El Canto XII de la Odisea de Homero, subtitulado «Las Sirenas, Escila, Caribdis, las Vacas del Sol» en la traducción clásica en prosa de Segalá,Homero. La Odisea: CANTO XII. Las Sirenas, Escila, Caribdis, las Vacas del Sol. Traducción de Luis Segalá y Estalella (1910). Vía Wikisource. es el libro que concluye el largo relato en primera persona de los Apólogos de Odiseo (apologoi) ante los feacios (cantos IX-XII); cantos que a su vez continúan y completan el relato en tercera persona iniciado en el

Los Apólogos constituyen un extenso retroceso temporal o analepsis que cronológicamente empieza y termina en Ogigia, la isla de la ninfa Calipso. Odiseo había llegado allí como náufrago solitario tras la destrucción de su última nave por la profanación de las vacas de Helios y siete años después continúa en el mismo lugar retenido contra su voluntad por la ninfa. Esta estructura crea un marco circular en torno a la estancia en Ogigia.

El episodio culmina en una hibris colectiva por la transgresión del ordenamiento divino compañeros sacrifican las vacas del que desata la ira del dios y naufraga la nave, quedando Odiseo como único superviviente.

Argumento En este canto, Odiseo y sus compañeros afrontan las últimas pruebas marítimas detalladas pormenorizadamente por Circe: Las Sirenas, que encantan a cuantos hombres van a encontrarlas (vv 37-54). Circe explica a Odiseo qué hacer para resistir su canto seductor. Después se verán ante el paso marítimo entre las Erráticas (Rocas Errantes, planktai) a un lado imposible navegación sin ayuda divina; sólo Jasón, protegido por Hera, lo logró en su nave y Escila y Caribdis al otro (vv 55-126). Odiseo elegirá el mal menor. La isla Trinacria, donde pacen las vacas y ovejas sagradas de Helios (el Sol), que deben respetarse estrictamente (vv. 127-141). Impulsados por el hambre y la arrogancia, los compañeros desoirán las advertencias de Tiresias y Circe y sacrificarán el ganado prohibido.

El episodio plantea tres importantes cuestiones: La tentación del conocimiento vano que ha de enfrentarse con autodominio intelectual y emocional (Sirenas). La existencia de lo inexorable que obliga a elegir entre males sin que quepa victoria ni derrota (Erráticas; Escila y Caribdis). La necesidad de atenerse a la ley respetando el orden frente a lo meramente instintivo (isla Trinacria).

Estructura y contenido Exequias de Elpénor. Vaticinios de Circe   Elpénor, que había quedado insepulto, recibe honras fúnebres. Circe alecciona detalladamente a Odiseo frente a los retos y peligros que vendrán. Las Sirenas   Odiseo sigue el plan: cera en los oídos de la tripulación y él atado al mástil. Oye el canto seductor pero pasa de largo. Escila y Caribdis   En el estrecho eligen el mal menor cerca de que se llevará a seis compañeros. De ese modo evitan ser todos aniquilados por Caribdis. Las vacas de Helios   Llegan a Trinacria. Odiseo cae en un sueño profundo. Hibris colectiva: Euríloco convence a todos de matar algunas de las vacas de Helios a pesar de la prohibición.

Exequias de Elpénor. Vaticinios de Circe

Dejan atrás la tierra de los cimerios para retornar a los dominios de Circe:

Por la mañana traen el cadáver del difunto Elpénor, aquel joven muerto en un accidente absurdo al despertar de una borrachera, que había quedado insepulto en la isla sin que nadie lo apercibiera entonces. Ahora celebran sus exequias en el lugar más eminente de la orilla. Queman el cadáver y las armas del difunto:

Entretanto Circe llega muy presto con criadas que traían pan, mucha carne y vino rojo, de color de fuego, ofreciéndoles hospitalidad y ayuda:

Comen y beben en abundancia. Cuando sobreviene la noche y descansan tranquilos, la veneranda Circe toma aparte a Odiseo para advertirle de los peligros que lo acechan. En primer lugar, las Sirenas: aquél que imprudentemente oye su voz ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos:

Tras las Sirenas se verán ante una disyuntiva: pasar junto a las Rocas Errantes (Πλαγκταί, Planktai) o cruzar entre Escila y Caribdis. La primera opción está absolutamente desaconsejada:

La otra opción, aunque temible, permitirá el paso, si bien pagando un alto precio: perderá a seis de sus hombres.

