La noción de hidrofeminismo es una propuesta teórica que analiza las relaciones entre feminismo y agua. La particularidad de esta noción radica en que puede pensar los vínculos existentes entre los seres vivos, el medio y natural, así como en la manera de resistir a la explotación de los recursos naturales.

Características principales El hidrofeminismo, desarrollado por Astrida Neimanis, considera el agua no como un elemento inerte sino como un modo de relación entre los seres vivos, de contar, en especial, historias, recuerdos, puesto que conserva una historia a partir de la cual se produce el contacto entre el pasado (historia), el presente (revolución) y el futuro (posibilidad). Tal como lo es el cuerpo humano, el agua no es una materia inerte, sino que remite a las historias, las transformaciones del clima, los seres vivos. Por eso la autora pone el foco en cómo los fluidos y el agua producen relaciones y a la vez producen cuerpos, vida, sociedades, pero también son formas de resistencia ante los modelos extractivistas.

El agua como principio de conexión y corporalidad El hidrofeminismo es una teoría que considera el agua como un cuerpo en constante transformación, que actúa como un vínculo vital entre todos los seres vivos, pero que además guarda y reconstruye las historias. Así, el agua como conectora se asocia también al cuerpo, que ya no es simplemente un cuerpo compuesto de agua, sino un cuerpo de agua, que conserva las memorias y está en permanente evolución.

Neimanis afirma que no somos simplemente cuerpos compuestos de agua, sino que somos cuerpos de agua. A diferencia de la visión occidental, donde los cuerpos se conciben como individuales, cerrados y controlados, ella sostiene que en realidad los cuerpos están conectados con la naturaleza, pues son porosos y se encuentran en constante relación con el mundo. Así, según Neimanis, lo que le sucede a la naturaleza también puede sucederle al cuerpo, como la contaminación, la polución o la degradación.

Politización de los cuerpos y de sus fluidos y ecodependencia Los cuerpos son aquí considerados como acuosos por naturaleza, lo que redefine casi de inmediato los conceptos y las prácticas feministas, ya que cuestiona la visión patriarcal del cuerpo como algo cerrado, controlado y autónomo.

Así, al ser vistos como porosos, los cuerpos femeninos, al igual que la explotación de los recursos naturales, se ven afectados de manera desproporcionada por el extractivismo, especialmente en las comunidades rurales. Neimanis propone, entonces, redefinir a toda la humanidad desde el prisma del agua, reconociendo la interdependencia entre los seres humanos y los no humanos ante crisis como el estrés hídrico.

El hidrofeminismo busca crear nuevas formas de comprender y de vincular a los seres humanos con el agua a través del arte y otras disciplinas.

Origen y desarrollo El hidrofeminismo es una noción que aparece a partir de la década del 2010 como resultado de la confluencia de lo posthumanismo y los estudios feministas de la ecología. Su origen se hallaría en los marcos conceptuales del ecofeminismo, la fenomenología y el nuevo materialismo. Desde estas perspectivas se propone entender a la materia, especialmente al agua, como una materialidad viva, relacional, con potencia y con memoria. Astrida Neimanis es la principal teórica de la disciplina, aunque dialoga de muchas maneras con las reflexiones de Donna Haraway y Paula Montecinos Oliva, quienes han explorado las concepciones del hidrofeminismo en las prácticas artísticas y de investigación-creación. El hidrofeminismo se ha diseminado en la filosofía, las artes y los estudios culturales como una forma de habitar el mundo distinto.

Urgencia hídrica Según Neimanis, aunque el cuerpo fluido no pertenece únicamente a las mujeres, la corporeidad acuática sigue siendo una cuestión profundamente feminista. La autora reflexiona sobre la importancia de imaginar cómo un cuerpo hecho de agua puede impregnar nuevas prácticas feministas en nuestra forma de existir. Esta reflexión surge de la urgencia de la situación del agua, que podría provocar el desplazamiento de millones de personas en los próximos años. Ante la escasez creciente de agua potable, la autora propone analizar el problema tanto a nivel nacional como cultural.

