Juliano el Apóstata () es una novela de ficción histórica de 1964 escrita por Gore Vidal. El libro narra la vida de Juliano, que gobernó brevemente el imperio romano entre 361 y 363 d. C. y sería conocido por la historiografía cristiana como «el Apóstata» por volver a legalizar y practicar el politeísmo tradicional.

Sinopsis

La introducción toma la forma de una correspondencia entre dos viejos helenistas paganos: Libanio, que se plantea escribir una biografía de Juliano veinte años después de su muerte, y Prisco, que fue consejero del emperador y conserva su diario personal. Ambos son personajes reales, a pesar de que el intercambio sea ficticio. Durante la narración tenemos acceso a la autobiografía del mismo Juliano, con intermitentes comentarios al margen tanto de Prisco como de Libanio.

Las memorias relatan la vida de Juliano desde su solitaria infancia y juventud como huérfano debido a que su primo, el emperador Constancio II, purgó a toda su familia. Pasa su juventud formándose y leyendo obras griegas y latinas, con la intermitente compañía de su inquietante medio-hermano, Galo. Finalmente, Juliano recibirá permiso para desplazarse a Atenas y formarse con profesores neoplatónicos para llegar a ser un erudito. A pesar de que de él se espera que sea un hombre de iglesia (renunciando a su derecho dinástico), en su intimidad ya está convencido de la verdad en de la religión tradicional que él llamará «helenismo», sobre todo después de ser iniciado a los misterios del mitraísmo.

Sin embargo, la carrera política de Juliano comienza repentinamente al ser nombrado César como sustituto de Galo, que fue rápidamente ajusticiado por orden de Constancio II por su crueldad y libertinaje, así como por despertar la constante paranoia imperial. Este acto coloca al inexperto Juliano como sucesor del trono imperial de Constancio y le otorga el mando (en un primer momento nominal) de la Galia, provincia sometida a constantes ataques de los alamanes. Posteriormente, Juliano se hace con el control militar y administrativo de sus «consejeros» y, sorprendiendo a todos, consigue una victoria decisiva contra los germanos en la batalla de Estrasburgo. Tras la muerte de su esposa Helena, (hermana de Constancio a la que Juliano jamás quiso)y ante la creciente paranoia maníaca de Constancio, Juliano emprende una breve rebelión contra su tío. Esta terminará sin derramamiento de sangre con la muerte natural de Constancio y la ascensión del protagonista al título de único Augusto. miniaturadeimagen|163x163px|Retrato en un sestercio del Emperador Juliano. Los primeros años de gobierno ven como logros la destitución de los eunucos de la corte romana de Milán, cuya verdadera función era engrosar las arcas del Estado y aislar a los emperadores tras una pesada burocracia aristocrática cristiana.  Intenta establecer por primera vez la libertad de culto destituyendo el cristianismo de Nicea como religión estatal del Imperio romano. Esto marca un punto de inflexión en la novela, ya que pone fin a las memorias y el resto consiste en diarios de campo y cortas entradas que siguen la importante campaña final de Juliano contra el Imperio Sasánida. Al principio, Juliano tiene éxito y derrota al emperador Sapor II en varias batallas decisivas y abriéndose paso hasta la capital Persa.

Sin embargo, las tácticas enemigas tierra quemada desgastan el cuerpo y la moral de su ejército. En estas últimas semanas, un consejero espiritual que Prisco considera dudoso comienza a empañar el juicio de Juliano, llevándolo a extender la campaña excesivamente lo cual desgasta la lealtad de los oficiales cristianos del oriente imperial, llevándolos a tramar un complot para matarlo. Este será llevado a cabo durante el siguiente ataque persa, durante el cual Juliano se apresura a la batalla, dejando atrás su estropeada armadura, dando así la oportunidad a su asesino, cuya lanza probablemente perteneciese o bien a un romano o a uno de los guías árabes cristianos que se les habían unido. El emperador volverá al campamento herido de muerte y, a pesar de los esfuerzos de su médico y amigo Oribasio, muere sin elegir sucesor.

Tras el magnicidio, oficiales cristianos ganan el debate sobre a quién elevar al título de Augusto, decantándose por el ingenuo y borracho Joviano. La campaña termina en desastre con la cesión de importantes territorios romanos al Imperio sasánida y la restauración del cristianismo. Sin embargo, cabe destacar que el autor no pone en boca de Juliano las últimas palabras «Has vencido, Galileo» que le atribuye la historiografía cristiana tradicional, puesto que según Gore Vidal en su introducción, el invento pertenece al apologista Teodoreto.

Temas principales La propia introducción de Vidal señala que el libro trata de cambios en el cristianismo llevados a cabo por Constantino y sus sucesores. La opinión de Vidal es que la adopción de este, así como la creación de una ortodoxia contra las «herejías» fue motivado por las necesidades políticas del gobierno imperial más que una creencia espiritual y que esta situación continuó durante una época de crisis constantes.

El retrato de Juliano es uno atractivo, si la representación de su proyecto helenista es más compleja y matizada, debido a la posibilidad de que 36 años después del Concilio de Nicea fuese ya demasiado tarde para revertir la tendencia que se concluirá 17 años después con el Edicto de Tesalónica. Sin sentimiento de fatalidad absoluta, se desprende de distintos presagios que no basta con la voluntad de un gobernante o la de una mayoría pagana para frenar el avance del cristianismo. Las tendencias intelectuales y mistéricas de Juliano también parecen contribuir a la hibris que llevará a su fin trágico.

Al igual que otras novelas históricas de Vidal, esta se basa en múltiples fuentes contemporáneas, incluidas las propias obras de Juliano, y la última parte se basa en escritos de Libanio y la narración de Amiano Marcelino, que presenció la muerte de Juliano. También refleja la opinión que de Juliano dada por Edward Gibbon en su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, obra de referencia de la historiografía anglosajona. El autor también considera que el contexto autoritario también llevaría a la omisión de la muerte misma del relato sobre esta, que sería censurada por el nuevo poder.

Recepción crítica Alberto Jesús Quiroga Puertas, clasicista del departamento de Filología Griega de la Universidad de Granada, describe la nutrida bibliorafía al final de la obra como prueba de la rigurosa documentación sobre los personajes y el contexto general del siglo IV, concluyendo que Juliano el Apóstata es:

La novela también ha sido criticado por el historiador Robert Browning debido a que «[El personaje de] Juliano está menos claramente situado respecto al poder político o a Dios de lo que lo está en relación con sus semejantes o con su propia vida interior.»

Véase también Juliano II y su Misopogon Neoplatonismo Mitraísmo Religión estatal del Imperio romano Bajo Imperio romano Creación de Gore Vidal

Referencias

Odiseo: rumbo al pasado: Comentarios por Alberto Jesús Quiroga Puertas.

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