La persecución de sodomitas de 1657 fue un evento ocurrido en la Nueva España, hoy México, entre 1657 y 1658. Se considera la persecución de hombres homosexuales más grande del país, solo superada en fama por el baile de los cuarenta y uno.
Se saldó con la detención de 123 personas, la condena de uno por azotes y trabajos forzados, y la quema en hoguera de catorce detenidos.
De los perseguidos, el personaje de «Cotita de la Encarnación» se ha vuelto un referente de la homosexualidad en México por las descripciones que se hicieron de ella durante el proceso.
Antecedentes El Virreinato de Nueva España, dependiente del Corona Española, tenía como sede del poder virreinal a la Ciudad de México. A su vez, la Nueva España se dividía en dos audiencias, la Audiencia de México (que comprendía Nuevo León, Coahuila, Nuevo México y Yucatán) y la Audiencia de Guadalajara (que comprendía Nayarit, Sinaloa, Baja California y California).
Debido a la conformación religiosa del reino, existían dos formas de ejercer la justicia: la rama civil en las Salas del Crimen y la rama eclesiástica con el Tribunal de la Inquisición. En el ramo civil existían tres formas de organización: el corregimiento, la alcaldía mayor y el pueblo de indios. Aunque ambas formas de justicia condenaban la sodomía (el acto sexual no reproductivo), solo el pecado nefando se perseguía como delito. Este consistía en tener relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.
Resulta importante entender la organización de la Nueva España ya que la persecución generalmente se le atribuye a la inquisición y en realidad fue un evento en donde, aunque su participación fue menor, todas las instancias de justicia de la Audiencia de México se vieron involucradas.
Contexto político miniaturadeimagen|Virrey Francisco Fernández, Duque de Alburquerque El 15 de agosto de 1653, llegó a la Nueva España, Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque a ocupar el puesto de virrey. Él tenía 34 años, siendo el virrey más joven hasta entonces. Su familia tenía fama de un eficiente desempeño administrativo por lo que su nombramiento buscaba poner arden en el reino. Las cartas entre él y Gaspar Méndez de Haro, revelan que halló al virreinato sumido en una profunda corrupción y que acusaba a sus predecesores de incumplir las normas; razón por la cual ordenó reformas inmediatas.
Aunque el virreino se regía por las leyes españolas, lo cierto es que era laxo en temas de moral pública. Esto desagradaba a los españoles de la península ibérica por lo que el propio rey Felipe IV, ordenó castigos ejemplares a los pecados públicos. Fue por eso que en el ámbito judicial, el virrey Alburquerque, superó el promedio de ejecuciones de sus antecesores puesto que necesitaba el reconocimiento real.
Tras el caso, Alburquerque escribió misivas detalladas del suceso que, entre otras cosas, destacaban que la élite europea no había caído en esos pecados, pese a que las indagatorias, surgieron también nombres de varios españoles.
Hechos
La denuncia El proceso inició el 27 de septiembre de 1657 cuando la mestiza Juana de Herrera acudió a la Sala del Crimen de la Ciudad de México a denunciar haber visto «dos hombres que jugaban como perros». El alcalde de crimen Juan Manuel de Sotomayor fue encargado de iniciar las averiguaciones y seguir el caso. Según el testimonio de Juana; se encontraba lavando ropa a orillas del Lago de Texcoco, cerca de San Lázaro cuando alertada por unos muchachos, vio debajo de un sauce a dos hombres cometiendo pecado nefando «Estaban el uno encima del otro quitados los calzones ambos». Ella dijo reconocer a uno de ellos como Juan Galindo. Sotomayor acudió con Melchora Estrada, casera de Juan Galindo para saber su paradero.
Cotita de la Encarnación Galindo era famoso en la zona oriente de la Ciudad de México pues se trataba de un hombre mulato que se vestía como mujer. En las declaraciones hoy resguardadas en el Archivo General de la Nación, los vecinos de Juan decían que se hacía llamar «Cotita de la Encarnación», que cuando caminaba bamboleaba las caderas, que usaba un pañuelo en la frente, que usaba cintas de colores en las mangas de su jubón, que se sentaba como mujer a preparar tortillas y lavar la ropa, y que solía saludar a los jóvenes diciéndoles «mi alma, mi vida o mi amor».
Sotomayor fue a aprehenderlo en su casa del Barrio de San Pablo pero Cotita ya se había mudado. Ahí encontró al indio Tomás de Santiago quien más pistas le dio de la vida de Cotita.
Fue Tomás de Santiago quien le dijo a Sotomayor que en una ocasión lo había encontrado por la noche teniendo prácticas sodomíticas con un muchacho de nombre Gerónimo Calbo. Ante esto, dio inicio la búsqueda de Cotita en una nueva dirección y al llegar a su casa por la media noche, fue descubierto in fraganti con otros cuatro hombres: Joseph Durán, Gerónimo Calbo, Miguel Gerónimo y Simón de Chaves.
Todos fueron apresados y comparecieron ante el Tribunal Supremo el 3 de octubre de 1657. Al principio negaron los actos salvo Miguel Gerónimo que los reconocería, pero por presión de los magistrados, revelaron nombres, fechas y lugares de encuentros que existían en la Ciudad de México dando inicio a la persecución de homosexuales más grande de México.
