Las raquetas fabricadas en Motrico, localidad guipuzcoana del País Vasco (España), cubrían la amplia demanda de raquetas que se utilizaban, por parte de las raquetistas, en los frontones, entre las primeras décadas del y mediados del mismo.

La labor innovadora del ebanista Valentín Zumalabe, desarrolló esta industria artesanal vinculada a la pelota vasca y que se extendió por todos los frontones españoles y americanos.

Origen y contexto histórico miniaturadeimagen|Raquetistas|288x288px Antes de la consolidación de talleres locales, las raquetas utilizadas en los frontones vascos se importaban principalmente de Francia y Gran Bretaña, Esta dependencia exterior encarecía el producto y generaba importantes retrasos en las entregas, lo que despertó el interés por desarrollar una producción propia y más eficiente.

El número de raquetistas profesionales federadas en España en 1940 era de 734 lo que da idea de la demanda del producto.

A partir de 1946 las autoridades dejaron de expedir nuevas licencias por lo que el deporte de las raquetistas desapareció paulatinamente.

Valentín Zumalabe Valentín Zumalabe, natural de Motrico , se formó desde muy joven en el astillero propiedad de su padre . Cuando en 1921 fue destinado a Madrid para realizar el servicio militar, ya era un ebanista consumado, habilidad que le permitió establecerse posteriormente en la capital y realizar diversos trabajos para el Ministerio de Marina.

Durante los años veinte, la comunidad pelotazale de Motrico tenía fuerte presencia en el Frontón Madrid, incluyendo pelotaris puntistas así como jugadoras vascas. El trato frecuente de Zumalabe con este entorno deportivo facilitaría su entrada en la fabricación de raquetas.

El empresario Ildefonso Anabitarte instó a Zumalabe a fabricar raquetas de calidad en el País Vasco, un desafío que el artesano aceptó. Se trasladó a su localidad natal y logró un producto que destacó por la calidad del material, la precisión artesanal y la rapidez de suministro que no podían ofrecer los fabricantes extranjeros.

Se estima que Zumalalde llegó a producir hasta 3.000 raquetas al año.

Técnica de fabricación Las raquetas de frontón eran más robustas que las utilizadas en el tenis, algo más largas y de aro más estrecho.

Para su fabricación se utilizaban fresnos de la zona de Motrico, aprovechando únicamente los primeros 1,90 metros del tronco, ya que el resto no ofrecía la elasticidad necesaria para una raqueta. La madera se cortaba en tiras de 30 × 14 cm y se sometía a 2.500 atmósferas de presión en una caldera de vapor construida por él mismo.

Posteriormente, el aro se formaba mediante plantillas y se fijaba con sargentos. Hacia 1940, empezó a sustituirse la pieza única del aro por tiras pegadas, aunque con resultados inferiores. Los mangos se elaboraban por separado con madera del corazón del nogal, un material resistente y estable.

Una vez ensambladas las piezas, realizaba el agujereado con una máquina diseñada por él, preparando la raqueta para su encordado, que solía efectuarse en cada frontón por especialistas locales.

A partir de 1950, con el declive de las raquetistas y la irrupción de nuevos materiales, la fabricación de raquetas en Motrico desapareció.

Referencias

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