La historiografía solo hasta los años sesenta se centró particularmente en la influencia de los ‘grandes hombres’ en la historia. Resultando en un olvido frente a la participación de las mujeres (entre otros); en el momento en el que se empieza a adquirir interés por conocer las sociedades antiguas, de igual manera hay un vacío.  Por otra parte, otra razón de por qué no hay suficiente información sobre mujeres también es porque se creyó por un buen tiempo (y aún hoy permanece en la estructura) la idea de que tan solo los textos escritos proporcionan la clave para entender las relaciones humanas de las sociedades del pasado y que, por tanto, el análisis de los restos materiales no puede proporcionar información sobre la vida de las personas, sino solo del contexto en el que sucedían los hechos que muestran los textos. En consecuencia, es una de las causas de la invisibilización de las mujeres en la historiografía tradicional. Sin embargo, a través de los mitos y de la conexión que se puede construir entre los estudios históricos y los arqueológicos, es posible denotar las organizaciones y relaciones sociales alejadas de esas esferas, las que afectan la vida cotidiana, el trabajo y en donde las mujeres han tenido una agencia igualmente activa. miniaturadeimagen|La Moiras, Jacon Mattham En ese sentido, se va a hablar a continuación de la importancia del hilado y diferentes actividades textiles para la sociedad griega, como un trabajo que asignaba un rol económico dentro de la sociedad a las mujeres y que, a su vez, se hace visible dentro de algunos de los que se han clasificado como mitos pertenecientes a la civilización griega. Estos son: Las Moiras, Atenea y Aracne, Penélope y Ariadna. A continuación, se hace una recopilación de estos mitos y la influencia de la vida cotidiana en la creación de ellos. Así como la percepción de los griegos sobre el trabajo, perspectivas historiográficas sobre el rol de las mujeres, también la significación de los mitos, las concepciones de los griegos sobre el tiempo. Por último, una conversación entre esto y el mito de las Moiras.

La consideración del trabajo en la antigua Grecia Para las civilizaciones grecorromanas, el trabajo carecía de una connotación positiva; por ello, ninguna de las dos desarrolló una reflexión sistemática sobre el trabajo y las actividades laborales; no se consideraban tareas apropiadas para los ciudadanos la mayor parte de las tareas laborales. En la Política, Aristóteles enfatiza la importancia del ocio para que los ciudadanos puedan participar de los asuntos públicos (ágora), los únicos, junto a la guerra, a los que deben dedicarse los hombres libres. Se llamaba tekné a la artesanía y los oficios manuales, resaltando la diferencia estricta con la episteme (el conocimiento o la ciencia pura). Lo anterior produjo una división (aún hoy quedan los vestigios de ese pensamiento) donde se dividían las siete artes liberales (rívium y quadrivium, como se distinguieron en la Edad Media), distinto de las artes serviles, las cuales eran propias de los siervos, esclavos o extranjeros; allí están constituidos los trabajos mecánicos, incluido el arte. Para Platón, el arte, especialmente la poesía, cumplía con el rol de la mimesis, es decir, imitación (entre otras cosas). En la República, Platón señala que la poesía debería ser eliminada del Estado, ya que el hombre no puede desdoblarse ni multiplicarse; es decir, cada ciudadano está destinado a un trabajo y la poesía presenta la posibilidad de que aquel ciudadano se pueda subvertir y hacer otro trabajo que no sea el que se le otorga previamente. Por ello, se pone en riesgo la virtud platónica; las ideas de justicia y libertad. Tomando lo anterior en consideración, las actividades económicas eran privilegiadas en función de los valores dominantes en sociedades donde el estatus social y la condición jurídica de la ciudadanía eran condiciones fundamentales para la diferenciación entre las personas.

