250px|thumb|Portada de Las mocedades del Cid. Las mocedades del Cid es una obra teatral escrita por Guillén de Castro entre 1605La fecha post quem más autorizada actualmente es 1605 por ser la de publicación del Romancero e Historia del Cid de Juan de Escobar (Lisboa, 1605) que contiene varios romances utilizados directamente por Guillén de Castro como fuente de su obra. Véase:

Véase también en el prólogo a la edición de 1996 de Las mocedades de Rodrigo de Stefano Arata: y 1615 de carácter histórico-legendario, inspirada en el ciclo de romances sobre el Cid, cuyo tema principal es la gestación del héroe desde su mocedad hasta el máximo encumbramiento como gran guerrero, buen vasallo, perfecto cristiano y amante e hijo ejemplar.

Ha sido considerada tradicionalmente por la crítica como la obra cumbre de Guillén de Castro. La intriga desciende de una cadena que conecta la épica tardía de las Mocedades de Rodrigo y las crónicas alfonsíes con el romancero y de ahí se refunde en la tradición dramática de utilizar las leyendas históricas para crear un teatro nacional, labor que se debe tanto a Lope de Vega como a Guillén de Castro. Las mocedades del Cid representa ejemplarmente esta refundición de materiales legendarios, cronísticos y del romancero en la dramaturgia del Siglo de Oro.Mesonero Romanos ya hablaba del «buen instinto [de Guillén de Castro] de apoderarse de los asuntos históricos y caballerescos nacionales más propios para excitar la simpatía del público español, calcándolos sobre nuestros antiguos romanceros, e impregnándolos en su mismo colorido» en Dramáticos contemporáneos a Lope de Vega, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1951 (1ª edición de 1857), pág. XXIX. Apud Gemma Domingo Carvajal, op. cit., cap. II, pág. 39.

Esta obra gozó de difusión universal gracias a la versión que de ella hizo Pierre Corneille en Le Cid en 1636. El dramaturgo francés sigue de cerca la trama de Las mocedades, traduciendo versos enteros del autor español.Cfr. Francisco Ruiz Ramón, Historia del teatro español (Desde sus orígenes hasta 1900), Madrid, Cátedra, 1988, pág. 178. La tragedia de Corneille ha sido el punto de partida de posteriores recreaciones literarias, musicales y fílmicas.

Sinopsis 250px|thumb|La primera hazaña del Cid obra de Juan Vicens Cots. En ella Rodrigo presenta a su padre Diego Laínez la cabeza del Conde Lozano. El tono de la escena sería inimaginable en el Siglo de Oro. Rodrigo, admirado por la infanta Urraca y doña Jimena, es armado caballero con todos los honores por el rey Fernando I de Castilla. Poco después, el ya anciano padre de Rodrigo, Diego Laínez, sufre la afrenta deshonrosa de una bofetada por parte del arrogante conde Lozano, padre de Jimena. Diego Laínez pide a su hijo que limpie su honra matando al conde Lozano. El joven Rodrigo lo hace, con lo que arruina la posible unión con Jimena, pese a que ambos se saben enamorados.

Rodrigo va a casa de Jimena y le ruega que le quite la vida vengando con ello a su padre, pero la joven es incapaz de hacerlo. Sin embargo, la influencia de Jimena ante el rey provoca que Rodrigo sea castigado y parte a buscar fortuna ganando batallas ante cuatro reyes moros, que lo reconocen como «mio Cid», esto es «mi señor». Uno de los reyes musulmanes es enviado como heraldo ante el rey de Castilla y el propio Fernando I adopta para el Cid este apelativo.

