El tapiz de la Creación, románico del , es una pieza única y excepcional entre los pocos bordados que se conocen y se conservan, sólo comparable al tapiz de Bayeux; tiene unas dimensiones de 3,65 x 4,67 metros. Desarrolla un tema teológico tal y como puede verse en los manuscritos españoles contemporáneos.
Aunque recibe el nombre de tapiz, un paño ornamental tejido en su totalidad, no lo es. Se trata de un bordado o labor donde los hilos añadidos siguen la silueta diseñada de los motivos y figuras, realizado con la técnica llamada pintura a la aguja. Se encuentra custodiado en el Museo Capitular de la catedral de Gerona. Se trata de una obra de grandes dimensiones, de colores intensos, con escenas sobre la creación. Es un trabajo delicado de gran calidad técnica y artística.Brodat del tapís de la Creació Salió de uno de aquellos talleres donde trabajaban grandes artistas que rivalizaban con los fabricantes de tejidos ricos, tan apreciados en la Alta Edad Media. La obra ha estado expuesta fuera de la catedral en dos ocasiones: el año 1888 en la Exposición Universal de Barcelona y posteriormente en 1892 se expuso en Madrid.
Precedentes históricos thumb|Ejemplar del mapamundi de Beato de Liébana (anterior a 1072), conservado en el manuscrito de Saint-Sever. El mapa se orienta hacia el este y no hacia el norte, en contraste con la costumbre de la cartografía moderna. Se dice, por lo tanto, que el mapa está "orientado". thumb|Detalle de Abraham con ángeles del Cotton Gènesi.
En la Edad Media, Dios era considerado el gran creador del Universo, centrado alrededor de la Tierra y sus siete cielos: el aire, el éter, el firmamento —con los cuerpos celestes—, el espacio ígneo, el cielo de los ángeles y el cielo de la Trinidad. Para el hombre medieval, la arquitectura divina era la perfección de las formas simples, como las esferas y los cuadrados. El conocimiento de la Tierra que se tenía en aquella época era como la del Paraíso: lo que se conocía era gracias a las revelaciones divinas; solamente en tratados antiguos de Plinio o Cayo Julio Solino,Caii Julii Solini de Mirabilibus Mundi a "The Latin Library".(Latín) o en los textos de Jerónimo de Estridón e Isidoro de Sevilla, se podía encontrar la descripción de la Tierra.
De esta época cabe destacar mapamundis como el mural del pórtico del Palacio de Letrán, el de plata de Carlomagno o el del palacio episcopal de Orleans y sobre todo las ilustraciones de Beato de Liébana sobre el Comentario al Apocalipsis. Estas ilustraciones llegaron a Europa en la Edad Media, gracias al Génesis alejandrino del Cotton Génesis y al Génesis de Viena de Constantinopla y se pueden apreciar la influencia en el bordado de Gerona. Según las descripciones del Génesis, que Beato de Liébana tomaba como base, la Tierra era plana y sobre ella se elevaba el cielo, donde se movían el Sol, la Luna y toda una serie de elementos luminosos más pequeños, como los planetas y las estrellas. En el mapamundi del Beato de Liébana, el orbe se presenta como un disco circular rodeado por las aguas del océano. La Tierra se divide en tres continentes: Asia (semicírculo superior), África (cuadrante inferior derecho), y Europa (cuadrante inferior izquierdo), que corresponden respectivamente a los descendientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. Situada en el centro del mundo se encuentra Jerusalén, la ciudad sagrada del judaísmo y el cristianismo, donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac y donde tuvieron lugar los sucesos de la Pasión y Resurrección de Cristo. La concepción de Jerusalén como umbilicum mundi era bastante corriente en la espiritualidad cristiana medieval.
