La República de Génova fue disuelta por el general Napoleón Bonaparte en junio del año 1797, para inmediatamente ser sustituida por la República Ligur, un satélite francés. Que finalmente sería anexado por el Primer Imperio francés en el año de 1805.

En un inicio Génova intentó mantener una política de neutralidad, siguiendo el ejemplo de Venecia. Sin embargo, esta postura resultó cada vez más difícil de sostener debido a la constante presión de potencias extranjeras. Especialmente Francia y Gran Bretaña, que la obligaron a decantarse por un bando. Tras las intrépidas acciones de los últimos en aguas genovesas neutrales, estos se vieron forzados a sellar una alianza con Francia, no obstante, esto no evitaría que la influencia revolucionaria se esparciera por el territorio genovés, lo que desembocaría en un alzamiento contra el dux y los aristócratas de la ciudad.

Esta primera rebelión sería suprimida no por el dogo, sino por la propia población genovesa que vieron la interferencia francesa como una afrenta contra sus costumbres y religión. A pesar de ello, Napoleón impondría sus demandas, y en junio de 1797 el último dux de Génova, junto a su consejo, se rendirían a las reformas propuestas por Bonaparte, que terminarían con 701 años de historia y el nacimiento de la nueva república ligur.

Antecedentes

La caída de la antiquísima república de Génova fue el resultado de la suma de diferentes eventos de la revolución francesa, y los esfuerzos de las potencias monárquicas europeas de detener la expansión de dicha revolución en las guerras revolucionarias francesas, particularmente después de la ejecución de Luis XVI de Francia el 21 de enero de 1793, que impulsó a una causa común contra la Francia revolucionaria. En ese contexto la superba, siguiendo la política de otras repúblicas italianas, optó por mantener una neutralidad frente a estos acontecimientos. No obstante, aquellos intentos por quedarse fuera del escenario de contienda europeo resultaron vanos; puesto que la política ligur estaba en constante intervención por potencias extranjeras. Claro ejemplo fueron los intentos del cónsul británico, Sir Drake, de inducir al Dux a despedir al ministro francés en la república. A quién calificó como promotor de la anarquía y discordia. De igual manera ofreció a la república a aliarse con Inglaterra y dejar a sus navíos operar en los puertos genoveses. Aún así, los genoveses decidieron mantener su política de neutralidad. miniaturadeimagen|Grabado propagandístico que retrata la captura de la Modeste por los británicos el 5 de octubre de 1793.|izquierda

Sin embargo, esto no evitó que en octubre de 1793, en las aguas neutrales de la ciudad de Génova, dos buques británicos atacaran e incautaran dos barcos franceses, entre ellos la Modeste. El caso Modeste no hizo más que sofocar los intentos diplomáticos genoveses por alejarse del conflicto. Los ingleses, en clamor de su supuesta alianza, presionaban a los ligures por cerrar sus puertos a los franceses y restringir su comercio con ellos, mientras que los últimos demandaban una indemnización por las pérdidas y perjuicios. La antigua república optó por pagar dichas indemnizaciones de su propio bolsillo, con la esperanza de así poder mantener su frágil neutralidad.

La primavera del siguiente año, Drake retornó con más exigencias al Dux, demandando que se una a su causa contra Francia, y exigiendo la destitución de todos los agentes diplomáticos franceses presentes en la república. A estas protestas, el dux Maria Doria, declaró inmediatamente que estaba en guerra con Inglaterra y partió con sus credenciales hacia Livorno. Los franceses por su parte, recuperándose de la anarquía de la época del terror, con el liderazgo más conservador del directorio, ponían sus ojos en el frente italiano. La alianza inicial con Francia

Hostilidades iniciales miniaturadeimagen|Retrato de Guillaume-Charles Faipoult, ministro plenipotenciario francés en Génova. Para el año de 1796 los franceses ya habían iniciado el conflicto con Austria y diversos estados italianos, en aquel contexto, un joven Napoleón había marchado hacia el sur por los territorios ligures a pesar de su declarada neutralidad. San Remo, Ventimiglia y otras ciudades habían sido ocupadas por las tropas del general. Es debido a ello que prontamente se desatarían ataques contra el ejército de Napoleón por parte de un campesinado genovés furioso, que consideraba la mera mención de Francia como sinónimo del horror y la subversión contra la religión y todo lo que consideraban sagrado. Aquel suceso fue aprovechado por el corso más temprano que tarde, puesto que buscaba cualquier oportunidad posible para poder marchar sobre la vieja república mercante. Así, en el valle de Polcevcra, hacia Novi, todos los franceses fueron masacrados por estos campesinos; y Bonaparte, fingiendo creer que esto se había hecho por órdenes del senado genovés, escribió exigiendo para sí la cesión de la fortaleza de Gavi y una suma adicional de dinero basada en las reclamaciones de Modesta como indemnización. De igual forma, envalentonado por las victorias de Francia en el norte de Italia, el ministro plenipotenciario francés en Génova, Guillaume-Charles Faipoult, también hizo presiones entre la población genovesa para ponerla más afín a los intereses franceses y los valores republicanos que esta promovía. Ante tales exigencias, el dux y sus senadores optaron por enviar un emisario para llegar a un acuerdo más ameno con Bonaparte, pero sus condiciones eran tan obscenamente exuberantes que decidieron acordar directamente con París, con cierto éxito, mitigando las fuertes demandas anteriores.

