miniaturadeimagen|343x343px|Cartel en un Punto Rojo divulgativo (Barcelona, 2025) La educación menstrual es un «enfoque pedagógico, metodológico y participativo integral que busca generar reflexión y conciencia sobre las experiencias menstruales, la ovulación, la ciclicidad, el climaterio y la salud sexual y (no)reproductiva desde la menarquía hasta la menopausia, mediante conocimientos, valores, habilidades y actitudes que impactan en toda la población. Integra dimensiones biológicas, psicológicas, sociales, políticas y medioambientales».

Su propósito principal, como toda acción educativa, es favorecer procesos de transformación, ya sea mediante la adquisición de nuevos conocimientos, ya sea mediante el establecimiento de nuevas actitudes y creencias para erradicar la pobreza menstrual.PASCUAL ARMENDÁRIZ, Nora: Análisis de la pobreza menstrual en edad escolar. Lecciones aprendidas del caso de Reino Unido y su aplicación a España (Trabajo de Fin de Máster). Máster Universitario en investigación aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía. Universitat Jaume I. Facultad de Ciencias Humanas y Sociales. Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género “Purificación Escribano” (2001) La educación menstrual propone reconocer y vivir los procesos fisiológicos de niñas, mujeres y personas menstruantes como hechos naturales y dignos, y promueve la reapropiación del cuerpo, el conocimiento integral sobre cómo funciona el ciclo ovárico y menstrual, y el cumplimiento de los derechos humanos vinculados a la salud y gestión menstrual en todos los ámbitos de la vida de quién menstrúa.

La información sobre la llegada de la primera menstruación (menarquia) se transmite habitualmente en el ámbito familiar, especialmente a través de las madres. Sin embargo, la evidencia indica que dicha información puede ser parcial o limitada, lo que favorece en algunos contextos la persistencia de creencias erróneas y prácticas basadas en mitos culturales.

La educación menstrual se ha consolidado como un enfoque pedagógico que incorpora la perspectiva de género, de los derechos humanos y de la sostenibilidad ambiental.

La educación menstrual no puede reducirse a un enfoque biológico, ya que abarca dimensiones sociales, culturales, históricas, simbólicas, religiosas, territoriales, étnicas, medioambientales y contextuales. Desde una mirada amplia, crítica e interseccional, busca dignificar las experiencias y saberes vinculados a menstruar, contemplando a todas las personas que menstrúan independientemente de su identidad de género, origen, edad, contexto, entre otros determinantes, y alineándose con los principios de la justicia menstrual. Asimismo, la educación menstrual interpela a toda la sociedad y se articula con leyes, normativas y programas de organismos internacionales y estatales que, en diálogo con activistas y organizaciones sociales, han impulsado el reconocimiento progresivo de los derechos menstruales.

La educación menstrual contribuye a dignificar las experiencias menstruales y busca erradicar estigmas, mitos y tabúes inferiorizantes asociados a la menstruación, entendidos como formas de violencia simbólica, cultural e institucional y discriminación de género.

Unicef define la educación menstrual como la adquisición de conocimientos vinculados no solo a la gestión del sangrado menstrual, sino también a la salud integral, el bienestar, la igualdad de género, el empoderamiento y los derechos de niñas, adolescentes, mujeres y personas que menstrúan. En este marco, la educación menstrual debe comprenderse como un eje transversal para la promoción de la salud, especialmente relevante si se considera que las inequidades menstruales se asocian con efectos en la salud física, emocional y mental, tal como evidencia un estudio de revisión elaborado por investigadoras del IDIAPJGol [Fundació Institut Universitari per a la recerca a l'atenció primària de Salut Jordi Gol] en colaboración con la RICAPPS [Red de Investigación en Cronicidad, Atención Primaria y Prevención y Promoción de la Salud].

Se reconoce como una estrategia educativa transversal y forma parte de la educación sexual integral (ESI) [UNESCO, 2018; ONU Mujeres, 2020]. La educación menstrual, en la primera mitad del siglo XXI, se fundamenta en una praxis feminista y transformadora que cuestiona los discursos hegemónicos que han representado la menstruación como algo impuro o patológico.

Contenidos y ámbitos de la educación menstrual   La educación menstrual incluye el reconocimiento de señales corporales a lo largo del ciclo, entre ellas los cambios en el flujo cervical, cuya consistencia y elasticidad varían en relación con la ovulación. También contempla la observación de otros indicadores fisiológicos, como la temperatura basal corporal, utilizados en métodos de conocimiento de la fertilidad como el método sintotérmico. Asimismo, incorpora el conocimiento de la anatomía de los órganos sexuales pélvicos, tanto internos como externos, y el cuidado de la salud del suelo pélvico, estructura que sostiene órganos como el útero, la vejiga y el intestino.miniaturadeimagen|381x381px|«La menstruación no debería ser tabú». Lima, marzo de 2024Uno de sus objetivos es distinguir entre las molestias menstruales habituales y el dolor incapacitante. Aunque la dismenorrea es frecuente, el dolor intenso que interfiere con las actividades cotidianas puede estar asociado a patologías subyacentes. El conocimiento del ciclo ovárico y menstrual contribuye a la identificación temprana de enfermedades frecuentemente infradiagnosticadas, como la endometriosis y la adenomiosis, caracterizadas por dolor pélvico intenso y alteraciones del sangrado menstrual. Su diagnóstico y tratamiento corresponden a profesionales de la salud.

