El periodismo en Colombia nació —cuando el territorio era aún parte del Virreinato de Nueva Granada— con publicaciones como la Gazeta de Santa Fe (1785), impulsadas por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, considerado el padre del periodismo nacional. Desde entonces, la prensa desempeñó un papel central en la formación de la opinión pública y en los procesos políticos del país, especialmente durante la Independencia, cuando periódicos como La Bagatela de Antonio Nariño se convirtieron en instrumentos de difusión de las ideas republicanas.

A lo largo del , el periodismo colombiano se consolidó como tribuna partidista de liberales y conservadores, reflejando la polarización política y al mismo tiempo promoviendo la alfabetización y el debate público. La llegada del trajo consigo la radio, el cine y la televisión, que transformaron el ejercicio informativo y acercaron la comunicación a sectores populares, marcando el inicio de una cultura mediática moderna.

Durante la segunda mitad del , el periodismo colombiano experimentó procesos de profesionalización y modernización, influido por el Frente Nacional, la expansión de la televisión y la posterior liberalización del sector mediático. A pesar de la censura, la violencia y los asesinatos de numerosos periodistas, la prensa mantuvo su papel como instrumento de memoria y resistencia. En el , la digitalización ha reconfigurado los medios tradicionales y ha abierto nuevos espacios para la participación ciudadana, aunque también ha traído desafíos como la desinformación y la concentración económica. La historia del periodismo en Colombia es, en suma, un reflejo de la evolución política, cultural y tecnológica del país, desde sus orígenes coloniales hasta la actual era digital.

Historia

Nacimiento en el periodo virreinal El periodismo en Colombia nació en el contexto final del período virreinal, cuando las ideas ilustradas comenzaban a permear los territorios ultramarinos españolas. Las primeras manifestaciones periodísticas aparecieron en 1785 con el Aviso del Terremoto sucedido en la ciudad de Santafé el día 12 de julio de 1785, una publicación que narraba en formato de crónica los hechos ocurridos durante un sismo que sacudió la capital del Virreinato de la Nueva Granada. Este documento detallaba la identidad de algunos de los muertos y los daños ocasionados en la ciudad, estableciendo así un precedente fundamental para el desarrollo del periodismo nacional.

Ese mismo año apareció la Gazeta de la ciudad de Santafé de Bogotá, ambas publicaciones consideradas el inicio y preámbulo del periodismo colombiano. Estas primeras experiencias editoriales eran modestas y carecían de información sobre sus redactores o fechas exactas de publicación, pero representaron el primer intento organizado de informar a la población sobre acontecimientos relevantes. La llegada tardía de la imprenta a las colonias se debió en gran medida a la censura ejercida por el Tribunal de la Santa Inquisición, que desconfiaba profundamente del poder de la palabra escrita.

La imprenta había funcionado en el Virreinato durante más de medio siglo antes del nacimiento del primer periódico propiamente dicho, pero su producción se limitaba a materiales religiosos: novenas, sermones, oraciones, noticias eclesiásticas y composiciones piadosas. El gobierno español y las autoridades eclesiásticas eran conscientes del potencial subversivo de la palabra impresa, por lo que establecieron estrictos controles sobre lo que podía publicarse. Esta censura, sin embargo, no logró impedir que las ideas de libertad e independencia circularan entre los criollos ilustrados.

El verdadero parteaguas del periodismo colombiano llegó el 9 de febrero de 1791 con la fundación del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez. Esta publicación cumplía ya con los criterios para ser considerada un medio informativo moderno: tenía un director-periodista, salía semanalmente y mantuvo una continuidad notable para la época. Según la Biblioteca Virtual del Banco de la República, el periódico contó con un total de 265 ejemplares y circuló hasta el 6 de enero de 1797, sumando seis años de existencia ininterrumpida.

Los primeros 259 números fueron editados en la Imprenta Real de don Antonio Espinosa de los Monteros; cada número constaba de ocho páginas y circulaba los viernes. El periódico funcionaba bajo el esquema de suscripción, contando con aproximadamente 146 abonados que probablemente tenían ventaja informativa en las tertulias de la época. Entre sus asiduos lectores y colaboradores se destacaban ilustres criollos como José Celestino Mutis, director de la Expedición Botánica; su discípulo Pedro Fermín de Vargas; Francisco Antonio Zea, futuro vicepresidente de la Gran Colombia; y Antonio Nariño, político y militar independentista que también apoyó con su imprenta la publicación de varios ejemplares hasta su exilio.

Manuel del Socorro Rodríguez: El padre del periodismo colombiano Manuel del Socorro Rodríguez fue una figura tan interesante como polifacética, considerado el padre del periodismo colombiano. Nacido en Cuba, a lo largo de su vida ejerció diversos oficios: carpintero, ebanista, dibujante y pintor, además de desarrollar un profundo gusto por la caligrafía y las humanidades. Su formación fue completamente autodidacta, producto de una disciplina férrea que lo llevó a dedicar cinco horas diarias de su descanso a leer y escribir durante su niñez y adolescencia.

