miniaturadeimagen|Foto después de la explosión del polvorín de San Fernando en la ciudad de Palma de Mallorca en 1895 La explosión del polvorín de San Fernando en Palma de Mallorca, el 25 de noviembre de 1895, fue una catástrofe en una instalación militar dedicada al almacenamiento de municiones que causó la muerte de casi un centenar de personas -casi todas mujeres niñas o adolescentes- y numerosos heridos, además de un considerable daño material. Fue un trágico símbolo en la reclamación de los derechos laborales y la explotación infantil en Mallorca y uno de los más graves de todo el país.
1. Contexto histórico
1.1. El polvorín de San Ferrán El polvorín de San Ferrán era un depósito de municiones ubicado en una fortificación -en forma de revellín- adosado a las antiguas murallas de la ciudad que rodeaban Palma hasta principios del cuando fueron casi totalmente demolidas. Durante el , este tipo de instalaciones eran comunes en España debido a las tensiones internacionales y las amenazas constantes a la soberanía del país. El polvorín almacena pólvora y explosivos esenciales para el ejército, pero también representa un gran riesgo si no se manipula o almacena el material adecuadamente.
1.2. El clima político y social de la época A fines del , España atravesaba un período de tensiones internas, como la Guerra de Independencia de Cuba, que más tarde desembocaría en la pérdida de las últimas colonias españolas con la guerra hispano-estadounidense de 1898. La situación política estaba marcada por la inestabilidad y la incapacidad del gobierno central para abordar diversos problemas económicos y sociales. El incremento del dinero circulante emitido por el Banco de España para financiar la guerra y la consiguiente depreciación de la peseta, unido a una inflación, menguaban el poder adquisitivo de la población que además debía abonar mas impuestos para financiar el conflicto
La explosión del polvorín fue, en cierto modo, reflejo de la precariedad laboral, la explotación infantil y la precariedad de las infraestructuras de defensa en un contexto de escaso presupuesto y falta de modernización del país.
1.3. Condiciones laborales y trabajo infantil en el contexto del desastre A finales del , la ciudad de Palma —al igual que gran parte de España— se encontraba marcada por condiciones laborales precarias, bajos salarios y una presencia significativa de trabajo infantil en los sectores más pobres. Aunque los polvorines eran instalaciones militares y, en teoría, su personal estaba formado por soldados y empleados del ejército, existía actividad laboral indirecta que sí implicaba mano de obra civil, incluidos jóvenes que realizaban tareas auxiliares o de transporte para las instalaciones castrenses o en industrias próximas que también resultaron afectadas por la explosión.
La explosión afectó especialmente a los barrios humildes situados cerca del polvorín, donde vivían familias trabajadoras con alta presencia de menores empleados en oficios manuales. Además, muchas familias dependían de ingresos precarios y la destrucción de viviendas y talleres supuso un doble golpe económico para quienes ya vivían en condiciones de vulnerabilidad.
1.4. Trabajo infantil en la Palma del Los menores participaban de manera habitual en trabajos manuales, como talleres artesanales, fábricas de curtidos y textiles, tareas agrícolas, trabajos de carga y descarga en áreas periurbanas, servicios auxiliares para instalaciones militares y otros trabajos donde abundaba la mano de obra barata.
La ley Eduardo Benot de 1873 durante la Primera República, fue un primer intento de regular el trabajo infantil en España, pero apenas se cumplió. El control institucional era muy limitado y los menores seguían trabajando jornadas largas y en entornos peligrosos. Parte del articulado de la ley fue incluido, ampliado o completado en leyes posteriores, principalmente por la ley de 28 de julio de 1878 sobre el trabajo peligroso de los niños, y la ley de 3 de marzo de 1900, que fijaba expresamente la edad mínima para acceder al trabajo en diez años, desarrollada por Eduardo Dato.
2. La explosión
2.1. Fecha y circunstancias del desastre El empresario Gabriel Padrós Costa había conseguido mediante subasta pública del ejército un contrato para inutilizar inutilizar armamentos obsoleto con la extracción de la pólvora de los cartuchos.
utilizar la pólvora con el objetivo de venderla posteriormente a una empresa de Barcelona, por lo que instó a sus trabajadores a que la dejaran en cubos. El empresario además, no contrató el suficiente personal especializado para poder realizar dichas tareas. Para mejorar los beneficios, el empresario contrato con bajos salarios sobre todo a mujeres niñas o adolescentes para vaciar los cartuchos sin precauciones ni condiciones de seguridad en lo que era una tarea muy peligrosa. Decenas de personas vaciaban los cartuchos -impregnándose de pólvora- para después depositar la pólvora en latas o cajones.