Las reuniones De acuerdo a los testimonios, el grupo de homosexuales solía realizar reuniones secretas para tener encuentros y fiestas con otros. Estas solían llevarse a cabo en días festivos del calendario religioso utilizando como pretexto que iban a «rendir tributo a las vírgenes y los santos». Las fiestas solían ocurrir en una casa de San Juan de la Penitencia en las orillas de la ciudad. Una vez dentro, varios iban vestidos de mujer y se hacían juegos donde se regalaban unos a otros similar a la forma en que funcionaban las casas de prostitución de la ciudad.
Se tiene noticia también, de una casa en San Pablo propiedad del zurrador Juan donde llegaban hombres de otras partes del reino.
Todos tenían apodos distintivos para destacarse entre ellos. Aunque los académicos consideran que se trata de apodos tomados de las prostitutas novohispanas, tienen cierto apego con el albur y el doble sentido que se usa entre la comunidad LGBT mexicana. A los amantes les llamaban «guapos».
Ante los testimonios se encarcelaron a 18 cómplices de Cotita y se emitieron órdenes de arresto contra 106 sospechosos.
Los acusados Entre los acusados de pecado nefando se encontraron:
Juan de Correa: Mestizo (40 años aprox). Se hacía apodar «La Estampa» en alusión a una hermosa mujer de la ciudad. Le describen como un hombre que organizaba reuniones en su casa en donde se ponía una capa a modo de falda. Era el encargado de avisar en donde tendrían lugar las reuniones. El expediente 57B, 31r recobra un dicho que solía decir: «uno debe comer a los hombres como se come un sapo: de la cintura para abajo». Fue quien más nombres dio ante Sotomayor y más implicados puso en la mira. Cristóbal de Victoria: Español (80 años aprox.) Le apodaban «Señora la Grande» y se sabe que era tuerto, calvo y jorobado. Años atrás fue acusado a 200 azotes por ser testigo falso pero la virreina se apiadó de él por su avanzada edad y a cambio prestó servicio en el Hospital del Amor de Dios. Le consideraban «el padre de todos los reos» e informaba de las fiestas junto con Correa. Negó todos los cargo hasta que fue careado con Gerónimo Calvo quien era su amante. Benito de Cuebas: Mulato. Confesó que la noche anterior un gallardo le había advertido que huyera de la ciudad porque sus amigos estaban siendo apresados «por putos». Cuando fue a misa a la catedral para pedir a la virgen que lo liberara del pecado, este fue arrestado al salir. Nicolás de Pisa: Afromexicano (70 años aprox.). Aseguraba que sus compañeros lo habían acusado por disputas que tenían con él por tener un amante diferente al habitual. Alonso: Mestizo. Se hacía apodar «La Conchita». Miguel Gerónimo: Se hacía apodar «la Zangarriana» por su parecido a una «mujer de amores» muy conocida en la ciudad. Fue el único que a lo largo de las indagaciones y el juicio negó cometer pecado nefando. Martín: Indígena. Se hacía apodar «La martina de los cielos» Joseph Durán Simón de Chávez: Indígena Domingo de la Cruz: Indígena Miguel de Urbina: Indígena. Confesó que después de tener relaciones sexuales con su esposa, lamentó no estar cerca del hombre con quien generalmente tenía relaciones sexuales, así que con una vela encendida, quemó una estatua del Santo Niño Jesús que tenía en casa y a este le salieron ampollas. Sotomayor afirmaba que esta era una prueba de la omnipresencia de Dios y el odio que tenía por la sodomía. Matheo Gaspar: Indígena Lucas Matheo: Mestizo (15 años aprox) Sebastián Pérez: Español. Se hacía apodar «Las rosas» Geronimo Calbo: Mestizo (23 años). Al saberse su testimonio fue llevado al Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición donde se inició otro proceso. Otros detenidos: Domingo de la Cruz (indígena), Juan Martín (indígena), Juan de Izita (indígena), Francisco Melchor (indígena), Juan de la Cruz (indígena).
En total hubo 123 detenidos e interrogados que operaban principalmente en la Ciudad de México y en Puebla de los Ángeles.
La orden del rey El 10 de mayo de 1658, el Rey Felipe IV, envió una cédula real al Virrey duque de Alburquerque mencionando:.«Que se excusen pecados públicos escandalosos castigando con severidad los que fuesen manifiestos, haciendo grande aprecio de obligación a Dios en procurar limpiar las Repúblicas de los que viven relajados y la estregan». AGN. Cédula Real Vol. 6, Exp. 19, F. 85.La misiva que tardó algunos meses en llegar al virrey, fue ejecutada enseguida. Sabiendo que se seguía el caso de la corte real, decidió enjuiciar y condenar enseguida a los acusados que ya habían confesado su participación y de los que se tenían pruebas plenas de cometer sodomía y pecado nefando Aunque hubo 123 detenidos, solo 15 de ellos fueron hallados culpables debido a que en los careos, se acusaron unos a otros por ser amantes en común o tener rencillas entre ellos.
La Cédula Real, provocó que el proceso judicial durara únicamente 39 días. Sotomayor aseguró que ninguno fue torturado y que confesaron por voluntad propia defendidos por un cuerpo de abogados por 3 días. Se les dio condena por la Sala del Crimen de la Real Corte el 4 de noviembre de 1654.
El padre Matheo y la inquisición