Gracias a su amor por las humanidades y su habilidad para la conversación estimulante, Rodríguez desarrolló una cercana relación con el recién nombrado virrey José de Ezpeleta, quien lo invitó a Bogotá para ocupar el puesto de bibliotecario oficial de la capital, cargo que desempeñó hasta su muerte. Esta posición le permitió estar en contacto permanente con el conocimiento y las ideas circulantes en la época, enriqueciendo así su labor periodística y su visión sobre el papel de la prensa en la sociedad colonial.

El Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá abordaba una temática diversa que incluía la vida cotidiana y social de las colonias, el rescate de ciertos valores literarios coloniales, la actividad militar y civil, entre otros temas de interés público. A pesar de la alta censura existente por parte de España, que obligaba a que todo escrito fuera aprobado por las autoridades delegadas por el rey antes de ser enviado a imprenta, Rodríguez logró realizar críticas sutiles contra el colonialismo y el destierro cultural de los indígenas a través de sus publicaciones.

Rodríguez también ofrecía una visión más amplia y compleja de la realidad colonial, hablando sobre cómo las guerras internas entre comunidades indígenas habían debilitado la fortaleza de estos pueblos, facilitando la invasión europea. Esta perspectiva multidimensional lo distinguió como un pensador adelantado a su tiempo, capaz de analizar críticamente tanto el colonialismo español como las dinámicas internas de las sociedades precolombinas. Su enfoque equilibrado sentó las bases para un periodismo más analítico y reflexivo.

La continuidad del Papel Periódico nunca dependió de cambios de dirección, y cuando este periódico cerró en 1797, Rodríguez fundó otro semanario llamado El Redactor Americano en 1806, al que en 1807 añadió un suplemento denominado El Alternativo al Redactor Americano. Esta persistencia demuestra su compromiso inquebrantable con el periodismo y la circulación de ideas, consolidando su legado como pionero fundamental en la historia de la comunicación en Colombia. Su trabajo estableció estándares de calidad y continuidad que influirían en las generaciones posteriores de periodistas colombianos.

El periodismo durante la Independencia y la formación de la República Durante el período de la Independencia, el periodismo colombiano adquirió un carácter militante y se puso al servicio de los ejércitos patriotas. La prensa se utilizaba para hablar de las necesidades de las tropas, celebrar sus triunfos, relatar las derrotas del enemigo y mantener informada a la población sobre la continua movilización independentista. Los impresos se convirtieron en herramientas propagandísticas fundamentales para la causa libertadora, transformando el papel del periodista en un actor político de primera línea.

El intento de los españoles de impedir tanto la llegada como la publicación de textos seculares resultó vano. Muchas personas que luego serían próceres de la Independencia fueron desterradas a Europa, de donde regresaron con ideas mucho más consolidadas y una visión más amplia del mundo. Las tertulias y salones literarios se multiplicaron por todos los rincones de las colonias, espacios donde la influencia de las ideas de la Ilustración europea era evidente y donde se gestaron muchas de las publicaciones que acompañarían el proceso independentista.

A partir de 1810 se fundaron innumerables diarios y periódicos quincenales o semanales. Entre ellos se destacó La Bagatela, fundado por Antonio Nariño, desde donde le fue posible derrocar a la primera Junta de Gobierno y hacerse con el poder. Este periódico, considerado por algunos autores como el primer periódico político del país, demostró el inmenso poder que la prensa podía ejercer sobre los acontecimientos políticos. Nariño luchó a través de sus escritos para que las débiles y bisoñas provincias abandonaran la idea de convertirse en repúblicas independientes.

Por otro lado, el periódico federalista Argos Americano de Cartagena se encargó de hacer frente a los embates de Nariño en contra de la Junta, evidenciando las profundas divisiones políticas que caracterizarían al país durante todo el . La concepción del periodismo de la época establecía que sólo podían hablar libremente quienes estaban en la cabeza del poder, lo que llevó a Nariño y a otros periodistas a ser obligados a vivir en el exilio por su trabajo periodístico. Esta persecución demostró tanto el poder como los riesgos inherentes al ejercicio del periodismo político.

Cuando las luchas independentistas terminaron, los personajes importantes buscaron en la prensa un medio de expresión literaria e intelectual para dar a conocer sus obras y organizar el nuevo Estado. Cada personaje publicaba en el periódico más próximo a su línea política, lo que sorpresivamente permitió que la libertad de prensa fuera respetada, tal vez más por accidente que por una auténtica voluntad de concordia. Esta proliferación de publicaciones sentó las bases para un sistema de prensa plural, aunque profundamente partidista.

Periodismo en Colombia durante el Durante el , el periodismo colombiano se caracterizó por su naturaleza eminentemente política, lo que impidió el desarrollo de una industria periodística comparable a la de otros países de América, Estados Unidos o Europa. Mientras que en esas regiones grandes empresas generaban diarios de amplia circulación y abundante paginación, en Colombia los periódicos eran invariablemente cuatro hojas que aparecían para defender ideas políticas y desaparecían al vaivén de las guerras civiles o dictaduras ocasionales. Esta inestabilidad se reflejaba en que el periódico colombiano de mayor duración en el no alcanzó a mantenerse por trece años continuos, contrastando dramáticamente con la situación de otros países latinoamericanos donde al finalizar el siglo, Argentina exhibía dos diarios de vieja circulación y renombre universal, Chile tenía El Mercurio, Perú contaba con El Comercio y Uruguay poseía El Día.