El reinado etrusco de Roma, también denominado Roma etrusca, fue un periodo de la historia temprana de la ciudad caracterizado por la fuerte presencia política, social y cultural del pueblo etrusco, cuya influencia resultó decisiva en la configuración de la Roma prerrepublicana. A lo largo de la Edad del Hierro, la trayectoria histórica de los etruscos y la de los romanos estuvieron estrechamente ligadas. Desde la fundación de Roma y de las primeras ciudades-estado de Etruria en el , hasta la conquista e integración definitiva de los etruscos en el Estado romano, este pueblo constituyó uno de los factores fundamentales en la evolución histórica de la ciudad del Tíber.

De la koïnè etrusca procedieron al menos tres, y quizá cuatro, de los reyes de Roma. El análisis de las fuentes literarias antiguas, cotejado con el abundante corpus arqueológico, muestra un proceso de sinecismo de población etrusca en Roma entre los siglos y Dicho grupo llegó a conformar el barrio más importante de la ciudad prerrepublicana —e incluso preimperial— en la margen derecha del Tíber, conocido como la «ribera etrusca» (litus tuscus). El conjunto de los datos literarios, historiográficos y arqueológicos permite, por tanto, identificar y definir este periodo histórico como el reinado etrusco de Roma.

Contexto geográfico e histórico

Geográfico

Durante los siglos y , se desarrolló un conjunto urbano en el margen derecho del Tíber. Este espacio limitaba directamente con la ciudad del Lacio. El área se extiende de norte a sur a lo largo de un valle denominado monte Janículo, topónimo que evoca un evento mitológico: se creía que el dios Jano había fundado el asentamiento que dominaba esta colina. A lo largo del y hasta mediados del , este lugar fue a la vez un punto de paso esencial entre Etruria y la joven ciudad capitolina, y una línea de demarcación entre estas dos entidades político-culturales. Esta extensa aldea, compuesta por construcciones rudimentarias, presentaba una alta concentración de población etrusca. Considerado por numerosos historiadores como la octava colina de Roma, el complejo protourbanístico del Janículo fue integrado a la ciudad del Tíber por el cuarto rey de Roma según la tradición, el sabino Anco Marcio.

Contexto histórico del y del miniaturadeimagen|Roma: el nacimiento de una ciudad-estado latino-sabina. En la imagen, una estatua del mito de su fundación. En el 753 a. C., el desarrollo histórico de los pueblos de la península itálica presenciaron el surgimiento de una nueva ciudad bajo un gobierno de tipo monárquico. La fundación de Roma tuvo una incidencia determinante para Etruria, en una interacción e influencia mutua que acarreó profundas consecuencias políticas, culturales y económicas para ambas civilizaciones. izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|Fragmentos de terracota arquitectónica de origen etrusco (segunda mitad del ), desenterrados in situ en el llamado Recinto Regia de Roma. Sección epigráfica del Museo de las Termas de Diocleciano. La segunda mitad del se caracteriza por un deterioro en el entendimiento etrusco-romano, tras la toma del poder institucional y militar por parte de los etruscos en Roma hacia el 620 a. C., dominio que se prolongaría hasta finales de ese siglo. Los períodos de reinado etrusco sobre Roma parecen corresponder a incursiones militares de las ciudades-estado de «Tarchna» (Tarquinia), «Velx» (Veyes) y, en menor medida, de Chiusi.

No obstante, resulta difícil concebir invasiones procedentes de Tarquinia («Tarchna») o Veyes a través del eje de comunicación fluvial del Tíber, dado que estas dos metrópolis no compartían fronteras ni proximidad espacial con Roma. En cambio, las posiciones respectivas de Caere («Cisra») y Veyes las convierten en candidatas idóneas para haber establecido una tutela sobre la cercana metrópolis romana. Por otra parte, los documentos epigráficos hallados en el subsuelo de Roma y atribuidos a este período turbulento, aunque presentan un alfabeto de cursiva etrusca, responden a una sintaxis lingüística latina. Además, estas inscripciones, de carácter institucional, subrayan una implicación política —y no militar— de la koinè etrusca en la ciudad del Tíber. Asimismo, los numerosos artefactos desenterrados en contextos tanto habitacionales como funerarios apoyan más la tesis de un mercenariado etrusco que la hipótesis de una invasión.