Aún queda una última prueba:

Acabado el coloquio la divina entre las diosas se internó en la isla; mientras, Odiseo y sus compañeros embarcan en la nave y parten con viento favorable que les envía Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de Mientras, a bordo Odiseo hace saber a sus compañeros qué deben hacer al oír las Sirenas:

El canto de las Sirenas

mini|Herbert James Draper, Ulises y las Sirenas. Cuando alcanzan la isla de las Sirenas cesó el viento numen adormeció las . Odiseo taponó con cera los oídos de sus compañeros y después se hizo atar al mástil. De la orilla provenía un dulce canto:

Odiseo pedía insistentemente con sus cejas que lo liberaran, mas fue atado con más fuerza aún:

Eso los salvó a todos de las Sirenas y pasaron indemnes:

Escila y la horrenda Caribdis

Al poco de dejar atrás la isla de las Sirenas percibieron fuerte estruendo de ingentes olas que amedrentaron a los hombres.

Odiseo los arenga:

Estaban cruzando un espantoso estrecho marino. A un lado, la monstruosa Escila de seis cabezas con bocas de tres filas de dientes; y al otro la horrible Caribdis, que tres veces al día «sorbía de horrible manera la salobre agua del mar» y después la vomitaba dejando oír «sordo murmurio, revolviéndose toda como una caldera que está sobre un gran fuego».

Circe había sido muy clara: Escila devoraría a seis de sus hombres, pero Caribdis los destruiría a todos. Odiseo no tenía otra opción que acercarse a la primera:

Las vacas del Sol. Hibris de Euríloco. Odiseo, náufrago y solo

Tras pasar aquel espantoso estrecho flanqueado por Escila y la «horrenda Caribdis» llegan a la isla de Trinacria griego de , «donde estaban las hermosas vacas de ancha frente, y muchas pingües ovejas del Sol, hijo de Hiperión»:

Con corazón afligido, Odiseo revela a sus compañeros el oráculo de Tiresias, que Circe le recordara. Durante el viaje de Odiseo a las fronteras del Hades (Canto XI), la Nekyia, «el eximio vate» Tiresias había advertido a Odiseo que «... si las dejares indemnes [a las vacas del Sol], ocupándote tan sólo en preparar tu vuelta, aún llegaríais a Ítaca, después de soportar muchas fatigas; pero, si les causares daño, desde ahora te anuncio la perdición de la nave y la de tus amigos»Deben huir de allí donde les aguarda «el más terrible de los infortunios»:

Pero se opone enérgico, respondiéndole con estas «odiosas palabras»:

«Conocí entonces que algún dios meditaba causarnos daño»:

En plena noche se desata una «tempestad deshecha». Durante un mes entero soplan incesantemente el Euro y el Noto del este y sur, que los obliga a refugiarse en «una profunda cueva, donde las Ninfas tenían asientos y hermosos lugares para las danzas».

Agotados todos los víveres, Odiseo se interna en la isla para implorar ayuda: «.. oré a todos los dioses que habitan el Olimpo, los cuales infundieron en mis párpados dulce sueño...»

Fue entonces cuando sus compañeros instigados por Euríloco echaron mano a las más excelentes vacas del Sol «de retorcidos cuernos y ancha frente»:

Degollaron las reses y las desollaron; cortaron sus muslos, los pringaron con gordura por uno y otro lado e hicieron libaciones mientras asaban los intestinos; y, dividiendo lo restante en pedazos muy pequeños, lo espetaron en los asadores.