Continúa Jimena pidiendo castigo para el Cid y sus quejas se expresan con los versos del «romance de doña Lambra», plagado de imágenes líricas que comparan al Cid con un gavilán y a ella con una paloma. Mientras tanto el Cid ha emprendido peregrinación a Santiago, a quien ofreció sus victorias. En una escena en la que el de Vivar aparece con un rosario en la mano es puesto a prueba por un leproso que al cabo resulta ser san Lázaro. El santo le insufla su aliento divino y predice su futuro como héroe invicto y ganador de batallas después de muerto. El mismo Lázaro le ordena volver ante el rey por un asunto urgente, pues el rey de Aragón ha enviado a su campeón para defender en combate singular la plaza de Calahorra. El vencedor de la justa obtendrá, además, la mano y dote de Jimena. El Cid vence y se consuma la unión con Jimena y el encumbramiento del héroe castellano.Ambos episodios, la aparición del santo como leproso durante el peregrinaje a Santiago en preparación para el combate singular por Calahorra, se recogen también en la cuarta parte de la Crónica de España que mandó componer el sereníssimo Rey don Alfonso llamado el Sabio, recopilada o compuesta por Florián de Ocampo y publicada en 1541 (en Zamora, por Agustín de Paz y Juan Ricardo, a costa de Juan de Spinosa, mercader de libros), y en numerosas ediciones sucesivas.

Estructura Jornada I Jornada II Jornada IIIRodrigo es armado caballero con todos los honores (v v. 1-129)la cita de versos refiere siempre a la edición de Stefano Arata, Las mocedades del Cid. Comedia primera, Barcelona, Crítica, 1996 (Biblioteca Clásica, 59). ISBN 84-7423-767-XQuejas de Jimena pidiendo justicia al rey ( v v. 866-1037)Urraca renuncia al amor del Cid y se queja de su hermano Sancho al rey (v v. 1821-1926)Consejo real. Afrenta del conde Lozano a Diego Laínez (v v. 130-305)Rodrigo va a casa de Jimena y le ofrece su cabeza (v v. 1038-1208)Carta del rey de Aragón por la disputa de Calahorra (v v. 1917-1972)Diego Laínez pide a Rodrigo que limpie su honra mancillada (v v. 306-517)Diego Laínez reúne una mesnada y Rodrigo parte a ganar cinco batallas (v v. 1209-1284)Tercera queja de Jimena que ordena pregonar que se casará con quien traiga la cabeza del Cid (v v. 1973-2114)Monólogo de Rodrigo (v v. 518-585)Galanteo de Rodrigo y Urraca en la casa de campo (v v. 1285-1428)El Cid peregrino a Santiago. Encuentro con el leproso/san Lázaro (v v. 2115-2358)Rodrigo mata al conde Lozano (v v. 586-865)Victoria sobre cuatro reyes moros (v v. 1429-1516)Consejo real sobre la disputa de la plaza de Calahorra (v v. 2359-2458)Premonición de su propia muerte del infante Sancho (v v. 1517-1626)Desafío de Martín González, embajador del rey de Aragón (v v. 2459-2718)Embajada de los reyes moros vasallos del Cid al rey Fernando (v v. 1627-1712)Reparto del reino entre los infantes (v v. 2719-2894)Segunda queja de Jimena al rey y destierro del Cid (v v. 1713-1820)Desenlace. Llega el Cid, vence a Martín González y se casa con Jimena. (v v. 2894-3004)

Fuentes La base principal de la primera comedia de Las mocedades del Cid la constituye el ciclo de romances que recreaba los episodios de la vida del Cid. Guillén de Castro refunde al menos doce (otros muchos son tenidos en cuenta) y los integra en la obra manteniendo muchos de sus versos, con lo que los romances insertos eran perfectamente reconocibles por el espectador de la época.

Si los romances constituyen el material fundamental del contenido de la pieza dramática, una segunda fuente en importancia la constituyen las refundiciones cronísticas impresas en el Siglo de Oro, si bien no se ha podido determinar si el autor las manejó como fuentes directas. Pudo haber, además romances o crónicas que no han llegado hasta nosotros. En cualquier caso el contenido de las crónicas le aportan aspectos relacionados con la cohesión estructural entre las distintas secuencias construidas, las más de las veces, en torno a la adaptación de un romance bien conocido.

