La ermita del Cristo del Valle se encuentra en el término municipal de Tembleque, en la provincia de Toledo, en el valle del río Algodor, a unos 15 kilómetros del núcleo urbano y en las proximidades del embalse de Finisterre. El edificio, de estilo barroco, presenta planta de cruz griega y está coronado por una cúpula sobre pechinas. En la fachada principal figuran el escudo heráldico del gran prior y la cruz de ocho puntas, emblema de la Orden de San Juan.
Historia Según la tradición, el 24 de junio de 1688, día de San Juan Bautista, llegaron a una quintería situada en este paraje dos peregrinos llamados Juan Bautista y Manuel Terrín. En agradecimiento por el hospedaje que les proporcionó el propietario, Francisco Rodríguez Palmero, pintaron sobre la pared encalada de un silo una imagen de Jesucristo crucificado con su madre a los pies. Para ello utilizaron un tosco pincel y carbones de colores que amasaban con saliva. Según relata la leyenda, cuando los peregrinos pidieron aceite para alumbrar la imagen, el dueño respondió que las vasijas estaban vacías desde hacía días; tras insistir aquellos, comprobó que todas se habían llenado milagrosamente.
La noticia del suceso se extendió rápidamente por Tembleque y las localidades cercanas, y comenzaron a acudir numerosas personas que atribuían favores y curaciones a la imagen. Ante la creciente afluencia de devotos, Rodríguez Palmero decidió ceder la quintería a la Orden de San Juan para que se levantara una ermita en el lugar. La donación se formalizó el 28 de agosto de 1688 ante el gran prior fray Fernando Francisco de Escobedo. izquierda|miniaturadeimagen|268x268px|Vista de la ermita desde atrás, desde donde podemos apreciar la planta de cruz griega Las obras del santuario se prolongaron durante aproximadamente una década, y en 1698 quedó concluido bajo el mandato del gran prior Carlos de Lorena, cuyo escudo heráldico figura en la fachada principal junto con la cruz de ocho puntas de la Orden de San Juan.
Junto a la ermita se construyeron diversas dependencias para atender a los peregrinos, como una casa de labor, un hospital y una cueva-despensa subterránea que servía para almacenar alimentos y utensilios. Esta cueva, construida en mampostería con bóvedas de cañón y nichos para tinajas, ha sido recientemente limpiada y acondicionada por la Hermandad del Cristo del Valle, lo que ha permitido recuperar un espacio que durante décadas permaneció semiabandonado y cubierto de maleza. miniaturadeimagen|Escudo presente en la fachada principal En el el santuario contaba con varios altares dedicados a San Antonio, San Juan y Nuestra Señora del Carmen. La importancia del lugar se refleja en los documentos de la época: entre 1755 y 1774 se registraron más de 7800 misas encargadas por los devotos, y un inventario de 1774 detalla los numerosos objetos y provisiones que albergaba la despensa, como tinajas para aceite, vino y vinagre, herramientas para el ganado, utensilios de cocina y cantarería procedentes de Mota del Cuervo, El Toboso y Colmenar de Oreja.
Durante los siglos y el santuario se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación del Priorato de San Juan en La Mancha, con afluencia de gentes no solo de las localidades cercanas, Tembleque, Turleque, Consuegra, Madridejos, Mora, Villanueva de Bogas, Villacañas, El Romeral o La Guardia, sino también de otros puntos de la península. En sus inmediaciones llegó a residir de forma estable un pequeño núcleo de población compuesto por pastores, panaderos, mayorales y otros oficios vinculados al cuidado de los peregrinos y al aprovechamiento agrícola y ganadero del entorno.
El santuario sufrió los efectos de la guerra civil española en 1936, cuando fue destruido el retablo barroco del y la imagen original del Cristo. Algunos restos de esta escultura se conservan en una urna en la capilla.
En la actualidad, el edificio se mantiene en pie y acoge dos romerías anuales: la del segundo domingo de mayo y la del último domingo de septiembre.
Referencias
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