Javier Pérez-Jara (Sevilla, 1983) es un filósofo y sociólogo español. Es profesor del Departamento de Filosofía y Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla, donde imparte docencia en Filosofía y Estudios de Asia Oriental. Es Faculty Fellow del Center for Cultural Sociology de la Universidad de Yale. Biografía El alma mater de Pérez-Jara es la Universidad de Sevilla. Realizó allí su licenciatura (2007) y maestría (2009) en Filosofía. De igual manera, obtuvo el doctorado en Filosofía (cum laude) en 2012 con la tesis Mente y materia. Una exposición crítica de la filosofía de Bertrand Russell, dirigida por Francisco Rodríguez Valls. Durante su paso por universidad, ganaría en dos ocasiones el premio Focus-Abengoa, dado por la fundación homónima. El primer galardón fue en el contexto de la concreción de su licenciatura. El segundo lo obtuvo durante la realización de su trabajo doctoral, en la categoría "Ayuda de Investigación".
Realizó investigación posdoctoral en el Departamento de Sociología de la Universidad de Cambridge bajo la supervisión de Patrick Baert (2013–2015). Posteriormente se incorporó a la International Business School de la Universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín, donde impartió docencia en filosofía, pensamiento crítico y sociología durante ocho años.
Pérez-Jara ha ocupado puestos como profesor o investigador invitado en instituciones académicas de todo el mundo, entre ellas la Universidad de Stanford, la Universidad de Yale, la Universidad de Tokio, la Universidad de Kioto, la Universidad Sangyo de Kioto, la Universidad de Tōhoku, la Universidad de Gotemburgo, la Universidad Aristóteles de Tesalónica, la Universidad Católica Fu Jen y la Universidad Minzu de China.
En la Universidad de Sevilla está adscrito al área de Filosofía y participa en el grupo de investigación Filosofía, Cultura y Naturaleza (HUM-1136).
Investigación y obras más importantes Su trabajo se sitúa en la intersección entre la filosofía y la sociología cultural, con énfasis en la construcción social de narrativas utópicas y apocalípticas en torno a la tecnociencia, la filosofía de Bertrand Russell, el materialismo contemporáneo, los estudios sobre Asia Oriental, la revisión en detalle del debate "naturaleza versus crianza" y del estatuto de los "intelectuales dramáticos". También ha mostrado proximidad a los debates sobre filosofía científica.
Materia y racionalidad: sobre la existencia de la Idea de Dios (2005) izquierda|miniaturadeimagen|357x357px|La Virgen con el Niño sobre la luna creciente (circa 1498), de Alberto Durero.Pérez Jara compila aquí las “pruebas de la inexistencia” de la Idea de Dios que el materialismo filosófico (en la estela de Gustavo Bueno) habría diseminado en distintos lugares, y hacerlo con una restricción estratégica: no tanto discutir si Dios existe, sino mostrar la inviabilidad ontológica de la Idea de Dios en su modulación ontoteológica. El movimiento conceptual clave es distinguir entre negar un “correlato realmente existente” para esa Idea (la tesis fuerte) y negar que la Idea circule históricamente como construcción cultural (tesis trivial). Esto permite al autor presentar el ateísmo materialista como consecuencia interna de un sistema que se define dialécticamente contra el monismo teológico, el idealismo y, de paso, contra ciertas reducciones cientificistas.
El hilo conductor del texto es identificar cómo se forman Ideas metafísicas por hipóstasis de contenidos mundanos y exhibir las tensiones que esto produce cuando se exige una coherencia ontológica. De ahí el énfasis en armar un marco gnoseológico mínimo (i.e, una teoría de la razón) antes de entrar a la trituración de la idea de Dios; y es que, sin esa teoría, “Dios”, “razón”, “mente” y afines quedan como términos retóricos. El artículo se entiende entonces como una crítica hecha desde un sistema materialista, en tanto que no apela a razones morales, sino a si la Idea de Dios es ontológicamente coherente dentro de un análisis técnico. miniaturadeimagen|325x325px|Busto de Arthur Schopenhauer (1859) hecho por Elisabet Ney, actualmente conservada en el Museo Elisabet Ney de Austin, Texas.
La importancia del cuerpo como “constitutivo formal” de todo viviente en la filosofía de Schopenhauer (2011) El artículo defiende que, dentro del marco trascendental heredado de Kant, para Schopenhauer la corporeidad no es un accidente empírico del sujeto, sino su condición formal. Todo viviente está determinado espacio-temporalmente y, por tanto, corporizado. Esta tesis permite interpretar la metafísica schopenhaueriana como una crítica simultánea a dos extremos: por un lado, el espiritualismo que postula almas incorpóreas; por otro, el materialismo corporeísta que identifica lo real exclusivamente con la materia corpuscular. El cuerpo aparece así como la mediación clave para comprender la identidad existente en la obra de Schopenahuer entre voluntad y movimiento, y como la vía mediante la cual la cosa en sí —determinada como la Voluntad— se hace accesible parcialmente en la experiencia vivida.
La filosofía de Bertrand Russell (2014) Esta obra de Pérez Jara, que es una versión ampliada y mejorada de su tesis doctoral, puede leerse como un intento sistemático de reconstruir el “mapamundi filosófico” de Bertrand Russell desde una plataforma crítica explícita. Dicha plataforma se inspira en el materialismo filosófico desarrollado principalmente por el filósofo español Gustavo Bueno, aunque su uso por parte del autor es heterodoxo y presenta desarrollos propios. El propio Bueno, en su condición de prologador del texto, así lo señala:
Lejos de ofrecer una monografía parcial —centrada sólo en lógica, epistemología o filosofía del lenguaje— el libro propone una lectura integral que atraviesa discusiones relaticas a la ontología, la teoría del conocimiento, la ética y la filosofía política, tratando de mostrar cómo las tensiones entre las ideas de mente y materia estructuran la evolución del pensamiento russelliano. El punto metodológico decisivo consiste en abandonar la pretendida neutralidad historiográfica: la filosofía de Russell se analiza dialécticamente, confrontando sus tesis con otras cosmovisiones para evaluar su coherencia interna y su potencia explicativa, en lugar de medirlas contra una supuesta “realidad absoluta”.
