Martín Carrillo (Ciudad Real, ? - Huamanga, 1542) fue un militar español que actuó en la conquista del Perú y en las guerras civiles entre los conquistadores, militando en el bando almagrista. Fue uno de los que se conjuraron para asesinar a Francisco Pizarro. Nombrado por el rebelde Diego de Almagro el Mozo como maestre de campo, siguió a dicho caudillo en su marcha a la sierra peruana, hasta su derrota en la batalla de Chupas. Trató de esconderse pero fue capturado y condenado a la pena capital.

Biografía El cronista Pedro Cieza de León afirma que era natural de Ciudad Real. Es posible que fuera uno de los soldados almagristas vencidos en la batalla de las Salinas en 1538. Pero su primera mención en las crónicas ocurre en el contexto del asesinato del marqués-gobernador Francisco Pizarro. Fue uno de los que se conjuraron para cometer dicho crimen y se dice que tuvo un papel muy destacado en el mismo, pero lo más seguro es que su actuación se redujera a estar de reserva, listo para apoyar en caso de necesidad, mientras que Juan de Rada y un grupo de almagristas asaltaban Palacio de Gobierno y daban muerte a Francisco Pizarro. El cronista que discrepa de esta versión es el Inca Garcilaso de la Vega, quien incluye a Carrillo en el selecto grupo de los que asaltaron la casa de Pizarro y cometieron el crimen. izquierda|200px|miniatura|Asesinato de Francisco Pizarro. Martín Carrillo fue uno de los almagristas complotados contra el marqués-gobernador, pero hay discrepancia si fue uno de sus victimarios. Consumado el magnicidio, Diego de Almagro el Mozo fue proclamado gobernador, mientras que Martín Carrillo fue nombrado alcalde ordinario de Lima, junto con Francisco Peces.

Se unió después al ejército rebelde almagrista que marchó rumbo a la sierra. Almagro lo nombró como su maestre de campo. En Huamanga, Carrillo apresó a un soldado llamado Baltanás, al que acusó de desacato. Los amigos de Baltanás acudieron a socorrerle, armándose un alboroto. Almagro el Mozo intervino entonces, gritando que dejaran a Carrillo hacer justicia pues su cargo lo facultaba a ello. Este metió a Baltanás a su tienda y, temiendo que irrumpieran sus amigos para darle ayuda o exigir clemencia, ordenó a un esclavo negro que lo ultimara a estocadas.

Semejante crimen indignó al capitán Cristóbal de Sotelo, que era muy amigo de Baltanás. Temeroso Carrillo de una venganza, buscó la amistad del capitán García de Alvarado, que era el rival de Sotelo. Ya en el Cusco, se agravó la disputa entre ambos capitanes. García de Alvarado mató alevosamente a Cristóbal de Sotelo; a su vez, Almagro el Mozo se propuso eliminar a Alvarado, invitándole con engaños a su morada. En el camino, Alvarado se topó con Martín Carrillo, quien le advirtió de la real intención de Almagro. Pero Alvarado no le dio importancia y fue así como acabó siendo emboscado y asesinado por Almagro. Todas estas rivalidades sangrientas entre los almagristas amenguaron sus fuerzas y fue una de las causas de su derrota.

Almagro llamó después a Martín Carrillo y le pidió que olvidara todo lo ocurrido y que continuara a su servicio. Pero días después lo apresó, y dudando sobre lo que debía hacer con él, pidió consejo a un tal Idiáquez, que se hallaba en Arequipa. Este le respondió que no debía llevarlo consigo ni dejarlo atrás, es decir, que debía deshacerse de él. Pero Almagro optó por dejarlo libre. 180px|miniatura|Batalla de Chupas Fue así como Martín Carrillo llegó a pelear en la batalla de Chupas bajo las órdenes de Almagro el Mozo, contra las fuerzas realistas de Cristóbal Vaca de Castro (16 de septiembre de 1542). Se dice que fue uno de los que en plena lucha pidieron a gritos que se les matase por haber formado parte del grupo de los conjurados que asesinaron a Francisco Pizarro. Los almagristas sufrieron una derrota definitiva.

El Inca Garcilaso de la Vega dice que Martín Carrillo murió en el mismo campo de batalla y que su cuerpo fue descuartizado, cumpliéndose así su pena post mortem; lo mismo habría sucedido con otros almagristas como Martín de Bilbao y Bartolomé de Arbolancha, que eran sindicados como los asesinos de Francisco Pizarro. Otra versión más confiable afirma que Vaca de Castro, al no encontrar a Carrillo entre los muertos y prisioneros, averiguó sobre su paradero, enterándose de que lo tenía escondido el capitán Alonso de Cáceres, quien había difundido la falsa noticia de su muerte para protegerlo. Mandó entonces a buscarlo y una vez capturado, ordenó que lo descuartizaran y colocaran las partes de su cuerpo en un palo. Tal sentencia se debió a que Carrillo era sindicado como uno de los asesinos del marqués-gobernador Francisco Pizarro.

Véase también Diego de Almagro el Mozo Cristóbal de Sotelo García de Alvarado

Referencias

Bibliografía

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