Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán de 2026 —identificados por la coalición como Operación Furia Épica y Operación Rugido de León— constituyen el enfrentamiento militar directo de mayor envergadura en la historia contemporánea de la región. Este conflicto representa la culminación de una hostilidad sistémica cuyas raíces se remontan a la caída de la monarquía de Reza Shah Pahlaví y el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, evento que transformó a Irán de un aliado estratégico de Occidente en un adversario geopolítico. Tras décadas de guerra subsidiaria, sabotajes y un régimen de sanciones económicas iniciado en la era de los rehenes, la escalada alcanzó un punto de no retorno el 28 de febrero de 2026, mientras se realizaban conversaciones diplomáticas en Ginebra y la movilización militar de la administración de Donald Trump.

La ofensiva de la coalición, ejecutada mediante una incursión aero-naval masiva, tuvo como objetivos primordiales el descabezamiento de la estructura de mando iraní y la destrucción de su infraestructura nuclear y balística. El impacto más significativo de la operación fue el magnicidio del Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jamenei, muerto en el bombardeo a sus oficinas en Teherán. Este suceso puso fin a un liderazgo de décadas y activó un complejo proceso de sucesión constitucional bajo un consejo de transición interino, en un clima de duelo nacional y alta volatilidad interna.

Por su parte, la República Islámica respondió con la Operación Promesa Verdadera 4, una contraofensiva de misiles y drones dirigida contra el Estado Mayor israelí y múltiples bases estadounidenses en el Golfo Pérsico. La respuesta militar, apoyada logísticamente por la inteligencia tecnológica de China, incluyó el bloqueo del Estrecho de Ormuz, provocando una crisis energética global y la intervención de potencias extrarregionales. El conflicto no solo ha redefinido las fronteras de la guerra moderna, sino que ha marcado el colapso definitivo del orden de seguridad establecido en el siglo XX para Oriente Medio, dejando un saldo de víctimas civiles y militares que sitúan a este enfrentamiento como un punto de inflexión en la geopolítica global del siglo XXI.

Antecedentes y contexto histórico

Evolución de las relaciones bilaterales (1953-2020) izquierda|miniaturadeimagen|183x183px|Retrato de Mohammad Mosaddeq, primer ministro de Irán entre 1951 y 1953. Las relaciones entre Irán y las potencias occidentales han estado marcadas por una compleja alternancia entre la cooperación estratégica y la confrontación geopolítica. Si bien se registran vínculos diplomáticos desde mediados del siglo XIX, la estabilidad de estos se erosionó a principios del siglo XX. Durante el reinado de Reza Shah Pahlaví, la implementación de políticas de occidentalización forzada y la prohibición de la indumentaria tradicional islámica generaron un profundo descontento social. La respuesta gubernamental se caracterizó por la represión de las protestas, las cuales cobraron mayor relevancia tras la intervención extranjera en la política interna iraní.

Un punto de inflexión fundamental ocurrió entre 1951 y 1953. Tras la nacionalización de la industria petrolera, el MI6 británico y la CIA estadounidense orquestaron un golpe de Estado (conocido como Operación Ajax) para deponer al primer ministro democráticamente elegido, Mohammad Mosaddeq, con el fin de consolidar el poder del monarca y expulsar a las facciones nacionalistas.

En 1963, el arresto de Ruhollah Musaví Jomeini, clérigo chiita y líder de la oposición, desencadenó disturbios a escala nacional. Aunque fuentes opositoras de la época estimaron las víctimas en 15 000, investigaciones posteriores sugieren cifras considerablemente menores. La tensión alcanzó su punto máximo el 8 de septiembre de 1978, jornada conocida como el Viernes Negro, cuando el ejército empleó fuego real, tanques y helicópteros contra manifestantes en Teherán. La tiranía gubernamental, la memoria del golpe de 1953 y la desigualdad socioeconómica fomentaron una animadversión generalizada hacia la monarquía y sus aliados occidentales. Esta situación precipitó el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, tras la cual las relaciones diplomáticas con Occidente entraron en una fase de hostilidad permanente.

Ruptura tras la Revolución Islámica y crisis de los rehenes miniaturadeimagen|Fotografía de dos ciudadanos estadounidenses retenidos como rehenes durante la crisis diplomática de 1979. La desconfianza de Irán hacia Occidente se remonta al siglo XIX, cuando el país fue objeto de disputas territoriales y económicas entre el Imperio Ruso y el Reino Unido durante el "Gran Juego" por el control de Asia Central. Un hito fundamental en esta ruptura fue el golpe de Estado de 1953, conocido como la Operación Ajax, orquestada por la CIA y el MI6 para derrocar al primer ministro Mohammad Mosaddeq después de que este nacionalizara la industria petrolera. Este evento restauró el poder absoluto del ShahMohammad Reza Pahlaví, pero sembró un resentimiento duradero en la sociedad iraní, que comenzó a ver a la monarquía como un "gendarme" dependiente de los intereses estadounidenses.

Entre 1960 y 1963, el Shah impulsó la "Revolución Blanca", un ambicioso programa de modernización y occidentalización que incluyó reformas agrarias y el sufragio femenino, pero que alienó profundamente al clero chiita liderado por el Ayatolá Jomeini. La represión política ejercida por la SAVAK, la policía secreta entrenada por Occidente, y la creciente desigualdad económica alimentaron un ciclo de protestas que culminó con la huida del Shah y el triunfo de la Revolución Islámica en febrero de 1979.

