Mama Sara (también como: Mama Zara, Zaramama o Saramama) es la diosa del grano de maíz en la mitología incaica.

Etimología El nombre de la diosa se compone del término quechua Mama (madre) y de Sara o Zara (maíz). Esto último denota su facultad como la diosa madre del maíz, el grano sustancial que tuvo un profundo significado divino para los pueblos andinos.

Concepto Desde tiempos antiquísimos, los pueblos andinos han considerado al maíz como uno de los alimentos primordiales dentro de la base de alimentación y economía. Dichos pueblos desarrollaron eficaces técnicas de cultivo como terrazas y sistemas de riego para perfeccionar la producción de maíz y otros productos alimenticios en diferentes altitudes. Con el surgimiento del Estado Inca, se impulsó obras de gran envergadura, construcción de sistemas agrícolas y empleo de abonos procedentes de la costa para producir maíz a gran escala en la sierra y amplificar su frontera agrícola. El maíz estaba presente en diversas actividades de carácter religioso para congraciar a los dioses y/o huacas. Al ser un cereal muy volátil, fue utilizado en diversas preparaciones como la chicha de jora (bebida) o el sanku (panecillo ritual).

Asimismo, dicho cereal fue concebido como una fuerza vital y/o entidad viviente. Se conceptualiza como un ser personificado que siente, se expresa y a quien le deben respeto y aprecio como si se tratase de una madre biológica. De acuerdo con el pensamiento andino, muchos elementos del cosmos no pueden existir sin una fuerza divina primordial que sea la personificación o la creadora del elemento en cuestión. Respecto a ello, el clérigo Cristóbal de Molina manifestó la siguiente información:

Representación miniaturadeimagen|300x300px|Mazorcas de maíz dobles, ejemplo de representación natural de la diosa Mama Sara. Múltiples cronistas enfatizan diversas representaciones de la diosa Mama Sara. Por lo general, la diosa del cereal se representa mediante dos formas: la natural y la artificial. En relación con la forma natural, Mama Sara se encuentra plasmada en mazorcas de maíz de aspecto particular y/o único (mazorcas de maíz unidas; dos, tres o múltiples mazorcas en el mismo nudo). Esta rareza agrícola es sumamente valorada por los pobladores andinos, por lo que son encasillados como huacas (objeto sagrado). Además de representar a la diosa, dichas mazorcas de peculiar aspecto actúan como agentes que auguran abundancia, prosperidad y una fructífera cosecha. A raíz de lo anterior, estos objetos eran guardados meticulosamente en las pirhuas (estructuras para almacenar provisiones). El cronista Polo de Ondegardo ha documentado información al respecto.

Respaldando a su colega, el historiador Martín de Murúa también exhibe información análoga a la ofrecida por Ondegardo.

En cuanto a la forma artificial, la diosa está personificada en ídolos o fabricaciones humanas. Por lo general, sus representaciones materiales suelen ser figuras hechas a manera de muñecas y, posteriormente, deben lucir bien ataviadas (replicando la figura de una madre que debe parir y/o crear mucho maíz). Otra forma de representarla es por medio de unos ídolos de piedra que son labrados con forma de maíz denominados Conopa. La antedicha información se encuentra mayormente documentada por el misionero Joseph de Arriaga.

Leyenda Al igual que otros dioses andinos, muchos mitos en torno a Mama Sara se han perdido a lo largo del tiempo. Esto último es a raíz de la conquista española, que institucionalizó el cristianismo y prohibió las prácticas religiosas incas. La destrucción de templos, la persecución de sacerdotes y la demonización de las deidades andinas condujeron a la decadencia y transformación de la religión incaica.

No obstante, existe un relato verbal que gira en torno a la diosa del maíz. Dicha historia es breve y explica el origen del cereal dorado.

La historia comienza con lo siguiente:

En tiempos antiguos, existió una hermosísima doncella llamada Sara. Dicha doncella era pretendida por Kuru, el hechicero de su pueblo; no obstante, Sara evidenciaba un profundo rechazo hacia el hechicero porque este le inspiraba pavor e inseguridad. A pesar de ello, los padres de la doncella se sentían complacidos por la predilección de Kuru hacia su hija. Al sentirse incomprendida por sus propios padres, la preocupación de Sara se hacía mayor y, al mismo tiempo, el enigmático hechicero estaba cada vez más próximo a ella. Inmersa en una insana desesperación, la doncella pensaba quitarse la vida clavándose un puñal en medio de su pecho antes que ser tomada por Kuru. Sin embargo, ella se rehusó en hacerlo, pensando que debía haber otra solución. Entonces, la doncella solicitó el apoyo de Inti (el Sol), su dios. La respuesta del astro rey fue inmediata y, en su rauda respuesta, Sara sintió una dulce sensación. En el acto, el cuerpo de la bella doncella obtuvo una extremada estrechez y sus brazos se estiraron hacia el Hanan Pacha (cielo), para convertirse en las extensas hojas de una planta de maíz.

Desde ese momento, el maíz fue bautizado como Sara (en honor a la doncella que pudo superar las adversidades). Asimismo, en el valle sagrado del Cusco, lugar donde se produce el mejor maíz del mundo, se tiene la creencia de que el maíz solamente debe ser recolectado por mujeres. Esto último es porque Sara era una doncella y no puede ser tocada por los hombres. De lo contrario, ellos pueden perder sus futuras cosechas.

Véase también

Referencias

Categoría:Mitología incaica Categoría:Diosas de los alimentos Categoría:Diosas de la fertilidad Categoría:Maíz en la cultura