De hecho, la Roma del era una monarquía democrática «abierta» a elementos étnicos exógenos. Desde esta perspectiva, se puede sostener la aparente paradoja histórica de una eventual conquista etrusca de Roma sin que existan datos factuales, indubitables o incluso contradictorios que la prueben. Los historiadores Thierry Piel y Bernard Mineo aportan una clave: los eventos se explican de manera más verosímil y decisiva mediante la hipótesis de un estatus específico para los jerarcas etruscos —no como conquistadores, sino como una jefatura compuesta por soldados y nobles procedentes de un mercenariado ajeno a Roma, similar a los condottieri del Renacimiento italiano—.

La interpretación de los indicios arqueológicos, epigráficos —como la llamada Tabula Capuana o «tablilla del león»— y literarios lleva a conceptualizar que Roma, en el tránsito al , como una tierra de acogida para múltiples pueblos del centro y sur de Italia, aunque con una fuerte mayoría etrusca. Las excavaciones en el sitio tiberino han evidenciado con certeza la presencia de todo un barrio en la margen derecha del Tíber —el litus tuscus («ribera etrusca») o ripa veiens («ribera veyentina»)—, cuya arquitectura y objetos domésticos hallados proceden de un sustrato cultural etrusco.

En este marco, es posible definir una auténtica «gens etrusca, la gens Ruma, que habría dado así su patronímico a la ciudad». En consecuencia, dentro de este contexto histórico, queda invalidada la tesis de un hecho invasivo etrusco sobre la metrópolis romana. Por el contrario, cobra fuerza la hipótesis de una instalación etrusca de carácter pacífico.

Reinado de Tarquino el Viejo: el ascenso de los etruscos a Roma

A principios de la década del 610 a. C., Lucio Tarquinio Prisco Lucomonio —llamado Tarquinio el Viejo— se estableció en Roma para asumir en ella un papel político de primer orden. Este ambicioso descendiente de una acaudalada familia de nobles y comerciantes etruscos asciendió con rapidez en el escenario político romano, representado entonces por dos asambleas: los comicios curiados y los comicios calados. Gracias a sus dotes de orador y estratega político, logró imprimir su sello en la monarquía, casi con certeza en detrimento del cuarto rey, el sabino Anco Marcio. Para acceder al trono, Tarquinio el Viejo reunió tras de sí a las fuerzas movilizadas de la plebe romana, alejó a los descendientes de Anco Marcio e hizo que lo proclamaran rey de Roma mediante la cooptación democrática de ambos comicios en el 616 a. C.

Reinado de Servio Tulio: el apogeo de la Roma etrusca El ascenso al poder miniaturadeimagen|Fresco pictórico que representa la «Escena de la liberación de Celio Vibenna». El segundo personaje por la izquierda sería Servio Tulio, conocido como «Mastrna». En el 578 a. C., Servio Tulio —hijo del comerciante etrusco Publio y de una esclava de la esposa de Tarquinio el Viejo, originaria de Veyes— sucedió a este último en la más alta magistratura romana. Permaneció en el trono unos cuarenta años, hasta que su reinado concluyó en el 535 a. C. con su asesinato, perpetrado por su propio sobrino, Tarquinio el Soberbio.

