miniaturadeimagen||Póster del Día Mundial de la Salud Mental en 2023. La cinta verde es el símbolo de la salud mental. La salud mental es, en términos generales, el estado de equilibrio social y conductual de una persona con su entorno sociocultural, que garantiza su participación social, capacidad de afrontar dificultades, percepción, juicio de la realidad y de sí mismo para alcanzar el bienestar y una buena calidad de vida.Organización Mundial de la Salud (2023). Salud mental: fortalecer nuestra respuesta. Disponible en: Comúnmente, y según la Organización Mundial de la Salud, se utiliza el término «salud mental» de manera análoga al de salud física, lo que quiere decir que no tiene sentido hablar de salud mental diferenciándola del concepto de salud física aunque sean ramas distintas.
Este concepto general se debe concretizar mediante la observación detallada del comportamiento de la persona en su vida diaria. La observación es una de las principales fuentes de información para conocer el estado de la salud mental en múltiples aspectos de la vida, como son, por ejemplo, el manejo de conflictos, resolución de problemas prácticos, competencias (efectivas, sociales e intelectuales), modo de asumir las responsabilidades, la adecuada manutención de las propias necesidades, la forma en que afronta sus propias tensiones, la riqueza y profundidad de sus relaciones interpersonales y la manera en que dirige su vida independiente. En todo caso, el acento estaría puesto en la salud de la persona antes que en sus deficiencias y enfermedades.
Es importante destacar que las enfermedades mentales no están relacionadas con disminución de la función intelectual de las personas. De hecho, algunas personas con enfermedades mentales pueden tener una inteligencia y un funcionamiento cognitivo normal o superior a la media. Sin embargo, es cierto que algunos trastornos mentales pueden afectar la capacidad de una persona para concentrarse, procesar información o tomar decisiones, lo que puede interferir en su desempeño cognitivo.Es esencial cuidar la salud mental mediante actividades como meditación, ejercicio, alimentación saludable, sueño adecuado y comunicación con seres queridos.
Importancia de la salud mental La salud mental se relaciona con el raciocinio, las emociones y el comportamiento frente a diferentes situaciones de la vida cotidiana. También ayuda a determinar cómo manejar el estrés, convivir con otras personas y tomar decisiones importantes. Al igual que otras formas de salud, la salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia hasta la edad adulta y la madurez.
De acuerdo con estadísticas de la OMS, los problemas de salud mental constituyen alrededor del 15 % de la carga mundial de la enfermedad. El déficit en la salud mental contribuiría a muchas enfermedades somáticas y afectivas como la depresión o la ansiedad. Estos trastornos constituyen la segunda causa de discapacidad prolongada a nivel mundial.
El tema de la salud mental, además, no concierne sólo a los aspectos de atención posterior al surgimiento de desórdenes mentales evidentes, sino que corresponde además al terreno de la prevención de los mismos con la promoción de un ambiente sociocultural determinado por aspectos como la autoestima, las relaciones interpersonales y otros elementos que deben venir ya desde la educación más primaria de la niñez y de la juventud. Esta preocupación no solo concierne a los expertos tales como psicopedagogos y psicólogos, sino que forma parte de las responsabilidades del gobierno de una nación, de la formación en el núcleo familiar, de un ambiente de convivencia sana en el vecindario, de la responsabilidad asumida por los medios de comunicación y de la consciente guía hacia una salud mental en el colegio y en los espacios de trabajo y estudio en general. En la actualidad la salud mental se encuentra saturada de prejuicios, lo cual llega a dificultar más el llamado por ayuda.
Aspectos psicológicos sanos Desde las teorías psicodinámicas se postula que la salud mental y los aspectos patológicos forman parte constitutiva de todo individuo. La constitución personal de cada sujeto implica capacidades o aspectos sanos y otros patológicos, siendo la proporción de los mismos variable entre personas. Así pues, según Wilfred Bion, la capacidad para tolerar la frustración sería una primera capacidad sana que permitiría al individuo en desarrollo el inicio del proceso de pensamiento y comprensión del mundo y de sí mismo. La función del pensamiento sería la base de la salud mental. Esta se ve favorecida por un ambiente interno de contención que permite tolerar la frustración e iniciar el desarrollo del aparato mental, la base de la salud mental.
Una de las muchas definiciones de salud mental dice que se trata de un estado de bienestar en el que el individuo es consciente de sus propias capacidades, contando con la habilidad de afrontar las tensiones de la vida cotidiana y trabajar de forma productiva.
En la mayoría de los países, los servicios de salud mental adolecen de una grave escasez de recursos, tanto humanos como económicos. La mayoría de los recursos de atención sanitaria disponibles se destinan hoy en día a la atención y el tratamiento especializados de los enfermos mentales y, en menor medida, a un sistema integrado de salud mental. En lugar de proporcionar atención en grandes hospitales psiquiátricos, los países deberían incluir la salud mental en la asistencia primaria, ofrecer atención de salud mental en los hospitales generales y crear servicios comunitarios de salud mental.
La promoción de la salud mental requiere implementar programas médicos, sociales y sobre todo gubernamentales con un mismo fin, promover la salud mental durante todo el ciclo vital, para garantizar una infancia mentalmente sana y evitar trastornos mentales en la edad adulta o en la vejez. Una manera importante de hacerlo será la prevención de la inestabilidad emocional.