La explosión tuvo lugar el 25 de noviembre de 1895 a la una y media de la tarde, en un momento en que las instalaciones del polvorín estaban al máximo de su capacidad. Se desconoce con exactitud la causa del incidente, aunque se cree que pudo haber sido un error humano o un mal manejo de los explosivos. Lo cierto es que el estallido fue devastador y se sintió en toda la ciudad, causando daños a edificios cercanos y afectando a miles de personas. La tragedia fue tal que cayó sobre las calles cercanas una lluvia de restos humanos. El incendio posterior que prendió en el polvorín de San Ferrán amenazó con extenderse a otro polvorín situado en el cercano baluarte de Santa Margalida.
Diferentes medios regionales y nacionales recogieron en sus crónicas tal desastre.
El doctor en Historia Antoni Vidal Ferrando, en el diario Última Hora el 24 de noviembre de 2025 citaba:
2.2. Víctimas El número de muertos varió según las fuentes, pero se estima que casi un centenar de personas perdieron la vida: la mayoría mujeres y niños contratados ya que cobraban los salarios mas bajos- y muchos más resultaron heridos. Los restos humanos, muchos mutilados o chamuscados por la fuerza de la explosión, se enterraron en una fosa común del cementerio de Palma. Por ejemplo, el diario Las Baleares de Palma dirigido por el político y periodista republicano Benet Pons i Fàbregues en la publicación de la crónica local del día después que titulada La Catástrofe, daba parte de la dureza del desastre.
La tragedia dejó una gran impresión en la comunidad local, y las secuelas del desastre se sintieron durante años. Muchas ciudades españolas participaron en los donativos para socorrer a las familias afectadas. Empezando por la reina regente María Cristina y el presidente Antonio Maura.
2.3. Daños materiales Además de las pérdidas humanas, la explosión causó graves daños materiales en las viviendas cercanas, así como en la infraestructura urbana de la ciudad. Muchas familias se vieron desplazadas y la ciudad de Palma se enfrentó a una reconstrucción costosa.
3. Causas y consecuencias
3.1. Posibles causas de la explosión Aunque no existe un consenso claro sobre la causa exacta de la explosión, se han sugerido varias teorías. Algunas fuentes indican que un error en la manipulación de los explosivos podría haber sido el desencadenante. Otros estudios sugieren que una negligencia en el mantenimiento de los sistemas de seguridad y almacenamiento también podría haber contribuido al desastre.
3.2. Repercusiones Tras el desastre, las autoridades españolas llevaron a cabo una investigación para determinar las causas y responsabilidades. A nivel local, la explosión llevó a una revisión de las medidas de seguridad en las instalaciones militares, no solo en Palma, sino en otras ciudades . La tragedia también aceleró las reformas en el sistema de defensa y en la gestión de los materiales peligrosos en el ejército.
El empresario Padrós fue acusado de homicidio involuntario por negligencia y fue juzgado en dos procesos judiciales, uno civil y otro militar. El primero le obligó a indemnizar a las familias damnificadas y el segundo le condenó a tres años y tres días de prisión y pagar 1.000 pesetas por cada muerto.
El mismo día de la tragedia, el alcalde de Palma envió un telegrama al ministro de la Gobernación para pedir auxilio económico para las familias afectadas. El diario Las Baleares publicaba la respuesta tildando el mensaje como negativa mas descarnada, mas burocrática y fría, trasladando toda responsabilidad al municipio afectado y a la Diputación, según citaba: “No habiéndose consignado ninguna cantidad para calamidades públicas y no habiendo medio de arbitrar crédito en este momento”.
4. Relevancia histórica Hoy en día, la explosión del polvorín de San Ferrán se recuerda como uno de los grandes desastres de la historia de Palma de Mallorca. El polvorín se encontraba donde ahora se encuentra la plazoleta de la calle Cecilio Metelo de Palma. Allí, durante la Segunda República, se erigió un monumento por parte del Ayuntamiento en 1934 para recordar a las víctimas. En el cementerio de Palma el mismo año se colocó una placa en la fosa común donde los accidentados fueron enterrados.
El sindicato UGT lo recuerda como uno de los accidentes laborales más sangrientos de los registrados en todo el país.
Bibliografía
Escafi y Vidal, Domingo: "Apuntes sobre la catástrofe del rebellín de San Fernando en lo que atañe a las ciencias médicas leídos en el Colegio Médico-Farmaceútico de Palma de Mallorca", en Palma de Mallorca, 1897. Huguet i Amengual, Joan : "El Record d'una tragèdia - Explosió al polvorí de Sant Ferran", en Palma de Mallorca, 2008.
Referencias
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