Russell aparece aquí como un constructor de mapas conceptuales más que como un simple lógico analítico. Sus posiciones sobre el escepticismo, el empirismo pluralista o el contingentismo ontológico se interpretan a la luz de debates más amplios entre el materialismo, el idealismo y el espiritualismo. El libro insiste en que estas categorías no deben entenderse de modo maniqueo, sino como familias de programas ontológicos que reorganizan el espacio filosófico y político. Así, la lectura de Pérez Jara presenta a Russell no sólo como una figura central del siglo XX anglosajón, sino como un nodo crítico en la transición entre grandes sistemas metafísicos y la proliferación posterior de corrientes analíticas, subrayando tanto la ambición enciclopédica de su proyecto como sus límites teóricos cuando se enfrenta a problemas clásicos como la naturaleza de la materia, el estatuto de lo mental o la posibilidad de una metafísica científicamente informada. En entrevistas a propósito del libro, además de insistir en el valor de la obra de Russell, ha sido un férreo del uso instrumental de su obra por parte de los fundamentalistas científicos, a la vez que ha destacado el impacto (y la posibilidad de la traducción de las obras) de Russell durante el dictadura franquista.
Science and Apocalypse in Bertrand Russell: A Cultural Sociology (2022) izquierda|miniaturadeimagen|305x305px|Icono ruso ortodoxo del siglo XVI con imágenes de la visión de Juan y la escritura del Apocalipsis. Esta obra, coescrita con Lino Camprubí, propone una lectura de Russell que desplaza el foco desde “sus tesis” aisladas hacia la gramática cultural que organiza sus intervenciones como intelectual público. A saber, el acoplamiento recurrente entre "ciencia" y "tecnología" y los polos utopía/apocalipsis. En vez de asumir la clásica partición entre el Russell filósofo (en la esfera lógica, epistemológica y ontológica) y el Russell humanista (en la esfera política y moral), los autores sostienen que ese reparto disciplinar oculta el problema central: cómo varía históricamente la valoración russelliana del lugar social de la ciencia y la técnica, y cómo esa variación reconfigura determinaciones conexiones con sus posicionamientos políticos, su teoría del conocimiento y su ontología. Metodológicamente, el libro se inscribe en una sociología cultural fuerte (heredera de los trabajos de Jeffrey C. Alexander) y trabaja con la idea de que los hechos no “hablan solos”, sino que se vuelven socialmente significativos mediante códigos binarios (e.g., lo sagrado y lo profano, el bien y el mal) y narrativas que generan adhesiones afectivas entre los miembros de las comunidades. De cara a la interpretación del filósofo inglés, Russell pasa de un cientificismo redentor temprano —para el cual la ciencia, como empresa cognitica, aparece como una práctica virtuosa y motor de progreso— a un escepticismo dramático, donde el poder tecnocientífico funciona como agente habilitador de tiranías y de escenarios de enormes catástrofes.miniaturadeimagen|355x355px|El lamento por Ícaro (1898), de Herbert James Draper (1863–1920). En su reseña crítica, Carl Mitcham valora el libro de Pérez-Jara y Camprubí como un aporte heurísticamente fértil para comprender el rendimiento público de la figura de Russell. Destaca que el marco de la sociología cultural (en la línea de Alexander) permite modelar la persistencia de efectos simbólicos producidos por binarismos culturales dados (e.g., “lo bueno, lo puro, lo sagrado” vs “lo malo, lo contaminado, lo profano”) incluso cuando el contenido doctrinal de Russell exhibe giros y contradicciones, y subraya el haber identificado tanto las tendencias maniqueas de Russell como la distinción analítica entre la sociología cultural (que usa a la cultura para explicar determinados fenómenos sociales) y la sociología de la cultura (que pretende explicar sociológicamente fenómenos culturales). No obstante, formula una objeción de alcance sobre el poder discriminativo del enfoque, pues no terminaría de quedar del todo claro cómo, desde esa sociología cultural, se determina en qué medida una promesa o un peligro no son algo más que un puro código cultural, dado que, por ejemplo, algunos peligros son históricamente reales.
En la prensa cultural hispana, el libro fue comentado sobre todo como una explicación de la eficacia pública de Russell. Se ha enfatizado en cómo su intervención como intelectual público operó mediante polarizaciones morales y una retórica dramática. En esa clave, se ha discutido críticamente la narrativa de su supuesta “conversión” tras la Gran Guerra respecto de su visión del desarrollo científico, subrayando el desplazamiento desde una concepción de una ciencia redentora de la humanidad hacia una tecnociencia concebida como un producto humano falible, capaz de alimentar imaginarios de crisis y catástrofe anclados en coyunturas histórico-políticas que suministran el material narrativo para estabilizar esos códigos en el espacio público.
La arqueología como arqueología y la relativa independencia de la cultura (2023) izquierda|miniaturadeimagen|336x336px|Excavación en el yacimiento de Gran Dolina, en Atapuerca, provincia de Burgos, España. En Estados Unidos, la arqueología es considerada un subcampo de la antropología, mientras que en Europa se la considera una disciplina en sí misma o un subcampo de otras disciplinas.