En dos casos: la embajada de Martín González en nombre del rey de Aragón (vv. 2379 y ss.) y el encuentro entre Rodrigo y su padre (vv. 1254 y ss.), hay detalles extraídos del cantar de las Mocedades de Rodrigo, sin que se hayan podido documentar fuentes intermedias.Véanse las notas a los versos 1254 y 2359 y sus comentarios complementarios en las págs 52 y 160 (notas ad hoc) en la edición citada de Stefano Arata. No parece probable, empero, que Guillén de Castro tuviera acceso al texto del viejo cantar, y pudo conocer estos episodios por haber sido desgajados en romances hoy perdidos o refundiciones posteriores de la gesta que no han llegado hasta nosotros.

Mucho menor es la posible influencia de la épica culta renacentista en la que solo el poema Los hechos del Cid pudo prestar algún elemento, aunque este supuesto está puesto en duda por la crítica más reciente.Cfr. «Prólogo» a la ed. de S. Arata, op. cit., págs. L-LI.

Épica y crónicas La génesis de las leyendas desarrolladas en torno a las mocedades o juventud del Cid están atestiguadas al menos desde la segunda mitad del siglo XIII en alusiones al héroe de crónicas medievales que tratan del reinado de Fernando I el Magno desde época alfonsí.

El primer relato completo de una leyenda ya conformada, no obstante, aparece a comienzos del siglo XIV y de él dan testimonio la Crónica de Castilla (o Crónica de los reyes de Castilla) y la Crónica de 1344. Este material narrativo no se basa en crónicas anteriores, sino que son la prosificación de una cantar de gesta perdido conocido como *Gesta de las mocedades de Rodrigo y su datación se sitúa hacia 1300. Posteriormente refundido por un clérigo da lugar en 1360 a las Mocedades de Rodrigo, del que conservamos 1164 versos.

Sin embargo los escritores del Siglo de Oro no conocieron las crónicas ni los cantares de gesta, que no tuvieron difusión escrita hasta los comienzos de la Filología en el siglo XIX. La recepción de las mocedades del joven Rodrigo se debe a refundiciones de crónicas impresas en el siglo XVI y al romancero, tanto viejo como nuevo.

Entre las compilaciones de crónicas impresas que contienen la materia cidiana destaca la Crónica particular del Cid, impresa en Burgos en 1512 y que se basa en el relato que ofrece la Crónica de Castilla, que a su vez está tomado, en lo que respecta a la juventud del héroe, de la *Gesta de las mocedades de Rodrigo perdida. Esta crónica tuvo varias ediciones en el siglo XVI. Se presenta como un relato unitario que unifica una biografía del Cid a partir de esta crónica y reconstruye todas las etapas legendarias de su vida: las mocedades de Rodrigo, para el periodo de formación con Fernando I; la etapa del cerco de Zamora, para su servicio como alférez en la corte de Sancho II de Castilla y las refundiciones cronísticas a partir del periodo narrado en el Cantar de mio Cid para la madurez del héroe. Otra crónica impresa muy reeditada —diecinueve veces entre 1494 y 1618— es la Crónica popular del Cid, basada en un compendio de crónicas titulado Crónica de España abreviada, de mosén Diego de Valera.

El otro texto cronístico de importancia en la difusión de la leyenda del Cid es la Crónica de España (1541), del cronista real Florián de Ocampo, llamada por ello también Crónica ocampiana. Se trataba de una prolija compilación de crónicas que en la época se consideraba directamente redactada por Alfonso X, por lo que se le daba gran credibilidad. Su versión de las mocedades coincide casi en todo con la de la Crónica particular del Cid.

Caso distinto es el de la presencia en la obra guilleniana del poema épico culto renacentista de Diego Jiménez de Ayllón Los famosos y heroicos hechos del invencible y esforzado caballero, honra y flor de las Españas, el Cid Ruy Díaz de Vivar, publicado en 1568 y reeditado en 1579, conocido como Los famosos hechos del Cid o simplemente, Los hechos del Cid; un poema ariostesco y caballeresco escrito en octavas reales. Algunas situaciones de la comedia de Guillén de Castro remiten a episodios análogos de Los famosos hechos del Cid, sobre todo en los ámbitos palaciegos del conflicto entre Rodrigo y el Conde.

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