miniatura|Menelao y Helena, reyes de Esparta. El Canto IV de la Odisea de Homero subtitulado «Lo de Lacedemonia» (traducción en prosa de Luis Segalá y Estalella),Homero. La Odisea: CANTO IV. Lo de Lacedemonia. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource. también conocido como «Telémaco en Esparta» o «Menelao y Helena» según otras versiones, constituye la culminación de la llamada Telemaquia, la primera gran sección del poema (cantos I-IV). En él se completa el viaje iniciático de Telémaco en busca de noticias sobre su padre Odiseo, al tiempo que se ofrece un cuadro vívido de la hospitalidad (xenía) en la corte espartana y se introducen recuerdos clave de la guerra de Troya y del difícil regreso (nostos) de los héroes aqueos.

En el canto se alterna la narración en Esparta —el recibimiento fastuoso de Menelao y Helena— con dos breves escenas paralelas: la conjura de los pretendientes en Ítaca para asesinar a Telémaco y la intervención divina de Atenea para consolar a Penélope.

El canto concluye con una doble tensión narrativa: Telémaco ha obtenido una noticia esperanzadora pero vaga sobre su padre, mientras el peligro se cierne sobre él y sobre el hogar en Ítaca; y Penélope por la ausencia de Odiseo y abrumada por la impertinencia de los queda angustiada por el posible destino que acecha a su hijo. Sirve así de cierre de la Telemaquia y de preámbulo para la narración del regreso efectivo de Odiseo a partir del Canto V.

Argumento miniatura|La homérica isla de 'Samos' es la actual Cefalonia. En el estrecho entre ella e Ítaca, Antínoo trama matar a Telémaco. El canto se inicia con la llegada de Telémaco y Pisístrato (hijo de Néstor) a la opulenta morada de Menelao en Lacedemonia, donde el rey celebra simultáneamente las bodas de sus hijos Megapentes y Hermíone. Menelao, en medio de un banquete, acoge hospitalariamente a los jóvenes sin preguntarles aún su identidad.

Tras el baño ritual y la comida, Menelao evoca con nostalgia y dolor a los compañeros caídos en Troya, especialmente a Odiseo, lo que provoca el llanto contenido de Telémaco. Helena, que entra en la sala acompañada de sus doncellas y portando lujosos presentes egipcios, reconoce inmediatamente al joven por su parecido físico con Odiseo y lo nombra. Pisístrato confirma la identidad y explica el motivo del viaje: buscar noticias del padre de Telémaco.

Para aliviar la tristeza del momento, Helena vierte en el vino un fármaco (phármakon) de Egipto que mitiga el dolor y hace olvidar las desgracias. A continuación, relata un episodio de la guerra de Troya: cómo reconoció a Odiseo disfrazado de mendigo en Troya, lo lavó y ungió, juró no traicionarlo y le permitió matar a varios troyanos antes de regresar con información valiosa a los aqueos (vv 235-264). Menelao responde con otra anécdota que resalta la astucia de Helena y la prudencia de Odiseo: cómo, en el vientre del Caballo de Troya, Helena (acompañada de Deífobo) intentó hacer salir a los héroes aqueos imitando las voces de sus esposas, pero Odiseo evitó que respondieran, conteniéndolos y tapando la boca de Anticlo para no descubrir el engaño (vv 265-289).

Al día siguiente, Telémaco expone abiertamente la situación en Ítaca: los pretendientes devoran su hacienda y presionan a su madre Penélope. Menelao relata entonces su propio nostos: cómo, retenido en Egipto, consiguió del dios marino Proteo (el Viejo del Mar) que le profetizara el destino de los aqueos. Proteo le anunció la muerte de Agamenón a manos de Egisto y de Clitemnestra, y le reveló que Odiseo vivía, pero retenido por la ninfa Calipso en una isla remota y sin medios para regresar (vv 435-569).