La liturgia en la época románica acostumbraba a valerse, entre otros, de los baldaquinos como coronamiento del altar, de clara tradición oriental. Había de dos modalidades: los baldaquinos con forma de templetes abiertos con arcos en sus cuatro caras sostenidos por columnas y los que eran un plafón pintado que se colocaba detrás del altar sobre los muros del ábside. thumb|left|Detalle de una página del manuscrito del Génesis de Viena.https://web.archive.org/web/20080202194339/http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/obras/8881.htm Ficha en Artehistoria del Génesis de Viena.
El historiador Josep Bracons cree que en origen, el Tapiz de la Creación sirvió de baldaquino en el altar de la catedral de Gerona. También es muy probable que fuese tejido en Cataluña, dentro de la Marca Hispánica, aunque su iconografía remite a modelos antiguos orientales o carolíngios. Manuel Castiñeiras profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su estudio sobre el tapiz, considera como hipótesis que la obra fue un tapiz de suelo o alfombra y no una pieza de pared o una cubierta de baldaquino; también refiere que los temas representados remiten a una cultura cosmológica altomedieval con fuertes raíces en el mundo clásico, carolingio y bizantino. Durante los siglos y la especulación teológica era libre, y esta manera de programas omnipresentes sobre la cosmología y la historia de la salvación eran muy habituales; además de en el tapiz de Gerona, se pueden observar en el manto de Ewaldi de San Cuniberto en Colonia, y en el manuscrito del Génesis de Viena, realizado entre los años 550 y 570 en Constantinopla. El Tapiz de la Creación de Gerona recoge en sus bordados a la vez el cielo y la tierra, lo humano y la naturaleza, y la imagen cosmológica del mundo de los inicios de la Baja Edad Media, tal como se conoce por medio de los libros de Hildegard de Bingen.
Los historiadores plantean la hipótesis de que el tapiz fuese elaborado en un monasterio femenino a la sombre de una gran dama de la nobleza. Se señalan como posibles elaboradores a las monjas benedictinas del monasterio de San Daniel de Gerona por encargo de la condesa Mafalda de Apulia, viuda de Ramón Berenguer II y madre de Ramón Berenguer III, muy vinculada al monasterio donde falleció y que recibió sepultura en la catedral de Gerona.
Descripción thumb|Pantocrátor en la parte central del Tapiz de la Creación de la catedral de Gerona. El Tapiz de la Creación se encontraba en Gerona entre finales del o principios . El año 1097 se cree que tuvo lugar la colocación del tapiz en la catedral, la tela podría haber servido como alfombra de lujo con motivo del concilio presidido en Gerona ese mismo año, por el arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac. Aunque la primera referencia documental del tapiz es del y proviene de la visita que realizó el emperador Carlos I a Gerona.
El historiador Pere de Palol comenta:
Está formado por un fondo de lana de color terracota hecho con hilos también de lana de colores (rojo, verde, amarillo, azul celeste, azul marino, gris y fibras de lino blanco en punto de tija y de cadeneta). Según González Mena, hay dos puntos de bordado diferentes y la tela se trabajó en un gran bastidor con marco móvil:González Mena, Mª Ángeles (1980). "Dos tapices bordados medievales: el de la Creación y el de Bayeux". Revista de Girona, núm. 92, pp. 159-172.
Técnicamente se trata de un bordado, pero se ha denominado tapiz porque es el nombre que se le daba en la Edad Media, el bordado está hecho sobre una tela de lana fina de color vermellón, con una fuerte torsión en «Z» y una trama en «S», hecho con una aguja larga y con la técnica de acu pictae, es decir, pintura a la aguja. Es una obra de grandes dimensiones (358 x 450 cm). Según un estudio técnico del año 2012 encargado por el Centro de Restauración de Bienes Muebles de Cataluña a las restauradoras Carmen Masdeu y Luz Morata, la pieza podría haber tenido unas medidas de 480' x 540 cm. El bordado habría estado compuesto por siete franjas de tela del mismo largo: cinco en sentido vertical y dos en horizontal, a las que se habrían de añadir dos más pequeñas en los ángulos superior e inferior derecho. El tapiz actual presenta seis franjas de tejido de forma rectangular y de las mismas características. La superior es la única que se conserva casi entera, da la largura del telar en que fueron hechas las seis franjas de 420 cm, esta franja es horizontal y las otras cinco, verticales están cortadas todas en la parte inferior y la de la derecha está muy reducida en la anchura.
