El colonialismo de datos es un concepto crítico que describe la práctica mediante la cual corporaciones tecnológicas, gobiernos y organizaciones internacionales extraen, controlan y se benefician de los datos producidos por individuos, comunidades y sociedades enteras, a menudo sin su consentimiento informado y en condiciones de profunda asimetría de poder. Este proceso es considerado por un creciente cuerpo académico como una extensión contemporánea de las lógicas del colonialismo histórico y el neocolonialismo, donde las infraestructuras tecnológicas digitales posibilitan nuevas formas de apropiación de la vida humana y los recursos, perpetuando y profundizando las desigualdades globales.
A diferencia del capitalismo de vigilancia, que se centra en la mercantilización de la experiencia humana para la predicción y modificación del comportamiento, el colonialismo de datos enfatiza la dimensión geopolítica y la relación estructural de dominación entre el Norte Global (centros de poder tecnológico) y el Sur Global (proveedor de datos y mano de obra). El concepto ha ganado una amplia difusión en los estudios críticos de datos, la sociología digital, la economía política de la comunicación y los estudios poscoloniales.
Concepto y definición El colonialismo de datos combina formas históricas de apropiación colonial con los sistemas contemporáneos de extracción y procesamiento de datos a gran escala. Couldry y Mejias argumentan que la economía de datos no es simplemente una nueva fase del capitalismo, sino una reconfiguración fundamental de la vida humana, que es convertida en una fuente continua de materia prima para la acumulación capitalista. Este proceso opera a través de dos mecanismos principales:
La captura de datos generados por los usuarios: Cada interacción en plataformas digitales (redes sociales, motores de búsqueda, aplicaciones de mensajería) genera un rastro de datos que es recopilado, almacenado y analizado por corporaciones tecnológicas. Estos datos incluyen desde información demográfica y de ubicación hasta patrones de comportamiento, preferencias y emociones. La escala de esta captura es masiva y, a menudo, se realiza sin que los usuarios comprendan plenamente el alcance de la recolección o el uso que se dará a sus datos.
El trabajo de datos en el Sur Global: Para que los sistemas de inteligencia artificial (IA) funcionen, se requiere una cantidad ingente de datos etiquetados y clasificados (anotación de datos). Esta tarea es realizada por una fuerza laboral global, a menudo precarizada, ubicada mayoritariamente en países de bajos ingresos, que entrena a los algoritmos realizando tareas repetitivas y, en ocasiones, expuesta a contenidos traumáticos.
Estos dos mecanismos, según los teóricos del colonialismo de datos, crean una nueva división internacional del trabajo digital: el Norte Global concentra la propiedad de las plataformas, los algoritmos y el capital, mientras que el Sur Global proporciona la materia prima (datos) y la mano de obra barata para su procesamiento.
Orígenes y evolución del concepto El término "colonialismo de datos" fue acuñado y desarrollado principalmente por el sociólogo Nick Couldry (London School of Economics) y el académico de medios Ulises A. Mejias (State University of New York at Oswego) en su libro de 2019 The Costs of Connection: How Data Is Colonizing Human Life and Appropriating It for Capitalism y en artículos académicos relacionados. En su obra posterior de 2024, Data Grab: The New Colonialism of Big Tech and How to Fight Back, los autores expanden el concepto, argumentando que el papel de los datos en la sociedad debe ser entendido no solo como un desarrollo del capitalismo, sino como el inicio de una nueva fase en la historia humana que rivaliza en importancia con el surgimiento del colonialismo histórico.
El concepto se enmarca dentro de la tradición de los estudios críticos de datos y la crítica al capitalismo de vigilancia de Shoshana Zuboff, pero se distingue por su énfasis en la analogía colonial y las relaciones de poder globales. Couldry y Mejias sostienen que, al igual que el colonialismo histórico justificó la apropiación de tierras y recursos bajo la premisa de una supuesta "civilización" o "progreso", el colonialismo de datos se legitima a través de narrativas de "innovación", "eficiencia" y "desarrollo tecnológico".
Una contribución clave de Data Grab es la introducción de la noción de **"apropiación de la vida"** (*life grab*), que describe cómo los datos extraídos no son meramente información, sino que representan aspectos fundamentales de la experiencia humana (relaciones, emociones, salud, decisiones) que son convertidos en activos económicos.
Conceptos relacionados Paralelamente al concepto de colonialismo de datos, las investigadoras Lina Dencik, Arne Hintz, Joanna Redden y Emiliano Treré desarrollaron el marco de la justicia de datos (''data justice''), presentado en su obra ''Data Justice'' (2022, Sage Publications). Este enfoque plantea que los datos constituyen tanto un objeto como un ámbito de justicia, en la medida en que los procesos de datificación —entendidos como la recolección, el análisis y la explotación sistemática de datos— producen efectos desiguales y pueden generar ganadores y perdedores.
Desde esta perspectiva, la datificación puede incidir en aspectos como el acceso a servicios, la exposición a mecanismos de vigilancia y el riesgo de ser señalado injustamente por sistemas automatizados, además de influir en las formas en que se interpreta y comprende la realidad social. El marco de la justicia de datos aborda fenómenos como el capitalismo y el colonialismo de datos, los daños asociados a la datificación y las distintas formas de activismo en torno a los datos.
