El término disturbios del gueto (del inglés Guetto riots) ,llamado también rebeliones del gueto o disturbios de negros, se refiere a un periodo de levantamientos y disturbios urbanos en los Estados Unidos a mediados y finales de la década de 1960, alimentados en gran medida por tensiones raciales y frustraciones relacionadas con la discriminación sufrida incluso después de la aprobación de importantes leyes de derechos civiles; destacando problemas como la desigualdad racial en las ciudades del norte, que a menudo tenían sus semejanzas con lo sufrido en los estados del sur. Los manifestantes a menudo actuaban colectivamente, destruyendo propiedad que consideraban de quien les explotaba, mientras los oficiales de policía que intervenían eran señalados de ser agentes de un sistema racista.
Los disturbios de Harlem de 1964, son considerados el inicio de una serie de disturbios, todos ellos descoordinados, improvisados y produciéndose con mayor frecuencia en ciudades durante los meses de verano. Este patrón se puede observar en los 150 incidentes separados de violencia durante el llamado largo y caluroso verano de 1967 (los disturbios más destructivos ocurrieron Detroit y Newark), alcanzando su punto álgido durante la ola nacional de disturbios por el asesinato de Martin Luther King que afectó a más de 100 ciudades de 1968 a 1969.
Historia Trasfondo Para las décadas de 1950 y 1960, se habían producido cambios sociales significativos que propiciaron las condiciones para un levantamiento mucho más amplio. La reciente decadencia urbana causada por la huida de los blancos y la mudanza de la clase media negra de los centros urbanos también antagonizó a las poblaciones minoritarias de clase baja que habían tenido dificultades para migrar a las ciudades. Causa de los disturbios La arraigada discriminación racial en la vivienda, el empleo, la educación y el sistema legal creó un círculo de pobreza, limitando las oportunidades para muchos afroamericanos. Las prácticas segregacionistas obligaron a los residentes negros a vivir en barrios deteriorados y superpoblados con infraestructuras obsoletas. Los frecuentes incidentes de uso excesivo de la fuerza por parte de agentes de policía contra ciudadanos negros, a menudo considerados impunes, alimentaron la ira y el resentimiento. Las altas tasas de desempleo en las comunidades afroamericanas, sumadas a los bajos salarios y las limitadas perspectivas laborales provocaron dificultades económicas generalizadas. La transición de los empleos manufactureros a las economías basadas en servicios en la segunda mitad del provocó importantes pérdidas de empleos en las ciudades industriales, dejando a muchos residentes urbanos sin trabajo. Los residentes blancos que abandonaron las zonas urbanas para instalarse en los suburbios con mejores escuelas y viviendas, (llevándose consigo su riqueza y los ingresos fiscales) exacerbaron aún más los problemas urbanos. Si bien se habían aprobado importantes leyes sobre derechos civiles, muchos afroamericanos sentían que el ritmo del cambio era demasiado lento y que el progreso no se reflejaban en su vida cotidiana.
Las causas inmediatas fueron a menudo enfrentamientos violentas entre afroamericanos y blancos o agentes de policía que atrajeron a una multitud y evolucionaron a episodios de violencia prolongada.
Disturbios Los disturbios de Harlem de 1964 se consideran el inicio de una ola de disturbios civiles que invadiría la ciudad de Nueva York y comenzaría a manifestarse en ciudades de todo el país hasta que se calmaron en 1968, siendo los últimos los disturbios por el asesinato de King. Estos disturbios urbanos no fueron planeados y en su mayoría, atacaron propiedades de negocios propiedad de blancos, en lugar de personas. Antes de esto, la mayoría de los disturbios en Estados Unidos implicaban ataques brutales contra minorías. Los disturbios cambiaron la percepción del Movimiento por los Derechos Civiles, de una lucha principalmente no violenta por la igualdad a un reconocimiento del potencial de levantamientos violentos como respuesta a la opresión. Muchos estadounidenses vieron los disturbios con temor y preocupación, lo que dio lugar a debates sobre las prácticas policiales y las políticas sociales. Este cambio influyó tanto en la opinión pública como en la acción política, impulsando a algunos líderes del Movimiento por los Derechos Civiles a reconsiderar sus estrategias y enfoques para defender la justicia. Los disturbios resultaron en más de 150 muertes y más de 20.000 arrestos
Las causas inmediatas fueron a menudo enfrentamientos agresivos entre afroamericanos y blancos o agentes de policía que atrajeron a una multitud y comenzaron a desembocar en violencia y caos. Watts: 1965 thumb|Los soldados dirigen el tráfico lejos de un área del centro sur de Los Ángeles en llamas durante los disturbios de 1965 El impulso de los derechos civiles se detuvo repentinamente en agosto de 1965 con los disturbios en el distrito de Watts de Los Ángeles. La protestas iniciales se desencadenaron por el arresto de Marquette Frye durante una parada de tráfico, que derivó en una pelea físico con agentes de policía y terminó atrayendo a una gran multitud. Durante los seis días de disturbios, los participantes saquearon tiendas, incendiaron edificios y en algunos casos, utilizaron tácticas de francotiradores para disparar contra las autoridades. Para sofocar la violencia, se desplegaron tropas de la Guardia Nacional en la zona e impusieron un toque de queda. El sargento Ben Dunn, del Departamento de Policía de Los Ángeles, recordó: «Las calles de Watts parecían una zona de guerra total en algún lejano país extranjero; no se parecían en nada a los Estados Unidos de América».
Tras la muerte de 34 personas y daños materiales por valor de 35 millones de dólares (equivalentes a 349,22 millones de dólares en 2024), la población temía una expansión de la violencia a otras ciudades, por lo que se perdió el interés en programas adicionales en la agenda del presidente Lyndon Johnson.
