derecha|miniaturadeimagen|250px|Anverso de la Cruz de Alfonso III. Fototipia de Hauser y Menet, 1906La Cruz de Alfonso III, también llamada Cruz de Santiago de Compostela o Cruz Compostelana de Alfonso III, era una pieza de orfebrería medieval de estilo asturiano creada el año 874 y donada ese mismo año a la catedral de Santiago de Compostela (España) por el rey Alfonso III de Asturias y por su esposa la reina doña Jimena. Era muy similar en forma, dimensiones y decoración a la Cruz de los Ángeles de la catedral de Oviedo, que sin duda fue su modelo. La cruz fue robada de la catedral de Santiago de Compostela en 1906 y está desaparecida desde entonces. Dado que su valor histórico y artístico era muchísimo mayor que el de los materiales de los que estaba hecha se pensó que posiblemente los ladrones no la destruirían, y que la cruz reaparecería antes o después. No obstante, se la da por perdida a causa del largo período de tiempo transcurrido desde el robo, sin que se tenga, no obstante, la certeza de su destrucción.
Historia
Se cree que la cruz fue creada por un taller estable de orfebres áulicos, por orden de Alfonso III. Solo se conoce en Asturias un taller estable de orfebres contemporáneo a la creación de la Cruz de Alfonso III, y es el que operaba en el castillo de Gauzón, donde algún tiempo después se creó la Cruz de la Victoria de la catedral de Oviedo. Si bien se trata de dos cruces de tipología distinta, las técnicas empleadas en ambas son similares y las dos cruces podrían ser obra del mismo taller.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1035-1036
La cruz tenía grabada en su reverso una inscripción en latín que informaba tanto de su año de finalización, 874, como del nombre de aquellos que la donaron a la catedral de Santiago: el rey Alfonso III y la reina Jimena. La inscripción decía:
derecha|miniaturadeimagen|250px|Reverso de la Cruz de Alfonso III. Fototipia de Hauser y Menet, 1906Se cree que la cruz fue creada para colgar encima del altar, como su modelo, la Cruz de los Ángeles.Helmut Schlunk (2008), Estudios sobre la orfebrería del Reino de Asturias, p. 75 En el momento de su donación aún no existía la actual catedral de Santiago, sino tan solo una simple iglesia, sustituida algunos años después por otra de estilo prerrománico por orden del propio Alfonso III. Por lo tanto, su efecto en la iglesia primitiva debió haber sido muy grande.César García de Castro Valdés (ed.) (2008), Signvm salvtis : cruces de orfebrería de los siglos al , p. 150 Sus funciones litúrgicas debieron cambiar con el tiempo y en algún momento se hicieron alteraciones en la cruz para poderla usar como cruz procesional, insertada en un soporte, aunque esa no era su función original, o al menos no debió procesionar así. Debió ser usada, principalmente, para resaltar determinadas festividades religiosas del año, en especial las relacionadas con el apóstol Santiago.
La cruz permaneció en la catedral del Santiago de Compostela desde su donación el año 874 hasta su robo en la noche del 6 al 7 de mayo de 1906. Esa noche, al parecer, alguien logró introducirse en la capilla de la Reliquias de la catedral a través de una ventana, a la que habría llegado después de acceder a las cubiertas de la catedral, en donde se encontró una cuerda con nudos.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1036 La prensa de la época relacionó este robo con otro cometido en la catedral un año antes, en 1905, en el que se robó una aureola del apóstol Santiago siguiendo un procedimiento similar, aunque en ese caso se encontró la pieza robada en el tejado de la catedral.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1039 En el robo de 1906 se sustrajeron, además de la Cruz de Alfonso III, un nimbo de plata de una imagen del apóstol Santiago, una cruz de plata adornada con gemas y una imagen de san Sebastián.
El cabildo de la catedral ofreció una recompensa a cambio de información que permitiera recuperar las piezas robadas,Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1037 pero resultó inútil. Pero hubo, y todavía hay, razones para creer que tal vez la cruz no se destruyó: su valor material no era demasiado grande, pues no era de oro sino de madera chapada con láminas de oro, y cuando fue robada le faltaban ya bastantes de las gemas que había tenido originalmente, según puede apreciarse en unas fototipias de la cruz que datan de poco antes del robo. Por otro lado, los ladrones pudieron llevarse de la capilla de las Reliquias otras piezas de mayor valor que la cruz, ya que también estuvieron a su alcance en aquel momento, pero no lo hicieron. Este hecho hizo pensar que había un interés en la cruz como tal, y no en la ganancia económica que podría obtenerse destruyéndola y vendiendo los materiales de los que está hecha. La sospecha de un posible robo por encargo ha sido defendida, entre otros, por el escritor e investigador gallego Xosé Filgueira Valverde. A pesar de todo ello, la cruz continua desaparecida desde hace ya más de 100 años, y se la da por perdida.
