La historia del lesbianismo en Perú se refiere a la prácticas y militancias lesbianas que se desplegaron históricamente en el actual territorio peruano para lograr su visibilidad y defender los derechos de mujeres y disidencias sexuales. La disidencia de género en el Antiguo Perú se ve estrechamente relacionada con el chuquichinchay, una deidad felina, entendida como un ente protector de los indígenas andróginos. El chuquichinchay surge de un texto rescatado por Guiseppe Campuzano del cronista cusqueño Juan Santa Cruz Pachacuti. Según Augusto Rosas de la cruz, el cronista Santa Cruz Pachacuti, hace mención sobre el chuquichinchay como un dios que solo puede ser invocado por chamanes andróginos, llamados qariwarmi. Quienes eran los encargados de mediar –a través de rituales– entre la cosmología andina y la cotidianidad, esto debido al uso de su cuerpo como símbolo de complementariedad sagrada entre lo masculino y lo femenino. Durante la época colonial y buena parte de la República, las relaciones entre mujeres fueron poco documentadas, en parte debido a la moral religiosa heredada de la colonización española y a la fuerte influencia de la Iglesia católica en la vida social y política del país. Aunque existen registros inquisitoriales sobre conductas consideradas “contra natura”, la mayoría se centraron en relaciones entre hombres, lo que contribuyó a la menor visibilidad histórica del lesbianismo.

Periodo colonial y virreinato Aunque algunos historiadores mencionan la presencia de disidencias sexogenéricas en el antiguo Perú, durante la colonia cualquier comportamiento o identidad ligada a lo sodomita. Entre el y el , en el virreinato peruano se persiguió la sodomía como pecado y delito al mismo tiempo. En este sentido la visibilidad lésbica no siempre estuvo representada por personajes icónicos dentro de la sociedad peruana durante la colonia, y especialmente en el virreinato. Es incluso difícil nombrar o identificar figuras lésbicas debido a la censura histórica de la época que castigaba cualquier conducta no heterosexual.

Asimismo, las organizaciones lésbicas se encuentran articuladas con diversos sectores de la sociedad civil, principalmente colectivos feministas, movimientos ambientalistas y partidos políticos de izquierda. Estas vinculaciones evidencian redes de colaboración en torno a agendas compartidas. No obstante, al interior de los propios grupos se han presentado tensiones y desacuerdos que han derivado en conflictos, fragmentaciones organizativas, distanciamientos temporales y, en algunos casos, posteriores rearticulaciones y alianzas.

En este contexto, la existencia y el accionar sostenido de estas organizaciones permiten reconocer la configuración de una colectividad que, por su nivel de organización, modalidades de intervención y número de acciones emprendidas, puede caracterizarse como un actor dinámico dentro de la sociedad civil peruana.

Sin embargo, la trayectoria histórica de estas organizaciones ha sido escasamente documentada. Esta ausencia puede atribuirse, en parte, a que sus propias protagonistas no han producido —o no han conservado— registros sistemáticos de sus experiencias. Como señala Michelle Perrot (2009), las mujeres tradicionalmente dejaron menos huellas documentales, ya sea porque sus producciones se circunscriben al ámbito doméstico o simplemente no se les permitía publicar con autoría propia y tienden a desaparecer.

Otra posible explicación de la escasa inscripción histórica de las acciones lésbicas radica en los marcos culturales que configuran la representación de la sujeta lesbiana en el Perú. Diversos estudios señalan que esta es construida como una figura socialmente invisible y limitada en su capacidad de enunciación, salvo cuando adopta conductas asociadas a lo “masculino”. Desde esta perspectiva, las personas con sexualidades y afectividades no hegemónicas son frecuentemente percibidas como carentes de agencia para definir proyectos de vida propios. Asimismo, la invisibilización de las lesbianas puede comprenderse en relación con la amenaza simbólica que la identidad lesbiana representa para el sistema sexo-género organizado sobre la base de la hegemonía masculina.

Inicios de la representación lésbica en el Perú Los inicios de la representación lésbica se remonta al 1984, fecha en la cual, se crea el Grupo de Autoconciencia de Lesbianas Feministas (GALF). Durante la década de 1990, esta organización se desactiva con el propósito de formar parte del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL). Es en esta organización donde lesbianas organizadas fueron visibles durante la década marcada por el gobierno de Alberto Fujimori, el Conflicto Armado Interno (CAI) y la crisis económica del país. Hasta los inicios de los años 2000, luego de la caída del régimen fujimorista, varias organizaciones de la sociedad civil lograron reactivarse, resurgiendo así el GALF. Creándose incluso diversidad de grupos lésbicos en Lima y otras ciudades del interior del país; como Arequipa, Trujillo y Chiclayo.

La creación de GALF En 1984 se constituyó en Lima el Grupo de Autoconciencia de Lesbianas Feministas (GALF), colectivo integrado por mujeres lesbianas que buscaban generar un espacio político propio dentro del movimiento feminista peruano. Su surgimiento se produjo en un contexto de efervescencia del feminismo latinoamericano, particularmente después del Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en 1983, evento que propició debates en torno a la sexualidad, la autonomía y las tensiones internas dentro de los movimientos de mujeres.

El GALF planteó la necesidad de visibilizar la existencia y los aportes de las lesbianas al feminismo, señalando la persistencia de prácticas heterocentristas y expresiones de lesbofobia en ciertos sectores del movimiento. En este sentido, el colectivo sostuvo que la lucha contra el patriarcado requería cuestionar también la heterosexualidad obligatoria como régimen normativo. Sus integrantes promovieron espacios de autoconciencia, reflexión política y producción teórica, adoptando una estructura organizativa horizontal y autónoma.

Entre 1985 y 1991, el grupo publicó la revista Al margen, considerada una de las primeras publicaciones en el Perú dedicada a abordar la experiencia lesbiana desde una perspectiva feminista. A través de esta plataforma se difundieron análisis políticos, testimonios y debates sobre identidad, cultura y derechos, contribuyendo a la construcción de un discurso propio en el ámbito local y regional.

El GALF mantuvo vínculos y diálogos con otras organizaciones de diversidad sexual, como el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL), aunque preservó su autonomía organizativa y su énfasis en una perspectiva específicamente lésbica y feminista.

El contexto peruano de fines de la década de 1980, caracterizado por crisis económica y violencia política, afectó el desarrollo de diversas organizaciones sociales, incluido el GALF, que cesó sus actividades en 1991. No obstante, su trayectoria constituye un antecedente relevante en la historia del feminismo y del activismo lésbico en el Perú, al haber impulsado la incorporación de la agenda lésbica en los debates feministas y en los movimientos por la diversidad sexual en la región.

Referencias