El racismo en Noruega ha sido la discriminación, exclusión o prejuicio contra personas o grupos basada en su origen étnico, color de piel, ascendencia o nacionalidad.
Noruega participó en el comercio trasatlántico de esclavos y en el colonialismo como parte de Dinamarca-Noruega. El Estado aplicó durante más de un siglo políticas de norueguización que impusieron la asimilación forzada del pueblo sami, y desde 1687 ordenó el arresto y la expulsión de la población romaní. La Constitución de 1814 prohibió la entrada de judíos al reino hasta 1851. En el siglo el país exhibió zoológicos humanos, esterilizó por la fuerza a mujeres romaníes y aplicó políticas eugenésicas; durante la ocupación alemana, colaboradores noruegos participaron en la deportación de los judíos noruegos, y los hijos de madres noruegas y soldados alemanes sufrieron persecución tras la guerra.
El racismo contemporáneo afecta sobre todo a los inmigrantes no occidentales, en particular a los musulmanes y a las personas de origen africano. Experimentos de campo han documentado que los empleadores noruegos descartan candidatos según su país de origen, su religión y su color de piel, y que los inquilinos extranjeros pagan alquileres más altos que los noruegos en condiciones equivalentes. Partidos populistas de derecha y medios alternativos han normalizado la retórica antiinmigración e islamófoba, y grupos neonazis han cometido asesinatos y atentados de motivación racista. La investigación también ha documentado racismo cotidiano y estructural, incluido el sistema educativo. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, el Estado, varios municipios y diversas empresas trataron a las personas llegadas de Ucrania de forma más favorable que a los refugiados de otros orígenes; el Defensor de la Igualdad y contra la Discriminación advirtió que ese trato podía crear una jerarquía entre refugiados y reforzar actitudes racistas.
A pesar de la reputación de tolerancia de Noruega, activistas antirracistas noruegos sostienen que en el país ha habido una «amnesia colectiva» respecto a su historia de racismo y colonialismo.
Participación de Noruega en la esclavitud trasatlántica
miniaturadeimagen|250px|Kronstad Hovedgård, casa solariega que perteneció al comerciante noruego Jørgen Thormøhlen entre 1685 y 1693; Thormøhlen participó en el comercio danés-noruego de esclavos. Los noruegos participaron en la comercio de esclavos y en el colonialismo como financistas, marineros, comerciantes, administradores coloniales y, en ocasiones, como colonos. Es habitual en Noruega negar la responsabilidad en estas prácticas argumentando que los noruegos vivían bajo el dominio danés durante el período en que participaron en la comercio danés-noruego de esclavos y en la colonización del Caribe.
En 2013, la Comisión de Reparaciones de la CARICOM, establecida por países caribeños, aprobó una declaración formal solicitando a Noruega reparaciones por esclavitud debido a la participación noruega en la esclavitud en las islas de Santo Tomás, San Juan y Santa Cruz, en las Indias Occidentales Danesas.
Pueblo sami
thumb|150px|Bandera del pueblo sami, pueblo indígena del norte de Noruega.
El gobierno noruego aplicó históricamente políticas de «norueguización» para fomentar la asimilación forzada de minorías étnicas, incluidos los samis, los kvens, los finlandeses del bosque y los finlandeses noruegos. La Iglesia de Noruega (Den norske kirke), iglesia protestante luterana que fue religión oficial del Estado desde la Reforma de 1537 hasta 2012 —período durante el cual el catolicismo estuvo prohibido en Noruega hasta 1845 y la Iglesia luterana ejerció un monopolio casi total sobre la vida religiosa del país—, a la que aún pertenecen unos 3,4 millones de personas (el 62 % de la población), participó activamente en las políticas de norueguización: los párrocos ejercían funciones oficiales del Estado, la administración local se organizaba en torno a las parroquias, los servicios religiosos en lenguas samis fueron prohibidos y los tambores ceremoniales samis fueron confiscados y los lugares sagrados profanados. En 1997, el Sínodo General de la Iglesia de Noruega reconoció oficialmente que la iglesia «se dejó utilizar por las autoridades noruegas en una política de norueguización que consideraba la cultura sami como inferior».
Representaciones medievales
En la Edad Media, los escritores nórdicos asociaban a veces a los samis con los troles. En las Hrafnistumannasögur, los descendientes samis eran llamados troles o «medio troles». En la Heimskringla, la mujer sami Snæfríðr Svásadóttir, esposa del rey Harald I, es retratada de manera que refuerza la asociación entre el pueblo sami y la corrupción mágica: tras su muerte, su cuerpo permanece sin descomponerse, pero al tocarlo surgen «criaturas repugnantes» y se torna completamente negro. En las Íslendingasögur (las sagas de los islandeses) aparecen elementos semejantes: algunos personajes reciben los apodos de «hálftrǫll» (medio trol) y «medio bergrisi» (medio gigante de montaña).
Colonización y norueguización
thumb|250px|Familia sami fotografiada en Härjedalen (Suecia). Los samis de Noruega sufrieron políticas de asimilación forzada durante más de un siglo. Los samis, pueblos indígenas del norte de Noruega, han habitado la región Sápmi durante siglos. A partir de los siglos y , colonos noruegos comenzaron a ocupar tierras samis. El gobierno noruego fomentó posteriormente esta colonización y la asimilación del pueblo sami mediante políticas conocidas como «norueguización».