Descripción de la pieza
derecha|miniatura|Cruz de los Ángeles de la catedral de Oviedo. Fue el modelo de la Cruz de Alfonso III.La Cruz de Alfonso III era una cruz-relicario con forma de cruz griega, es decir, formada por cuatro lados de aproximadamente igual medida (dos de 19 cm, y los otros dos de 18 y 18’3 cm),Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1031 que convergían en un disco central, en el cual se guardaba una reliquia que se creía que pertenecía a la Vera Cruz.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1030 Era también una cruz patada (es decir, con los brazos ensanchados en su terminación), y gemada (cubierta con gemas). Materialmente estaba hecha de un alma de madera recubierta por láminas de oro repujadas, en las cuales se engastaba un valiosísimo esmalte visigodo junto con piedras preciosas y semipreciosas, perlas, cristal de roca y gotas de vidrio sobre cabujones coloreados.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1033 Se tomaron al menos cuatro fotografías de la cruz poco antes de su robo. Los negativos se han perdido pero de ellos se obtuvieron cuatro fototipias que nos permiten ver cómo era la cruz en aquel momento. En esas fototipias es posible advertir el gran parecido de la Cruz de Alfonso III con la Cruz de los Ángeles de la catedral de Oviedo, a la que se asemeja en tamaño, materiales, forma, patrones decorativos y ubicación de inscripciones,Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1035 a pesar de que la Cruz de Alfonso III es 66 años posterior a la de los Ángeles.
Las planchas de oro batido que recubrían el alma de madera eran finas y se sujetaban a la madera por medio de pequeños clavos de oro disimulados entre la decoración. La superficie del anverso estaba cubierta de filigrana, siguiendo distintos patrones, mientras la del reverso mostraba una mayor austeridad.
derecha|miniaturadeimagen|250px|Medallón central del anverso de la Cruz de Alfonso III. Fototipia de Hauser y Menet, 1906Originalmente la cruz debió haber tenido, al menos, 79 gemas (turquesas, topacios, perlas, amatistas, cristal de roca, cornalinas, vidrio de color y piedras negras), engastadas en alveolos o cabujones de plato. Algunas de las gemas estaban grabadas y tenían inscripciones en latín, y al parecer también las había en árabe y hebreo, y una de ellas contenía una representación figurada, posiblemente un cazador mitológico. Además de añadir esplendor y riqueza cromática, las gemas creaban una estructura rítmica con su distribución sobre la cruz. En el anverso se disponían 10 de ellas en cada brazo, excepto en el inferior, en el que había 9, como en la Cruz de los Ángeles. El disco central debió de constar de una gran gema en su centro rodeada de otras 12 dispuestas a su alrededor, intentando representar simbólicamente a Cristo rodeado de los 12 apóstoles, como en la Cruz de los Ángeles.César García de Castro Valdés (ed.) (2008), Signvm salvtis : cruces de orfebrería de los siglos al , p. 147 Esa parte de la cruz fue modificada en el , o más tarde,Helmut Schlunk (2008), Estudios sobre la orfebrería del Reino de Asturias, p. 74 cuando se engastó en el disco central una cruz de oro más pequeña. A su vez, en el se retiró esa pequeña cruz de oro para colocar en su lugar otra de cristal con una pequeña reliquia del lignum crucis en su interior, como puede apreciarse en las fototipias que muestran la Cruz de Alfonso III poco antes de su robo. El reverso era más sobrio, excepto el disco central o medallón, y era en este lado de la cruz donde estaba grabada la inscripción relativa al año de finalización de la cruz y a los donantes. La superficie de la placa se adornaba también con cruces, al parecer estampadas, además de unas ramitas de hojas en los extremos, al estilo de lo que puede verse también en la Cruz de los Ángeles y en la Cruz de la Victoria. Cada uno de los cuatro brazos tenía en su extremo una gran piedra en engaste de caja, tal vez para simbolizar a los 4 evangelistas.César García de Castro Valdés (ed.) (2008), Signvm salvtis : cruces de orfebrería de los siglos al , p. 148
derecha|miniaturadeimagen|250px|Medallón central del reverso de la Cruz de Alfonso III. Fototipia de Hauser y Menet, 1906Pero la parte más importante del reverso, y tal vez de toda la cruz, era el esmalte visigodo reutilizado que ocupaba el centro del medallón circular, allí donde se unían los cuatro brazos. En el esmalte, sobre fondo verde, se representaban dos palomas blancas con manchas rojas picando un racimo de uvas de color azulado, aludiendo a la eucaristía. La técnica utilizada en el esmalte era el alveolado o cloisonné. El esmalte estaba rodeado de una cenefa de perlas, un cordoncillo de oro en filigrana y un contario, es decir, una moldura con cuentas o pequeñas bolas alineadas, como en un rosario. A su alrededor se disponían 8 gemas, ya desaparecidas cuando se tomaron las fotografías, alternando con labores de filigrana, todo ello rodeado por otro contario de bolitas.
En la parte inferior de cada brazo horizontal había una anilla, seguramente para colgar las letras alfa y omega, como puede verse en la Cruz de Peñalba.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1034 Algunos especialistas consideran probable que originalmente tuviera varias anillas en cada brazo, para diversos colgantes o pendilia, pero a causa de la desaparición de la cruz no es posible verificarlo.
La Cruz en el recuerdo
La Cruz de Alfonso III no ha sido olvidada después de su robo y ha inspirado tanto novelas sobre su desaparición como proyectos de reproducción facsímil. El primer intento de elaborar una réplica tuvo lugar unos diez años después de su robo, en 1917, cuando el cabildo encargó al platero oficial de la catedral, Ricardo Martínez Costoya, la creación de una reproducción, que fue hecha en bronce con piedras de colores engastadas.Ana Pérez Varela (2018), Del Rey al Apóstol: la cruz compostelana de Alfonso III como exvoto real, p. 1038