En su discurso ante el senado romano, el emperador Claudio —considerado uno de los primeros etruscólogos— esbozó la trama histórica que habría conducido a Servio Tulio al poder. Sostuvo que este se habría exiliado desde Etruria hacia la ciudad capitolina, apoyado por una parte del ejército de «Caile Vipina» (Celio Vibenna), del cual habría asumido el mando. Servio Tulio ocupó entonces el monte Celio, una de las siete colinas de Roma, a la que —según señaló Claudio— el condotiero etrusco habría denominado «Vipina» o «Vibenna» en honor a su antiguo líder. En su exposición, el emperador identificaba además a este hombre de estado, natural de Veyes, con el nombre etrusco de «Macstrna» (Mastarna).

Obras mayores Durante la segunda mitad de la época monárquica, los etruscos al frente del poder en Roma emprendieron vastas obras de infraestructura urbana, en particular bajo el impulso de Servio Tulio —Mastarna—, lo que propició un notable desarrollo urbanístico de la ciudad del Tíber. Entre estos proyectos de gran envergadura destaca la construcción de la muralla serviana. Su ejecución, iniciada bajo Tarquinio el Viejo, continuó con Servio Tulio, quien amplió el perímetro defensivo que protegía el Capitolio —el agger de resguardo de la ciudad—. Además, el diseño urbano de este recinto se estructuró de modo que marcara el límite del pomerium. Los etruscos también idearon un sistema de drenaje para desecar las zonas pantanosas entre el Capitolio y el monte Palatino. Esta infraestructura hidráulica, que perdura hasta hoy, es la Cloaca Máxima.

Asimismo, se atribuye a los etruscos la edificación de monumentos emblemáticos como el Circo Máximo —con una capacidad estimada de 25000 espectadores— y el templo de la Tríada Capitolina, de 53 por 63 metros, cuyo pódium albergaba tres cellae dedicadas a Júpiter, Juno y Minerva. De dimensiones más modestas, se adjudican a Mastarna dos santuarios en el área sacra de Sant’Omobono: uno dedicado a Fortuna —diosa del azar, el destino y la suerte— y otro a Mater Matuta. Su ubicación, junto al Portus Tiberinus y en el corazón de un pequeño barrio mercantil preexistente, evidencia la voluntad de Mastarna de impulsar una política favorable a los comerciantes romanos, probablemente con el objetivo de aumentar el poder económico de Roma.

Política etrusca en Roma miniaturadeimagen|250x250px|Armadura hoplita, de bronce laminado, . Hallada en la tumba conocida como «tumba del guerrero» en el yacimiento arqueológico de Lanuvium. Por otra parte, Servio Tulio emprendió reformas políticas, institucionales, sociales, militares y económicas a gran escala. Estableció una nueva organización social al hacer aprobar leyes que dividían la sociedad romana en cinco clases censatarias, determinadas cada una por su riqueza, fijando así distintos niveles de impuestos y sometiendo a la población al sufragio censitario. Reorganizó asimismo la administración territorial de la ciudad con la creación de cuatro regiones distintas, y dotó a los comicios centuriados de un doble objetivo: fijar la cantidad del impuesto —el tributum, para remunerar al ejército— y constituir las propias tropas militares romanas.

El monarca etrusco coordinó y jerarquizó el ejército romano e introdujo la innovación de crear unidades armadas pesadas. La fuerza militar se articuló en unas 200 centurias, determinadas según criterios de edad y riqueza censitaria, cada una con cien ciudadanos romanos. Las centurias formadas por ciudadanos en las condiciones físicas y materiales más favorables se integraban en los cuerpos de ejército de primera clase. Los juniores más acaudalados se destinaban a la infantería pesada, organizada en formación de falange, equipada con protección completa y armamento hoplita.

Reinado de Tarquino el Soberbio: el declive de los etruscos en Roma miniaturadeimagen|Tulia, la hija menor de Mastarna», pasando con su carro por encima del cadáver de su difunto padre. Óleo del pintor francés Jean Bardin, 1765. En el 534 a. C., tras instigar el asesinato de Servio Tulio y un golpe de Estado en el corazón del senado romano para alejar o eliminar a los jerarcas partidarios de este, Tarquinio el Soberbio accedió a la magistratura monárquica suprema de Roma.