Santa Catalina de Alejandría es una pintura del artista renacentista italiano Rafael. En la obra, Catalina de Alejandría dirige la mirada extática hacia el firmamento y se apoya sobre una rueda, alusión a la rueda de tortura de su martirio.

Se estima que fue realizada entre 1507 y 1508, hacia el final de la estancia de Rafael en Florencia, y muestra al joven artista en una etapa de transición. La representación de la pasión religiosa en la pintura recuerda todavía a la de Pietro Perugino, mientras que el elegante contrapposto de la figura de Catalina refleja la influencia de Leonardo da Vinci en Rafael, y se considera un eco de la desaparecida obra de Leonardo, Leda y el cisne.

Tema La figura central de esta pintura es la princesa del , Santa Catalina de Alejandría, representada de pie frente a un paisaje rural. Se convirtió al cristianismo tras un encuentro con un ermitaño en el desierto y experimentó una visión de matrimonio místico con Cristo.

Después de negarse a renunciar a su fe, el emperador Majencio planeó torturarla atándola a una rueda. Sin embargo, un rayo destruyó la rueda antes de que pudiera hacerlo, y Majencio optó por decapitarla; la rueda en la esquina inferior derecha, sobre la cual ella se apoya, hace referencia a este episodio. Esta rueda aparece con frecuencia en otras representaciones artísticas de Santa Catalina desde el . Rafael no incluyó en este retrato otros símbolos asociados con la santa, como la espada o la palma, que representan su sabiduría.

Interpretación thumb|right|Detalle del diente de león en el primer plano del paisaje de la pintura Santa Catalina de Alejandría de Rafael. La obra sitúa a Catalina en un paisaje rural sereno; se muestra de pie frente a cielos azules, colinas y árboles que se reflejan en un cuerpo de agua a su izquierda. Este escenario apacible contrasta con la violencia de su martirio.

La representación de Santa Catalina realizada por Rafael enfatiza su estado de éxtasis. Una luz dorada irradia desde la esquina superior izquierda del lienzo sobre su rostro, acentuando su conexión con Dios. La santa dirige la mirada hacia el firmamento, con los labios entreabiertos y la mano sobre el corazón, en un intento del pintor por capturar un momento de dicha divina. Su pose elegante también recuerda a estatuas de la Antigüedad, como la Afrodita púdica o una musa clásica.

En el primer plano, Rafael pintó pequeñas flores, entre ellas un diente de león en la esquina inferior izquierda del lienzo. Esta planta había sido utilizada por algunos pintores de Alemania y de los Países Bajos en escenas de la Crucifixión de Jesús, por lo que en la obra Santa Catalina de Alejandría de Rafael podría funcionar como símbolo tanto del dolor de la comunidad cristiana como de la Pasión de Cristo.

Técnica thumb|right|Se cree que la escultura en mármol de San Mateo de Miguel Ángel sirvió de inspiración para la pose de Santa Catalina. Rafael empleó pigmentos como el azul ultramar, la alizarina, los ocres y el genulí (también conocido como giallolino) en la ejecución del vestido de Santa Catalina. Una fotografía con rayos X de la obra reveló que el artista recurrió a pintura semitransparente con bajo contenido de plomo para los tonos de la piel, mientras que utilizó pigmentos con mayor cantidad de plomo en el vestido, el paisaje y el cielo, logrando así colores más intensos. Además, incorporó vidrio finamente pulverizado en algunos de los pigmentos para acelerar el secado de los óleos.

Bajo las capas de pintura, una fotografía infrarroja de la obra reveló un dibujo a mano alzada de Santa Catalina realizado por Rafael. La reflectografía infrarroja también permitió identificar restos de spolvero —pequeños puntos dejados al espolvorear polvo de carbón a través de perforaciones en el dibujo preparatorio— visibles a lo largo del contorno del hombro derecho de la santa y en las líneas de sus mangas, lo que confirma el proceso de transferencia del dibujo a la tabla.

Rafael enfatizó el torso de la santa, a diferencia de La Gioconda, cuyo encuadre se interrumpe más arriba. La representó en una pose de contrapposto, con una marcada torsión del cuerpo y la cabeza girada sobre el hombro derecho para dirigir la mirada hacia el cielo. Su forma escultórica y el escorzo —efecto de acortamiento visual para sugerir profundidad— que aplicó en la cabeza levantada derivan de la escultura inacabada de San Mateo de Miguel Ángel.

La pintura hace referencia tanto a obras clásicas como a obras del Renacimiento italiano. La pose elegante de Santa Catalina evoca a las estatuas clásicas, como la Afrodita púdica. Rafael se basó además en el pintor renacentista Pietro Perugino, incorporando paisajes, flores, la pose en contrapposto, colores ricos y saturados y el modelado con trazos para generar sombras. La obra también se apoya en composiciones y técnicas de otros trabajos del Renacimiento italiano, como Leda y el cisne de Leonardo y el San Mateo de Miguel Ángel.

Procedencia No se conoce con certeza quién encargó la obra, aunque se piensa que pudo ser un encargo privado en Florencia o Perugia hacia 1507-1509. En el el escritor Pietro Aretino mencionó poseer una Santa Catalina de Rafael, que en un inicio pensó regalar a Catalina de Médici, aunque finalmente la entregó al banquero milanés Agostino d’Adda. No es posible confirmar si se trataba de la misma pintura.

Posteriormente, el cuadro perteneció a la familia Crescenzi de Roma, como lo indica un sello en el reverso del panel, y hacia las décadas de 1620-1630 pasó a la colección del cardenal Scipione Borghese, gran mecenas y coleccionista de obras de Rafael, Caravaggio y Bernini. Durante generaciones permaneció en poder de los Borghese, exhibida en sus palacios y villas, donde fue registrada en inventarios e incluso copiada y comentada por viajeros y artistas de los siglos y .

Tras la ocupación napoleónica y el expolio del patrimonio artístico de la aristocracia italiana —es decir, la sustracción y apropiación de obras en gran parte forzada o realizada en condiciones de presión política y económica— a finales del , la pintura salió de Roma gracias a los marchantes Alexander Day y Pietro Camuccini, quienes la trasladaron a Londres en 1800 junto con otras obras maestras de la colección Borghese y Aldobrandini.

A lo largo del pasó por destacados coleccionistas británicos, entre ellos John Rushout, barón de Northwick, y el escritor y mecenas William Beckford, quien la tuvo en su residencia de Bath y la alabó como una de las obras más bellas de Rafael. Finalmente, en 1839 fue adquirida por la National Gallery de Londres, donde permanece hasta la actualidad como parte de su colección permanente.

Referencias

Enlaces externos Santa Catalina de Alejandría en artehistoria.com Santa Catalina de Alejandría en el catálogo de la National Gallery

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