El incidente del Puente de Marco Polo, ocurrido el 7 de julio de 1937, marcó el inicio de la segunda guerra sino-japonesa entre el Imperio del Japón y la República de China. Los soldados de ambas potencias se enfrentaron 15 kilómetros al suroeste del centro de Pekín, en el Puente de Marco Polo (卢沟桥/盧溝橋, Lugou Qiao en chino), sobre el río Yongding. En Japón se conoce al incidente como Asunto del Puente Roko (en jap. 盧溝橋事件, Rokokyo-jiken) o Incidente del Puente Roko (en jap. 盧溝橋事変, Rokokyo-jihen). En China se lo conoce, en cambio, como Incidente del 7 de julio (en chino 七七事变/七七事變, pinyin qīqī shìbiàn) e incidente Lugouqiao (en chino:卢沟桥事变/蘆溝橋事變, pinyin lúgōuqiáo shìbiàn).
La creación de Manchukuo en 1934 y la posterior expansión de la influencia de Japón por el norte de China, en detrimento del poder del Kuomintang en la zona, aumentaron la tensión entre los Gobiernos de Tokio y Nankín. La preocupación por un posible enfrentamiento con la URSS y la conveniencia de reforzar su poder en Manchukuo en tal caso hicieron, sin embargo, que Japón prefiriese no enfrentarse directamente con los Nacionalistas chinos, sino tratar de extender su poder en la región mediante la política y la economía en vez de por medio de choques militares. Aun así, Nankín veía con malos ojos la expansión del poder japonés, y los planes de Tokio para estrechar las relaciones económicas entre el Imperio, el norte de China, Corea y Manchukuo exacerbaron la tensión en el verano de 1937.
En este ambiente de gran tensión, los japoneses hicieron maniobras militares a las afueras de Pekín. Durante las maniobras un soldado japonés se perdió durante un corto periodo de tiempo y se produjo un tiroteo de origen desconocido. Esta escaramuza pronto creció hasta convertirse en un enfrentamiento entre las unidades chinas y japonesas que se encontraban en las cercanías, a pesar de los acuerdos de los mandos locales para resolver pacíficamente el incidente. Mientras los mandos de las unidades implicadas acordaban una resolución para el conflicto, los subalternos continuaban el enfrentamiento. La negativa de Nankín a controlar la situación y su envío de tropas al norte hizo que Tokio se decidiese a reaccionar después de tratar inicialmente de olvidar el choque. Los Gobiernos adoptaron posiciones cada vez más irreconciliables que hicieron fracasar los intentos de los altos oficiales de ambos bandos destinados en la zona por encontrar una solución pacífica al incidente. A finales de julio, se reanudaron los enfrentamientos en los alrededores de Pekín, que acabaron con la retirada de las fuerzas chinas. La extensión de los choques a otros puntos de China y el fracaso de las conversaciones intergubernamentales a comienzos de agosto condujeron a la guerra entre los dos países.
Este enfrentamiento, aunque menor, acabó desencadenando una serie de acontecimientos que llevaron a una guerra abierta entre las dos naciones. Asimismo, la expansión japonesa en el norte de China y el crecimiento del nacionalismo chino llevó a un conflicto difícilmente evitable. Numerosos historiadores describen el incidente como un pretexto del Ejército nipón para justificar la guerra, de manera similar al anterior Incidente de Mukden que llevó a la ocupación de Manchuria. Otros, por el contrario, consideran que no se trató de una conspiración de los militares japoneses (a diferencia del Incidente de Mukden), sino de un choque que llevó a la guerra debido a la reacción de los Gobiernos chino y japonés.
Antecedentes La creación del Estado de Manchuria con el gobierno japonés como protector y paralelamente la ocupación de Corea por las fuerzas militares del país nipón representaban un serio peligro para el ya muy debilitado Partido Nacionalista Chino que encabezaba el liderazgo de la República china.|thumb|right Tras la formación de Manchukuo, la expansión del Japón por el norte de China marcó su política hacia el país. Desde el incidente de Manchuria, el Gobierno chino, a pesar de avanzar en sus objetivos de unificación nacional, se había visto forzado a retirarse ante los constantes avances japoneses en China.
El Imperio deseaba crear una zona de protección para Manchukuo, respaldando para ello a diversos Gobiernos chinos y mongoles en la China septentrional que lo aislasen del Gobierno Nacionalista de Nankín. En junio de 1935, se alcanzaron dos acuerdos que excluían a los políticos y militares del Kuomintang del norte del país (entre ellos el acuerdo Ho-Umezu). Durante el otoño, los Gobiernos de Tokio y Nankín negociaron para tratar de lograr sus objetivos incompatibles: los japoneses deseaban dominar el país mediante un pacto que sometiese al Kuomintang, mientras que este trataba de retomar el poder en las provincias septentrionales perdidas. Incapaces de ponerse de acuerdo, los Gobiernos rompieron las negociaciones el .