Mientras tanto, en Ítaca, los pretendientes se enteran del viaje de Telémaco y planean tenderle una emboscada a su regreso en el estrecho entre Ítaca y «Samos» (vv 663-672). En el palacio, Penélope, angustiada por la ausencia de su hijo, recibe en sueños la visita de Atenea bajo la figura de Iftima, «hija del magnánimo Icario», quien la consuela asegurándole que Telémaco está protegido por los dioses y que regresará sano y salvo (vv 795-807).

Estructura y contenido

Continúa el viaje hasta Esparta, la vasta y cavernosa Lacedemonia. Se detienen ante el vestíbulo «del gran palacio de elevada techumbre» de Menelao, que está celebrando el banquete de la doble boda de su hijo el fuerte Megapentes con una hija de Aléctor, y de su hija Hermione con Neoptólemo, hijo de Aquiles.

Los huéspedes no salen de su asombro por las riquezas y lujo que ven, el resplandor del bronce en el sonoro palacio; y también el del oro, del electro, de la plata y del marfil. Menelao les dice que preferiría poseer sólo la tercera parte de lo que tiene a cambio de que se hubiesen salvado los que perecieron en la vasta Troya, lejos de Argos, la criadora de corceles. De entre todos los ausentes se apesadumbra especialmente por uno de ellos, Odiseo:

miniatura|Telémaco ante Menelao y Helena. Sale Helena de su perfumada estancia de elevado techo, semejante a Diana; enseguida reconoce en el forastero a Telémaco, a quien dejara recién nacido en su casa cuando los aqueos fuisteis por mí, cara de perra, a empeñar rudos combates con los troyanos. Asiente el rubio Menelao y a todos les invade la añoranza y el dolor por los ausentes, hasta que el rey ordena poner fin al duelo: tornemos a acordarnos de la cena, y dennos agua a las manos.

Helena dispone que echen en la crátera la droga contra el llanto de la egipcia Polidamna, mujer de Ton. Escancian el vino y evoca serena cómo Odiseo había entrado en Troya con ardides:

El rey corrobora:

Telémaco se duele de cuanto oye porque cree a su padre muerto: ... más doloroso es que sea así, pues ninguna de estas cosas le libró de una muerte deplorable. Fatigado, ruega a Menelao disponga ir al lecho para regalarse con el dulce sueño. A la mañana siguiente Menelao, parecido a un Dios, llama a Telémaco para conocer el real motivo de su visita: ¿Es un asunto del pueblo o propio tuyo? Dímelo francamente. Por fin, Telémaco se desahoga:

El rey se indigna y comienza a narrar lo sucedido:

Aconsejado por Idotea, Menelao pudo lograr de Proteo la verdad del destino de Odiseo:

Mientras tanto, en el palacio de Ulises en Ítaca, los pretendientes continuaban con sus insolencias tirando discos y jabalinas en el labrado pavimento. Noemón pregunta a Antínoo, hijo de Eupeites, si sabe cuándo regresará Telémaco de la arenosa Pilos porque necesita su nave, que le dejó. Quedaron todos atónitos; creían que el joven estaba con las ovejas en el campo. Dejaron sus juegos preocupados y cundió la indignación entre ellos. Antínoo, con las negras entrañas llenas de cólera y los ojos parecidos al relumbrante fuego toma la palabra:

Medonte corre a contar a Penélope el complot urdido para matar a su hijo. Ella que ni sabía que Telémaco se había ido en busca de su padre sintió desfallecer sus rodillas y su corazón, estuvo un buen rato sin poder hablar. Euriclea la nodriza se sincera:

Penélope desesperada implora a Minerva que salve a su hijo de los ”perversos y ensoberbecidos pretendientes y cae en dulce sueño. La diosa, bajo la forma de Iftima, la calma: tu hijo aún ha de volver, que en nada pecó contra las deidades.

Los pretendientes dirigidos por Antínoo ya navegaban en una negra embarcación maquinando la muerte de Telémaco en la pedregosa Ásteris, magnífica isla para emboscarlo.

