María de la Trinidad Soler (Chasna, 1723–1806) fue una noble tinerfeña del siglo , titular del mayorazgo del heredamiento de Chasna (Vilaflor) y miembro de la familia Soler, una de las casas propietarias más influyentes del sur de Tenerife durante la Edad Moderna.
Biografía Pertenecía a la rama principal de los Soler de Chasna, descendientes del comerciante catalán Pedro Soler, fundador del ingenio azucarero de Vilaflor en el siglo XVI y del mayorazgo del heredamiento de Chasna en 1602.
Era hija de José Soler y Padilla, sucesor del mayorazgo del heredamiento de Chasna, y de Ana Rufina de Montesdeoca, perteneciente a una familia de labradores acomodados del pago de Tijoco (Adeje). Tuvo tres hermanos: Antonio, fallecido en la infancia; Josefa, un año menor que ella, que posteriormente contrajo matrimonio con Alonso Chirino, marqués de la Fuente de las Palmas; y José Domingo Soler, nacido en 1736 y reconocido como hijo natural de su padre.
No contrajo matrimonio ni tuvo descendencia.
Mayorazga del heredamiento de Chasna En el momento de su nacimiento no estaba destinada a heredar el mayorazgo. La sucesión recaía entonces en la rama representada por sus primas Beatriz Lutgarda Soler y María Soler. Sin embargo, la falta de descendencia en esa línea provocó un desplazamiento sucesorio que llevó a su padre a poseer el mayorazgo y, en última instancia, a que la expectativa hereditaria recayera en María de la Trinidad como primogénita. miniaturadeimagen|Vista del pueblo de Chasna La nueva posición patrimonial de la familia situó a las dos hermanas Soler, ya solteras y con más de cuarenta años, en el mercado matrimonial insular. José Soler concertó el matrimonio de su hija menor, Josefa, con Alonso Chirino, marqués de la Fuente de las Palmas. Las capitulaciones matrimoniales, negociadas por el padre y el tío de la novia, sin que ni doña María de la Trinidad ni doña Josefa conocieran el contenido, establecieron una dote excepcionalmente elevada: dos tercios de las rentas del mayorazgo que el padre habría de heredar tras la muerte de su prima Beatriz Lutgarda Soler, con el compromiso de ampliarla hasta las tres cuartas partes una vez el propio José Soler falleciera y el vínculo recayera en María de la Trinidad.
José Soler falleció poco antes de celebrarse el matrimonio en 1765. Desde ese momento, María de la Trinidad Soler se convirtió en titular formal del mayorazgo de Chasna, aunque con una capacidad económica severamente limitada por la dote comprometida, pues el control efectivo de las rentas quedó en manos del marqués. La documentación epistolar y judicial de la década de 1770 recoge las quejas de María de la Trinidad, quien denunciaba que su cuñado cobraba las rentas del mayorazgo sin entregarle su parte correspondiente.
El conflicto no fue únicamente económico. Las cartas dirigidas a su tío José Soler y Castilla muestran un clima de violencia doméstica y económica dentro de la casa. Ante esta situación, en 1771 María de la Trinidad decidió establecer residencia independiente en el vecino pago de Granadilla, manteniendo su condición de mujer soltera y titular del vínculo, aunque en condiciones materiales más modestas.
Pese a su marginación de facto en la gestión centralizada del mayorazgo, María de la Trinidad Soler ejerció activamente su autoridad patrimonial. Entre sus actuaciones documentadas destacan la contratación de medianeros para sus viñas, la concesión de arrendamientos a personas de su confianza, el cobro de censos y rentas en especie, integrados en redes de reciprocidad y subordinación campesina y la concesión de pequeños préstamos monetarios cobraderos en moneda o en trabajo agrícola, especialmente en labores vitícolas como la construcción de paredones. A través de estas prácticas, María de la Trinidad configuró una red propia de lealtades y dependencias en Vilaflor y Granadilla, en competencia directa con la red clientelar del marqués.
Referencias
Bibliografía