante que los luciese era la favorita de Sousa y por lo tanto la que ganaría el certamen, Font dispuso que los mismos apareciesen en 1979 en la revista Venezuela Farándula, aunque lucidos por todas las candidatas para así poner fin a la leyenda y disipar cualquier favoritismo, tras lo cual no permitió que volviesen a hacer acto de presencia. Cabe señalar que aunque María Antonieta Cámpoli fue la primera en lucir los zarcillos en Miss Venezuela 1972, su traje de gala, también en color rosado, fue confeccionado antes de que se añadiesen estas piezas como complemento, las cuales lució a sugerencia de la diseñadora Carolina Herrera, a quien pertenecían las joyas. Tras ganar el certamen, Cámpoli le entregó los zarcillos a Osmel y este a su vez a Herrera, quien le pidió a Sousa que se los regalase a Cámpoli ya que ella había dejado de usarlos, si bien Osmel optó por quedárselos.
Miss Venezuela thumb|Traje típico de Maritza Sayalero en Miss Universo 1979.