El 4 de noviembre de 1979, un grupo denominado "Estudiantes Musulmanes Seguidores de la Línea del Imán" asaltó la embajada de los Estados Unidos en Teherán, tomando como rehenes a 66 ciudadanos estadounidenses. El detonante directo fue la decisión del presidente Jimmy Carter de permitir la entrada del Shah a Estados Unidos para recibir tratamiento médico, lo que los revolucionarios interpretaron como el preludio de un nuevo golpe de Estado similar al de 1953. La crisis permitió al Ayatolá Jomeini consolidar el poder teocrático, forzando la dimisión del gobierno provisional moderado y neutralizando a rivales políticos mediante la recuperación de documentos triturados en la embajada que supuestamente demostraban vínculos con la CIA. Como respuesta inmediata, la administración Carter firmó la Orden Ejecutiva 12 170, congelando aproximadamente 12 000 millones de dólares en activos iraníes y estableciendo un precedente para el uso sistemático de sanciones económicas.

El 24 de abril de 1980, Washington lanzó la "Operación Garra de Águila", una misión de rescate secreta que terminó en desastre en el sitio denominado Desert One debido a fallos técnicos y tormentas de arena. La colisión de un helicóptero RH-53D con un avión de transporte EC-130 durante la retirada causó la muerte de ocho militares estadounidenses y fue interpretada en Irán como una "intervención divina" en favor de la revolución.

La liberación final de los rehenes se produjo el 20 de enero de 1981, coincidiendo con la investidura de Ronald Reagan, tras la firma de los Acuerdos de Argel mediados por Argelia.

El programa nuclear iraní y el acuerdo JCPOA de 2015 A partir de la década de 1980, el desarrollo del denominado Proyecto AMAD situó al programa nuclear iraní en el centro de la disputa regional. Mientras Israel lo califica como una «amenaza existencial», la administración iraní sostiene que su infraestructura posee fines estrictamente civiles.

El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015 permitió un alivio temporal de las sanciones multilaterales. Sin embargo, este proceso se revirtió en mayo de 2018 cuando Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, se retiró del acuerdo. Impacto comercial: Las exportaciones de crudo a socios estratégicos como India cayeron un 40%, afectando proyectos de infraestructura como el puerto de Chabahar.

Escalada de tensiones (2019-2025) Para mediados de 2019, la presencia militar de Estados Unidos en Oriente Medio superó el umbral de los 50.000 soldados distribuidos en diversas bases y unidades navales.El Departamento de Defensa, basándose en informes de inteligencia del New York Times que sugerían posibles amenazas iraníes, movilizó activos estratégicos que incluían el portaaviones USS Abraham Lincoln y una fuerza de tarea de bombarderos B-52.Este despliegue masivo tenía como objetivo disuadir a Irán de realizar ataques contra fuerzas estadounidenses o intereses aliados en el Golfo Pérsico Sin embargo, el aumento de la presión militar coincidió con una serie de incidentes hostiles, como ataques a buques petroleros en el Golfo de Omán y el derribo de un dron estadounidense Global Hawk en junio de 2019. La confrontación directa se agudizó el 3 de enero de 2020 con la muerte del mayor general Qasem Soleimani tras un ataque estadounidense con drones en Bagdad. En represalia, Irán ejecutó la Operación Mártir Soleimani, atacando con misiles balísticos Fateh-110 y Qiam-1 las bases de Ayn al-Asad y Erbil en Irak. Existe una discrepancia en los registros de fuego: Irán e Irak informaron el lanzamiento de 22 proyectiles, mientras que el ejército de Estados Unidos elevó la cifra a 31.

Política de "Máxima Presión" y sanciones económicas Desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, Irán ha sido objeto de un complejo entramado de sanciones económicas, diplomáticas y militares. Estas medidas, impulsadas principalmente por Estados Unidos y organismos multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE), han buscado influir en las políticas estratégicas de Teherán, particularmente en lo referente a su programa nuclear y su influencia regional. Crisis de los rehenes (1979-1981): Tras la ocupación de la embajada estadounidense en Teherán, el presidente Jimmy Carter emitió la Orden Ejecutiva 12170, que congeló activos iraníes por un valor estimado entre 8 100 y 12 000 millones de dólares. Estas medidas fueron revocadas en 1981 bajo los Acuerdos de Argel. Guerra Irán-Irak y acusaciones de terrorismo (1984-1987): Washington prohibió la asistencia y venta de armas a Irán. En 1987, la administración Reagan amplió el embargo citando ataques contra buques en el golfo Pérsico y el presunto patrocinio estatal del terrorismo. Contención energética (1995-1996): El gobierno de Bill Clinton endureció el bloqueo mediante las órdenes ejecutivas 12957 y 12959, prohibiendo la inversión estadounidense en el sector energético iraní. En 1996, se promulgó la Ley de Sanciones contra Irán y Libia (ILSA), centrada en el sector de hidrocarburos. A partir de 2006, la disputa nuclear trasladó el escenario de las sanciones al Consejo de Seguridad de la ONU. Resoluciones 1696 y 1737: Ante el incumplimiento iraní en la suspensión del enriquecimiento de uranio, se impusieron embargos tecnológicos y financieros. Restricciones financieras y exclusión del SWIFT: Entre 2007 y 2012, las sanciones se extendieron a la Guardia Revolucionaria y al sector bancario. Un hito significativo ocurrió en marzo de 2012, cuando el sistema SWIFT desconectó a los bancos iraníes, aislando al país del sistema financiero internacional.

Sanciones de 2019-2020: Tras ataques a instalaciones petroleras saudíes, Estados Unidos impuso las "sanciones más duras de la historia", afectando al Banco Central de Irán. En 2020, el país fue incluido en la lista negra del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). En el contexto de la crisis de 2025, el régimen de sanciones entró en una fase de máxima severidad: