Santa María Magdalena es una obra anónima realizada en 1635. Está ubicada en el Museo Catedralicio de Orense (Galicia, España).

Historia María Magdalena La biografía de María Magdalena resulta un tanto confusa puesto que los Evangelios mencionan a tres mujeres distintas: María Magdalena, la pecadora; María Magdalena, una de las seguidoras de Jesús; y María de Betania, hermana de Lázaro. Tanto la liturgia romana como la tradición occidental han optado por considerar a las tres como la misma persona pese a la inexistencia de datos que permitan esta aseveración, pues lo único que se sabe con certeza del origen de esta santa es que su nombre deriva de Magdala, un territorio ubicado a orillas del mar de Galilea, en las proximidades de Tiberíades, lugar donde Jesús encontró a la Magdalena pecadora, adjetivo que durante siglos sirvió para calificar a esta mujer de prostituta; dicha pecadora, mientras Cristo cenaba en la casa de un fariseo, entró en la vivienda y, postrándose ante Jesús, comenzó a llorar al tiempo que con su larga cabellera le enjugaba los pies, tras lo cual lo ungió con un perfume que portaba en una vasija de alabastro. El silencio que Cristo mantuvo en todo momento fue interpretado por el fariseo como una aceptación de la condición de pecadora de la mujer, lo que le valió un reproche por parte de Jesús. Más adelante se menciona que el Mesías era acompañado por los apóstoles y por varias mujeres, entre las cuales se encontraba una mujer de nombre María Magdalena la cual había sido exorcizada de siete demonios, aunque el momento de mayor relevancia en la vida de la santa tendría lugar tras la crucifixión, cuando descubrió junto con otra mujer llamada María que la piedra que cubría el sepulcro de Jesús había sido apartada, siendo la Magdalena la primera persona en ver a Cristo resucitado.

Relicario La obra, consistente en un relicario, fue realizada en 1635 tal y como se desprende del cabildo celebrado el 21 de mayo de dicho año, donde se mencionan varias reliquias, entre las cuales se encontraban las de María Magdalena pese a no hacerse mención explícita a las mismas:

Un mes después, el 26 de junio, Armida dio cuenta del encargo de este relicario, anotación registrada en las actas capitulares y recogida por el canónigo Juan Bautista Casas en un reconocimiento llevado a cabo en 1903:

thumb|Relicario de Santa Lucía (siglo ), por Agostinho da Piedade. Monasterio de San Benito de Salvador (Bahía, Brasil). En lo tocante a su autoría, se desconoce quién ejecutó la pieza y dónde pudo haber sido facturada, aunque lo más probable es que se encomendase la obra a algún escultor o taller orensano, el cual debía ser sin duda de reconocido prestigio ya que la seo no tenía por costumbre hacer encargos a artistas de bajo nivel o de valía no reconocida, pudiendo ser Juan de Acosta Losada el autor debido a su notable actividad en la capital auriense y al parecido que el relicario guarda con la talla de San Buenaventura ejecutada por el escultor hacia 1631 y conservada en el Museo Catedralicio. Sin embargo, el trabajo pudo haber sido confiado a algún taller gallego fuera de los límites de la provincia o incluso podría tratarse de una pieza de factura castellana dadas las similitudes que alberga con el relicario de San Diego custodiado en el Convento de Santa Clara de Monforte de Lemos, obra del siglo . En el relicario de Santa María Magdalena puede apreciarse una muy leve influencia napolitana debido a cierta semejanza con los relicarios de San Jacinto, San Vicente Ferrer, San Pablo Mártir y Santo Tomás de Aquino custodiados en la Colegiata de Santa María de Borja, todos ellos obra de Giovan Battista Gallone hacia 1608. En este punto cabe destacar la presencia de al menos otro relicario de la santa en otra zona de la provincia; Castro Caldelas, lugar en que, de acuerdo con una novena en honor a Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la villa, se hallan, entre otros, los relicarios de los «Santos Teodosio, Teodoro, San Antonio, Santa María Magdalena, San Deodato», todos ellos fechados en el siglo y llegados a tierras orensanas gracias a Pedro Fernández de Castro y Andrade y su esposa Catalina de la Cerda y Sandoval, condes de Lemos y virreyes de Nápoles desde 1610 hasta 1616, a través de quienes la escuela napolitana tuvo cierta influencia en tierras gallegas.