Del original se conserva la parte superior, formada por tres ciclos iconográficos:
el ciclo del Génesis, presidido por el Pantocrátor el ciclo de los elementos cósmicos el ciclo narrativo de la leyenda de la Vera Cruz por Santa Elena.
Todos estos grupos de iconográfica básica representan la salvación como propósito.
El personaje principal central del tapiz es Jesús que está representado como un hombre muy joven y sin barba. A su alrededor hay ocho escenas radiales acompañadas por inscripciones del Génesis desde los días de la creación del mundo hasta la creación de Eva. Está claro que, quitadas las escenas de la luz y las tinieblas, los modelos proceden de las miniaturas de algún manuscrito al que tuvieron acceso los artistas del taller, seguramente de la familia del Cotton Génesis y del Génesis de Viena. Encima del Pantocrátor se ven los primeros días del Génesis, cuando el hombre aún no había sido creado: el espíritu de Dios en forma de paloma sobrevolando el agua y, a sus lados, los ángeles de la luz y de las tinieblas con una antorcha, el firmamento y la separación del cielo y de las aguas. Debajo de Cristo hay un fragmento mayor que contiene la creación del mundo animal y vegetal y, a sus lados, Adán y los animales saltando a sus pies; la otra escena es la creación de Eva, que, estando dormido Adán, le sale de una costilla; delante de ellos tiene el árbol del conocimiento del bien y del mal. thumb|La creación de Eva.thumb|Creación de las aves y los peces.thumb|La creación de Adán.
Los dos círculos principales centrales constan de unas bandas con inscripciones del libro del Génesis: Alrededor del Cristo: Dixit quoque Deus fiat lux et facta est lux (Génesis I,3) - "Y Dios habló: Que se haga la luz! I la luz se hizo". En el círculo exterior: In principio creavit Deus coelum et terram (Génesis I,1), mare et omnia qua in eis sunt et viit Deus cuncta que fecerat et erant valda bona (Génesis I,31) - "En el principio Dios crea cielo y tierra, el mar y todas las cosas que se encuentran. Y Dios vio que todo lo que había creado era bueno."
Los cuatro vientos principales están representados por figuras de jóvenes a la manera romana; tienen alas en la espalda y en los pies, se dejan llevar cabalgando sobre recipientes de cuero llenos de aire y cada muchacho sopla dos cuernos a la manera tradicional. Están colocados en los ángulos de la segunda circunferencia, formando un cuadrado que tiene alrededor las franjas de otro ciclo iconográfico relativo al paso del tiempo; en los ángulos de estas franjas hay los cuatro ríos del Paraíso, dentro de círculos y que se representan simbólicamente a la manera tradicional, mostrando unas jarras que vierten agua.
En el central de la franja superior, la figura de un anciano barbado representa el año en esquema circular, que en los manuscritos medievales se acostumbraba a situar en la parte central de toda la representación. Aquí está ocupada por el Pantocrátor, cosa que hace que se traslade al centro de la parte superior; a ambos lados se incorporan las cuatro estaciones del año, mientras en los recuadros extremos se ven, a un lado Sansón y la constelación de Hércules.
En las bandas laterales se representan los meses: a la izquierda del espectador, a partir de febrero hasta junio, y a la derecha con solo fragmentos, desde julio hasta octubre. Debajo de febrero hay un círculo donde está representado el Sol como domingo, sobre un carro tirado por una cuadriga y, en el lado opuesto, junto al mes de octubre, dentro de otro círculo se encuentra la representación de la Luna como lunes con un carro tirado por bueyes. Las representaciones de los meses están próximas al manuscrito carolingio de Salzburgo.