El verano de 1967 thumb|Calles de Newark, Nueva Jersey, el 14 de julio durante los disturbios thumb|Edificios destruidos el 24 de julio durante los Disturbios de Detroit de 1967 En lo que se conoce como el "Largo y cálido verano de 1967", estallaron más de 150 disturbios en todo Estados Unidos, siendo los más significativos los ocurridos en Detroit, Míchigan, y Newark, Nueva Jersey.
Los disturbios de Newark se desencadenaron tras el arresto y la paliza a John William Smith, un taxista por parte de agentes de policía. Los disturbios duraron cinco días, con saqueos generalizados, incendios provocados y enfrentamientos violentos con la policía y la Guardia Nacional. Cerca de 26 personas murieron, más de 700 resultaron heridas y más de 1,000 residentes fueron arrestados. Se dañaron propiedades por un valor de 10 millones de dólares (equivalentes a 94,3 millones de dólares en 2024) y se destruyeron múltiples terrenos, varios de los cuales aún se encontraban en ruinas en 2017. El Boston Globe describió los disturbios de Newark como «una revolución de estadounidenses negros contra estadounidenses blancos, una violenta petición para la reparación de agravios de larga data». El Globe afirmó que la legislación de la Gran Sociedad apenas había generado mejoras fundamentales.
En Detroit, una numerosa clase media negra había comenzado a desarrollase entre los ciudadanos que trabajaban en empleos sindicalizados en la industria automotriz. Estos trabajadores se quejaban de la persistencia de prácticas racistas, lo que limitaba sus oportunidades de empleo y ascenso. El sindicato United Auto Workers canalizó estas quejas a través de procedimientos burocráticos e ineficaces de quejas. Además multitudes de blancos impusieron una violenta segregación en las viviendas hasta la década de 1960. Los disturbios de Detroit se desencadenaron tras una redada policial en un bar clandestino, conocido popularmente como "Blind Pig", ubicado en un barrio predominantemente negro. Los disturbios duraron cinco días, causando importantes daños materiales, 1,200 heridos y al menos 43 muertos (33 de los fallecidos eran residentes negros de la ciudad). El entonces gobernador George Romney envió 7,400 efectivos de la Guardia Nacional para sofocar los incendios, saqueos y ataques contra negocios y la policía. El presidente Lyndon Johnson desplegó tropas del Ejército de los Estados Unidos armados con tanques y ametralladoras. Los residentes denunciaron que agentes de policía y miembros de la Guardia Nacional dispararon indiscriminadamente contra civiles negros y sospechosos.Hubert G. Locke, The Detroit Riot of 1967 (Wayne State University Press, 1969).
En una reunión de gabinete el 2 de agosto de 1967, el fiscal general Ramsey Clark advirtió que la falta de entrenamiento y la indisciplina de las fuerzas policiales locales y la Guardia Nacional podrían desencadenar una "guerra de guerrillas en las calles", como lo demostró la situación de ataques con francotiradores en Newark y Detroit. Los francotiradores fueron un elemento importante en muchos de los disturbios, creando una situación peligrosa tanto para las fuerzas del orden como para la población civil, con atacantes que a menudo disparaban desde tejados y otros lugares ocultos.
1968: disturbios tras el asesinato de Martin Luther King Jr. thumb|Un soldado de guardia en Washington D. C., junto a las ruinas de los edificios destruidos durante los disturbios que siguieron a la muerte de Martin Luther King Jr El 4 de abril de 1968, el asesinato de Martin Luther King Jr desató otra ola de protestas violentas en más de 130 ciudades de todo el país. Washington D. C., Baltimore y Chicago sufrieron los peores disturbios. Unos 21,000 soldados federales y 34,000 miembros de la Guardia Nacional fueron movilizados para intentar restablecer el orden tras los 45 millones de dólares (equivalentes a 406,89 millones de dólares en 2024) en daños materiales en todo el país. En el West Side de Chicago, tres docenas de grandes incendios ardían sin control, los saqueos eran desenfrenados y los francotiradores obligaron a los vecinos a huir. Para el 7 de abril, unos 500 habitantes de Chicago habían resultado heridos y 11 muertos.
Unos días después, en una sincera declaración al secretario de prensa George Christian sobre el malestar social endémico en las ciudades del país, el presidente Johnson comentó: "¿Qué esperaban? No sé por qué estamos tan sorprendidos. Cuando le pisas el cuello a un hombre y lo mantienes así durante trescientos años, y luego lo dejas levantarse, ¿qué va a hacer? Te va a dejar hecho polvo". Mientras tanto, el Congreso aprobó la Ley Ómnibus de Control del Crimen y Calles Seguras de 1968, que aumentó la financiación para las fuerzas del orden y autorizó las escuchas telefónicas en ciertas situaciones. Johnson consideró vetar el proyecto de ley, pero su aparente popularidad lo convenció de firmarlo.Patterson (1996), p. 651. En agosto de 1969, las autoridades federales dieron por terminado el período de disturbios. La Comisión Kerner Los disturbios desconcertaron a muchos activistas de derechos civiles de ambas razas debido a la reciente aprobación de importantes leyes en ese ámbito. También provocaron una reacción negativa entre los blancos del norte, muchos de los cuales dejaron de apoyar las causas de los derechos civiles. El presidente Johnson formó la Comisión Nacional Asesora sobre Desórdenes Civiles, conocida informalmente como la Comisión Kerner, el 28 de julio de 1967 para explorar las causas de los recurrentes brotes de disturbios civiles urbanos. El alcance de la comisión abarcó los 164 disturbios ocurridos en los primeros nueve meses de 1967. El presidente les había ordenado, en pocas palabras, que documentaran: "¿Qué sucedió? ¿Por qué sucedió? ¿Qué se puede hacer para evitar que se repita?".