La salud mental es, pues, un estado de bienestar psicológico y emocional que permite al sujeto emplear sus habilidades mentales, sociales y sentimentales para desempeñarse con éxito en las interacciones cotidianas.
Aspectos dimensionales de la anormalidad mental David Rosenhan y Martin Seligman en 1989 expusieron algunos elementos que caracterizan la anormalidad psicológica. Por su sentido común y lo parsimonioso de su explicación, algunos de estos elementos se describen, con la finalidad de hacer explícita la complejidad de la salud mental y enfermedad.
Sufrimiento: Es el “dolor del alma”, la falta de confort, el malestar que es consecuente, en algunos casos, debido a elementos biológicos, donde hay una causa física y una disfunción corporal; en otros, el dolor y el sufrimiento psicológico son derivados de ideas, eventos existenciales, recuerdos y otros aspectos que no son tangibles y referidos a aspectos actuales.
Conducta mal adaptativa: Es un aspecto efectivo y negativo que siente el individuo, la conducta se refiere a la parte conductual, es decir, a lo que hace. La adaptación describe la capacidad del individuo de interactuar con su medio ambiente, de afrontar los problemas de manera exitosa y de ajustarse y funcionar ante todo cambio dentro de las exigencias del entorno, si el cambio no es posible, se llega a un problema de adaptación teniendo conflictos con el entorno en el que se encuentra, entrando en un estado de frustración.
Pérdida de control: El control, en la salud mental, se refiere a la predictibilidad que a través del tiempo muestra una persona con respecto a su conducta. Connota la capacidad para anticipar la reacción de una persona conocida ante un evento determinado. Una persona con control de sí misma es muy predecible. Sin embargo, para que exista control, debe de actuar racionalmente y con un propósito. La pérdida es característica de la persona con carácter explosivo y se asocia con episodios de agresión, consecuentes a perder, si es así, un empleo de tiempo indefinido.
Interacción entre salud mental y salud física Es necesario no separar la realidad de la salud mental de la salud física. La relación que existe entre las enfermedades biológicas y las enfermedades mentales tienen una evidente conexión, como lo señala Benedetto Saraceno en el Simposio “Salud mental y física durante toda la vida” de la Organización Panamericana de la Salud (OPS):
En ese mismo simposio, la directora de la OPS, Mirta Roses Periago, presentó un informe estadístico acerca de los problemas mentales y morbilidad en el continente americano. Dice Roses que si en 1990 existía en América un número aproximado de 114 millones de personas con trastornos mentales, esa cifra aumentará en 176 millones para el 2010 y que lo preocupante es que tan sólo una minoría recibe tratamiento. Roses aseguró que según los diagnósticos que la OPS había realizado en México en personas con enfermedades mentales, el 80 % de los pacientes diagnosticados no habían recibido ningún tipo de atención en los 12 meses previos al realizado por la OPS. Además, añade Roses que una cuarta parte de la población adulta en América Latina y en Caribe ha sufrido de algún problema mental, que al menos cinco millones de personas sufren epilepsia y de estos sólo un 1,5 millones reciben algún tipo de atención.
Concepto de higiene mental Un antecedente del concepto de salud mental es el de «higiene mental», descrito por el psiquiatra estadounidense Clifford Whittingham Beers en 1908, quien fundó el Comité Nacional de Higiene Mental en 1909 y adelantó la campaña por los derechos de los enfermos mentales. Otro psiquiatra, William Glasser, describió la “higiene mental” en su libro “Salud mental o enfermedad mental”,“Mental Health” o “Mental Illness” (1961) siguiendo el diccionario de definiciones de higiene como “prevención y mantenimiento de la salud”.
Sin embargo, es necesario establecer un punto de diferenciación entre “salud mental” y “condiciones de salud mental“. La salud mental es lo que se trata de establecer en este estudio, mientras que las condiciones de salud mental se refieren al estudio de enfermedades mentales y al tratamiento médico posible y consecuente. Para esto último, “condiciones de salud mental”, los psiquiatras se basan con frecuencia en lo que se denomina el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) (de la Asociación Americana de Psiquiatría) o en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) (de la Organización Mundial de la Salud), así como en las siempre actualizadas guías como el “Proyecto de Algoritmo de Medicación de Texas” (TMAP) para diagnosticar y descubrir enfermedades y desórdenes mentales. Por lo tanto, la mayoría de los servicios prestados a la salud mental en general se encuentran normalmente asociados a la psiquiatría y no existen otras alternativas, lo que conlleva a un cierto límite, puesto que se asocia la salud mental con problemas psiquiátricos y se reduce con ello el concepto de las condiciones de salud mental y psicológicas.
Consideraciones culturales y religiosas La salud mental ha sido definida de múltiples formas por autores de diferentes culturas, por lo que el concepto de salud mental es una construcción social y cultural. Por esta razón, diferentes profesiones, comunidades, sociedades y culturas tiene modos diferentes de conceptualizar su naturaleza y sus causas, determinando qué es salud mental y decidiendo cuáles son las intervenciones que consideran apropiadas, aunque pueden definirse o determinarse algunos elementos comunes. Los conceptos de salud mental incluyen el bienestar subjetivo, la autonomía y potencial emocional, entre otros. Sin embargo, los estudiosos tienen a su vez diferentes contextos culturales y religiosos y diferentes experiencias que pueden determinar las metodologías aplicadas durante los tratamientos.