Perspectivas historiográficas sobre el trabajo de las mujeres A pesar de que la historiografía suele diferenciar la esfera pública de la privada, localizando el trabajo de las mujeres dentro de la esfera privada. No quiere decir que la civilización griega necesariamente funcionara de esa determinada manera. El Económico de Jenofonte, una de las primeras obras de economía escrita en el siglo IV a.C., propone que, aunque la relación conyugal de marido y mujer se basa en la división del trabajo, ambos son mutuamente dependientes para que haya una gestión eficaz del oikos —la unidad básica de la sociedad: la casa, la familia y el patrimonio, incluyendo la vivienda y las personas que habitan allí—, sostiene que debe ser una empresa compartida entre las dos partes. Es decir, aunque sí se haga una distinción entre los géneros, la distinción entre las dos esferas (pública y privada) y la misma idea de trabajos asignados a hombres y mujeres era diferente de cómo ha sido estudiado. En ese sentido, la actividad laboral de cualquier persona no constituía una diferenciación estricta de género, ya que la idea predominante giraba en torno a que la actividad que implicara recibir un pago a cambio constituía una forma de dependencia alejada del ideal de la ciudadanía masculina. Aunque probablemente esa consideración no impedía que hombres ciudadanos se dedicasen a ese tipo de actividades. La división sexual del trabajo en el mundo antiguo no se relacionaba con actividades económicas privadas versus públicas. Aquellas tareas que las fuentes antiguas consideraban femeninas eran las de la gestión de la reproducción, y las masculinas eran esencialmente las de participación en los asuntos públicos. miniaturadeimagen|377x377px|Restos arqueológicos de la ciudad de Olinto Aunque, en contraposición, algunos estudios han dado cuenta de que las familias buscaban asegurar la autonomía del grupo, asignando diferentes tareas a cada uno de sus miembros dependiendo del sexo y edad, lo que a su vez repercute fuera del espacio doméstico y funciona en relación con él. De esta manera, los usos sexuados del espacio han variado y las mujeres han actuado de manera interna y externa a la esfera doméstica. Esto se comprueba en la evidencia arqueológica de las casas griegas y romanas, donde, por ejemplo, se ha documentado que en las unidades domésticas de las polis de Olinto se encontró que en las casas se habían designado espacios donde se transforman los productos agrícolas, a la vez que hay producción de telas; así mismo, una división del hogar que dedicaba una parte a producciones no estrictamente domésticas o a la venta de los productos obtenidos. Incluso, se da cuenta de que gran parte de la producción artesanal se realizaba a nivel doméstico, por grupos familiares que buscaban asegurar su propia reproducción económica. Por ello, era necesario que, para completar los ingresos familiares —particularmente de las familias menos acomodadas—, las mujeres debían trabajar elaborando telas, trabajo agrícola, lavando ropa, entre otros. En ese orden de ideas, la producción artesanal en las ciudades griegas, en gran parte, se organizaba como industrias domésticas no segregadas del ámbito residencial. Resultando en que el trabajo de hilar particularmente sí puede ser categorizado como mayoritariamente femenino. miniaturadeimagen|Jenofonte, escritor del Económico Jenofonte en el Económico dice lo siguiente: “La divinidad, en mi opinión, creó la naturaleza de la mujer apta desde un principio para las labores y cuidados interiores, y la del varón para los trabajos y cuidados de fuera”. Lo anterior se escribe desde la perspectiva de un hombre perteneciente a la clase dominante griega, que planteaba como natural el origen de la separación de espacios y de las formas de actividad en el seno de la unidad doméstica; en ese sentido, el texto proyecta una particular ideología más que información sobre las mujeres en sí mismas pertenecientes a dicha sociedad. Aunque las tareas domésticas no eran necesariamente despreciadas, como se señalo anteriormente con la mención del balance del oikos, el económico y las otras fuentes antiguas que lo siguieron dieron forma a lo que fue el ideal social que las clases acomodadas grecorromanas concebían como que debía ser el rol de la mujer; sin embargo, lo anterior no quiere decir que estos límites hayan estado completamente cerrados. Con frecuencia, se producían superposiciones entre las dos esferas; en el caso de las ciudades griegas, se hace visible por la celebración del simposio en la habitación principal de las casas o la intensa participación femenina en el espacio público. Además, se presenta un ejemplo arqueológico que debate esta postura y es la excavación de la ciudad griega de Olinto. A partir de las investigaciones más recientes del profesor Nicholas Cahill, se puede conocer la importancia de las economías domésticas en las poleis griegas. Cahill cuestiona la visión tradicional transmitida por las fuentes literarias; en contraposición, la evidencia arqueológica de Olinto muestra que las casas eran espacios de producción económica compleja y flexible donde coexistían las actividades domésticas y de producción.  Las excavaciones de la ciudad de Halieis, donde se encontró en algunas casas espacios para la producción de aceite, y el barrio helenístico en Rosas, donde se producían cerámicas y piezas metalúrgicas, muestran la misma situación. En Olinto, muchas familias, además de dedicarse a la agricultura, realizaban actividades artesanales y comerciales; se encontraron áreas destinadas al almacenamiento y procesamiento de producción textil a gran escala. Así mismo, se identificaron espacios comerciales anexos a las viviendas y espacios de manufactura tan amplios que se concibe la posibilidad del uso de mano de obra esclava. Lo anterior demuestra que las actividades económicas no estaban separadas de la vida cotidiana, ni mucho menos de un supuesto espacio doméstico; por el contrario, son una prueba arqueológica que permite notar que la ciudad antigua estaba formada por numerosos pequeños negocios familiares y la producción de alimentos y tejidos era esencial para la economía antigua. A su vez, estas tareas implicaban un trabajo colectivo entre los miembros de la familia.  En ese sentido, los estudios historiográficos que apoyen su investigación mayoritariamente en fuentes textuales solo permiten estudiar la unidad doméstica desde una perspectiva anecdótica y simbólica. Ocurre de la misma manera con los mitos, donde la figura del hilado se asocia únicamente a la mujer, aunque estos sí denotan la importancia de esa labor.  

En ese sentido, la historiografía ha mantenido supuestos que han otorgado al hilado, en este caso particular, un área de escaso interés para una investigación arqueológica e histórica que de cuenta de la importancia que tenían este tipo de actividades para la reconstrucción de las relaciones sociales y económicas de la civilización griega.

Contexto histórico: Hilado para la vida cotidiana de la antigua Grecia miniaturadeimagen|393x393px|Mujer ateniense vistiendo un quitón. Detalle del friso de las Ergástinas, Museo del Louvre. miniaturadeimagen|Mujer trabajando la lana, c. 480-470 a. C.