Las intervenciones de Estados Unidos en el Caribe y Latinoamérica han sido una constante histórica, adaptándose a los intereses estratégicos, económicos y geopolíticos de Washington. Desde la doctrina Monroe en el hasta las operaciones contemporáneas contra el narcotráfico, la migración irregular y la influencia de potencias extranjeras, el Caribe ha sido considerado por Estados Unidos como una zona de alta prioridad hemisférica.
Antecedentes históricos miniaturadeimagen|Caricatura promocional de la Doctrina Monroe, de 1905 en la que aparece Theodore Roosevelt.
La doctrina Monroe, formulada en 1823 por el quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, y su secretario de Estado, John Quincy Adams, se estableció como un pilar fundamental de la política exterior estadounidense. Su principio rector se resumió en la célebre frase "América para los americanos", que contenía tres postulados esenciales: en primer lugar, se rechazó de manera explícita cualquier intento de las potencias europeas de intervenir militarmente contra las naciones americanas recién independizadas, así como de establecer futuras colonias en el continente (No Intervención y No Colonización); en segundo lugar, se advirtió que cualquier acción europea destinada a extender su sistema político o influencia en el hemisferio occidental sería interpretada por Estados Unidos como una amenaza directa a su propia paz y seguridad (Agresión Directa); y finalmente, Estados Unidos se comprometía a no involucrarse en las disputas o guerras internas de las potencias europeas (Aislamiento Recíproco). Esta doctrina posicionó a Estados Unidos como el garante y protector teórico del hemisferio occidental. A pesar de su tono firme, en su origen, la declaración no comprometía legalmente al país a una acción militar específica, siendo principalmente una advertencia política emitida en un momento en que la propia nación carecía de un poderío naval significativo. El surgimiento de la doctrina Monroe estuvo intrínsecamente ligado al contexto geopolítico europeo, particularmente la formación de la Santa Alianza (1815), integrada por los imperios de Rusia, Austria y Prusia, cuyo objetivo era restaurar las monarquías absolutas. Ante el temor a que estas potencias europeas pudieran regresar al continente americano y, motivada también por su propio interés comercial (dado que Gran Bretaña mantenía un floreciente intercambio con las nuevas repúblicas hispanoamericanas), Gran Bretaña decidió apoyar la postura estadounidense. El Reino Unido buscó una alianza informal, respaldando la aplicación efectiva de la Doctrina mediante el peso de su poderío naval, que era determinante en el y que servía como una defensa efectiva contra cualquier intento de intervención por parte de las demás potencias.“Los continentes americanos, por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”. “Consideraríamos peligroso para nuestra paz y seguridad cualquier intento por su parte de extender su sistema a cualquier parte de este hemisferio” – James Monroe, Séptimo Mensaje Anual al Congreso de los Estados Unidos (2 de diciembre de 1823).Con el paso del tiempo, la doctrina Monroe trascendió su propósito original de defensa continental. Esta declaración se convirtió en el fundamento de una política exterior que, aunque inicialmente buscaba proteger a las repúblicas americanas, derivó en una estrategia de expansión e influencia. En la práctica, sirvió para proteger los intereses económicos y geopolíticos tanto de Estados Unidos como de Gran Bretaña en el Hemisferio Occidental. Esta interpretación más amplia de la doctrina justificó intervenciones políticas, militares y económicas directas en diversos países de América Latina. A raíz de estas intervenciones y la constante influencia de Washington en sus asuntos internos, la región llegó a ser peyorativamente conocida como el "patio trasero" de Estados Unidos. “Inglaterra y Estados Unidos nos protegen” – Simón Bolívar, 1824Inicialmente, esta doctrina fue bienvenida por varios líderes latinoamericanos. El canciller de México Lucas Alamán buscaba que Estados Unidos les facilitara recursos de todo tipo para el sostén de la independencia y de la libertad. El vicepresidente colombiano Francisco de Paula Santander aseguró que contarían con aliados en caso de que su independencia y libertad fueran amenazadas por las potencias aliadas. Chile y Argentina también expresaron su gratitud. Pero la implementación inicial de la doctrina Monroe no fue la que esperaban los gobiernos latinoamericanos. En 1831 fuerzas navales de Estados Unidos destruyen el puerto e instalaciones argentinas en las Malvinas como represalia a la captura de embarcaciones estadounidenses en defensa de los recursos marítimos del gobierno argentino ante la reiterada violación de la soberanía argentina por dichas embarcaciones, que depredaban sin autorización. Las islas quedaron indefensas y la toma de las Islas Malvinas por parte del Reino Unido se produjo en 1833 sin objeción de Estados Unidos. Luego los británicos reforzaron su control sobre Belice, Jamaica y otros territorios del Caribe, también sin intervención estadounidense.
Intervencionismo y consolidación (siglos y principios del ) En el proceso de expansión territorial y aplicación práctica de la doctrina Monroe, Estados Unidos demostró una postura de fuerza y pragmatismo. Un ejemplo notable fue la invasión a México en 1848, liderada por el presidente James K. Polk, que culminó en la Guerra Mexicano-Estadounidense. Tras la contienda, México se vio forzado a ceder aproximadamente el 55% de su territorio a Estados Unidos mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Posteriormente, en 1862, durante la Segunda Intervención Francesa en México, con apoyo de facciones conservadoras mexicanas, la respuesta de Estados Unidos fue inicialmente limitada. Si bien la doctrina Monroe se oponía a la intromisión europea, la nación se encontraba inmersa en su propia Guerra Civil (1861-1865), un factor que restringió significativamente las capacidades y la voluntad política de Washington para ofrecer un apoyo sustancial al gobierno liberal de Benito Juárez y enfrentar directamente al emperador Napoleón III.
