miniaturadeimagen|Chazo durante el florecimiento de los guayacanes Chazos son los habitantes rurales del austro ecuatoriano, en concreto de la Provincia de Loja, El Oro y Zamora Chinchipe. Aunque su origen es incierto, posiblemente relacionado con la "chacina" que tradicionalmente elaboran, va más allá de una simple denominación geográfica, abarcando una identidad cultural. Los chazos han sido definidos e identificados por sus cualidades como el ánimo elevado, voluntad emprendedora, fuerza, dignidad, sinceridad y un profundo sentido del honor, que se asocian con la herencia hispana y la vida campesina. Esta identidad se manifiesta en su idioma distintivo ("lojanismos"), una profunda devoción a la Virgen de El Cisne, y una idiosincrasia que valora la familia, la propiedad privada y un fuerte orgullo por sus orígenes europeos, y una histórica desconfianza hacia el gobierno.

Etimología e identificación El término "chazo" se utiliza en la provincia de Loja, Ecuador, para referirse a los habitantes de las áreas rurales o, a nivel nacional, a todos los lojanos. Aunque el diccionario de la RAE no lo define, se especula que su origen podría estar relacionado con la palabra "chacina", un tipo de carne seca que los chazos tradicionalmente elaboran. Más allá de una simple denominación geográfica, "chazo" implica características culturales y de comportamiento, asociadas a costumbres campesinas o "chabacanas" en contraste con las urbanas. Sin embargo, diversos intelectuales lojanos han buscado redefinir y dignificar este calificativo.

Intelectuales como Eduardo Mora Moreno, en "Fisonomía de Loja", y Pío Jaramillo Alvarado, en "Crónicas y Documentos al Margen de la Historia de Loja y su Provincia", han explorado las particularidades del "chazo". Mora Moreno destaca su ánimo elevado, voluntad emprendedora, fuerza, vigor y un profundo sentido de dignidad, especialmente en los habitantes del sur de la provincia. Jaramillo Alvarado, por su parte, resalta una "distinguida ascendencia colonial" que se manifiesta en gestos caballerosos y una forma de hablar con acento español. Estas descripciones sugieren una identidad ligada a la herencia hispana y a una serie de valores distintivos.

Otros autores como Clodoveo Jaramillo Alvarado y Benjamín Carrión, aunque no siempre usen explícitamente el término "chazo", describen rasgos que se alinean con esta identidad: sinceridad, reflexión, heroísmo, naturalidad en el lenguaje y las costumbres, celo por el honor y una dignidad que rechaza el servilismo. Ángel Felicísimo Rojas, en su personaje "Bartolomé", lo presenta como un campesino grave, reservado pero bueno y fornido. En esencia, la concepción del "chazo lojano" ha evolucionado, trascendiendo una mera ubicación geográfica para abarcar una identidad cultural, caracterizada por la fortaleza, la lealtad, la sencillez y un profundo sentido de pertenencia.

Geografía

El Austro ecuatoriano izquierda|miniaturadeimagen|Paisaje en El Cisne, donde se lleva a cabo la procesión de la Virgen de El Cisne miniaturadeimagen|Cerro Mandango en Vilcabamba La geografía del extremo sur de Ecuador en la provincia de Loja, El Oro y Zamora Chinchipe, Azuay y algunas regiones de Cañar. se caracteriza por una dislocación montañosa, donde la cordillera principal parece fragmentarse en numerosas ramificaciones secundarias, creando un paisaje abrupto y complejo. En este entorno geográfico accidentado del sur de Ecuador, habita el chazo. Metafóricamente descrito como un elemento más del paisaje inanimado de la cordillera, el chazo es un campesino arraigado a su tierra, producto de un mestizaje integral. Su presencia es fundamental en esta "bronca geografía austral". Históricamente, estas provincias del sur fueron sitios clave para la explotación aurífera, con importantes yacimientos en Zamora, Santa Bárbara y Portovelo. Esta actividad minera propició el establecimiento de un considerable número de españoles y criollos en las zonas rurales, dando lugar a concentraciones humanas que influyeron en la conformación social y racial de la región. miniaturadeimagen|Región cultural de los Chazos La presencia de los chazos se concentra principalmente en los cantones del sur de la provincia de Loja, especialmente aquellos que colindan con Perú, aunque también se les puede encontrar en otros cantones como Vilcabamba, Malacatos, Catamayo y La Toma. Esta distribución geográfica, que abarca desde áreas rurales hasta valles antiguos, evidencia una dispersión que, sin embargo, mantiene conexiones con sus lugares de origen. La movilidad de la población de la provincia, sobre todo desde las regiones del sur, hacia centros más urbanizados como Catamayo, ha contribuido a la mezcla y difusión de las características chazas.

Según Pío Jaramillo Alvarado, en la provincia de El Oro, particularmente en la región de Zaruma, la mayoría de los campesinos son propietarios de tierras, una característica que los distingue de otras zonas. Sus viviendas, de estilo rústico, son cómodas y bien mantenidas, y no se registran indicios de desnutrición o hambruna. Un rol destacado en esta área es el del arriero zarumeño, una figura a menudo asociada con la identidad del "chazo". Estos arrieros son reconocidos por su fuerza, caballerosidad y honestidad. Su pericia para transitar los difíciles caminos de montaña con sus mulas fue históricamente crucial para el desarrollo y abastecimiento de la ciudad de Loja, facilitando el comercio y la comunicación en la región.