Este campo comprende también la información sobre los diferentes productos de gestión menstrual disponibles, entre ellos compresas, tampones, copas menstruales y ropa interior absorbente, ampliamente recogidos en guías de salud pública y organismos internacionales.

Educación menstrual en España En el contexto español, el concepto de educación menstrual comenzó a difundirse públicamente a partir de las primeras décadas del siglo XXI, gracias a la labor de profesionales de la psicología, la salud y la educación feminista. Entre las pioneras destaca Anna Salvia Ribera, psicóloga especializada en salud sexual y menstrual, quien ha denunciado la ausencia histórica de una educación menstrual significativa en la vida de las mujeres: «Las mujeres de nuestra cultura no hemos recibido educación menstrual. (...) Tan sólo hemos recibido instrucciones sobre cómo utilizar pañales menstruales, pero seguimos sin entender nada de lo que vivimos durante los aproximadamente 35 años que dura la etapa fértil». Así, se plantea la necesidad de superar la visión higienista y fragmentaria del ciclo ovárico y menstrual y se puede apostar por una educación integral que permita comprender la dimensión física, emocional y social de la experiencia menstrual.

Deficiencias y soluciones La educación menstrual en el Estado español presenta deficiencias que afectan negativamente la experiencia de niñas, mujeres y personas menstruantes, durante su ciclo ovárico y menstrual. Diversos estudios especializados señalan que la falta de información adecuada y accesible contribuye a la persistencia de percepciones negativas sobre la menstruación, con posibles repercusiones en el bienestar físico y emocional. Asimismo, indican que la educación menstrual vigente es insuficiente y fragmentada, y que en muchos casos se centra exclusivamente en aspectos higiénicos, sin abordar las dimensiones psicológicas, sociales, culturales y de salud integral como una cuestión de salud pública y derechos humanos.miniaturadeimagen|399x399px|Cartel para acción por los derechos menstruales (Barcelona, 2025) Persistencia del estigma menstrual Muchas personas, menstruantes o no, perciben la menstruación como algo negativo, y solamente unas pocas la perciben como algo normal, según indican estudios recientes llevados a cabo en los ámbitos académicos e institucionales.

La experiencia de la menarquia (primera menstruación) es especialmente relevante: muchas mujeres la describen como vinculada a la sexualización y a nuevas expectativas sociales, lo que genera inseguridad y vulnerabilidad. La información práctica recibida en torno a la menarquia —que acompaña al primer sangrado con claridad y diálogo— se asocia a una mayor sensación de normalidad y comodidad para hablar, entre otras cuestiones, del manejo de la higiene menstrual y de los productos de la gestión menstrual. La comunicación y el lenguaje compartido con hombres en entornos personales se señalan como un indicador clave de aceptación social de la menstruación. El 79 % de los encuestados afirmó que la menstruación prácticamente no aparece en series o películas, y el 73 % indicó lo mismo respecto a los libros, lo que sugiere una fuerte invisibilidad mediática de la menstruación y el ciclo menstrual. Las representaciones publicitarias que muestran la menstruación con líquidos azules, purpurina o mujeres siempre radiantes son percibidas como poco realistas por las participantes y contribuyen al mantenimiento del estigma. Las creencias negativas sobre la menstruación pueden servir para deslegitimar a las mujeres en ámbitos cotidianos (por ejemplo, devaluando sus emociones o argumentos) y dificultan su visibilidad en los espacios educativos, sanitarios y públicos.

Reconocimiento legal de la educación menstrual en el Estado español La Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, que modifica la Ley Orgánica 2/2010, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, constituye un avance normativo significativo en el reconocimiento de la educación menstrual en el Estado español. Por primera vez, la legislación incorpora de manera explícita la educación menstrual dentro del marco de la educación sexual y reproductiva, tanto en la educación formal como en la educación no formal, estableciendo directrices sobre su contenido, destinatarios y agentes formadores.

Educación no formal

Los artículos 5, 5 bis, 10 ter, 10 quáter, 10 quinquies y 25 de la Ley reconocen el derecho de todas las personas a acceder a programas públicos de educación sexual y reproductiva, lo que incluye la educación menstrual.

Así, estos programas deben:

ofrecer campañas y acciones informativas accesibles a toda la población desarrollar campañas de concienciación y difusión en centros sanitarios garantizar la accesibilidad a información de calidad sobre educación menstrual y productos de gestión menstrual

combatir los estereotipos que históricamente han contribuido al estigma menstrual.

Estas acciones están dirigidas a personas adultas y a personas en diferentes etapas de la vida, con especial atención al climaterio y la menopausia. La ley dispone que las propuestas deben adaptarse a las condiciones, necesidades e intereses diversos de la población, promoviendo la difusión de contenidos en medios de comunicación, publicidad, internet, redes sociales y empresas tecnológicas.

Educación formal

La educación menstrual también se incorpora en el ámbito educativo reglado a través de los artículos 5, 9, 10 y 10 ter.

La ley establece que la educación menstrual debe abordar de forma integral la salud durante la menstruación, prestando especial atención a la eliminación de mitos, prejuicios y estereotipos de género que generan estigma menstrual.

Se prevé la realización de actividades formativas complementarias en todas las etapas de la educación obligatoria —Primaria y Secundaria—, así como en Formación Profesional, e incluso formación específica para madres, padres, tutores y profesorado.