El Caribe se consolidó como una zona prioritaria para la política exterior de Estados Unidos debido a su proximidad y valor estratégico. Este interés se formalizó cuando el presidente Rutherford B. Hayes declaró a Centroamérica y el Caribe como una región de influencia exclusiva estadounidense.
La política del "Gran Garrote", implementada a partir del 2 de septiembre de 1901 durante la presidencia de Theodore Roosevelt, estableció la justificación para intervenciones militares directas en América Latina y el Caribe con el fin de proteger los intereses estratégicos y económicos de Estados Unidos. Esta doctrina fue el marco de acción para las llamadas "Guerras Bananeras", que consistieron en una serie de acciones que incluyeron la ocupación militar de territorios, la toma de control de las aduanas y las finanzas, el entrenamiento de fuerzas militares locales y el respaldo a gobiernos aliados a Washington.
Control y Relevancia Estratégica del Canal de Panamá La gestión y construcción del Canal de Panamá, inaugurado en 1914, constituyó una prioridad estratégica fundamental para los Estados Unidos. La existencia de esta vía interoceánica fue crucial, ya que facilitó el desplazamiento de la flota naval estadounidense entre los océanos Atlántico y Pacífico. Con el objetivo de asegurar el control sobre este activo vital, los Estados Unidos brindaron su apoyo a la secesión de Panamá de la República de Colombia. En 1903, el Tratado Hay-Bunau-Varilla con Panamá otorgó a Estados Unidos el control perpetuo del canal por un precio de 10 millones de dólares y un pago anual de 250.000 dólares. Posteriormente, el país norteamericano mantuvo una presencia militar significativa en la zona del canal, la cual se extendió hasta el año 1999.
Ocupaciones Militares y Protección de Intereses Comerciales Durante este periodo, los Estados Unidos llevaron a cabo ocupaciones militares en diversas naciones con el propósito declarado de "restaurar el orden" y, simultáneamente, salvaguardar sus intereses comerciales. Estos intereses estaban enfocados principalmente en la protección de las inversiones de las empresas estadounidenses dedicadas a la producción de productos como frutas y azúcar.
Los ejemplos más destacados de estas intervenciones incluyen:
México. Guerra mexicano-estadounidense miniaturadeimagen|Batalla de Chapultepec miniaturadeimagen|Captura de Ciudad de México 1847 El 13 de mayo de 1846, Estados Unidos invadió México con cruentas batallas en el norte y para finales febrero del año siguiente los puertos de Tampico, Frontera, Guaymas, Mazatlán y San Blas enfrentaban un bloqueo naval. Al mismo tiempo había tropas invasoras en Nuevo México, California, Tamaulipas y Coahuila. Entonces el presidente estadounidense James Knox Polk decidió probar una estrategia utilizada siglos atrás por conquistadores españoles, la llamada Ruta de Cortés, que los llevaría de Veracruz a la capital mexicana. El primer obstáculo para los invasores era el puerto fortificado de Veracruz, considerado el más fuerte de América. El 9 de marzo de 1847, el Ejército de los Estados Unidos con 8 600 soldados bajo el mando del My. Gral Winfield Scott, desembarcaron en la playa Collado apoyados por tres vapores y cinco goletas que disparaban a los defensores del puerto. Las fuerzas mexicanas, compuestas por 3 360 soldados bajo el mando del general de brigada Juan Esteban Morales contaban además con 89 cañones, se encontraban desplegadas entre las ciudades de Santiago, Concepción y San Juan de Ulúa. Sin embargo, las fuerzas mexicanas poco pudieron hacer ante la superioridad numérica y tecnológica ya que los navíos estadounidenses contaban con artillería de mayor alcance. Tras esto, Scott ordenó sitiar la ciudad e inició un fuerte bombardeo de la misma por tierra y mar. Miles de bombas cayeron dentro de la ciudad sin distinción entre militares y civiles, matando a cuatrocientos soldados y aproximadamente ochocientos civiles mexicanos. El 28 de marzo, un grupo de representantes de la ciudad, enviados por el Gral. Santa Anna pidieron a Scott una tregua para dejar salir a las mujeres y los niños, a lo que el general contestó: “Nadie sale hasta que se rinda la plaza”. Al día siguiente, después de 2 días de sitio y sin recibir refuerzos federales ya que se encontraban ocupados con otro conflicto en la capital, el puerto de Veracruz se rindió ante Winfield Scott. La Ruta de Cortés quedó libre al invasor que capturó la capital en septiembre de 1847. miniaturadeimagen|Retrato de Venustiano Carranza. A principios de 1914, durante la revolución mexicana, el presidente Woodrow Wilson se ofreció a ayudar al revolucionario Venustiano Carranza contra la dictadura de Victoriano Huerta y durante varios meses, los buques de guerra de la Armada de los Estados Unidos habían estado situados en los puertos de Tampico y Veracruz para proteger intereses estadounidenses y extranjeros relacionados con los ricos yacimientos de petróleo en la zona. Tras un incidente, ocurrido el 9 de abril de 1914 en Tampico en el que 9 marines fueron detenidos, Wilson envío a la Flota del Atlántico a la costa del Golfo de México para reforzar las fuerzas ya presentes, en un intento de ocupar Tampico y finalmente derrocar a Huerta. Dicho intento fracasó debido a otro incidente.