Principales autores y influencias La teoría del hidrofeminismo de Astrida Neimanis propone la idea del agua como un cuerpo en constante cambio que conecta a todos los seres y archiva todas las historias. Según Neimanis, el hidrofeminismo también consiste en imaginar nuevos horizontes artísticos, pensando desde el agua, para reducir las distancias simbólicas que parecen separar a los seres humanos de ella y crear nuevas formas de comunidad. Esto permitiría redefinir lo que entendemos por humanidad y reconocer la ecodependencia del ser humano con el agua, una comunidad acuosa en la que las fronteras entre los cuerpos humanos y los fluidos hídricos tenderían a desaparecer.

Según Claire Mercier, todos los seres vivos están conectados por el agua. La autora propone una visión posthumanista y ecofeminista en la que el agua cuestiona las divisiones tradicionales entre naturaleza y cultura, y entre cuerpo y entorno. Aquí, el agua representa un cuerpo común y relacional, una continuidad material con el mundo y con los demás seres vivos. Sus estudios se basan en distopías latinoamericanas que critican el extractivismo patriarcal y plantean comunidades donde el agua encarna la interdependencia de lo vivo, así como una forma de resistencia colectiva ante la crisis ecológica.

Manuel Santana Hernández analizó el cuento hidrofeminista de Andrea Chapela Como quien oye llover y nos permite así comprender la perspectiva de la autora. Aquí, Chapela reflexiona visiblemente sobre la relación entre los cuerpos humanos, el medio ambiente y las estructuras de poder. El hidrofeminismo es un medio de crítica, que imagina futuros alternativos frente a la crisis ecológica y social y cuestiona las jerarquías entre naturaleza y cultura, entre lo humano y lo no humano. El agua simboliza aquí la interconexión, la fluidez y la transformación. Según Manuel Santana Hernández, la teoría del hidrofeminismo parte de la idea de la desvalorización histórica de los océanos frente a la Tierra y refleja la discriminación de las mujeres con respecto a los hombres. También reivindica el papel político de las mujeres, la creación de nuevas infraestructuras y relaciones entre los seres humanos y el agua, a través de una perspectiva feminista acuática.

Paula Montecinos Oliva Brinda aporta una nueva dimensión a la teoría hidro-feminista, ya que no sólo es una teoría filosófica, sino que también se transforma en una verdadera práctica de investigación asociada a la creación artística, sobre todo en el ámbito de la danza contemporánea. El cuerpo aquí se convierte en un verdadero productor de saber, que no se encuentra disociado del entorno, sino que realmente está en él, atravesado por flujos en resonancia permanente con el agua. El hidro-feminismo es, por lo tanto, una manera pura de habitar el mundo y de investigarlo a través del movimiento.

Relación con otros movimientos

Ecofeminismo El hidrofeminismo está ligado a las cuestiones de resistencia descolonial y ecológica, ya que la teoría cuestiona la explotación de los recursos naturales, pero también de los cuerpos (ya sean humanos, y por lo tanto, especialmente femeninos o animales). A partir de aquí surge la idea de que los fluidos y los cuerpos vivos deben ponerse por encima de la producción.

El hidro-feminismo se sitúa dentro del marco del nuevo materialismo al desdibujar el pensamiento occidental que consideraba la materia pura y dura como una realidad inerte, subordinada al pensamiento humano. En este sentido, el agua es entendida como un principio vivo y relacional, reponiendo la capacidad de la materia para actuar y tener efectos, y en su lugar comprendiendo la materia como una red de relaciones entre lo humano y lo no humano. La materia acuosa no es el mero soporte de la vida, el simple principio de la vida.

Feminismo descolonial El hidrofeminismo es una extensión ecológica del feminismo descolonial, ya que las mujeres de las comunidades locales, la mayoría de ellas rurales o indígenas, se hacen cargo del agua como forma de denunciar las desigualdades, reconstruir las redes comunitarias y proteger por último, la espiritualidad asociada al agua. Tanto el feminismo descolonial como el hidro-feminismo aprecian la noción de que todos los cuerpos están conectados y que la vida debe organizarse sobre todo en torno a la reciprocidad y no a la dominación.

Referencias

Categoría:Ecofeminismo Categoría:Agua en la cultura