La facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra es la facultad universitaria española donde se desarrollan los estudios humanísticos realizados en este centro académico, tanto en Pamplona como en su sede de Madrid. Los inicios de la facultad El origen de esta facultad fue la sección de Historia del entonces Estudio General de Navarra, que abrió sus puertas en el curso 1955-1956 en la tercera planta del Museo de Navarra, en un espacio cedido por la Diputación Foral. Pocos años antes se habían emprendido las clases de la Facultad de Derecho en los locales de la Cámara de Comptos de Navarra.

Inicialmente fueron once sus primeros alumnos, y cinco sus profesores: su director, Federico Suárez Verdeguer, catedrático de Historia Moderna y Contemporánea procedente de la Universidad de Santiago de Compostela; los filólogos Fernando González Ollé y Juan José Ochoa Pascual; el filósofo Leonardo Polo, y el historiador Ángel García Dorronsoro.

En 1959, sus estudios fueron reconocidos por el Ministerio de Educación Nacional, aunque los estudiantes tuvieron que seguir acudiendo a examinarse a la Universidad de Zaragoza donde, hasta el momento, se presentaban ante los tribunales en las mismas condiciones que los alumnos libres. Habrá que esperar al curso 1962-1963 para encontrar una novedad radical en este punto: tras un convenio previo entre el Estado y la Santa Sede, que había erigido la de Navarra como Universidad de la Iglesia, el comienzo del reconocimiento oficial de los títulos.

Por otro lado, poco a poco fueron surgiendo distintas ramas, secciones y encuentros científicos. Personas concretas encarnaron el crecimiento de la facultad:

Antonio Fontán, catedrático de Filología Latina, se hizo cargo del decanato. A partir de 1958, la Historia medieval navarra encontró un decidido impulsor en el joven Ángel Martín Duque, discípulo de José María Lacarra de Miguel, llegado como archivero a la Delegación de Hacienda en Navarra (siendo el número uno en las oposiciones del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos), e incorporado por el decano. La incipiente docencia de Geografía, iniciada por Salvador Mensua Fernández, se desarrolló tras la contratación de los profesores Alfredo Floristán Samanes (1961-1962) y Manuel Ferrer Regales (1962-1963). En este último curso comenzó su andadura la cátedra de Lengua y Cultura Vasca, dirigida por José Miguel de Barandiarán.

En 1960, se había puesto en marcha el Instituto de Estudios Liberales, dirigido por William H. Stetson. Por otro lado, los desvelos de algunos profesores que empezaron a organizar las Reuniones Filosóficas iban a cristalizar poco después, en el curso 1963-1964, en la segunda sección de la facultad, la de Filosofía.

La primera tesis doctoral de la facultad, en la sección de Historia, fue defendida por Gerald Francis Lange, en el curso 1963-1964. Este estadounidense de Dakota del Sur fue miembro del senado estatal así como de la cámara de representantes de su estado natal. Por otra parte la tesis número mil, dentro de la sección Lingüística, fue defendida el 22 de enero de 2016 por Violetta Dmitrenko, actualmente profesora ayudante en la Universidad Pública de Navarra.

En general, la aportación de los humanistas al crecimiento de la universidad iba a ser una constante a lo largo de su historia. Fontán ya había fundado en 1958 el Instituto de Periodismo, futura Facultad de Comunicación. Al mismo tiempo, la facultad de Filosofía y Letras ofreció, de manera natural, servicio a toda la comunidad universitaria: por ejemplo, en el curso 1962-1963, algunos de sus profesores, dirigidos por el filólogo Rafael Benítez Claros, formaban el Instituto de Idiomas, donde impartían clases de inglés, alemán y francés. En torno a 1968, los cursos para introducir en la lengua y la cultura a todos los estudiantes procedentes del extranjero dieron pie al Instituto de Lengua y Cultura Española (ILCE).

La facultad navarra prestó también una singular aportación al resto de las universidades españolas a través de los profesores formados en ella como alumnos o docentes que, tras ganar las respectivas oposiciones a cátedras, se incorporaron a centros estatales: es el caso, por ejemplo, de Salvador Mensua (Zaragoza), José Luis Comellas (Sevilla), Luis Miguel Enciso (Valladolid y Complutense), Vicente Cacho Viu (La Laguna, Barcelona y Complutense), José Manuel Cuenca Toribio (Barcelona y Sevilla) y Agustín López Kindler (Sevilla). izquierda|miniaturadeimagen|400x400px|Edificio Central de la Universidad de Navarra

Desarrollo de la joven institución Las clases de la Facultad de Filosofía y Letras se trasladaron en el curso 1964-1965 a la Ciudad Universitaria, el actual campus de la Universidad de Navarra y, en concreto, a su Edificio Central. En el curso siguiente inició su andadura la Sección de Filología Románica: se consolidaban así las tres ramas que había ido desarrollando la joven facultad.

En 1975, recogiendo también algunas esfuerzos previos, nació la Sección de Ciencias de la Educación: desde dos años antes los alumnos de la facultad podían cursar unos cursos comunes a las licenciaturas de Filosofía, Psicología y Pedagogía y que ahora, al constituirse la sección, liderada por el catedrático Emilio Redondo, fueron completados con asignaturas específicamente pedagógicas. Esta sección se transformó en facultad independiente en 2013.

En paralelo, la creación de la figura de los departamentos por el ministro Lora Tamayo repercutió también en la facultad navarra, que, al menos a partir de 1973, estructuró los suyos. Al de Filología Clásica se incorporó como directora Carmen Castillo, la primera doctoranda y profesora de la Universidad de Navarra en obtener una cátedra. En ese mismo curso 1973-1974, con la entrada en la junta directiva de la facultad de Antonio Fernández de Vega, que no era docente, empezó a dotarse de perfiles gestores para sus funciones administrativas.