Sin embargo, es mucho más notable la influencia portuguesa ya que la obra orensana alberga importantes similitudes con varios de los relicarios expuestos en el Museo Pío XII de Braga además de con, entre otros, el relicario de Santa Lucía conservado en el Monasterio de San Benito de Salvador, pieza facturada en el siglo por Agostinho da Piedade, escultor que pese a desarrollar la totalidad de su labor en Brasil, recibió formación muy probablemente en la Abadía de Santa María de Alcobaza, sede de una importante escuela de arte sacro. El quehacer de los talleres barrocos portugueses tuvo su entrada en tierras orensanas gracias a Alonso Martínez Montánchez, escultor natural de Chaves afincado en Orense desde finales del siglo y muy activo en la provincia, contando con un taller que dejó su impronta en el sur de Galicia a través de obras de gran importancia, como el coro del Monasterio de Santa María de Montederramo, destacando por su parecido con el relicario de Santa María Magdalena la talla de la Virgen de la O custodiada en el Museo Catedralicio, realizada por Montánchez al poco de afincarse en Orense. Cabe destacar que junto con este artista arribaron otros de gran prestigio, como Manuel Arnao Leitao, Manuel de Abelar y Fructuoso Manuel, todos formados en Oporto o Braga, los dos ambientes artísticos de referencia en la Portugal de entonces. Junto con los anteriormente mencionados destacan a su vez importantes entalladores como Amaro González, Bartolomé Ares de Canabal, Alonso López, Cornelio Guillermo, Juan López, Alonso de Freiría, Francisco Gómez y Damián Fernández, quienes fueron muy activos en la provincia en la primera mitad del siglo y pudieron haber influenciado en mayor o menor medida al autor del relicario, hallándose la tumba de González en la Iglesia de San Francisco y la de Canabal en la catedral.

Reliquias thumb|Relicario de Santa María Magdalena (primer tercio del siglo ), atribuido a Francisco Villarroel. Museo Catedralicio de Orense. Las reliquias que la obra albergó por un tiempo en su interior aparecen documentadas por vez primera en la visita efectuada por el obispo Antonio Ramírez de Haro en 1539:

En el reconocimiento llevado a cabo en 1903 por Bautista se hace mención nuevamente a estas reliquias:

Pese a que las reliquias son referenciadas por primera vez en el siglo , las mismas podrían haber llegado a Orense mucho antes, en los siglos o , debido a la presencia de una inscripción en la Iglesia de San Martín de Cornoces fechable en tiempos del episcopado de Alfonso (1174-1213):

En su momento fueron tres los templos orensanos que albergaron reliquias de la santa, las cuales llegaron a la provincia muy probablemente al mismo tiempo: la iglesia de Cornoces, la catedral y el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios de Castro Caldelas, siendo la seo a día de hoy la única que las conserva. En lo relativo a su autenticidad, esta es dudosa debido a que varias de las reliquias que alberga la catedral, como el cráneo de Santa Constanza y dos tablillas de San Eleuterio, son muy probablemente falsas, al menos estas últimas puesto que hay constancia de que dichas reliquias, inicialmente descritas como un báculo, fueron deliberadamente convertidas en costillas además de producirse la suplantación de un santo con otro, pues la figura en principio venerada, San Eleuterio mártir, fue reconvertida en el papa San Eleuterio con el único fin de aumentar el valor de las reliquias. Sumado a esto, resulta llamativo que parte de los restos de un personaje tan destacado de la cristiandad terminasen en una diócesis tan distante a nivel de popularidad como por ejemplo Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, donde desde antiguo se venera una parte de su osamenta. De acuerdo con la leyenda, María Magdalena se habría trasladado a Éfeso tras la crucifixión junto con la Virgen y San Juan, donde sería enterrada para en el siglo ser exhumada y sus restos conducidos a Bizancio y, posteriormente, a Provenza, si bien, de acuerdo con Santiago de la Vorágine, fue la santa la que llegó a Provenza por su propio pie huyendo de las persecuciones de Palestina en el año 48. Independientemente de cómo la Magdalena arribó supuestamente a Francia, este acontecimiento daría inicio a la evangelización del país; Lázaro, supuesto hermano de la santa, se convertiría en obispo de Marsella, mientras que Maximino, uno de los acompañantes de María Magdalena durante su travesía, obtendría la sede episcopal de Aix-en-Provence. Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, donde según de la Vorágine la santa se retiró para vivir como ermitaña, se erigió como su lugar de culto predilecto junto con la Basílica de Santa María Magdalena de Vézelay, lugar al que los restos de la santa habrían sido conducidos en el siglo a excepción del cráneo, aunque en 1279 se descubrió que las reliquias trasladadas fueron al parecer las de San Sidonio, pese a lo cual la basílica siguió siendo un punto destacado en el culto a la santa, de la que conserva una costilla en su cripta. Desperdigados los restos durante la Revolución francesa con el fin de protegerlos, el cráneo siguió custodiándose en Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, conservándose actualmente en la cripta de la Basílica de Santa María Magdalena de dicha ciudad. thumb|Relicario de Santa María Magdalena (anónimo, siglo ). Basílica de Santa María Magdalena de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume (Provenza-Alpes-Costa Azul, Francia).