Lampetia fue a decirle «al Sol, hijo de Hiperión» que habíamos dado muerte a sus vacas. Inmediatamente el Sol, «con el corazón airado», habló a los inmortales pidiéndoles castigar a los compañeros de Ulises Laertíada o, de lo contrario, descendería a la morada de Plutón para «alumbrar a los muertos». Si no hay castigo, Helios amenaza con dejar de salir con su carro solar y el mundo de los vivos quedará permanentemente a oscuras, sin luz ni calor, sin día. Un caos total para la humanidad y la naturaleza.

Odiseo, presa de profundo temor, se siente impotente. Suceden «prodigios»:

Durante seis días celebraron banquetes. EL séptimo día cesó la violencia del vendaval y se hicieron de nuevo a la mar. No anduvo la embarcación largo rato, cuando Zeus desató su ira:

Y Odiseo concluye su largo relato al rey Alcínoo:

Temas y comentarios El Canto XII desarrolla varios temas fundamentales de la épica homérica: Inteligencia y autodominio (métis)Las Sirenas representan la tentación de lo fácil. El héroe demuestra su astucia al hacerse atar al mástil: puede experimentar la tentación sin sucumbir a ella. Elección entre males: asumir pérdidas inevitablesEl episodio de Escila y Caribdis plantea un dilema. Odiseo debe elegir entre perder seis compañeros (Escila) o morir todos (Caribdis). Acepta el mal menor, una decisión que requiere madurez moral y liderazgo. Transgresión de las normas y castigoEl sacrificio de las vacas sagradas de Helios es un acto de hibris colectiva por instigación de Euríloco. El castigo (némesis) es inmediato y proporcional: Zeus destruye la nave y sólo Odiseo sobrevive. Destino y responsabilidad humanaAunque Tiresias y Circe habían advertido sobre las vacas de Helios, los compañeros eligen libremente desobedecer. El poema equilibra el destino inexorable con la acción humana: Odiseo está destinado a regresar a Ítaca, pero el camino depende de sus decisiones y las de sus hombres.

Lo inexorable y la necesidad de elegir el mal menor Ante fuerzas inevitables (destino, naturaleza, dioses) la condición humana se ve abocada a dilemas sin salida clara en los que en todo caso no hay victoria sin sacrificio. Las Rocas Errantes son un obstáculo absoluto, imposible, que obliga a Odiseo a encarar una disyuntiva: pasar navegando cerca de Escila o de Caribdis. Circe presenta esta elección como un límite insuperable para mortales sin intervención divina, donde la ruta de las Planktai equivale a destrucción inmediata (vv. 59-72), forzando al héroe a optar por el "mal menor" en el estrecho.

Las «Errantes» (Planktai) enfatizan el tema de los límites humanos sobrepasados. En ese caso la mētis no basta sino que hay que contar además con la intervención de los dioses Jasón logró pasar junto a ellas porque contó con el favor de Hera (Juno en traducciones romanas) explica El héroe homérico no es omnipotente: incluso Odiseo, paradigma de astucia, debe aceptar que ciertos peligros (como las Planktai) trascienden la capacidad humana y requieren favor divino, de modo similar a cómo los Argonautas superaron obstáculos míticos.

El dilema se resuelve con una decisión pragmática: Odiseo elige pasar cerca de Escila, sacrificando a seis compañeros para salvar al resto de la destrucción total por Caribdis (vv. 234-259). En contraste con la hibris colectiva que se vivirá en Trinacria, aquí Odiseo asume la realidad sin arrogancia reconocido los límites impuestos por el destino y los dioses, y acepta el sacrificio inevitable de algunos de sus hombres ante Escila para salvar al resto. Sin culpar a los dioses ni a la tripulación acepta el sufrimiento como parte del liderazgo. El héroe no puede cambiar el mundo; sólo elegir dentro de lo dado para vivir en él con dignidad.