Durante el decanato de Martín Duque, cuarto de los decanos de la facultad, se planteó un dilema que explica una particularidad de la facultad navarra; lo cuenta en sus memorias un profesor de entonces, Alejandro Llano:Aunque algunas facultades españolas de letras se habían dividido en tres o más centros, cada uno con sus respectivas autoridades académicas, en Pamplona se optó por que la facultad de filosofía y letras continuara unida. La cuestión fue objeto de un debate sorprendentemente tenso en el consejo de facultad (...) en el que Rafael Alvira y yo defendimos, respectivamente, posiciones contrapuestas. Rafa mantenía la tesis de la unidad, con el argumento de que separados no seríamos nada, mientras que juntos constituíamos un núcleo universitario de humanidades muy respetable. En cambio, yo me inclinaba por dividirnos en tres centros -filología, historia y geografía, y filosofía y ciencias de la educación- porque pensaba que así nos podríamos desarrollar y especializar, superando una complejidad organizativa demasiado alta. (...). Cuando llegó el momento de decidir, los partidarios de las dos posturas antagónicas quedamos empatados a votos y la facultad quedó como estaba, es decir, unida. +Primeros decanos de la facultad de Filosofía y LetrasOcupaciónNombramientoCeseFederico Suárez VerdeguerCatedrático de Historia Moderna y Contemporánea1955¿?Antonio FontánCatedrático de Filología Latina¿?1967Patricio Peñalver SimóCatedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos19671968Manuel Ferrer RegalesCatedrático de Geografía19681976Ángel Martín DuqueCatedrático de Historia Medieval19761981 miniaturadeimagen|Portada del programa del X Congreso General de Historia de Navarra No resulta sencillo ofrecer una panorámica de las investigaciones y contactos establecidos por los profesores de esta facultad, pero vale la pena reseñar algunos de ellos. A partir de 1972 comenzaron a organizarse las Conversaciones Internacionales de Historia (hasta 2010), impulsadas por Valentín Vázquez de Prada y su discípulo Ignacio Olábarri Gortázar, exponente de una nueva generación de profesores formados en la propia Universidad de Navarra.

Como antes se apuntó, Ángel Martín Duque, desde primera hora en la facultad, continuando el legado intelectual de Lacarra, «transplantó a Navarra valores académicos, sin duda aprendidos en Zaragoza: la seriedad y rigor en las clases, los seminarios con alumnos y doctorandos, la curiosidad bibliográfica y la puesta al día permanente en metodología y hallazgos, que tan enriquecedores resultaron en la joven Universidad de Navarra». Formó a un amplio elenco de destacados archiveros e historiadores medievalistas de Navarra. De sus estancias, por ejemplo, se impulsó la creación de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra que organizaron sucesivos congresos generales de historia de Navarra.

En el ámbito de la Filosofía, Alejandro Llano y Rafael Alvira Domínguez dieron un nuevo relieve a las Reuniones Filosóficas, que contaron con la asistencia de profesores que dejaron huella en la universidad, en ocasiones por mantener el vínculo con ella a través de la docencia o la impartición de seminarios, como Ignacio Angelelli, Michael Dummet, Peter Geach, Elizabeth Anscombe, Robert Spaemann, Claude Bruaire o Nicolás Grimaldi.

Entre los filósofos, han dejado un poso evidente en la facultad distintas figuras que, a tenor de los testimonios existentes, han destacado como maestros e incluso por su "magisterio oral". Probablemente el más popular haya sido uno de los primeros profesores de la facultad, Leonardo Polo, descrito como "el filósofo más representativo de la Universidad de Navarra". Otro de los filósofos, el mencionado Alejandro Llano, catedrático de Metafísica, fue decano de la facultad (1981-1989) y rector de la universidad (1991-1996); este asturiano participó en una peculiar iniciativa con, entre otros Rafael Alvira y Jaime Benguría, el Instituto Empresa y Humanismo (1986-2025), que conectó el criterio de las letras con la acción de destacados hombres de empresa de todo el país.

Los historiadores del arte comenzaron, en 1977, la redacción del anhelado Catálogo Monumental de Navarra, una labor de dos décadas dirigida por Concepción García Gainza en colaboración con el arzobispado de Pamplona y la Institución Príncipe de Viana. Estos trabajos dieron pie también a la creación de la cátedra de Patrimonio y Arte Navarro (2005), patrocinada por el Gobierno foral y dirigida primero por García Gainza y, desde 2008, por Ricardo Fernández Gracia. Otro esfuerzo colectivo de entidad fue la elaboración de la Historia Universal editada en varios tomos por la editorial de la universidad (1979-1989). Por otro lado, los trabajos iniciados en 1983 por el profesor Gonzalo Redondo, que empezaron a cristalizar en el futuro Archivo General de la Universidad de Navarra, se concretaron también, a partir de 1997, en una fecunda "línea especial de investigación" dedicada a la Historia de España en el siglo XX.

En el ámbito de la filología, en el año 1990 Ignacio Arellano fundó el Grupo Siglo de Oro (GRISO), que cuenta con tres revistas científicas y ha organizado más de trescientos congresos junto con una variedad de ediciones críticas y colecciones de libros (Biblioteca Áurea Hispánica, Biblioteca Indiana...). Este equipo ha emprendido proyectos de sobresaliente envergadura como la edición, a lo largo de treinta años, de los autos sacramentales de Calderón de la Barca, o, aún en marcha, de los de Lope de Vega. También el comentario crítico de textos clásicos españoles como el Tesoro de Sebastián de Covarrubias y distintas obras de autores como Francisco de Quevedo, Tirso de Molina o Miguel de Cervantes, además de numerosos estudios académicos.