Alianza con Francia Sin embargo, fue finalmente un ultraje inglés lo que terminó por sellar la unión diplomática con Francia. El 11 de setiembre de 1796, los franceses descargaban un barco cerca de Génova lleno de armas y pertrechos de guerra; Horatio Nelson, que se encontraba en el puerto de Génova en ese momento, bajo bandera neutral, al enterarse de la actividad francesa en las cercanías, zarpó inmediatamente del puerto como si fuera a hacerse a la mar; pero apenas habiendo recorrido una milla aproximadamente, dio media vuelta, se apoderó del barco francés y se marchó con él. Faipoult no dejó pasar la oportunidad y aprovechó este suceso para presionar aún más al senado de Génova para unirse al conflicto del lado francés. El gobierno, viendo su neutralidad comprometida y sin otras posibilidades, decidió por mandar a un embajador; Vicenzo Spínola, a llegar a un acuerdo con el directorio y dejar a la república en una buena posición. De esta manera, se entraba en una negociación con Francia, que terminaron en las siguientes condiciones:

Así era entonces cómo se sellaba el destino de Génova, con una alianza forzada que dejó puertas abiertas para que diversos agentes franceses hicieran de las suyas con la propaganda y fervor revolucionario, con la intención de llevar la revolución a la vieja república.

Alzamiento contra el Consiglio

La influencia jacobina Tras la alianza con Francia, muchos simpatizantes jacobinos migraron hacia la república genovesa, entre ellos destacan Morando, un farmacéutico italiano que había recibido educación en París y se había contagiado de las ideas de la revolución francesa. Y también un napolitano de nombre Vitaliani, que profesaba las mismas ideas. Ambos encontraron cobijo por parte del ministro francés Faipoult, que les ofreció hospicio y empleo. Más pronto que tarde, debido a las actitudes sediciosas del napolitano Vitaliani, el senado genovés decisión encarcelarlo. No obstante, Faipoult exigió su liberación bajo el pretexto de ser un funcionario de Francia. El gobierno, cada vez más debilitado frente a la poderosa influencia francesa, decidió aceptar a regañadientes y ordenó su liberación.

Lastimosamente para le república, estas muestras de debilidad no hicieron más que exacerbar los ánimos de los revolucionarios, y Vitaliani junto a Morando decidieron trabajar más arduamente en su labor por despertar el fervor revolucionario entre la población del común. Es en ese momento es que a sus esfuerzos se les uniría un joven de nombre Filippo, perteneciente a la famosa dinastía genovesa de los Doria. Entonces aquellos hombres y otros colaboradores empezaron una campaña de desprestigio contra el dux y la vieja aristocracia genovesa, despotricando contra el viejo sistema oligárquico-aristocrático que había regido la república por tanto tiempo. Aunque en un principio sin tanta popularidad. La reacción del consejo genovés no se hizo esperar y nombró inquisidores estatales para investigar los asuntos privados de los ciudadanos; pero el encarcelamiento de cualquier cabecilla sedicioso solo añadió nuevos contingentes a la ya abrumadora cantidad de descontentos contra la aristocracia. De esta manera el senado se vio impotente contra los avances de la propaganda jacobina, que poco a poco iban calando en la población.

Revuelta inicial contra el antiguo orden Para mayo de 1797 las ideas revolucionarias empezaban a hacer meollo en ciertos sectores de la población, y así fue que encabezada por el trio antes mencionado, una turba tomó las calles y plazas de Génova, al ritmo de la marsellesa avanzaban hacia el palacio ducal de Génova, exigiendo la liberación inmediata de todos los que habrían sido hechos prisioneros por sus actitudes pro-revolucionarias. Lo que ya se había convertido en varias multitudes intentaron forzar la entrada al palacio, pero fue la guardia del mismo la que impidió que esto sucediera. El senado intentaba apaciguar a la multitud diciendo que pronto darían explicaciones por los arrestos en un vano intento de calmar a las multitudes irascibles. Los protestantes viéndose incapaces de penetrar en el palacio y cumplir su objetivo, recurrieron a suplicar a Faipoult por su colaboración y socorro en el cumplimiento de sus protestas. Quien, para consuelo de ellos, accedió a usar sus influencias en el consiglio para hacer cumplir sus demandas. miniaturadeimagen|Vista de la ciudad de Génova en el año de 1797. Eufórica entonces por estas promesas, la multitud se dividió en tabernas y callejones, dibujando diversas escenas de excesos y libertinajes. Dónde la mayoría de los genoveses pasaron la noche despiertos y que en cada plaza, en cada callejón, se alzaban los gritos excitados de los oradores de campaña y su público ebrio. Fue entonces que al amanecer del 22 de mayo de 1797, los insurgentes salieron de sus guaridas para continuar con sus exigencias, a su estandarte acudieron innumerables partidarios; desde Lombardía, llegaron en masa simpatizantes que estaban atentos a tal disturbio, de los cuáles muchos eran franceses. Como estandarte de la rebelión, colocaron en sus gorras la borla tricolor y salieron al grito de "Viva la liberta! Viva il popolo!". Visitaron a Faypoult, quien les dio la bienvenida y los ovacionó. Visitaron las cárceles y sacaron de allí a todos los apresados, adornándolos con su insignia tricolor. Hicieron lo mismo con los galeotes en el astillero.