Una fantasía de violación (a veces denominada juego de violación) o de secuestro es una fantasía sexual que consiste en imaginar o fingir ser coaccionado o coaccionar a otra persona por la fuerza para que mantenga relaciones sexuales. En los juegos de rol sexuales, consiste en representar roles de sexo coercitivo. La pornografía de violación es literatura, imágenes o vídeos asociados con la violación (y a veces con el síndrome de Estocolmo) como medio para mantener relaciones sexuales.

Como fantasía thumb|right|250px|Escena pintada por Alessandro Tiarini que representa a un hombre forzando a una mujer a mantener relaciones sexuales. Los estudios han descubierto que tanto los hombres como las mujeres tienen fantasías de violación.Critelli, Joseph W.; Bivona, Jenny M. (2008). "Women's Erotic Rape Fantasies: An Evaluation of Theory and Research", en The Journal of Sex Research, 45 (1): pp. 57–70.Bivona, Jenny; Critelli, Joseph (2009). "The nature of women's rape fantasies: an analysis of prevalence, frequency, and contents", en The Journal of Sex Research, 46 (1): pp. 33–45. Un estudio descubrió que más de la mitad de las mujeres encuestadas habían tenido alguna fantasía de sexo forzado en su vida.Baumeister, R.F. (2001). Social Psychology and Human Sexuality: Essential Readings. Filadelfia. Psychology Press, p. 125. La fantasía puede implicar al fantaseador como la persona que es obligada a mantener relaciones sexuales o como el agresor.

La hipótesis más citada sobre por qué las mujeres fantasean con ser obligadas y coaccionadas a realizar alguna actividad sexual es que la fantasía evita la culpa inducida por la sociedad: la mujer no tiene que admitir la responsabilidad de sus deseos y comportamientos sexuales.

Un estudio de 1978, realizado por Denise Moreault y Diane Follingstad,Moreault, Denise; Follingstad, Diane R. (1978). "Sexual Fantasies of Females as a Function of Sex Guilt and Experimenta", en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 46 (6). Washington D. C. American Psychological Association: pp. 1385–1393. coincidía con esta hipótesis y descubrió que las mujeres con altos niveles de culpa sexual eran más propensas a informar de fantasías relacionadas con ser dominadas, sometidas e indefensas. Por el contrario, Lisa Pelletier y Edward Herold utilizaron una medida diferente de la culpa y no encontraron ninguna correlación.Pelletier, Lisa; Herold, Edward (1988). "The relationship of age, sex guilt, and sexual experience with female sexual fantasies", en Journal of Sex Research, 24, pp. 250–256.

Otras investigaciones sugieren que las mujeres que informan de fantasías sexuales forzadas tienen una actitud más positiva hacia la sexualidad, lo que contradice la hipótesis de la culpa.Strassberg, Donald S.; Locker, Lisa K. (1998). "[https://link.springer.com/article/10.1023/A:1018740210472 Force in Women's Sexual Fantasies", en Archives of Sexual Behavior, 27 (4), Berlín. Springer Science + Business Media: pp. 403–414. Un estudio más reciente de 1998 realizado por Strassberg y Locker descubrió que las mujeres que fantaseaban con la fuerza generalmente se sentían menos culpables y eran más erotófilas, y como resultado tenían fantasías más frecuentes y variadas. Sin embargo, afirmaba que las fantasías de fuerza no son las más comunes ni las más frecuentes.

Una fantasía sexual masculina de violar a una mujer puede provocar excitación sexual, ya sea al imaginar una escena en la que primero la mujer se resiste, pero luego le gusta y finalmente participa en el coito, o bien una en la que a la mujer no le gusta y la excitación se asocia con la idea de hacerle daño.Bader, Michael J. (2003). Arousal: The Secret Logic of Sexual Fantasies. Londres. Macmillan Publishers, p. 126.

Prevalencia entre géneros Numerosos estudios han descubierto que las fantasías sobre ser obligado a tener relaciones sexuales son comunes en todos los géneros. El 45,8 % de los hombres que participaron en un estudio de 1980 afirmaron fantasear durante el coito heterosexual con «una escena en la que [tenían] la impresión de ser violados por una mujer» (el 3,2 % a menudo y el 42,6 % a veces), el 44,7 % con escenas en las que una mujer seducida «finge resistirse» y el 33 % con violar a una mujer.Crépault, Claude; Couture, Marcel (1980). "Men's erotic fantasies", en Archives of Sexual Behavior, 9 (6). Berlín. Springer Science + Business Media: pp. 565–581.

Un estudio de 1998 publicado en Archives of Sexual Behavior, en el que se encuestó a 137 estudiantes universitarias de entre 18 y 40 años, reveló que el 40 % había tenido en algún momento una fantasía en la que eran «dominadas o obligadas a rendirse». Este porcentaje era inferior al de la población que había tenido fantasías en las que imaginaba «mantener relaciones sexuales en un lugar público o semipúblico» (57 %), pero superior al número de personas que había tenido fantasías en las que se imaginaba «como bailarina de striptease, chica de harén u otra artista» (35 %). La población que declaró haber tenido estas fantasías y que era «muy propensa a llevarlas a cabo» era del 6 %. Entre las mujeres que afirmaron haber tenido una fantasía de violación en el pasado, la frecuencia media de su experiencia era de tres veces al mes.

Por el contrario, un estudio publicado en The Journal of Sex Research en 2009, basado en una encuesta a 355 estudiantes universitarios, de los cuales el 81 % tenía entre 18 y 21 años, indicaba que «el 62 % de las mujeres había tenido una fantasía de violación». Se descubrió que, de toda la población muestreada, el 32 % no había tenido una fantasía de violación, el 49 % había tenido una fantasía de violación una vez al mes o menos, y el 14 % había tenido fantasías de violación una vez a la semana o más.

En un estudio más reciente realizado entre más de 4 000 estadounidenses, el 61 % de las mujeres encuestadas había fantaseado con ser obligadas a tener relaciones sexuales; por su parte, la cifra era del 54 % entre los hombres.

Juego de roles Una forma de juego de roles sexuales es la fantasía de violación, también llamada «violación» o «juego de roles sexuales forzados».Gold, Steven R.; Balzano, Bill L.; Stamey, Robin (1991). "Two Studies of Females' Sexual Force Fantasies", en Journal of Sex Education and Therapy, 17 (1), pp. 15–26. En los círculos BDSM (y ocasionalmente también fuera de ellos), algunas personas optan por representar escenas de violación, siendo la comunicación, el consentimiento y la seguridad elementos especialmente cruciales. Aunque el consentimiento es un componente crucial de cualquier juego de rol sexual,Klement, Kathryn R.; Sagarin, Brad J.; Lee, Ellen M. (2017). "Participating in a Culture of Consent May Be Associated With Lower Rape Supportive Beliefs", en The Journal of Sex Research, 54 (1), pp. 130–134. la ilusión de no consentimiento (es decir, la violación) es importante para mantener este tipo de fantasía. Por lo tanto, una palabra de seguridad es una medida de seguridad habitual, dado que las palabras que normalmente detendrían la actividad sexual (por ejemplo, «para») a menudo se ignoran en estas escenas. Bauer, Robin (2014). Queer BDSM Intimacies: Critical Consent and Pushing Boundaries. Springer, pp. 117–118. Continuar con el juego de roles sexuales después de haber utilizado una palabra de seguridad constituye una violación, ya que el uso de una palabra de seguridad indica la retirada del consentimiento.

Véase también Pornografía de violación

Referencias

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