Su territorio fue descrito de la siguiente manera:

Primeros poblamientos y etnografía

Parentesco y filiación El parentesco entre las familias chazas es una realidad palpable, a menudo identificable por los apellidos asociados a cantones específicos. Por ejemplo, en Alamor son comunes los Apolo y Velásquez; en Catamayo, los Aguinsaca y Arias; y en Macará, los Alvarado y Jumbo, entre muchos otros. Apellidos como Torres, Sánchez, Jaramillo y Jiménez son frecuentes en varios cantones, mientras que combinaciones como Rodríguez y Soto se encuentran en múltiples poblaciones cercanas. Esta prevalencia de ciertos apellidos en regiones geográficamente próximas sugiere un aislamiento histórico de las poblaciones, facilitado por las limitaciones en las vías de comunicación, lo que ha fomentado lazos familiares fuertes y endogámicos.

La filiación común del chazo es un tema de debate. Muchos pobladores atribuyen el origen de esta etnia a la migración de europeos, posiblemente judíos conversos, que llegaron por mar desde puertos del norte peruano (como Paita o Piura) buscando refugio de la Inquisición católica en zonas estratégicamente aisladas. Otra teoría sugiere que descienden de los europeos, mayoritariamente españoles, que poblaron las ciudades fundadas por Juan de Salinas hacia el oriente y el Amazonas, y que se vieron obligados a emigrar hacia el occidente al declinar la actividad minera. Físicamente, la población chaza exhibe una marcada mestización, predominantemente de grupos blancos y blanco-morenos, con una menor participación indígena y una presencia mínima o nula de componentes negros y asiáticos.

Los chazos y los lojanos miniaturadeimagen|Mapa de Loja y su provincia El sentimiento étnico del lojano se manifiesta en una profunda identificación con su tierra natal, sea cantón o parroquia, más que con la autodenominación "chazo", aunque reconozcan a otros como tal. Este fuerte sentido de pertenencia se traduce en la formación de "colonias" de lojanos en ciudades como Quito y Guayaquil, y de asociaciones cantonales dentro de la propia Loja, donde el orgullo por los orígenes y ancestros es palpable. La importancia de la familia y el "buen nombre" son tradiciones arraigadas. Se observa una sutil diferencia cultural entre los citadinos originarios de la cordillera occidental y los chazos del suroccidente, así como una clara distinción con la población indígena de Saraguro, donde los chazos se identifican precisamente por no ser indígenas y asemejarse a los habitantes del sur occidental.

Religión La religión en la población chaza, al igual que en gran parte de Ecuador, es predominantemente católica. Sin embargo, su devoción a la Virgen del Cisne es una particularidad central, a tal punto que incluso los no creyentes se consideran culturalmente devotos. Esta fe fervorosa impulsa las fiestas de los pueblos entre Loja y El Cisne, y la visita anual a la Basílica es una obligación para muchos. Las festividades religiosas a menudo se prolongan con celebraciones sociales, donde se destacan los bailes y el consumo de aguardiente. La influencia de estas costumbres del sur se extiende cada vez más hacia el norte, impactando la cultura de la capital provincial, especialmente a través de los migrantes que forman nuevos barrios y traen consigo sus tradiciones religiosas y festivas.

Los chazos y los judíos sefarditas Existen estudios que vinculan a los judíos sefarditas con los "chazos lojanos" a través de una influencia judía en la cultura lojana que se llevó a cabo a partir de la presencia de familias que llegaron a la región y contribuyeron a su desarrollo cultural y económico. Dentro de los elementos de la cultura sefardita que se integraron en la cultura lojana a lo largo del tiempo se encuentran los rasgos genéticos y fenotípicos que podrían tener un origen semítico, lo que sugiere una herencia genética de las familias judías que se asentaron en la región. A esto se suman las costumbres y tradiciones respecto a funerales, comida y expresiones. Además se conoce que hubo una importante influencia económica y comercial especialmente a través de los arrimazgos que fue el contrato de trabajó fundamental durante la colonia, a diferencia de los huasipungos que eran más frecuentes en el centro norte de la sierra ecuatoriana.

Cultura

Idiosincrasia miniaturadeimagen|Chazo, el campesino del austro de Ecuador Demuestran un profundo respeto por las instituciones, especialmente la familia, acatando tanto los preceptos religiosos como las leyes civiles en su formación. También valoran la propiedad privada y el respeto a los mayores. Sin embargo, mantienen una marcada desconfianza hacia el gobierno, independientemente de ideologías o partidos, una postura que se ha forjado por el aislamiento histórico y la percibida desatención gubernamental, lo que les ha llevado a confiar más en sí mismos que en las instituciones nacionales. Aunque no son supersticiosos, aceptan las prácticas de la medicina tradicional andina, posiblemente por influencia de las costumbres peruanas, mezclando lo empírico con la fe en lo divino y los milagros. El honor es un valor supremo para los chazos, combinado con la modestia. Su tesón se evidencia en la capacidad de permanecer en su tierra, que no es un paraíso, o de emigrar en busca de mejores oportunidades.

El orgullo de su origen europeo es una característica destacada entre los chazos, quienes se reconocen con poca ascendencia indígena. Ángel Felicísimo Rojas los define como:Un mestizo con una gran proporción de sangre blanca y un fuerte rezago de espíritu español, que el aislamiento secular en que ha vivido la región, por otra parte autárquica, ha podido conservar con sorprendente persistencia.

La tradicional solidaridad campesina, descrita por intelectuales de principios del , ha experimentado cambios debido a la parcelación de tierras de la Reforma Agraria, lo que ha generado la aparición de finqueros y pequeños propietarios, con manifestaciones ocasionales de egoísmo y oportunismo. A pesar de esto, se considera que la vida en la provincia es más humana, y los chazos son percibidos como más naturales, buenos y rectos que los citadinos, en quienes se observan rasgos de inmoralidad, corrupción y competencia.

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