Temas y comentarios Hospitalidad (xenía) — La espléndida acogida de Menelao y Helena a Telémaco y Pisístrato ejemplifica la xenía ideal (protegida por Zeus Xenios) con baño, banquete y regalos. Contrasta con la violación de esta norma por los pretendientes en Ítaca, subrayando su importancia como pilar social griego. Memoria y nostalgia de la guerra de Troya — Los relatos de Helena y Menelao evocan episodios troyanos (disfraz de Odiseo como mendigo; el caballo de Troya con la imitación de voces por Helena y la prudencia de Odiseo), reviviendo el trauma colectivo y resaltando la astucia (mêtis) de los héroes. El elixir egipcio y el olvido del dolor — El phármakon (descrito como nepenthes, «sin pena», en griego original) que Helena vierte en el vino permite mitigar el llanto y olvidar desgracias temporalmente. Simboliza el poder de la sabiduría egipcia en farmacología y magia, y sirve narrativamente de transición entre el duelo y la narración heroica. El nostos (regreso) y la profecía — Menelao narra su propio regreso dificultoso y la captura de Proteo (el Viejo del Mar), quien revela el destino de los aqueos: muerte de Agamenón y supervivencia de Odiseo, si bien retenido por Calipso. Introduce esperanza incierta y el tema central del poema: el difícil retorno al hogar. Madurez iniciática de Telémaco — Telémaco pasa de la pasividad a la acción, madurando como heredero. El viaje culmina con el reconocimiento de él por su parecido con Odiseo y la obtención de noticias. Intervención divina y protección — Atenea consuela a Penélope en sueños, reforzando el protagonismo de los dioses como guardianes de los justos frente al caos humano.

Memoria de la guerra de Troya: relatos troyanos, trauma revivido y exaltación de la mêtis miniatura|Griegos ocultándose en el caballo de Troya. Esmalte de Limoges (h. 1530). Louvre. Los relatos de Helena y Menelao en el banquete espartano (vv. 235-289) reviven episodios clave de la guerra de Troya, evocados con nostalgia. Helena narra cómo reconoció a Odiseo disfrazado de mendigo en Troya , lo ungió con aceite y guardó su secreto, permitiéndole obtener información valiosa y matar troyanos antes de regresar al campamento aqueo (vv. 235-264).

Tras la reina Menelao recuerda el episodio del caballo de Troya: Helena, acompañada de Deífobo, rodeó el caballo imitando las voces de las esposas de los héroes para hacerlos salir, pero Odiseo, con su prudencia legendaria, contuvo a los aqueos y tapó la boca de Anticlo para evitar el desastre (vv. 265-289).

Estas evocaciones mantienen viva la memoria del trauma troyano mueve al llanto colectivo por los caídos, por Odiseo , a la vez que resaltan la astucia e inteligencia práctica (mêtis) como virtud suprema de los héroes aqueos: El Odiseo mendicante anticipa la misma argucia de la que se servirá en su regreso a Ítaca (Odisea XIII). Su prudencia y moderación en el caballo ejemplifican el control racional frente al impulso emocional (hȳbris).

Ese llanto tiene un contrapunto en el phármakon nepenthes de Helena, que mitiga las lágrimas y el duelo (permitiendo narrar sin quebranto total) sin borrar la memoria; al contrario, la canaliza hacia el consuelo y la hospitalidad. La nostalgia dolorosa es vehículo de maduración para Telémaco, que reconoce la grandeza de su padre.

El phármakon egipcio de Helena: el olvido temporal del dolor Uno de los episodios más célebres y comentados del Canto IV es la intervención de Helena, quien, al percibir la tristeza colectiva provocada por los recuerdos de la Guerra de Troya y la incertidumbre sobre Odiseo, vierte en el vino un 'fármaco' (φάρμακον, phármakon) traído de Egipto por la egipcia Polidamna, esposa de Ton (vv. 219-234). Este brebaje mitiga el llanto, la cólera y el pesar, haciendo olvidar temporalmente todas las desgracias: quien lo bebe no derrama una sola lágrima en todo el día, aunque vea morir ante sus ojos a su madre, padre, hermano o hijo degollado por el bronce. Es una de las menciones más antiguas y famosas en la literatura occidental anticipando el concepto moderno de sustancia psicotrópica.