En la primavera de 1936, el gabinete del primer ministro Kōki Hirota formó en secreto un comité para decidir la política oficial hacia China y someter a su control al Ejército de Kwantung, para lo que retiró del control de este a la guarnición de Tianjin y creó un nuevo mando militar, el del Ejército de la China Septentrional, constituido por oficiales cercanos al ministerio de la Guerra y al alto mando. Este debía servir para fomentar la subversión en la región norte. En agosto las propuestas del comité fueron aprobadas por el gabinete nipón, que decidió abandonar los choques armados para lograr sus objetivos y concentrarse en la presión política y económica de las organizaciones políticas del norte de China para conseguirlos. Deseosos de desarrollar el potencial industrial de Manchukuo para un próximo enfrentamiento con la Unión Soviética y considerando innecesarios para esto los recursos de la China septentrional, en junio de 1937 el Ejército de Kwantung decidió evitar los choques con los Nacionalistas chinos y centrarse en sus planes quinquenales para Manchukuo. Para el Ejército imperial, el principal enemigo contra el que debía prepararse era la URSS, no el Gobierno de Jiang Jieshi.
El , el Gobierno japonés decidió la unión económica de Manchukuo con Japón. Tres días más tarde el ministro de Exteriores chino indicaba que sólo el fin del contrabando en Hebei, la supresión del Gobierno títere de la provincia y la restauración de la autoridad de su Gobierno en las provincias del norte podían llevar a la normalización de las relaciones bilaterales, además de afirmar su intención de resistir cualquier posible invasión. El 4 de julio, tras su éxito en la escaramuza con las tropas soviéticas en el río Amur, con las conversaciones anglo-japonesas sobre China desarrollándose favorablemente y con esta aislada diplomáticamente, Japón anunció su plan para la unificación económica de Corea, Manchukuo, el norte de China y Japón. En este ambiente tenso, los japoneses anunciaron el comienzo de maniobras al sur de Pekín, cerca de Wanping, localidad en la línea del ferrocarril Pekín-Hankou que controlaba el tráfico ferroviario hacia el sur.
Desarrollo Primeros choques El puente de Marco Polo, a las afueras de Pekín. En sus cercanías se llevaron a cabo las maniobras nocturnas japonesas que dieron comienzo al incidente.|thumb|right El desencadenante del conflicto fue la pérdida temporal de uno de sus soldados por parte del batallón Ichiki de las tropas acuarteladas en Pekín, que pidió la entrada en la guarnición china de Wanping. La guarnición japonesa de Pekín, parte del Ejército de China Septentrional (unos cuatro mil hombres, con su cuartel general en Tianjin) se hallaba de maniobras a las afueras de la ciudad, en una zona permitida para ello por los acuerdos posteriores a la Rebelión de los Bóxers, en las cercanías del puente de Marco Polo, a unos 12 km al oeste de Pekín. El soldado desaparecido fue encontrado apenas veinte minutos más tarde del primer tiroteo, que tuvo lugar hacia las 10:30 de la noche del 7 de julio. El origen de los disparos no se pudo determinar, pero le pareció al oficial japonés presente con las tropas chinas que provenían de sus líneas y al chino enviado junto a las unidades japonesas de maniobras que provenía de las líneas chinas. Diversas teorías se han presentado, indicando que los disparos contra las tropas japonesas pudieron realizarlas soldados comunistas infiltrados entre las unidades chinas, soldados japoneses, soldados fieles al caudillo militar Feng Yuxiang o simplemente soldados chinos atemorizados por las maniobras niponas, pero ninguna ha recibido el apoyo de pruebas suficientes para ser corroborada.
Hacia la medianoche del 7 de julio, el coronel japonés Matsui comunicó al alcalde de Pekín que había sucedido una escaramuza y que un soldado japonés había desaparecido (no se comunicó a tiempo a los mandos su regreso) y solicitó permiso para registrar Wanping en su busca. El alcalde, general Chin, al mando del 29.º Ejército, sugirió por el contrario formar una comisión mixta para investigar lo sucedido a la vez que ordenaba al comandante chino de Wanping que evitara la entrada de tropas en la ciudad. Mientras Matsui aceptaba la propuesta de Chin en la madrugada del día 9, se acordaba el alto el fuego, la retirada japonesa y el relevo de la división china y se formaba la comisión; unidades japonesas trataron de entrar por la fuerza en Wanping y fueron rechazadas. Tras este segundo choque, ambos bandos enviaron un batallón al lugar y creció notablemente la tensión.
Parece que, a pesar de la importancia de Wanping como nudo ferroviario, los japoneses no tenían intención de tomar la ciudad, ya que el grueso de sus tropas se hallaba de maniobras y en mala posición para atacarla. Pese a la orden general del alto mando japonés de evitar incidentes con los chinos, a la mala disposición de las unidades para los combates y de hallarse el general al mando del Ejército de China Septentrional indispuesto por un ataque al corazón, los mandos locales permitieron al mayor Kiyonao Ichiki, al mando del batallón enviado a Wanping, atacarla si las unidades chinas le agredían. Ichiki utilizó este permiso para preparar el asalto a la ciudad, que intentó en vano el día 9.
Reacción de los Gobiernos y acuerdo de las autoridades militares de la región Tropas chinas atrincheradas en algún sitio de avanzada japonesa, los combates se fueron expandiendo más allá del puente.|thumb|izquierda Mientras, la situación en Pekín y Tokio era muy diferente: Matsui trató de poner pronto fin al incidente con el respaldo del Gobierno japonés. El general Qin Dechun aceptó las condiciones japonesas para acabar con el suceso (disculpa china por el incidente, castigo de los oficiales involucrados, relevo de las tropas de la zona y control de la actividad comunista en la misma). A las 11:00 del 11 de julio de 1937, representantes chinos y japoneses firmaron el acuerdo basado en las condiciones japonesas.