Las autoras y el autor también cuestionan la apropiación del concepto de justicia de datos por parte de discursos corporativos y tecnoliberales, y proponen recuperar su dimensión crítica para analizar y disputar las relaciones de poder que atraviesan los procesos de producción, gestión y uso de datos.
Mecanismos y dimensiones del colonialismo de datos 1. La economía política de la extracción de datos El colonialismo de datos se sustenta en una economía política global que reproduce las asimetrías heredadas del colonialismo histórico. Las corporaciones tecnológicas del Norte Global (principalmente de Estados Unidos y China) controlan las plataformas, los algoritmos y la infraestructura de la nube. Los países del Sur Global, por su parte, son posicionados como meros proveedores de datos brutos y mano de obra de bajo costo.
Esta dinámica se manifiesta en la concentración del valor económico generado por los datos. Mientras que las grandes tecnológicas acumulan beneficios multimillonarios gracias al análisis y la venta de datos, los individuos y comunidades que los generan rara vez reciben una compensación justa. Esta relación se ha descrito como una nueva forma de "cercamiento digital" (*digital enclosure*), donde los espacios comunes digitales son privatizados y convertidos en fuentes de renta.
2. El trabajo de datos y la externalización de la precariedad La rápida expansión del sector de la IA ha aumentado la demanda global de anotación de datos y moderación de contenido. Las empresas tecnológicas subcontratan estas tareas a trabajadores en países de bajos ingresos, creando una nueva clase de "proletariado digital".
Kenia: Se ha convertido en un centro global para el etiquetado de datos y la moderación de contenido. Trabajadores kenianos han sido contratados por empresas como OpenAI y Meta para revisar contenido gráfico y violento, a menudo por salarios de entre 1,50 y 2 dólares por hora, con graves consecuencias para su salud mental. Filipinas e India: Son centros neurálgicos para la externalización de servicios de atención al cliente, donde los trabajadores entrenan a los chatbots que eventualmente podrían reemplazar sus propios empleos. Venezuela y otros países de América Latina: Han surgido plataformas de microwork que ofrecen tareas de etiquetado de datos a cambio de pagos mínimos, a menudo en criptomonedas, explotando la crisis económica y la falta de oportunidades laborales formales.
Esta dinámica ha sido caracterizada como una "nueva división internacional del trabajo digital" que perpetúa la "fuga de cerebros" desde el Sur Global y consolida la dependencia tecnológica y económica.
3. Infraestructura y territorialidad digital La construcción de centros de datos a gran escala en el Sur Global es una manifestación física del colonialismo de datos. Estos centros, necesarios para el funcionamiento de la nube y la IA, requieren enormes cantidades de energía y agua, recursos que a menudo se extraen de comunidades locales sin su consentimiento informado, generando conflictos socioambientales.
Brasil: El proyecto de un megacentro de datos de TikTok en el estado de Ceará, con una inversión de 40 mil millones de dólares, ha enfrentado un fuerte rechazo de las comunidades indígenas Anacé, que denuncian la falta de consulta y el impacto sobre sus territorios y recursos hídricos. Argentina: OpenAI ha firmado un acuerdo para construir un centro de datos en la Patagonia, una región conocida por sus recursos hídricos y sus bajas temperaturas (que reducen los costos de refrigeración). Chile y México: Ambos países han implementado políticas para atraer inversiones de "hiperescaladores" (grandes proveedores de nube), como Amazon Web Services y CloudHQ, ofreciendo ventajas fiscales y acceso a recursos energéticos.
Estos proyectos son presentados por gobiernos y corporaciones como motores de "desarrollo" y "modernización", pero los críticos señalan que replican patrones coloniales de extracción de recursos (agua y energía) a cambio de promesas de progreso que rara vez benefician a las poblaciones locales.
4. Gobernanza ambiental y "colonialismo climático" El colonialismo de datos también se manifiesta en el ámbito de la gobernanza ambiental y climática. Las grandes tecnológicas están acumulando un control sin precedentes sobre los datos ambientales (imágenes satelitales, datos climáticos, información sobre biodiversidad), que son cruciales para la formulación de políticas globales.
Esta concentración de poder permite a las corporaciones tecnológicas influir en las agendas de sostenibilidad, a menudo marginando los sistemas de conocimiento indígena y las perspectivas del Sur Global. Se ha argumentado que esto constituye una forma de "colonialismo climático", donde las soluciones tecnológicas diseñadas en el Norte Global se imponen sobre las realidades y necesidades de las comunidades más afectadas por el cambio climático.
Un ejemplo de esta dinámica es la implementación de redes de conectividad satelital (como Starlink) en la Amazonía, que, si bien pueden ofrecer acceso a internet en zonas remotas, también plantean riesgos de vigilancia territorial y recolección de datos sin el consentimiento de las comunidades indígenas.
5. El sector del desarrollo y la ayuda internacional Incluso en el ámbito de la cooperación para el desarrollo, se han identificado prácticas de colonialismo de datos. Las organizaciones internacionales de ayuda recopilan cada vez más datos en el Sur Global, supuestamente para mejorar la eficacia de sus intervenciones. Sin embargo, estos datos a menudo son controlados y almacenados por las organizaciones del Norte, mientras que las instituciones locales del Sur carecen de la capacidad y los recursos para gestionarlos o beneficiarse de ellos.