El 2 de febrero de 1869, el gobierno noruego emitió un comunicado sobre la «cuestión sami» y su impacto económico, afirmando que «la cultura nómada es una carga tan grande para Noruega [...] que se debe desear incondicionalmente su cese» , en referencia a la cultura y las costumbres del pueblo sami.
miniaturadeimagen|250px|Tumbas de Aslak Hætta y Mons Somby, líderes de la rebelión de Kautokeino de 1852, fotografiadas en 2009. Durante años, los esqueletos de samis fueron conservados en las colecciones del Instituto Anatómico de la Universidad de Oslo, entre ellos los de Mons Somby y Aslak Hætta, líderes de la rebelión de Kautokeino de 1852 —un levantamiento en el que un grupo de unos 35 samis, motivados por la explotación económica, el alcoholismo inducido por los comerciantes y la opresión cultural y religiosa, mataron al comerciante y al alguacil locales y azotaron al párroco—, ejecutados por decapitación en 1854. Sus cráneos fueron enviados al instituto para investigación científica y no fueron repatriados hasta 1997. El intento del pueblo sami de recuperar los restos de sus antepasados es el tema del documental Give Us Our Skeletons (1999).
En 2011, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, James Anaya, publicó un informe sobre la situación de los samis en Noruega, Suecia y Finlandia en el que recomendó a Noruega reconocer los derechos territoriales samis fuera del condado de Finnmark, fortalecer las competencias del Parlamento Sámi de Noruega y avanzar en la elaboración de un Convenio Nórdico Sami; advirtió además que la propuesta del Partido del Progreso de abolir el Parlamento Sami y denunciar el Convenio 169 de la OIT «constituiría un enorme retroceso para los derechos humanos en el país». En 2016, la Relatora Especial Victoria Tauli-Corpuz concluyó que Noruega, Suecia y Finlandia «no cumplen sus objetivos declarados de garantizar los derechos humanos del pueblo sami», y recomendó definir y reconocer adecuadamente los derechos del pueblo sami sobre sus tierras y recursos, apoyar la revitalización de las nueve lenguas samis —todas clasificadas como amenazadas por la UNESCO— y garantizar el consentimiento libre, previo e informado de los samis antes de autorizar proyectos de extracción de recursos naturales en la región de Sápmi.
Pueblo romaní
La primera acción documentada contra el pueblo romaní por parte del gobierno noruego data de 1687, cuando las autoridades ordenaron el arresto y la expulsión de la población romaní, así como el asesinato sistemático de sus líderes por motivos étnicos.
En 1897, la organización cristiana Misión Noruega entre los Sin Hogar (en noruego: Norsk misjon blant hjemløse), fundada por el párroco Jacob Walnum, comenzó a intervenir en los asuntos de la comunidad romaní a nivel nacional. La organización estaba a cargo de colonias de trabajo y centros de acogida. Los niños romaníes —que representaban aproximadamente un tercio de la población total romaní— fueron separados de sus familias y se cortó todo contacto con ellas. En los orfanatos sufrieron graves abusos físicos y psicológicos por motivos étnicos. Otro tercio de la población fue enviado a la colonia de trabajo de Svanviken en virtud de la Ley de Vagancia de 1900.
La Ley de Esterilización de 1934 facilitó la esterilización forzada de personas romaníes; en la colonia de trabajo de Svanviken, hasta un 40 % de las mujeres residentes fueron esterilizadas (véase Esterilización forzada). Estas prácticas entrarían hoy dentro de la definición de genocidio según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Genocidio.
Un estudio de 2020 demostró que los romaníes en Noruega siguen sufriendo un racismo directo e indirecto significativo.
Antisemitismo en Noruega
Historia miniaturadeimagen|Riksforsamlingen på Eidsvoll 1814, pintura de Oscar Wergeland que representa la Asamblea Constituyente de Eidsvoll en 1814, cuya Constitución incluyó la Jødeparagrafen que prohibía la entrada de judíos a Noruega. La Constitución de Noruega de 1814 —considerada la más liberal de su época— incluyó en su artículo 2 la llamada Jødeparagrafen («cláusula de los judíos»), que prohibía expresamente la entrada de judíos al reino, así como la de jesuitas y órdenes monásticas. La prohibición se aplicó con rigor: los judíos que llegaban accidentalmente a Noruega eran encarcelados, multados y expulsados.Hoffmann, C., & Kopperud, Ø. (Eds.). (2016). The exclusion of Jews in the Norwegian Constitution of 1814. Metropol Verlag / HL-Senteret. Tras la campaña del poeta Henrik Wergeland, el parlamento de Noruega (Storting) abolió la cláusula en 1851 con 93 votos a favor y 10 en contra, pero la integración fue lenta: la inmigración judía no se hizo numéricamente significativa hasta los años 1880–1890. Noruega fue aparentemente la primera nación moderna en hacer obligatorio el aturdimiento previo al sacrificio de animales domésticos, prohibiendo de facto el método de producción de carne kósher.
Antisemitismo contemporáneo
En mayo de 2012, el Centro de Estudios del Holocausto y las Minorías Religiosas publicó el primer estudio amplio sobre antisemitismo en la población noruega. El informe concluyó que aproximadamente un 12,5 % de los encuestados mantenían prejuicios antisemitas pronunciados, un nivel relativamente bajo comparado con otros países europeos y similar al del Reino Unido, los Países Bajos y Suecia. La encuesta más reciente del centro (enero/febrero de 2024) mostró un aumento de las actitudes antisemitas tras varios años de descenso: un 11,5 % de los encuestados presentaba prejuicios pronunciados contra los judíos, frente al 9,3 % registrado en 2022.
Según la encuesta ADL Global 100 (2025), Noruega presenta un índice de antisemitismo del 8 %, uno de los más bajos del mundo. Sin embargo, la comunidad judía noruega —que cuenta con apenas unos 1.500 miembros— reporta los niveles más altos de hostilidad desde la Segunda Guerra Mundial: un 69 % de sus miembros han experimentado incidentes relacionados con su identidad desde octubre de 2023.